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Sube a por duriones

Los árboles son unos magníficos proveedores de alimento y vitaminas en forma de frutas bellas y deliciosas. “El que quiera fruta que suba al árbol” es una máxima muy conocida del historiador y clérigo inglés Thomas Fuller (1608-1661), que se cita como metáfora moral de la recompensa al esfuerzo. Pero no vivimos en la Inglaterra del siglo XVII y la mayoría estamos acostumbrados a acercarnos al supermercado o a la tienda de alimentación más cercana para elegir cómodamente entre una rica variedad de frutas cultivadas. En este mercado globalizado puedo adquirir en Sevilla kiwis de Nueva Zelanda, aguacates de Perú, mangos de Brasil, uvas de Chile, pomelos de Sudáfrica o manzanas de Francia. Gran parte de la población mundial (54%) vivimos en núcleos urbanos y hemos perdido el contacto con el “árbol madre” que nos abastece de frutos.

En contraste, muchos habitantes de bosques y selvas siguen subiendo a los árboles para alcanzar su recompensa, los frutos. Hace unos años, en las páginas de un suplemento semanal vi una imagen del fotógrafo Sebastião Salgado (Aimorés, 1944) que me impactó. La foto en blanco y negro mostraba una visión lateral del dosel intrincado y las copas entrelazadas de un bosque tropical, posiblemente tomada desde una atalaya cercana. Enormes hojas de palmas ocupaban casi toda la parte derecha. Un tronco recto de árbol atravesaba verticalmente la foto, cerca de la margen izquierda. Por el tronco gigantesco trepaba una figura humana; un hombrecillo empequeñecido por la grandeza de la selva, que en la primera visión de la foto pasaba desapercibido. Una composición magistral.

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Esta primavera las fotos de Salgado llegaron a Sevilla en una exposición itinerante, instalada al aire libre (“Arte en la Calle”) frente al pequeño jardín del Archivo de Indias. Allí estaba de nuevo el hombrecillo trepando absorto por el tronco gigantesco, entre paseantes y curiosos. Visto más de cerca se le podía apreciar musculoso, vestido solo con un taparrabos, trepando a pulso el tronco con ayuda de una cuerda a modo de cincha y apoyando los pies descalzos. La leyenda de la foto al fin me desveló que se trataba de un joven del clan mentawai que subía a cosechar durianes, en la Isla Siberut (Indonesia).


El rey de las frutas tropicales

El fruto del durión (o durián) es muy apreciado en el sudeste de Asia donde se le denomina el “rey de las frutas”. Hay 30 especies del género Durio (en la familia Malváceas) de las que nueve producen frutos comestibles, la más extendida y cultivada es Durio zibethinus.

En occidente, el médico y botánico español Juan Fragoso ofreció una de las primeras reseñas sobre esta fruta, en su obra enciclopédica de 1572. “Muchos tienen por una de las más excelentes frutas de la india oriental, los doriones de Malaca, que son del tamaño de nuestros melones, con una corteza muy dura y cubierta de muchas espinas”. Además, “cuentan los que han visto el árbol ser tan grande como un nogal” ¹.

En efecto, los árboles del durión son altos, hasta de 40 m, tienen troncos rectos (como se aprecia en la foto de Salgado) y gruesos, de unos 2 m de diámetro, las primeras ramificaciones están a unos 20 m. Es decir, hay que trepar bastante para alcanzar los deseados duriones.

Los frutos son en verdad una buena recompensa. Son grandes, pesan unos 2-3 kg, con una piel gruesa cubierta de espinas. En su interior esconden unos arilos  carnosos, dulces, cremosos, que pueden ser de color crema, amarillo, naranja o rojo, según la variedad y especie. Estos arilos comestibles suponen el 15-35% del peso de la fruta y son ricos en proteínas (2,5%), lípidos (2,5%) e hidratos de carbono (28%), además de minerales, vitaminas y fibras.

Acuarela china de 1824, British Library.

Acuarela china de 1824, British Library.

La atracción por los duriones va más allá de su valor nutritivo, es una pasión para muchos asiáticos. El naturalista y geógrafo Alfred R. Wallace (1823-1913) viajó durante ocho años por el archipiélago malayo dónde conoció y se aficionó a los duriones. Es bien conocida la historia de la carta que escribió desde allí a Darwin en 1858 con sus ideas sobre la selección natural, el revuelo académico que originó y su papel seminal en la Teoría de la Evolución. Unos años antes, en 1856, escribió una carta a William J. Hooker, director de los Jardines de Kew, narrándole las excelencias de los duriones.

