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Papel de madera

Escribo diarios desde muy joven. Esas libretas son el equipaje sustancial de mi vida. Disfruto de la escritura a mano, tanto a lápiz como a pluma. Me gusta deslizar mis pensamientos, a veces concentrarme en la caligrafía, siempre retener el tiempo en las hojas. Son mi memoria. También disfruto de la lectura de libros, me aportan emoción, placer, sosiego, luz. A pesar de disponer de lector electrónico sigo leyendo libros de papel, preferiblemente de bolsillo, fácilmente transportables, ligeros. Debo muchas horas intensas y fructíferas a ese material corriente, cotidiano, abundante que es el papel.

librosVivimos inmersos en la cultura del papel. Solemos identificarlo con periódicos, folios, cuadernos y libros, es decir, con comunicación, educación y conocimiento, pero lo cierto es que lo usamos en una gran variedad de actividades. La Asociación Española de Fabricantes ASPAPEL estima que en 2011 cada español usó una media de 136 kg de papel en más de 300 usos diferentes. He registrado en una lista los papeles que he usado a lo largo de un día y de verdad es sorprendente la cantidad de papeles que pasan por mis manos, la diversidad de tipos y, más aún, la cantidad y variedad de papel que desecho.

Todo ese papel procede de árboles, es papel de madera. Las fábricas papeleras usan como materia prima la fibra de celulosa que obtienen de la madera de árboles o la fibra reciclada que extraen de papeles usados, que sigue siendo fibra de madera. De algún modo, cada vez que tenemos en las manos una pieza de papel, entramos en contacto con los árboles que fueron transformados en ese material. Claro que esta conexión nos pasa desapercibida. Si tomamos un folio blanco, y lo palpamos con la yemas de los dedos, lo olemos, lo agitamos y oímos el sonido que produce, miramos la blancura de su superficie y ¿por qué no? masticamos un pequeño trozo como hacíamos en la niñez, no percibiremos ni visualizaremos al árbol de cuya madera proviene. Sin embargo, detrás de esa hoja de papel hay árboles invisibles que se merecen un lugar en este blog.


Papel, madera, bosque

El papel es una delgada lámina elaborada a partir de una pasta de fibras vegetales molidas y mezcladas con agua, que generalmente se blanquea. Se le añaden diferentes sustancias según las características especiales que se desee: estucado, aceitado, apergaminado, carbón, cebolla,  de estraza, de filtro, fotográfico, de lija, desinfectado, satinado, lustrado, manila, secante, vegetal… Hoy disponemos de unos 500 tipos diferentes de papel.

La mayor parte (89%) de la pulpa para papel proviene actualmente de la madera y solo un 11% de otras fibras. Esas maderas proceden, en gran parte, de coníferas como pino, abeto, picea y alerce, consideradas “maderas blandas” (softwood en inglés), y también de algunas frondosas como eucalipto, álamo y abedul, que son las “maderas duras” (hardwood).

Podríamos pensar que para fabricar papel siempre se han necesitado árboles, sin embargo el uso de la madera es una innovación reciente, de mitad del siglo XIX. Hasta entonces, las materias primas habían sido fibras vegetales de plantas como lino, algodón, cáñamo, y también textiles desechados. Así que el papel y el árbol tienen una corta pero intensa historia en común.

Ciento cincuenta años después del encuentro entre el papel y el árbol, y a pesar de estar inmersos ya en plena era digital, el consumo mundial de papel es de 268 millones de toneladas al año. Y no para de aumentar. ¿De dónde sale esa enorme cantidad de papel?

4-Bi-trees-cutCada año se talan 4.000 millones de árboles en el mundo para fabricar papel, una cifra apabullante. Es un tercio de toda la madera que se procesa a nivel mundial. Producir una tonelada de papel virgen requiere de 2 a 3,5 toneladas de árboles. Dicho de otro modo, para fabricar una tonelada de papel se cortan aproximadamente 14 árboles. ¿De dónde proceden tantísimos árboles?

Según un informe de la industria del papel, la principal fuente de fibra para la producción de pasta en el siglo XX ha sido la madera procedente de bosques de coníferas, aunque a final de siglo había aumentado el uso de bosques tropicales y boreales. La tala extensiva de bosques viejos es una de las historias más lamentables de la industria del papel. Me duele pensar que la tala de árboles centenarios (que han tardado cientos de años en crecer y que sustentaban una rica diversidad de organismos vivos) se realice para fabricar rollos de papel higiénicos o pañuelos que se usan una vez y acaban en el inodoro o en la basura. Extraer la madera de un bosque significa talar un área extensa de árboles, normalmente de crecimiento lento, y cuando se acaban, talar otro área, y así sucesivamente, de modo que la superficie de bosques va disminuyendo o empobreciéndose.

