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Muerte silenciosa en el bosque

La mortalidad masiva de árboles, de forma aparentemente natural, es un fenómeno global y creciente en los bosques del mundo que se conoce como “decaimiento” (forest decline, en inglés). El estrés combinado de la sequía y el calentamiento del aire parece estar detrás de al menos 88 casos de mortalidad documentados en distintas partes del mundo ¹. Es previsible que el continuo aumento en las emisiones de gases invernaderos, asociado a nuestro modelo de desarrollo industrial, vaya agravando esta mortalidad silenciosa en los bosques.

Mapa con algunos bosques que han sufrido mortalidad masiva de árboles (Allen, 2009).

Mapa con algunos bosques que han sufrido mortalidad masiva de árboles (Allen, 2009).

Los ejemplos que se han estudiado en los diferentes continentes son estremecedores. En Europa, las poblaciones meridionales de pino albar (Pinus sylvestris) están sufriendo una mortalidad masiva, no solo en su extremo sur de Sierra Filabres (España), sino también en Italia, Suiza, Austria y Francia, con frecuencia asociados al ataque de insectos barrenadores. Mientras, en el extremo norte, las poblaciones de pícea común (Picea abies) menguan en Noruega y las de pícea siberiana (P. obovata) en Rusia. El decaimiento, conocido localmente como “la seca”, está diezmando las encinas (Quercus ilex) y alcornoques (Q. suber) de España y Portugal.

En el norte de África, los bosques de cedro (Cedrus atlantica) de las montañas de Argelia y Marruecos han sufrido tasas de mortalidad hasta del 80% en las zonas más secas. Los episodios recientes de sequía en el Sahel han seguido reduciendo su ya escasa vegetación arbórea de acacias y otras especies. Mueren los hermosos aloes arbóreos de flores amarillas (Aloe dichotoma), posiblemente debido al cambio climático, y se reduce su área de distribución en los desiertos de Namibia y Sudáfrica.

Mortalidad de cedros (Cedrus atlantica) en el Parque Nacional Ifrane, Marruecos.

Mortalidad de cedros (Cedrus atlantica) en el Parque Nacional Ifrane, Marruecos.

El decaimiento llena de cadáveres arbóreos los bosques americanos, de norte a sur. En los bosques boreales de Canadá declinan las poblaciones de álamo temblón (Populus tremuloides), pino contorta (Pinus contorta) y ciprés de Alaska (Cupressus nootkatensis). Las sequías continuadas durante varios años y el aumento de la temperatura han provocado la mortalidad masiva de pinos (Pinus ponderosa y P. edulis) en Arizona y Nuevo México (EE. UU.). Mueren masivamente árboles de diferentes especies forestales en las selvas tropicales de Panamá, Costa Rica y Brasil, durante los episodios de sequía intensa estacional. Sequía y calor son también los responsables de la gran mortalidad que sufre el coihue (Nothofagus dombeyi) en la Patagonia argentina.

La mortalidad de pinos de Manchuria (Pinus tabuliformis) ha afectado a extensas zonas (unas 500.000 ha) del norte de China. Episodios de sequía severa (asociadas al calentamiento del Pacífico conocido como El Niño) han provocado una mortalidad de árboles en los bosques tropicales de Borneo. Las sequías repetidas en varios años han contribuido a la muerte masiva de eucaliptos (varias especies de Eucalyptus) en las sabanas tropicales de Australia.

 Esquema_decaimiento¿Qué está pasando en los bosques? Se han propuesto cuatro mecanismos, que no son excluyentes, para explicar la mortalidad masiva de árboles. Por una parte, los episodios de sequía intensa y calor pueden matar directamente a los árboles por cavitación de la columna de agua del xilema; es decir, se secan. Por otra parte, patógenos especialmente virulentos pueden matar directamente al árbol. Sin embargo, en la mayor parte de los casos es la combinación de varios factores la que produce el decaimiento y la muerte. Por ejemplo, debido al estrés por falta de agua, los árboles cierran los estomas, fijan menos carbono y se debilitan sus defensas, siendo más susceptibles al ataque por insectos o por hongos. Por último, el calentamiento global está favoreciendo a plagas y enfermedades (muchas de origen tropical) que estaban limitadas por las bajas temperaturas en clima templado.