El durión es una fruta de carácter perfectamente único, no tenemos nada con la que pueda ser comparada.
Es redonda u ovalada, del tamaño de un melón pequeño, de color verde y cubierta de espinas fuertes. Desde la base al ápice se pueden distinguir cinco líneas que son las suturas de los carpelos y muestran por donde se pueden abrir con un buen cuchillo y unas manos fuertes. Las cinco cavidades están rellenas con una masa de pulpa firme, color crema, que contiene unas tres semillas cada una. Esta pulpa es la parte comestible, y su consistencia y sabor son indescriptibles. Una crema rica con sabor intenso a almendra puede dar una buena idea, pero a veces hay trazos de sabores que recuerdan al queso cremoso, la salsa de cebolla, el vino de jerez y otros platos incongruentes. Luego hay una rica suavidad pegajosa en la pulpa que ninguna otra tiene, pero que le añade su delicadeza. No es ni ácida ni dulce ni jugosa; sin embargo no necesita ninguna de esas cualidades porque en sí misma es perfecta. Mientras más comes menos te sientes inclinado a parar. De hecho, comer duriones es una sensación nueva digna de un viaje al Este para experimentarla.
Quizás no sea correcto decir que el durión sea la mejor de todas las frutas porque no puede ofrecer jugos refrescantes como la naranja, la uva o el mango, pero en cuanto a producir un alimento del sabor más exquisito no tiene rival. Si tuviera que elegir un representante de la perfección de cada clase sería al durión y a la naranja como el rey y la reina de las frutas.

Los nativos de estas islas tienen adicción por los duriones. Cuando llega la temporada de su maduración abandonan sus poblados y acampan en el bosque durante semanas, alimentándose básicamente de duriones.

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Señal en el metro de Singapur.

Para Wallace era la fruta perfecta, sin embargo tiene un pequeño inconveniente, su olor penetrante no a todo el mundo agrada. El viajero y gastrónomo Richard Sterling lo describe en su blog como si se mezclara en una batidora excremento de cerdo, aguarrás y cebollas podridas, aderezándolo con un calcetín sudado. Quizás refleja un prejuicio occidental o una diferente sensibilidad cultural con los aromas. En cualquier caso este olor intenso del durión maduro no es gratuito, ni está diseñado para espantar a los gastro-snobs; es una fuerte llamada a los mamíferos de la selva, que se orientan más por el olfato que por la vista, para que dispersen sus semillas. Al reclamo olfativo del durión maduro acuden elefantes, rinocerontes, orangutanes, tapires y jabalíes, incluso algunos carnívoros como tigres, leopardos y civetas, toda una fiesta en la selva. En cambio, en el ecosistema urbano este aroma del bosque no está permitido, así se pueden ver señales de prohibición de llevar duriones en transportes públicos, hoteles y aeropuertos de las ciudades asiáticas.

Santuario de Siberut

La isla de Siberut, al oeste de Sumatra (Indonesia), tiene unos 4.030 km² casi en su totalidad ocupado por bosque tropical húmedo, gracias a la alta precipitación que recibe (media anual de 4.217 mm). Se pueden encontrar más de 100 especies de árboles diferentes en pocas hectáreas de bosque, siendo las familias más diversas Euforbiáceas, Lauráceas, Mirtáceas y Moráceas. Está incluida en el punto crítico (hot spot) de biodiversidad denominado Sundaland, una de las zonas más biodiversas y también más amenazadas del planeta.

Thomas Raffles (1781-1826) fue gobernador de Bengkulu (Sumatra), donde la Compañía Británica de las Indias Orientales se dedicaba a la producción y comercio de la pimienta y la nuez moscada. Además de fundar Singapur en 1819 como puerto británico realizó expediciones por el archipiélago. En una de ellas, en 1819, se descubrió la extraña y singular planta parásita de flores enormes, Raflessia arnoldii, que fue nombrada en su honor. En 1821 visitó la isla Siberut y se quedó impresionado por la amabilidad e ingenuidad de sus habitantes, en una carta escribió que le parecía estar en el Jardín del Edén.