La siempre creciente necesidad de madera para papel ha traído consigo como alternativa las plantaciones de árboles. Como el trigo o el girasol, esos árboles se plantan, se cultivan y se cosechan cuando han alcanzado la talla idónea de mayor producción de pasta de celulosa. Las plantaciones no son un bosque. Son monocultivos limpios, sin la biodiversidad que acogen las florestas naturales. Como práctica forestal es controvertida en muchas partes del mundo, cuando se talan bosques autóctonos para plantar en su lugar un manto monótono de especies de crecimiento rápido, que dejan el área sin la riqueza de vida y sin los recursos tradicionales que proporcionan los bosques viejos. Las plantaciones tampoco son repoblaciones, porque no se re-puebla el bosque, sino que se usan especies exóticas con una buena producción de pasta de celulosa. Pero como cultivo es eficiente, pues los árboles crecen rápidos, y es necesario, como el modo menos perjudicial de satisfacer la necesidad de madera para sostener nuestro consumo de papel y al mismo tiempo respetar los bosques viejos.

La actual demanda social de productos con la marca “eco” (de “ecológico”) está forzando a la industria papelera a orientarse hacia una forma de producción de carácter sostenible: más limpia, más eficiente en cuanto a gasto de energía y que se sustente en explotaciones forestales certificadas. Los certificados FSC (Forest Stewardship Council) y PEFC (Programme for the Endorsement of Forest Certification)  garantizan que el papel tiene su origen en una gestión forestal ambientalmente apropiada.


Árboles que nos dan papel

España, es uno de los países del mundo con industria papelera propia. Y  desde principios del siglo XX cuenta con plantaciones forestales para la fabricación de papel. Existen unas 450.000 hectáreas plantadas de pinos y eucaliptos para esta finalidad.

Las especies que más se cultivan son el pino de Monterrey o pino insigne (Pinus radiata) y el eucalipto blanco, común o azul (Eucalyptus globulus). Ambas son especies exóticas de árboles y como tales no despiertan muchas simpatías. Sin embargo, en su lugar de origen son especies nobles que cumplen su importante función en la comunidad natural a la que pertenecen. Son árboles de cultivo, como los frutales o los ornamentales a los que sí apreciamos. Los asociamos con frecuencia a los montes, a áreas silvestres, pero si las plantaciones ocupan áreas baldías erosionadas y se cultivan de forma responsable, pueden proporcionar beneficios varios además del recurso madera, como la contribución a mitigar el cambio climático mediante la fijación del carbono.

Pinus de MonterreyEl pino de Monterrey es natural de la costa de California, pero por su carácter adaptable y su rendimiento económico se cultiva en regiones templadas de distintos continentes. Se halla en México, Europa, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Brasil y Sudáfrica. Es un árbol que alcanza la buena altura de 30 metros y cuando joven tiene el porte cónico, la copa aguda y una tonalidad alegre de verde que lo hace un ornamental deseable. En España fue introducido a mitad del siglo XIX y hoy existen 240.000 ha de cultivo en el norte del país, entre Galicia y el País Vasco. Su virtud es que crece rápido y en pocos años da beneficio. La madera es idónea para la elaboración mecánica de la pasta y la fabricación de papel de prensa.

Eucalipto blancoEl eucalipto blanco es una frondosa perenne, natural del sureste de Australia, donde existen 600 especies del mismo género. Su rápido crecimiento y adaptabilidad a terrenos y climas diversos y su rendimiento industrial han hecho que sea hoy una especie cultivada por todo el mundo. En España se cultiva desde 1850, existiendo una extensa área en el norte y noroeste y otra en el suroeste. En su medio natural y en jardines, es una gran árbol que puede alcanzar una impresionante altura de 60 m, exhibe un porte esbelto por lo recto del tronco y la corteza lisa y, además, desprende un estimulante aroma. Las hojas y frutos, ricos en aceites esenciales, tienen conocidas propiedades medicinales anticatarrales y balsámicas. Su madera proporciona un tipo de fibra de calidad apropiada para papeles de impresión, una vez blanqueada.


