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Botánico de Valencia

Si fuera un árbol urbano me gustaría vivir en el interior de un jardín botánico, cuidado, mimado y protegido de los vandalismos, acompañado por otros árboles de diferentes partes del mundo, visitado y admirado por los amantes de las plantas y de la naturaleza.

bosque_protegidoEntré en el Botánico de Valencia, como se entra en un santuario o en un museo; fuera de sus tapias quedaban el ruido del tráfico, los humos, las prisas, la gente corriendo de un lado para otro. Dentro de ese bosque urbano de unas 4,5 ha donde conviven unos 450 árboles encontré la calma, la sombra fresca, los trinos de los pájaros, el aroma forestal y sobre todo una gran diversidad de árboles (126 especies, según el Catálogo¹), con gran variedad de texturas y colores en la corteza de los troncos, en la forma de las copas, en la densidad del follaje; árboles que cuentan historias de sus linajes antiguos, de su ecología y de su relación con los habitantes de países exóticos.

ZelkovaEl árbol más grande del Jardín es una zelkova del Cáucaso (Zelkova carpinifolia, de la familia Ulmáceas), con 33 metros de alto y un tronco, con más de 5 metros de circunferencia, parcialmente ahuecado. Es un árbol impresionante, a pesar de tener algunas cicatrices de roturas de grandes ramas e incluso ramas sujetas por tirantes.

La zelkova es un relicto de la era Cenozoica (que empezó hace unos 65 millones de años) cuando se extendía por casi toda Europa, en un ambiente templado y húmedo. Formaba parte de un bosque de gran diversidad que fue progresivamente diezmado por el efecto de las sucesivas glaciaciones, que empezaron hace unos 2,5 millones de años. Actualmente sobrevive en bosques de Georgia, Turquía, Irán, Armenia y Azerbaiyán, donde ha sido explotado por su valiosa madera ligera, flexible y resistente a la pudrición; también se valoran las ramas para tutores de vides y el follaje para alimento de ganado. Está calificada como “casi-amenazada” por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Emparentadas con esta zelkova del Cáucaso existen dos zelkovas endémicas mediterráneas, una en Creta (Z. abelicea) y otra en Sicilia (Z. sicula). Además de otras tres especies en Asia oriental (Z. serrata, Z. schneideriana y Z. sinica); recuerdo un bello ejemplar de la zelkova de China (Z. sinica) con su corteza de parches anaranjados en el Botánico de Roma. Este grupo de especies de árboles relictos que han sobrevivido en diferentes “refugios” climáticos, aislados y separados entre sí está siendo objeto de un programa internacional de jardines botánicos para su estudio y conservación².

¿De dónde vendría la semilla de zelkova que fue plantada en Valencia hace más de 150 años? ¿de Turquía, de Georgia? En su larga vida ha sufrido temporales y arriadas, ha resistido la ciega barbarie de la guerra y aún se mantiene erguido, majestuoso, cuidado por los arboricultores del jardín. Hermoso destino de un árbol, poder morir de viejo, tan insólito fuera de ese recinto protector. Y todavía debe tener bastante vida por delante, si se considera que algunos ejemplares de Georgia o Irán tienen más de 800 años.

Cupressus_torulosaLa segunda atalaya del Botánico es el impresionante ciprés del Himalaya (Cupressus torulosa) con su tronco recto que alcanza 32 m de alto y tiene una circunferencia de 2,8 m. Forma bosques abiertos en las solanas secas del Himalaya, hasta los 3.670 m de altitud. La madera es valorada por su aroma, grano fino, durabilidad y resistencia a la podredumbre; tradicionalmente ha sido utilizada en la construcción de templos budistas y en las tallas de figuras religiosas, también se utiliza como incienso. Algunos bosquetes son protegidos como “bosques sagrados” por los monjes budistas. Es el árbol nacional de Bután, donde le tienen gran estima; los butaneses se identifican con su porte recto y fuerte y la capacidad para crecer en sitios difíciles, escarpados y duros.

Ficus_obscuraEn contraste con estos gigantes, me llamó la atención un arbolillo pequeño pero muy peculiar. Tenía el tronco lleno de pequeños frutos amarillentos, todavía inmaduros. Era un ficus oscuro de Borneo (Ficus obscura) y en mi visita de octubre 2014 tuve la suerte de coincidir con su período de fructificación.

Las plantas son obras de arte vivo, que cambian con el tiempo; se puede visitar un Botánico varias veces al año y siempre se descubre algo nuevo; una flor, un fruto, una hoja otoñal.

Los árboles del género Ficus son un recurso clave para aves y mamíferos de los bosques tropicales. Producen frutos durante casi todo el año, en grandes cantidades, son blandos y con muchas semillas pequeñas, fáciles de coger y de consumir, y son ricos en calcio. Como prueba de esta importancia, se han identificado 990 especies de aves y 284 especies de mamíferos que consumen habitualmente frutos de 260 especies de Ficus distribuidas por todas las zonas tropicales del mundo.