La etnia Mentawai ha estado habitando el arco de pequeñas islas que se alinean al occidente de Sumatra, desde hace al menos 2.000 años. Son pueblos que viven de la caza y la pesca, de la recolección de frutos (como el durión) y del sago (almidón obtenido de la palmera Metroxylon sagu), del cultivo del taro y las bananas, y la cría de cerdos y gallinas. Son animistas y tienen un sistema de rituales y tabúes que mantienen el equilibrio de la gente y los recursos del bosque. Un dicho mentawai reconoce que “como el pez en el agua, nuestras vidas son inseparables del bosque y la tierra”. En 1981 la isla Siberut fue declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO, con la intención de conservar su rica biodiversidad (incluyendo cuatro especies endémicas de primates) y que los casi 20.000 indígenas mentawai pudieran conservar su cultura ancestral en equilibrio con la naturaleza. Más tarde, en 1993 la parte occidental de la isla fue protegida como Parque Nacional por el Gobierno de Indonesia.

Sin embargo existen diversas amenazas que, como una maldición bíblica, están destruyendo este Jardín del Edén. La explotación maderera y la destrucción de la selva para plantar palmas aceiteras, cultivo en expansión en Indonesia, están alterando los ecosistemas y las formas de vida en esta isla. Por otra parte, el contacto con las costumbres modernas está causando la pérdida de las culturas tradicionales.

Sebastião Salgado dedicó ocho años a buscar por todo el mundo las imágenes y las historias de su magna obra Génesis². Una sección la dedica a los Santuarios, “lugares donde las comunidades humanas continúan viviendo de acuerdo a sus culturas y tradiciones ancestrales”. Con sus fotos pretende “ver y maravillarnos, y comprender la necesidad de proteger estos lugares”.

La historia y la imagen potente del joven mentawai que sube a por duriones en la selva de Siberut nos asombra y nos maravilla, alimenta nuestra imaginación y nos confirma que vivimos en un mundo hermoso, pero también vulnerable.

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¹ Fragoso, J. 1572. Discurso de las cosas Aromáticas, árboles y frutales, y de otras muchas medicina simples que se traen de la India Oriental, y sirven al uso de la medicina. Francisco Sánchez, Madrid.
² Salgado, S. 2013. Génesis, Taschen, Madrid. La foto del joven mentawai que sube a por duriones ocupa la doble página 214-215.

 

Escrito por Teo, 16 de julio 2015.

 

Enlaces

Monografía de M.J Brown (1997) sobre el durión, publicada por el Instituto Internacional sobre Recursos Fitogenéticos, IPGRI

Carta de Wallace a Hooker describiendo los duriones.

Comentario de Richard Sterling sobre el olor del durión

Sundaland como Punto Crítico de Biodiversidad

Amenazas a la supervivencia cultural de los mentawai en Siberut

Siberut, Reserva de la Biosfera por la UNESCO

Parque Nacional de Siberut, Indonesia

Página oficial del fotógrafo Sebastião Salgado

Otras entradas relacionadas en este blog:
Subir al árbol
Destrucción de los bosques tropicales en Indonesia
Islas de las especias

Frutos amargos

Los árboles son testigos mudos, y a veces ayudantes involuntarios, de las más atroces infamias cometidas por seres humanos.

La dama del jazz

La triste balada Strange Fruit nos habla de los hermosos árboles del sur de Estados Unidos, de las magnolias y los tuliperos, pero también de sus frutos extraños. Escucharla hoy, 70 años después de su grabación, en la voz rota de Billie Holliday (1915-1959) nos emociona.

Los árboles del sur tienen extraños frutos,
sangre en las hojas y sangre en las raíces,
cuerpos negros se balancean con la brisa del sur,
frutos extraños cuelgan de los tuliperos.

La escena bucólica del sur galante,
los ojos fuera de órbita y la boca torcida,
el aroma de las magnolias, dulce y fresco,
entonces, de repente el olor a carne quemada.

Aquí está el fruto para que los cuervos lo desgarren,
para que la lluvia lo recoja, para que el viento lo absorba,
para que el sol lo pudra, para que los árboles lo descarguen,
aquí está la extraña y amarga cosecha.

La letra se basa en el poema Fruto Amargo (Bitter fruit) de Abel Meeropol, maestro y poeta neoyorquino que lo publicó en 1937. Pero fue a partir de que Billie Holiday grabara en 1939 la canción con el título Fruto Extraño (Strange fruit) cuando se convirtió en un gran éxito popular, un emblema de la lucha contra la discriminación racial y contra el linchamiento de negros en el sur de los Estados Unidos. Hay que recordar que aún en la década de 1930-1939 se lincharon 119 negros en los estados del Sur.