Frentes globales de deforestación

Además del declive aparentemente natural y silencioso de los bosques existe una eliminación directa, radical y bien ruidosa de los árboles que son cortados con motosierras, arrastrados con bulldozers y sus restos incendiados. Se están destruyendo bosques nativos para transformarlos en cultivos de soja y de palma aceitera o en pastizales para ganado, en diferentes partes del mundo. La organización WWF ha identificado once “frentes de deforestación” globales (ver mapa) que pueden resultar en la pérdida de 170 millones ha de bosques para el 2030.

global_deforestation_map_1
Sudamérica es la zona más rica en bosques y la más amenazada. La previsión, si sigue la tendencia actual, es que desaparezcan 48 millones ha de bosque en el Amazonas, 15 millones en el Cerrado y 10 millones en el Chaco. En el sudeste de Asia, el frente del Gran Mekong podría significar la pérdida de 30 millones ha de bosques de alta biodiversidad. Especialmente crítica es la situación de las explotaciones madereras ilegales en Camboya, Laos y Myanmar. En la isla de Borneo se pueden perder hasta 22 millones ha de bosque tropical si continúa la tasa actual de deforestación para plantar palma aceitera (Elaeis guineensis) y la corta incontrolada de madera. Los principales frentes africanos de deforestación están en la Cuenca del Congo, donde se perderán hasta 12 millones ha de bosque y en África Oriental, con una pérdida de otras 12 millones ha.

Esta destrucción masiva supone una pérdida irreparable de la rica biodiversidad del bosque tropical. También una merma en el bienestar de la humanidad al reducir los denominados “servicios ecosistémicos”: secuestro de carbono y mitigación del cambio climático, regulación de la calidad del aire y del agua, recursos genéticos de frutos y medicinas, valores culturales, estéticos y espirituales.

Soluciones globales

Los problemas globales, como la deforestación y el decaimiento de los bosques, requieren soluciones globales. Las Naciones Unidas auspiciaron la firma, en septiembre 2014, de la Declaración de Nueva York de los Bosques. Suponía un reconocimiento de la importancia de los bosques y de su crítica situación.

“En los bosques se halla aproximadamente un 80% de la biodiversidad terrestre y desempeñan un papel vital en la protección del clima mediante la captura de carbono de forma natural. Sin embargo, cada año un promedio de 13 millones de hectáreas de bosques desaparecen, a menudo con efectos devastadores sobre las comunidades y los pueblos indígenas. La destrucción de los bosques naturales para la producción de materias primas (como soja, aceite de palma, carne y papel) es responsable de aproximadamente la mitad de la deforestación mundial.”

Al mismo tiempo comprometía a los firmantes a frenar la destrucción masiva de los bosques.

“Con nuestros diversos mandatos, capacidades y circunstancias, colectivamente nos comprometemos a… reducir la tasa de pérdida de bosques naturales a nivel mundial, por lo menos a la mitad para el año 2020, y hacer esfuerzos para detener totalmente la pérdida de bosques naturales para el año 2030.”

La Declaración fue firmada por representantes de 32 países, 40 empresas multinacionales y 65 organizaciones civiles. ¿Cuál será el futuro de los bosques? ¿Se conseguirá la deforestación cero para 2030, según la optimista propuesta de la Naciones Unidas? ¿O seguirán avanzando los frentes de deforestación que denuncia la WWF, provocando la destrucción de 170 millones ha de bosques tropicales para 2030?

Conocer el problema es el primer paso para solucionarlo. Todos podemos contribuir a frenar la pérdida de los bosques. Con nuestros pequeños gestos podemos reducir la emisión de gases invernaderos (favoreciendo las energías renovables, usando menos el coche) y aumentar el secuestro de carbono (plantando árboles). Mediante medidas de prevención y detección temprana de focos de mortalidad se puede evitar la expansión de patógenos exóticos. Debemos comprobar que la madera esté certificada; consumir alimentos y cosméticos de compañías que garanticen la deforestación cero. Apoyar la Declaración de Nueva York de los Bosques y a las organizaciones que denuncian la deforestación.