Fibra virgen y fibra reciclada

El papel es una materia 100% reciclable. La fibra obtenida directamente de la madera se conoce como “fibra o celulosa virgen”. La que se obtiene del papel usado es la “fibra recuperada o reciclada”, que sigue procediendo de la madera pero en otro momento de su “ciclo de vida”. Dependiendo del tipo, el papel puede reciclarse de cuatro a diez veces.

En España, el papel recuperado como materia prima representa más del 80% del total. De hecho somos el segundo país de Europa en reciclaje de papel. Para fabricar 100 toneladas de papel de todo tipo, se usan 80 t de celulosa reciclada y 20 t de celulosa virgen. Siempre hay un porcentaje de papel que no se recupera por diversas causas, tal como el que forma parte de los libros y documentos que guardamos o por el contrario los papeles higiénicos que echamos a la basura.

papeles desechadosLa evolución de la industria papelera hacia el aumento de la recogida y manufactura de papel reciclado es un avance en España. No todos los países han instalado canales de recogidas de papel ni plantas de reciclaje. Según un informe de Greenpeace, para fabricar una tonelada de papel con fibra reciclada se usa la mitad de la energía y de agua que con fibra virgen, contamina el aire 74% menos, y 35% menos el agua, ahorra la corta de 15 árboles, y crea cinco veces más puestos de trabajo.

Según la memoria de ASPAPEL del año 2011, de los 136 kg de papel que consumimos cada español ese año, una tercera parte fue de papel gráfico (prensa, revistas, libros, cuadernos…); más de la mitad (60%) se repartió entre cartón ondulado de embalajes, cartón estucado de empaquetados y papeles higiénicos y sanitarios; y un porcentaje pequeño correspondió a otros tipos de papel como papel moneda, filtros o etiquetas. La cuestión es qué proporción del papel que utilizamos se ha fabricado con fibra recuperada y cuánto con fibra virgen.

En Europa, la inmensa mayoría de papeles denominados de impresión y escritura se fabrican a base de celulosa virgen, que es la que facilita las características necesarias de este tipo de papel: blancura, imprimabilidad, comportamiento en máquinas, etc. Sin embargo, hay productos que usan la fibra virgen sin que sea necesario, por ejemplo, el papel higiénico.

En su artículo “Historia de un rollo de papel higiénico”, Clemente Álvarez pone de manifiesto la paradoja española de ser uno de los países del mundo con mayores tasa de uso de fibra reciclada y sin embargo todavía fabrica este producto con fibra virgen, es decir, directa de la madera de árboles. Entre 2004 y 2009, la compañía multinacional Kimberly Clark, que fabrica Kleenex, Scott (la marca más vendida en España) y Cottonelle, fue objeto de una campaña internacional de Greenpeace por destruir las selvas boreales de Canadá para la fabricación de papel tisú destinado a pañuelos y papel higiénico, campaña que terminó con éxito, pues la compañía firmó un acuerdo histórico de compromiso con una mayor protección y un manejo sostenible de los bosques que explota.Kleercut

Epílogo

La era digital no ha terminado con la era papel. Todo lo contrario: el consumo ha aumentado de forma espectacular desde comienzos de este siglo. El papel es y seguirá siendo imprescindible en nuestra cultura. Pero no tendría por qué ser papel de madera, quizás sea el momento de buscar otras formas de fabricar papel que no afecten a los árboles y bosques. Ya se está experimentando con lino, paja de cereales, algas, etc., incluso hay papel de piedra.

Yo no me imagino la vida sin papel, sobre todo sin libros y sin mis cuadernos. Hace años descubrí a los Claire Fontaine y compré tantos que he tenido para mucho tiempo. Me encantan sus hojas, me gusta cómo se desliza el lápiz o la pluma sin esfuerzo, la opacidad impenetrable, el blanco tenue en el que mis palabras resaltan nítidas, las discretas líneas que guían sin notarse.  Son como amigos íntimos que conocen mis secretos y a los que amo sin condiciones.

Después de este periplo por el mundo del papel, cuando escriba en libretas y disfrute del trazo del lápiz sobre la página de fibra virgen o me emocione con las palabras en un libro, me acordaré de los jóvenes eucaliptos. Cuando lea un periódico, pensaré en los pacíficos pinos de Monterrey. Agudizaré mi tacto para tratar de percibir el tiempo retenido en la madera, los elementos de la naturaleza absorbidos y transformados en hojas de papel. Seré consciente de los árboles invisibles que una vez fueron y dejaron de ser para que yo escriba y lea.