Billie Holiday solía cerrar sus actuaciones con esta emocionante canción. Las luces apagadas, solo un foco iluminando su cara y sus muecas de horror y angustia. Cantaba con los dientes apretados, “como si destripara cada palabra que salía de su boca”, según testimonio de Hal Roach, batería de la banda. Al final de la estremecedora canción se apagaba el foco y en la sala solo quedaban la oscuridad y el nudo en la garganta de los espectadores. Dicen que la cantante se iba al camerino a llorar y vomitar, para desahogar la emoción contenida.

Strange fruit fue elegida como la canción más influyente del siglo veinte por la revista Time magazine en 1999 y ha sido interpretada por artistas como Nina Simone (1965), Diana Ross (1972), Cassandra Wilson (1995) y Annie Lennox (2014).

Los grandes árboles del Sur

Es difícil imaginar la crueldad del esclavismo y la discriminación racial en el sur de Estados Unidos hace 160 años. El director de cine británico (de origen afrocaribeño) Steve McQueen (nacido en 1969) nos traslada a esa época en su versión cinematográfica de la obra 12 Años de Esclavitud (Twelve Years a Slave) de Solomon Northup¹. En este libro de memorias Northup relata sus desventuras: cómo siendo un negro libre en el Norte dedicado a tocar al violín y a la carpintería, es engañado, secuestrado y llevado al Sur, donde pasa 12 años como esclavo en diferentes plantaciones.

Northup, quien debería conocer los diferentes tipos de madera por su oficio de carpintero, describe en su libro con admiración los bosques sureños (he añadido entre paréntesis los nombres científicos más probables de los árboles citados): “el laurel (Persea borbonia) y el plátano (Platanus occidentalis), el roble (Quercus virginiana) y el ciprés (Taxodium distichum) alcanzan un crecimiento sin igual en las tierras fértiles que bordean al Río Rojo. De cada árbol, además cuelgan grandes masas alargadas de musgo (Tillandsia usneoides) ofreciendo una apariencia llamativa y singular.”

Arbol_12_años_esclavitudUn gran árbol, posiblemente un roble de Virginia (Q. virginiana), que se erguía majestuoso en el centro de la plantación, es el personaje dominante de una de las escenas más impactantes de la película. Northup (magníficamente interpretado por Chiwetel Ejiofor), pasa varias horas inmóvil, de puntillas, bajo el roble centenario. No le queda más remedio, si quiere conservar su vida. Una soga al cuello atada a una rama del roble le cortaría la respiración, si se rindiera y dejara caer su cuerpo. La secuencia larga, de casi tres minutos (correspondería a casi todo un día en la realidad), crea un desasosiego en el espectador. Los habitantes de la plantación continúan con su vida habitual, los esclavos en sus trabajos cotidianos, los niños jugando. Mientras, el árbol, con sus enormes y poderosas ramas ocupa la escena; los flecos de “musgo español” (en realidad es una bromeliácea epifita, Tillandsia usneoides) que cubren las ramas se balancean con la brisa del Sur; en una de las ramas pende Northup, quieto, como un fruto extraño, amargo. Afortunadamente el dueño de la plantación llega a tiempo para cortar la cuerda y salvarle la vida.

En 2014 Steve McQueen fue el primer director negro que recibía un óscar a la mejor película. “La gente quiere mirar esta historia. Si no conocemos nuestro pasado nunca sabremos nuestro futuro” comentó McQueen en una entrevista.

Lynching_tree_McQueenDurante el rodaje de la película en Luisiana, McQueen (artista plástico con una dilatada trayectoria) sacó una fotografía de un árbol que había sido usado para linchar esclavos y cuyas tumbas estaban a su alrededor. Con ella preparó una instalación que tituló The Lynching Tree (una transparencia de 85,4 x 105 cm en una caja de luz) y que fue expuesta en 2013 en Basilea (Suiza). Una vista de un árbol en un entorno apacible, una escena paisajista nada particular. Pero cuando conocemos su historia y sabemos que el árbol fue testigo de crueles linchamientos y humillaciones de esclavos negros, la obra de arte cobra otro significado: indignación, rabia y vergüenza.

Los grandes árboles del sur de Estados Unidos – robles, magnolios, cipreses, plátanos y tuliperos – hace tiempo que recuperaron su inocente belleza, liberados por fin de aquellos frutos amargos y extraños.
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¹ S. Northup, 1853. Twelve years a slave. Narrative of Solomon Northup, a citizen of New-York, kidnapped in Washington city in 1841, and rescued in 1853, from a cotton plantation near the Red River in Louisiana. Derby & Miller, Auburn, New York.

 

Escrito por Teo, 22 enero 2015.