En palabras del médico y escritor ruso Antón Chéjov: “un árbol es hermoso, pero además tiene derecho a la vida; como el agua, el sol y las estrellas es esencial. La vida sobre la Tierra no se concibe sin árboles” ².

________________________________
¹ Allen CD y otros 19 autores (2010). A global overview of drought and heat-induced tree mortality reveals emerging climate change risks for forests. Forest Ecology and Management, 259: 660-684.
² Carta a su amigo y editor A. S. Suvorin, 18 octubre 1888. En A. P. Chekhov (1976) Complete Works and Letters in Thirty Volumes, Letters, vol. 3, p. 34.

 

Escrito por Teo, jueves 28 mayo 2015.

 

Fuentes
Artículo de Craig Allen (2009) sobre decaimiento global en la revista Unasylva

Frentes de deforestación global según la WWF

Entrada en este blog sobre cambio climático y bosques, con la declaración de Nueva York

Texto completo de la Declaración de Nueva York de los Bosques, en español

Encinas negras de Machado

Las encinas, robles, quejigos, coscojas y alcornoques, la rica diversidad de árboles que comparten el género Quercus, me llevaron a Baeza. Antonio vino desde Morelia, Mario desde Chiapas, Arndt desde Burdeos y Vanda desde Lisboa; el resto llegamos desde distintos puntos de España. En total nos juntamos 15 ponentes y 25 participantes en el Encuentro Internacional sobre los Quercus organizado por la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), en su sede de Baeza, Jaén.

Durante tres días intercambiamos información sobre la genética, ecología y fisiología de las especies de Quercus y debatimos sobre las opciones de gestión más adecuadas para mitigar o reducir los efectos del cambio global sobre estos bosques.

Participantes en la escalera barroca del Palacio de Jabalquinto, sede de la UNIA. Foto: Carlos Serrano.

Participantes en la escalera barroca del Palacio de Jabalquinto, sede de la UNIA. Foto: Carlos Serrano.

El género Quercus tiene más de 500 especies de árboles y arbustos que se distribuyen por todo el Hemisferio Norte. Uno de los “centros de diversidad” (regiones con mayor riqueza de especies) está en México, con unas 160 especies de “encinos” y robles. Allí se extienden por una variedad de hábitats, que incluyen matorrales desérticos, bosques templados, bosques de niebla y selvas tropicales, según nos contó en su ponencia Antonio González Rodríguez (de la Universidad Autónoma de México, en Morelia).

En la Península Ibérica solo hay 11 especies de Quercus, pero tienen una gran importancia ecológica y económica. Los bosques dominados por estos árboles proporcionan valiosos “servicios ecosistémicos” (beneficios que ofrecen los ecosistemas para el bienestar humano). Se pueden agrupar en servicios “de abastecimiento” (madera, leña, corcho y alimento para el ganado), “de regulación” (secuestro de carbono, protección de suelo, mejora de la calidad del aire y agua) y “culturales” (recreativos, paisajísticos y de identidad cultural). El cambio global, mediante sus principales “motores” que son el cambio de uso del suelo, la introducción de patógenos exóticos y el cambio climático, está afectando negativamente a estos bosques, reduciendo la provisión de sus “servicios ecosistémicos” y en consecuencia perjudicando al bienestar humano.

En la sesión de Conclusiones del Encuentro se identificaron algunos temas que son importantes para la investigación y la adaptación de los bosques de Quercus frente al cambio global: compatibilizar el pastoreo de ganado y fauna cinegética con la regeneración del arbolado; favorecer la diversidad genética (incluidas las hibridaciones) para aumentar la adaptación al cambio climático; controlar los patógenos exóticos y reducir la mortalidad de los árboles; desarrollar técnicas selvícolas (podas, aclareo) que favorezcan la tolerancia a la sequía; promover técnicas eficientes de forestación y restauración del bosque; e implementar políticas de pago por servicios ecosistémicos que compensen los costes derivados de la gestión.

En las idas y venidas del Palacio de Jabalquinto (donde se daban las conferencias) al Antiguo Seminario de San Felipe Neri (donde estaban las habitaciones y la cafetería para el café de los descansos) teníamos que cruzar el jardín y no podíamos dejar de ver el busto de Antonio Machado que parecía mirar fijamente a una joven encina. Entre los cipreses altivos y las palmeras exóticas llamaba la atención en el jardín la austeridad oscura de la encina. Una placa con unos versos recuerda que fue plantada en 2009 en memoria del poeta.