Escrito por Rosa, jueves 20 de febrero de 2014.

Información sobre el papel en España (ASPAPEL)
Certificado FSC de Gestión Sostenible de los árboles
Certificado  PEFC de Gestión Sostenible de los árboles
Historia de un rollo de papel higiénico, por Clemente Álvarez, 2010
Campaña “Kleercut” de Greenpeace (2004-2009) 


 

Madera de lápiz

A diario tocamos maderas y, por el tacto, nos comunicamos con piezas que un día fueron parte de un árbol vivo integrante de un bosque.

Lápiz color maderaNo hay un objeto cotidiano más común, simple, cercano y universal que un lápiz. Un invento sencillo, hecho de la unión íntima de grafito y madera, pero profundo, dado su importante papel en la historia de la humanidad. Fácil de usar, barato y seguro, el lápiz es un instrumento esencial en la alfabetización, la educación y la creación artística y técnica. En la era digital sigue siendo útil y eficaz, coexistiendo, sin peligro de desaparecer, con ordenadores, tabletas y otras herramientas modernas.

El lápiz forma parte de nuestra vida. Usar un lápiz es una experiencia compleja. Engloba la percepción del trazo sobre la superficie del papel, la sensación de tocar y manejar entre los dedos de la mano la pequeña barra de madera con punta mineral y la conexión mental y emocional que emprendemos al escribir o dibujar.

Me inicié en el manejo del lápiz, como es habitual en nuestro mundo desarrollado, en mis comienzos escolares. Recuerdo el intenso olor a lápiz de mi primer aula cuando tenía cuatro años. Ese inconfundible y nostálgico olor a escuela que tenemos grabado en la memoria olfativa. Desde aquella temprana iniciación a la caligrafía nunca he dejado de usarlo. El carácter borrable del trazo del grafito es una de las cosas que más me gusta, saber que lo que escriba no es definitivo, que puedo ser libre de expresar cuanto se me ocurra pues siempre puedo hacerlo desaparecer. Mi forma de pensar es una personalidad de lápiz, tengo madera de lápiz, todos mis trabajos y planes comienzan con un bosquejo a lápiz. Cuando leo libros, subrayo y escribo notas en los márgenes a lápiz. Y escribo mis listas –me encanta hacer listas- de la compra, de tareas, de planes… a lápiz. Prefiero las minas blandas y oscuras, que se deslicen sin tener que forzar yo el trazo, que no marquen el papel por detrás, pero que se lean con nitidez; es un tipo de trazo que va con mi carácter ligero y dudoso. Me incomodan las puntas romas, por eso en mi lapicero siempre están todos mis lápices afilados, dispuestos a escribir en seguida la palabra que irrumpe en mi mente, impaciente por ser escrita.Lápices afilados Me gusta también oír el deslizamiento del grafito sobre el papel, su sonido áspero mineral, primario. Hasta mi caligrafía es mejor a lápiz. Y también disfruto de tenerlo entre mis dedos, de la ligereza y poco peso de la madera, de cómo se acopla a mi mano, y del contacto con mi piel. Siempre me acompaña uno en mi bolso, listo para subrayar o anotar. No sé cuántos habré utilizado en mi vida. He leído que con un solo lápiz se pueden escribir hasta ¡45.000 palabras!, me da vértigo pensar en cuántas palabras habré escrito con todos los que he usado en mi vida.

A pesar de lo mucho que usamos el lápiz, es sorprendente lo poco que sabemos de este gran invento que contiene madera de árbol. Alrededor del lápiz hay muchas historias jugosas que pueden interesarnos a sus admiradores. Pero esas historias las cuentan muy bien en blogs y libros especializados en lápices, que narran detalles de cómo se fabrican, de los fabricantes y sus producciones, de las marcas y modelos más selectos, o de escritores y artistas que crean con lápiz. Yo quisiera reparar aquí en los árboles de los que están hechos los lápices, aspecto del que no suelen informar los fabricantes.

Para fabricar lápices de madera se usan diferentes tipos de árboles con calidades de madera diferentes. Se suelen emplear pinos, enebros, tilos y otros. Pero de todas las especies de árboles para lápices, el Cedro de incienso (Calocedrus decurrens) es la más valorada desde hace tiempo;  su madera reúne cualidades excepcionales para hacer excelentes lápices y probablemente sea la responsable de ese nostálgico olor a escuela que antes mencioné.

Calocedro en la Universidad de Sevilla.