 

Enlaces
Poema del Fruto Amargo (Bitter Fruit) por Abel Meeropol, original en inglés

Página de Wikipedia dedicada a la canción Strange Fruit

Estadística sobre linchamientos (por años), Universidad de Missouri-Kansas City

Edición digitalizada del libro de Solomon Northup, original en inglés

Entrevista con Steve McQueen

Página web oficial de la película 12 años de esclavitud

Árbol de los Deseos

El deseo forma parte de la naturaleza humana. Según el pensamiento occidental, es un motor vital que impulsa nuestra conducta y nos mueve a realizar acciones para satisfacerlo. Cuando se anhela algo con vehemencia, somos capaces de hacer cuanto sea necesario para obtenerlo. El deseo está en el origen de la superación personal, es una pulsión de vida, una fuerza inspiradora que nos lleva a la creatividad.

En cambio, en contextos filosóficos orientales como el budista, el deseo es la causa de todo sufrimiento. Se sufre por no poder alcanzar los deseos. El deseo paraliza y obstaculiza el progreso espiritual.

Los deseos son tan importantes en la vida humana que, tanto en las culturas antiguas como en las actuales, se han desarrollado rituales para pedir que se cumplan. Existe una variedad de tradiciones, laicas y religiosas, para dar forma al acto de pedir que se nos concedan nuestros anhelos. A través del rito, manifestamos los íntimos deseos y dirigimos nuestra petición a Dios u otra divinidad, al cosmos, a las fuerzas de la naturaleza o a la fuerza del destino (según la fe de cada cual), en la confianza de que estos entes ostentan el poder de concederlos.

Quizás no somos conscientes, pero en muchos momentos de la vida cotidiana realizamos pequeños rituales de este tipo: cuando vemos una estrella fugaz, cuando soplamos las velas de cumpleaños, cuando tomamos las doce uvas de Año Nuevo o cuando brindamos por la buena travesía de una nueva aventura personal o profesional. De manera colectiva, está extendida la práctica religiosa de asistir a un templo a realizar plegarias de petición de deseos.

En algunas creencias y culturas el rito consiste en acudir a un árbol, el Árbol de los Deseos, un árbol individual concreto que los devotos creen que tiene el poder de cumplirlos. La petición se realiza mediante ofrendas o notas con los deseos escritos que se cuelgan de sus ramas. El árbol representa así al ”Ser que Concede los Deseos”, ya sea el espíritu de la naturaleza, una deidad o el cosmos mismo. Esta antigua tradición se mantiene en diversas partes del mundo como Japón, China, India y otros lugares; también en Europa permanecen vestigios de ella en algunos enclaves como Escocia e Irlanda.

Imagen de Kalpa Vriksha

Imagen de Kalpavriksha

Hoy en día, el rito del Árbol de los Deseos está resurgiendo con fuerza renovada en la sociedad occidental. Una parábola, una obra de arte (instalación) y un relato infantil nos ilustran la importancia de estos “árboles” en nuestra cultura.

Una parábola

En la mitología india, aparece el “Árbol que Concede los Deseos”, Kalpavriksha en sánscrito (Wish Fulfilling Tree en inglés), un árbol considerado sagrado entre los hindúes. Sobre este Árbol de los Deseos, se cuenta una parábola en los textos antiguos indios de la que se conocen diversas versiones:

Un sofocante día de verano, un viajero caminaba muy cansado a causa del calor. A un lado del camino vio un gran árbol y fue a sentarse junto al tronco para descansar y disfrutar de la sombra. En la fresca sombra del árbol se puso muy contento. Entonces se dijo a sí mismo:
—¡Qué afortunado sería si también pudiera tener un vaso de agua fresca!
Al instante, apareció un jarro con agua. Después de tomar el agua, pensó:
—Ahora ya sacié mi sed, pero cuán feliz sería si aquí hubiera una buena cama, pues este suelo es muy duro y áspero.
De inmediato apareció una suave cama. Entonces pensó:
—Ni en mi casa tengo una almohada ni una cama así. Si mi esposa estuviera aquí y viera esto, ¡qué feliz sería!.
Al momento, también apareció su esposa. Entonces el hombre pensó para sí:
—Estoy en un área remota y cerca de un bosque; podría venir un tigre y devorarme.
En un segundo apareció un tigre y ¡se lo comió!