En los bosques malayos los frutos del ficus oscuro son consumidos por 31 especies de aves y 9 de mamíferos. Son grandes consumidores de estos higos el gibón (Hylobates lar), el orangután (Pongo pygmaeus) y diversas clases de ardillas y tupayas. Un solo árbol puede producir hasta 4.000 higos, todo un festín para los animales del bosque.

En la colección de cuercos (especies de Quercus) de Valencia, junto a las especies europeas más familiares como la encina (Q. ilex), el alcornoque (Q. suber) y los robles (Q. humilis y Q. cerris), se podían encontrar otras especies de diversas partes del mundo. Desde Asia habían llegado Q. glauca de Japón y Q. hartwissiana de Georgia, donde forma bosques mixtos con la zelkova. Procedente de América estaban Q. macrocarpa, Q. polymorpha y Q. virginiana, este último es conocido por las películas ambientadas en las plantaciones del sur de EEUU. En conjunto, una pequeña muestra de las más de 500 especies que tiene este género de árboles, tan importante para la economía y la cultura en los países del Hemisferio Norte.

Quercus_anillosUn viejo tronco de roble americano (Q. macrocarpa) es utilizado con fines didácticos para mostrar el crecimiento de los anillos; este ejemplar tenía 86 años cuando murió en 2011. En sus anillos están marcados algunos hitos en la historia de la ciencia y del medio ambiente; por ejemplo, en el anillo formado en 1953 se recuerda el descubrimiento de la estructura del ADN; mientras que el de 1972 marca la primera Cumbre de la Tierra en Estocolmo.

Sterculia_discolorMe sedujo la belleza del árbol sombrero (Brachychiton discolor) con su corteza verde lisa moteada y sus hojas otoñales; este árbol de la familia Malvácea vive en las selvas de la costa este de Australia.

Cuando se visita un Botánico, igual que cuando se vuelve a un museo ya conocido, siempre hay un árbol o una obra de arte que te sorprende o que redescubres. Así me pasó en esa mañana de otoño con este árbol, que no es el más grande ni el más espectacular del jardín, pero me cautivó por el verdor de su follaje traslúcido. Situado entre un grupo de troncos que se elevaban en paralelo, miraba a las copas que se entremezclaban y formaban una envolvente manto verde que me cubría. Una experiencia memorable.

Y el ginkgo (Ginkgo biloba); en ningún  jardín botánico puede faltar este fósil viviente, este árbol tan arcaico y tan elegante, con sus hojas palmeadas que se vuelven amarillas en otoño. También llamado albaricoque de plata, árbol de las pagodas, árbol de Goethe, árbol de los 40 escudos, panda botánico, es el último superviviente de un linaje antiguo que apenas ha cambiado en los últimos 250 millones de años. Casi extinguido en su hábitat natural, solo quedan algunas poblaciones relictas en las montañas de China. Sin embargo, su cultivo se expandió por China, Corea y Japón, plantado en templos budistas y sintoístas. En el siglo XVIII fue introducido en Europa y desde entonces se ha extendido como árbol urbano por la calles y jardines de todo el mundo.

Podría seguir relatando otras historias que me inspiraron los árboles del Botánico de Valencia. La sola mención de sus nombres ya evoca una relación antigua e intensa con habitantes de países lejanos: Angelitos de Argentina, Árbol del dolor de muelas y Ciprés funerario de China, Arbusto de madera de sangre y Pica-pica de Australia, Cafetero de Kentucky, Goma elástica y Palo amarillo de México, Karaka de Nueva Zelanda, Palisandro, Palo borracho y Pimentero de Brasil, Palo de jabón de Chile, Pitósporo de Japón…

Bosque_grafitiLa lista de especies de árboles es muy larga. Animo al lector a que se adentre en ese bosque urbano, que deje atrás las prisas y las preocupaciones cotidianas, y escuche directamente de ellos sus historias.

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¹ Corbera, J., J. Güemes y C. Puche. 2005. Un bosque en la ciudad. El Jardín Botánico de la Universidad de Valencia. Publicaciones de la Universidad de Valencia.
² Kozlowski, G., D. Gibbs, F. Huan, D. Frey, J. Gratzfeld. 2012. Conservation of threatened relict trees through living ex situ collections: lessons from the global survey of the genus Zelkova (Ulmaceae). Biodiversity and Conservation 21: 671-685.

 

Escrito por Teo, jueves 26 marzo 2015.