Busto de Antonio Machado en el jardín de la UNIA y en primer plano la “encina negra”.

Conocía el poema “Las encinas” de su libro Campos de Castilla, que precisamente se publicó en 1912, el año en que Machado llegó a Baeza contratado como profesor de francés.

¿Qué tienes tú, negra encina
campesina
con tus ramas sin color
en el campo sin verdor;
con tu tronco ceniciento
sin esbeltez ni altiveza,
con tu vigor sin tormento,
y tu humildad que es firmeza?
En tu copa ancha y redonda
nada brilla,
ni tu verdioscura fronda
ni tu flor verdiamarilla.
Nada es lindo ni arrogante
en tu porte, ni guerrero,
nada fiero
que aderece su talante.
Brotas derecha o torcida con esa humildad que cede
sólo a la ley de la vida,
que es vivir como se puede.

Viviendo como se puede, derecha o torcida, la encina se adapta a la adversidad de su medio. Profunda enseñanza nos regala el poeta.

La “encina negra” de Machado es la encina común, carrasca o chaparro  (Quercus ilex); una especie que se distribuye por toda la Cuenca Mediterránea y  que tiene su mayor extensión en España, con unos tres millones de hectáreas. Su gran plasticidad, amplitud ecológica, capacidad de adaptación a condiciones adversas y sobre todo su resistencia a las perturbaciones como podas, talas o fuego han contribuido a que sea la especie forestal más extendida por todo el país.

Pero volviendo a la encina del jardín y los versos en la placa, no estaban dedicados a las encinas que dominan los paisajes castellanos, sino a otras encinas menos visibles, escondidas entre los olivares de Jaén. En ese poema, extraído de su libro Nuevas Canciones¹, Machado cantaba:

Campo, campo, campo.
Entre los olivos,
los cortijos blancos.
Y la encina negra,
a medio camino
de Úbeda a Baeza.

Pero ¿hay encinas en los campos de Baeza? Al atardecer me asomo al Paseo Antonio Machado y desde allí diviso un mar de olivos, sin interrupción hasta las sierras de Cazorla y Mágina. Pregunto a un grupo de paseantes por la encina de Machado y me confirman su existencia. Me explican la forma de llegar al lugar conocido como “Los Encinarejos”, en el camino a Úbeda.

A la mañana siguiente me dirijo en dirección a Úbeda. En una carretera de servicio sale un carril, casi escondido, entre una granja de aves y una fábrica de muebles. Recorro unos metros y allí están las encinas. Un pequeño grupo de unas 12 encinas centenarias que han sobrevivido protegidas entre los olivos, posiblemente al estar en un espacio público de alguna vereda antigua. Un par de ellas han sido rodeadas por las cercas de la granja y otra presenta daños y el tronco parcialmente quemado .

Encina y Baeza

Junto a una de las encinas se divisa a lo lejos, en la loma y entre el mar de olivos, el caserío de la ciudad de Baeza. Me imagino a Machado, “caminando solo, triste, cansado, pensativo y viejo” por estos olivares polvorientos². Parando bajo la negra encina, descansando y recordando con nostalgia a Leonor y sus años felices en tierras castellanas.

Examino un papel arrugado y roto en el suelo donde todavía se puede leer: “en recuerdo de Antonio Machado… 2012”. Reconozco los restos de un cartel del que había visto fotos mientras buscaba información en internet sobre la encina negra. En el blog se documentaba la visita de un grupo de entusiastas locales de Úbeda, defensores del patrimonio monumental, que habían realizado un homenaje a Antonio Machado en 2012 para recordar la estancia del poeta por estas tierras y “de paso reivindicar la protección y puesta en valor de estas doce encinas centenarias”; loable empresa.

Me invade la melancolía al pensar en el Machado solitario y triste, al observar el abandono del lugar y me inquieta el incierto futuro de estas encinas monumentales. Se podría adecentar el lugar, acondicionar un pequeño parque para proteger y disfrutar de este grupo de encinas, poner algunos paneles explicativos con la vida y poemas de Antonio Machado, promocionar el valor de estos árboles singulares como iconos naturales y culturales.