Dice el gurú Sai Baba (India, 1926-2011) al respecto de esta parábola: “El árbol bajo el cual el hombre se había sentado era el Árbol que Cumple todos los Deseos. Este mundo en que vivimos es un mundo-árbol de los deseos. Estamos sentados bajo su sombra. Si tenemos deseos o pensamientos malos, nos sucederá el mal y, si pensamos bien, el bien nos llegará. Por lo tanto, cuando nuestros pensamientos, sentimientos y acciones son puros, el árbol de los deseos del mundo nos dará las cosas buenas que deseamos. Tanto el bien como el mal vienen solamente de nuestros corazones, nunca vienen del exterior. Es por eso que debemos mantener nuestros corazones tan puros como sea posible”.

En la tradición popular española, contamos con el proverbio de enseñanza semejante “hay que tener cuidado con lo que se desea porque se puede cumplir”.

Una obra de arte

En la actual expansión de los “Árboles de los Deseos” (Wishing Trees, en inglés) en la cultura occidental ha tenido gran influencia la obra de la conocida artista Yoko Ono. Yoko Ono vivió la tradición del Árbol de los Deseos durante su infancia en Japón. Cuenta que, de pequeña, solía ir a un templo y escribir su deseo en una pequeña pieza de papel que después ataba a la rama del Árbol de los Deseos situado en el patio del santuario.

La artista japonesa se adhirió al arte conceptual, en el que el contenido, el mensaje y el estímulo del pensamiento crítico son más importantes que la forma física y el empleo de técnicas de realización. Sus obras (escritura, música, películas, dibujos, instalaciones, etc.) tratan temas como la libertad de pensamiento, la paz, la lucha contra el racismo y el sexismo, o la valoración de las pequeñas grandes sensaciones cotidianas. Su arte se caracteriza por la economía de recursos con la que logra un máximo efecto.

Yoko Ono comenzó a trabajar el motivo del Árbol de los Deseos en la década de 1990 y sigue en la actualidad. En sus exposiciones, aprovecha la presencia de un árbol (que suele estar en los jardines de los museos) para hacer una instalación de arte; deposita papeles y lápices junto al árbol e invita a los asistentes a la instalación a escribir sus deseos en los papeles y colgarlos de las ramas, convirtiéndolo así en un Árbol de los Deseos.

Sus Árboles de los Deseos se han instalado en museos de diversos países como EE UU ( Jardín de las Esculturas del Museo de Arte Moderno de Nueva York, 2010 y en el Museo Hirshhorn de Washington DC, 2007), Reino Unido, Finlandia, India y España (Guggenheim de Bilbao, 2014). En cada país, la artista usa diferentes especies de árboles para sus instalaciones, y una vez concluida la exposición, recolecta todos los deseos proporcionados por los visitantes. El éxito de participación es tal que finalmente ha concebido un destino para ellos. En Reikiavik (Islandia), ha construido la instalación “Torre Imagina La Paz” (Imagine Peace Tower, en inglés), se trata de una torre de 10 metros de radio que emite una columna de luz azul intenso hacia lo hondo del cielo y en su base, en el pozo de los deseos, acoge los deseos expresados por miles de personas de todo el mundo.

Foto de Naomi Sachs del Árbol de los Deseos de Yoko Ono en Washington DC.

Foto de Naomi Sachs del Árbol de los Deseos de Yoko Ono en Washington DC.

El concepto interesante que propone Yoko Ono es la certidumbre de la fuerza del deseo, como energía que mueve y desencadena cambios a favor de su realización. Los deseos reunidos, puestos juntos, conforman una gran plegaria colectiva dirigida al Universo. Aunque ella reúne todos sin distinción –los personales y los colectivos, los más generosos y los menos-, su confianza se sustenta en el ideario que compartió con su fallecido esposo el ex-beatle John Lennon; los deseos globales de paz y de un futuro mejor para la humanidad que quedaron recogidos en la emblemática canción Imagine: “Imagina a todo el mundo viviendo la vida en paz, imagina a todo el mundo compartiendo el mundo…”

Quien desee sumarse a esta plegaria universal Ono-Lennoniana puede hacerlo enviando su expreso deseo a esta dirección.