Calocedro en la Universidad de Sevilla.

El Cedro de incienso se conoce también como Calocedro, Libocedro y Cedro de California, región de EEUU de donde es nativo. Su nombre, Calocedro, significa en griego “cedro hermoso”, aunque en realidad no es un cedro (género Cedrus de la familia Pináceas) sino una Cupresácea, muy cercana y semejante a las tuyas (Thuja). Pero sí es hermoso, un gran árbol de porte cónico, que llega a alcanzar buena altura, con ramaje denso y hojas en racimos aplanados que recuerdan a las de las tuyas. La corteza se abre en escamas grandes y puede quemarse como incienso, de ahí su nombre. La madera posee un olor resinoso intenso y peculiar y es muy apreciada por escultores y por los fabricantes de lápices.

Calocedro tronco

La vocación de lápiz del Calocedro se entiende por las excelentes propiedades de su madera: se deja trabajar de forma muy precisa a máquina; la superficie queda muy suave y sin canales de resina, idóneo para que los lápices puedan ser pintados, grabados y lacados sin problemas; permite un afinamiento óptimo de la punta; resiste temperaturas y humedades sin torcerse, combarse, resquebrajarse o encogerse; tiene una buena durabilidad natural lo que equivale a un rendimiento superior; y el añadido de un excelente e intenso olor. Por todo esto el Cedro de incienso es el árbol símbolo del “buen lápiz”.

Para llegar a ser lápiz, un árbol tiene que ser cortado. ¿Cuántos árboles será necesario cortar para satisfacer la demanda de lápices en todo el mundo? He averiguado que un árbol de Cedro de incienso medio produce alrededor de 172.000 lápices y que cada año se cortan 11600 Calocedros para fabricar 2.000 millones de lápices en EEUU. Solo Faber-Castell (marca alemana) fabrica 1.800 millones de unidades al año, según declara en su publicidad. Dejando al lado los números, habría que preguntarse también en qué condiciones se talan esos árboles. Según el blog Timberlines, la mitad de los lápices del mundo se fabrican en China, también son importantes países productores de lápices Brasil, Indonesia, Tailandia e India. También sucede en muchas compañías que, por razones económicas, las materias primas, madera, grafito y cola, provienen de unos países y la fabricación final de los lápices se realiza en otro. No todos los fabricantes cuentan cómo fabrican sus lápices ni cómo tratan a los árboles y al entorno. Hay empresas que talan árboles de crecimiento lento y destruyen bosques viejos, que realizan plantaciones de monocultivos o contaminan las aguas y el aire en el proceso de fabricación. Entre los fabricantes tradicionales, está imponiéndose la tendencia del manejo sostenible de los bosques, acreditados con certificados, y etiquetados como “ecolápices”; también se impone la tendencia a usar otros materiales como los reciclados para evitar la tala de árboles. EcolapicesMe digo y sugiero ser consciente de estas circunstancias a la hora de comprar nuestros lápices, tratar de ser compradores de lápices selectivos y responsables. Y, como usuarios de lápices de madera, usar cada lápiz hasta el final, utilizando un alargador para apurar los gastados de muy pequeño tamaño, difíciles de manejar. Y valorar el lápiz; ver el árbol invisible que fue cortado para ser el lápiz que está en nuestra mano; recordar las caras de ilusión y esperanza de los niños a los que se les regala un lápiz en países desfavorecidos y pensar en cómo lo van a aprovechar.

2. Castell 9000 PencilTomo mi Castell 9000, 3B, del lapicero. Lo huelo, lo palpo y acaricio, y finalmente lo coloco en posición entre mis dedos, consciente de todas las vivencias del árbol encerradas en su madera, vivencias de bosque, de aves e insectos, de vientos, nubes, de estrellas… Escribo, garabateo, me dejo llevar por su poder concentrado… ¿Habrá algún tipo de transferencia madera-piel humana de la que no tengamos consciencia alguna? ¿Entenderán las células de mi mano la información guardada en las células muertas y manipuladas de la madera del Cedro de incienso? ¿Me transfirieron así los lápices mi pasión por los árboles? ¿Me habrán pedido de alguna manera que escriba esta entrada?

Escrito por Rosa, jueves 6 de junio de 2013.

Blog Timberlines sobre el lápiz

Informe impacto ambiental del lápiz

Video de 2011 de General Pencil del proceso de fabricación de lápices 

Video de 2013 de Faber Castell del proceso de fabricación de su producto “ecolápices”.