Empiezan a caer algunas gotas de agua y me recuerdan que tengo que volver a Sevilla. Mientras abandono el lugar, me vuelvo para mirar de nuevo a las encinas negras de Machado, escondidas y olvidadas³, entre los olivares. Y publico este post en su homenaje.
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¹ Del poema Apuntes (CLIV) en Nuevas Canciones (1917-1930).
² Por estos campos de la tierra mía, / bordados de olivares polvorientos,/ voy caminando solo,/ triste, cansado, pensativo y viejo. Poema CXXI en Campos de Castilla.
³ Estaba convencido que este grupo de encinas centenarias, por su valor histórico y cultural, estaría incluido en el Catálogo de Árboles Singulares de Andalucía. Ya de vuelta en casa, busco en el volumen de la provincia de Jaén y lamentablemente no las encuentro.

Publicado por Teo, el jueves 31 de octubre 2013.

Documentos del Encuentro Internacional sobre los Quercus
Encuentros de Medio Ambiente 2013 en la UNIA
Lugares de Baeza vinculados a Antonio Machado
Visita homenaje de los vecinos de Úbeda a la encina de Machado en 2012

¡Feliz Día de los Bosques!

El 21 de marzo 2013 comienza una nueva tradición: la celebración del Día Internacional de los Bosques. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha elegido esta fecha anual para celebrar y sensibilizar sobre “la importancia de todos los tipos de bosques y de los árboles fuera de los bosques”. Es interesante observar que también se incluye de forma explícita en esta declaración la importancia de los árboles que se encuentran aislados o en grupo fuera de los bosques.

FAO_poster

¿Por qué dedicar un día a los bosques del mundo? ¿Por qué son importantes? En el último informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) sobre El estado de los bosques del mundo se argumenta que “los bosques y su uso ocupan un lugar central en toda discusión seria sobre el futuro sostenible del planeta Tierra”.

La historia de la humanidad es la historia del uso de los bosques y de sus múltiples productos para mejorar la calidad de la vida humana, pero también es la historia de la deforestación. Se estima que hace unos 10.000 años , después de la última glaciación, había unos 6.000 millones de hectáreas de bosque, ocupando un 45% de la superficie terrestre. Durante los últimos 5.000 años, el nacimiento y la expansión de la civilización ha supuesto la pérdida de unas 1.800 millones de hectáreas de bosque, a razón de unas 360.000 ha por año. En la última década,  el crecimiento demográfico y la mayor demanda de alimento, fibra y combustible han acelerado la tasa de deforestación hasta los 5,2 millones de hectáreas por año (una extensión mayor que la comunidad de Aragón). Curiosamente, tanto el crecimiento de la población como la tasa de deforestación aumentan casi en paralelo durante los períodos de desarrollo económico, mientras que se vuelven estables o disminuyen cuando la sociedad alcanza un cierto nivel de riqueza.

La mayor parte de la deforestación actual está teniendo lugar en los bosques tropicales. En la última evaluación de los recursos forestales mundiales realizada por la FAO se estimó una tasa de deforestación neta anual del 0,14% para el período 2005-2010. Pero hay grandes diferencias entre países. En 9 países la deforestación es severa, superando el 2% de pérdida neta de bosques. En el otro extremo, unos 80 países han experimentado un mantenimiento o aumento de su superficie forestal durante los últimos 5 años, incluyendo los grandes países forestales como Rusia, EEUU, China e India, así como la mayor parte de los países de Europa.

Existen dos causas principales de la deforestación y degradación de los bosques. Primera, la tendencia de muchas sociedades a obtener beneficios a corto plazo y no pensar en las generaciones futuras; los árboles tardan en crecer y son una inversión a largo plazo. Segunda, que para las decisiones de gestión solo se valoran los productos forestales que se pueden comercializar en el mercado, sin valorar los costes negativos de la deforestación, ni los beneficios múltiples que proporcionan los bosques.