Un relato infantil

El Árbol de los Deseos (The Wishing Tree), publicado por primera vez en 1964, es el único cuento para niños del escritor estadounidense, Nobel de Literatura, William Faulkner (1897-1962)¹. Situada en el sur de EE UU, la historia cuenta la aventura de la niña Dulci, acompañada de su cuidadora Alice, su hermano pequeño Dicky, su vecino George y su sorprendente amigo pelirrojo Maurice, en busca de El Árbol de los Deseos. Un viejecito peculiar y un soldado, que resulta ser el marido de Alice, se unen a la búsqueda.

wsh1En mitad de un bosque, encuentran un precioso árbol de hojas blancas y cada uno coge una hoja, tan pronto como las tocan, las hojas cambian de color, un color diferente para cada uno, según el color de los deseos de cada cual. A partir de ese momento los deseos comienzan a cumplirse, pero también empiezan a tener deseos egoístas que complican bastante las cosas. Finalmente, después de experimentar las malas consecuencias de los deseos que hacen daño a otros, Dulci y sus acompañantes se dan cuenta del valor de tener deseos que beneficien a todos y no solo a uno mismo.

El relato es fresco, sorprendente, original, con magnífica prosa, humor irónico y trasfondo filosófico moral. Estimula  a reflexionar con pequeños y mayores sobre la naturaleza de nuestros deseos y sus consecuencias, sobre los deseos egoístas y los deseos generosos, sobre los deseos que nos ayudan a crecen y los que entorpecen nuestro buen discurrir por la vida.

Los Deseos del Árbol

El Árbol de los Deseos nos concede los deseos que le pedimos. Pensemos ahora en los propios árboles, ¿tienen deseos? Seguramente sí.

Trato de imaginar que soy un árbol, y me pregunto cuáles serían mis deseos. Si John Lennon hubiera hecho este ejercicio de empatía tal vez hubiera plasmado algunas posibles aspiraciones de los árboles en su célebre canción:

Imagina a todos los árboles
viviendo el día a día,
con abundante tierra y agua,
y con aire limpio.
Imagina a todas las personas y todos los árboles
compartiendo el planeta.
Espero que algún día te unas a nosotros
y el mundo sea uno solo…²

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¹ Faulkner, W. 2010. El Árbol de los Deseos. Traducido por Jose Luis López Muñoz, Alfaguara, Madrid (edición original en inglés de 1964).
² La Declaración de los Bosques de Nueva York proclamada por las Naciones Unidas en 2014 termina con el deseo-compromiso de “un mundo donde las personas y los árboles crezcan juntos”.


Escrito por Rosa, jueves 8 de enero 2015.

Fuentes
Parábola india del Árbol de los Deseos, según Sai Baba.

El Árbol de los Deseos en el arte de Yoko Ono.
Torre Imagina La Paz”, Reikiavick (Islandia).
En este blog, post Alcornoque de los deseos.
En este blog, deseos a la Virgen en el post Nuestra Señora del Roble

Murmullos del Árbol

La escucha atenta de los árboles es una práctica muy querida por poetas, artistas y buscadores de la espiritualidad en la naturaleza.

La emoción de pasear en silencio por un bosque y “oír hablar a los árboles” se percibe en las bellas palabras de Juan Ramón*:

Ayer tarde
volvía yo con las nubes
que entraban bajo rosales
(grande ternura redonda)
entre los troncos constantes.
La soledad era eterna
y el silencio inacabable.
Me detuve como un árbol
y oí hablar a los árboles.
…………………….
Yo no quería volver
en mí, por miedo de darles
disgusto de árbol distinto
a los árboles iguales.
Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada,
oía hablar a los árboles.
………………..
Cuando yo ya me salía
vi a los árboles mirarme,
se daban cuenta de todo,
y me apenaba dejarles.
………………..
Y ¿cómo desengañarles?
¿Cómo decirles que no,
que yo era sólo el pasante,
que no me hablaran a mí?
No quería traicionarles.
Y ya muy tarde, muy tarde,
oí hablarme a los árboles.

Solo espíritus muy sensibles pueden captar y entender el idioma de los árboles. Sin embargo, el artista Alex Metcalf ha hecho realidad que el público pueda escuchar físicamente a los árboles con su “Proyecto para Escuchar al Árbol” (en inglés, Tree Listening Project). Con la ayuda de micrófonos especiales conectados a auriculares se puede oír cómo el agua es succionada desde las raíces hasta las hojas a través de los conductos del xilema (sistema de cañerías vivas del árbol). Se oyen chasquidos que se producen al pasar el agua a través de las células del conducto y formarse burbujas por el fenómeno denominado cavitación (formación de burbujas de aire por los cambios de presión del líquido). También se oye un murmullo profundo causado por las vibraciones del tronco al moverse la copa con el viento.

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Proyecto Escuchar al Árbol. Fuente: blog de Alex Metcalf.

Con esta instalación el artista pretende “proporcionar una experiencia que vincule a la ciencia con el arte, captar la atención del público sobre lo que ocurre en el interior de un árbol y despertar un interés especial por los árboles”.

Los científicos también escuchan a los árboles, o más bien los auscultan, para interesarse por su salud. En los años 80s del siglo pasado se desarrolló un “medidor del estrés producido por la sequía” que detectaba las emisiones acústicas ultrasónicas (las que tienen frecuencias superiores a las audibles, es decir más de 20 KHz) producidas por las cavitaciones en los conductos del xilema. El método tenía la ventaja de no ser invasivo, pero fue criticado y abandonado por sus limitaciones metodológicas. Posteriormente, el desarrollo de nuevas tecnologías acústicas ha renovado el interés por estas técnicas para estudiar el estado fisiológico de los árboles.

La colaboración del fisiólogo suizo Roman Zweifel con el artista sonoro y músico Marcus Maeder se ha plasmado en un proyecto de investigación que tiene como objetivo explorar las relaciones complejas entre la fisiología de los árboles y el clima. Mediante la representación acústica y artística de los procesos fisiológicos que ocurren en el árbol, es decir volviendo perceptibles aquellos procesos que están más allá de nuestros niveles normales de audición, se crean nuevas experiencias y de esa forma se abre una visión nueva de la naturaleza.

Sensor de emisiones acústicas en una rama de pino. Fuente: blog de Marcus Maeder.

Sensor de emisiones acústicas en una rama de pino. Fuente: blog de Marcus Maeder.

“Cada especie de planta, incluso cada árbol individual, tiene su propia señal o firma acústica que está relacionada con su estructura particular y con las condiciones del clima local”. Según los investigadores, estudiando las emisiones acústicas del árbol en respuesta a las condiciones climáticas cambiantes y relacionándolas con las propiedades biológicas y físicas, se llega a conocer mejor la ecología y fisiología del árbol.

La próxima vez que pasees por un bosque o te acerques a un árbol, a esa hora en que “la soledad es eterna y el silencio inacabable”, podrás disfrutar con los sonidos de las hojas agitadas por el viento y escuchar los gemidos de ramas y troncos. Recuerda entonces que también hay una música misteriosa, imperceptible para nuestro oídos, un concierto de murmullos y chasquidos ultrasónicos que cada árbol emite con su voz única individual.

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“Muchacha de blanco en el bosque”, por Vincent van Gogh, 1882.

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* Del poema “Árboles hombres”, en el libro “Romances de Coral Gables”, por Juan Ramón Jiménez, 1948.

Escrito por Teo, jueves 26 de septiembre

Poema de Juan Ramón Jiménez “Árboles hombres”

Instalación de Alex Metcalf “Escuchar al Árbol”

Proyecto suizo sobre emisión acústica y fisiología del árbol

Artículo en National Geographic sobre nuevas técnicas acústicas para detectar el estrés causado por la sequía en árboles

Qué es el Bosque para ti

El futuro de nuestros bosques está en las manos de nuestros hijos. Pero ¿cómo ven los niños europeos sus bosques? Para saberlo, la Comisión Europea ha convocado un concurso de pintura para escolares de 6 a 10 años con el tema “¿Qué es el bosque para mí?”.

Se han presentado más de 9.000 dibujos, de 23 países. El ganador, Jakub Roszak (8 años) de Polonia, ha recibido el diploma y su premio en Bruselas el pasado 24 de mayo. Su dibujo y los 99 finalistas se pueden ver en la web de la Comisión Europea. A continuación se reproducen algunos para compartir su visión de los bosques, además de para darle colorido y frescura a nuestro blog.

Kay D., de Malta (8 años).

Kay D., de Malta (8 años).

“El bosque es el lugar donde me gustaría vivir”

Rusne M. de Lituania (7 años)

Rusne M. de Lituania (7 años).

“El bosque en invierno es como un cuento de hadas.”

Liliana N., de Rumanía (10 años)

Liliana N., de Rumanía (10 años).

La figura de Bambi, tan tierna y tan emblemática del bosque.

Arianna G. de Italia (9 años).

Arianna G. de Italia (9 años).

Te quiero, árbol.

El ganador, Jakub Roszak de Polonia (8 años)

El ganador, Jakub Roszak de Polonia (8 años).

Al sonriente Jakub le gusta jugar con los árboles invisibles.

Esta percepción colorista, ingenua y sentimental con el bosque durante la infancia forjará el vínculo necesario para que sigan existiendo bosques en el futuro.

Escrito por Teo, jueves 13 de junio.

Página de la Comisión Europea con los 100 dibujos infantiles.