Para 350 millones de personas, incluidos 60 millones de indígenas, los bosques lo significan todo, representan la base de su subsistencia y supervivencia. Otros 1.000 millones de personas tienen una dependencia directa de los bosques y los árboles para sus necesidades cotidianas. Y más de 2.000 millones de personas utilizan la energía del bosque (leña, carbón vegetal) para cocinar y calentar sus casas. Son beneficios directos que las poblaciones rurales obtienen de los ecosistemas forestales, se denominan servicios ecosistémicos de abastecimiento.

Pero la totalidad de los más de 7.000 millones de habitantes del planeta nos beneficiamos indirectamente de los bosques, aunque muchos vivamos en ciudades y no seamos conscientes de ello. Las 4.000 millones de hectáreas de bosques del mundo son maquinarias fabulosas de fijar carbono mediante la fotosíntesis, retirando gran parte del CO2 que emitimos a la atmósfera por la actividad industrial y que está produciendo un calentamiento global acelerado. Esta función de mitigación del cambio climático, junto con la regulación de la calidad del aire y del agua, y la protección y formación de suelos constituyen los servicios ecosistémicos de regulación.

mapa FAO 2010

Mapa de los bosques del mundo, FAO (2010).

El bosque tiene un valor cultural ancestral que cada vez se valora más como parte del bienestar humano. El reconocimiento de los servicios ecosistémicos culturales del bosque, como el disfrute estético y paisajístico, las actividades recreativas, la identidad cultural y sentido de pertenencia, el conocimiento ecológico local y los valores espirituales, es una de las aportaciones novedosas y originales de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio.

La gestión sostenible del bosque debe tener en cuenta la globalidad de los servicios ecosistémicos que proporciona: de abastecimiento, de regulación y culturales; todos son necesarios para el bienestar humano. El pago a los propietarios de tierras forestales por mantener la salud de los bosques y por proporcionar los servicios ecosistémicos, como la retención del carbono, el suministro de agua de calidad en las cuencas de los embalses, o el mantenimiento de la biodiversidad son nuevas herramientas de política forestal que se están aplicando en algunos países.

Los técnicos de la FAO proponen cuatro estrategias para un futuro sostenible de los bosques del mundo. Primera, mejorar la calidad y cantidad de los bosques plantando árboles e invirtiendo en servicios ecosistémicos. Las plantaciones deben ser adecuadas, preferentemente con especies nativas, deben tener en cuenta las culturas locales y sobre todo deben cuidarse y manejarse para garantizar su éxito a largo plazo. Pueden plantarse árboles en tierras agrícolas, en sistemas agroforestales, en pastizales, en los parques de las ciudades; en todos los casos son inversiones en nuevas reservas de carbono con independencia de su ubicación.

Segunda, promover las pequeñas y medianas empresas basadas en los bosques para reducir la pobreza rural y mejorar la equidad. Es clave favorecer el acceso de las mujeres a la tierra, la educación, la tecnología y los créditos para aumentar la economía rural y el bienestar social.

Tercera, aumentar el valor a largo plazo de los productos de la madera mediante su reutilización y reciclaje. Cuando se recicla el papel o se reutilizan las maderas de muebles viejos o materiales de construcción se alarga su función como almacenamiento de carbono. Favorecer el uso de la madera con fines energéticos siempre que provenga de bosques gestionados de una forma sostenible y se adopten tecnologías eficientes y limpias para transformar la biomasa en calor y electricidad.

Cuarta, mejorar la comunicación y la coordinación entre los diversos sectores y países. Mejorar la coordinación de la cooperación internacional con las poblaciones locales. Facilitar el acceso al crédito en las zonas rurales. Gestionar de forma integrada los bosques, el agua y la energía. Fomentar la educación tecnológica y la investigación forestal.

Piensa globalmente y actúa localmente. ¿Cómo puedes celebrar el Día de los Bosques? Planta un árbol o colabora con alguna organización que lo plante. Pasea por una arboleda o por un parque y observa a esos magníficos seres vivos. Escribe y lee sobre árboles y bosques. Toca algo de madera, a ser posible que tenga certificado de gestión sostenible. Recicla papel y cartón. Busca árboles invisibles en la naturaleza y en la cultura.

Escrito por Teo, jueves 21 marzo 2013

Página de las Naciones Unidas anunciando el Día Internacional de los Bosques

Informe de la FAO sobre El estado de los bosques del mundo

Evaluación de servicios ecosistémicos en Andalucía