 

Enlaces

Página web del Botánico de la Universidad de Valencia

Descripción de la zelkova y el ciprés en la web Monumental Trees

Estatus de conservación de la Zelkova carpinifolia según la IUCN

Estatus de conservación de Cupressus torulosa según la IUCN

Revisión sobre los animales que se alimentan de frutos de Ficus

Programa de radio del Bosque habitado, sobre el Botánico de Valencia

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Botánico de Roma

Los árboles han sido buscados, talados y utilizados para diversos fines (construcción, combustible, navegación) durante la expansión de la especie humana, produciendo una deforestación masiva de amplias zonas del planeta. La cuenca mediterránea, cuna de civilizaciones milenarias, ha sufrido de manera especial ese proceso de deforestación que siempre acompaña al desarrollo humano.

Para un “buscador de árboles” entrar en un arboreto o jardín botánico es tener la oportunidad de conocer a esas criaturas magnánimas que tanto nos han dado y que allí encuentran su refugio. En unas cuantas hectáreas de terreno podemos mirar, tocar y oler árboles que proceden de lugares remotos y que cuentan variadas historias evolutivas y culturales. La solución perfecta para “las personas de imaginación aventurera pero de carácter perezoso”, que escribía Muñoz Molina, o sin suficientes recursos económicos para los viajes exóticos, añado yo.

En mi última visita a Roma el pasado mes de noviembre, para participar en la reunión final del proyecto EnvEurope, tuve la ocasión de acercarme al Orto Botanico. Es un jardín relativamente pequeño (unas 12 hectáreas), cuando se compara con los grandes parques botánicos como Kew (132 ha) en Inglaterra, Kirstenbosch (528 ha) en Sudáfrica o Cienfuegos (97 ha) en Cuba, por citar solo algunos. Sin embargo, tiene el encanto de los jardines históricos que forman parte de una ciudad y conservan ornamentos de su pasado palaciego.

Estos jardines formaban parte del palacio construido en el siglo XV por el cardenal Riario. Tuvo como huésped ilustre a la Reina Cristina de Suecia quien, después de abdicar al trono en 1654 y convertirse al catolicismo (la religión de sus enemigos en la Guerra de los Treinta Años), se expatrió a Roma donde tuvo una intensa actividad como mecenas cultural, fundando la Academia de la Arcadia. Todavía se conservan en el actual Jardín Botánico algunas piezas procedentes de su colección de antigüedades. En el siglo XVIII fue comprado por el cardenal Corsini y bajo su encargo el arquitecto Fernando Fuga remodeló el palacio y los jardines dándoles la imagen barroca actual. Por último, en 1883 el Estado compró el conjunto, cediendo los jardines a la Universidad de Roma para organizar el Orto Botanico, mientras que el palacio lo convirtió en la Galería Nacional de Arte Antiguo.

Quercus suber L.

Quercus suber L.

Visité el jardín un miércoles de otoño por la mañana y estaba prácticamente solo en ese refugio de placer. Me dediqué a pasear y admirar los árboles; les preguntaba por sus lugares de origen, sus rasgos biológicos y sus virtudes para los humanos. Atravesé el paseo de las palmeras, pasé junto a la fuente de los tritones y llegué a un poderoso alcornoque (Quercus suber) con un tronco de más de 5 metros de circunferencia ¹. He visto muchos alcornoques por mi tierra pero no había visto ninguno tan alto y majestuoso. Estaba adornado por una compañera inusual, la trepadora americana Campsis radicans (familia Bignoniaceae), emparejados por el capricho del jardinero. El alcornoque es un árbol mediterráneo bien conocido en España, donde se extraen cada año unas 60.000 toneladas de corcho (el 25% de la producción mundial). Este preciado producto se utiliza principalmente en la fabricación de los tapones de botellas de vino. La corteza del tronco se “pela” cada 9-10 años y el árbol la renueva, pero acorta su vida.

Muy cerca de allí, en el invernadero Corsini, había dos bañeras de mármol usadas actualmente como maceteros que recordaban a su antigua dueña, la reina Cristina de Suecia, quien paseó por estos jardines hace más de tres siglos.

Subiendo por la colina, la masa oscura de la colección de gimnospermas perennifolias destacaba en el aspecto general de bosque otoñal del jardín. Pero un árbol daba la nota entre los demás con sus hojas anchas que comenzaban a amarillear. ¡Qué extraño! Me acerqué y efectivamente era un árbol extraño y peculiar, el ginkgo (Ginkgo biloba). Además era una hembra que estaba cargada de frutos (en esta especie dioica las flores machos y hembras están en árboles separados). En el suelo se mezclaban las hojas caídas, los frutos y restos de semillas abiertas por algún depredador.

Ginkgo biloba L.

Ginkgo biloba L.

El ginkgo es un fósil viviente, es decir un árbol primitivo que apenas ha cambiado su aspecto en los últimos 200 millones años. Existen muy pocos ejemplares en su hábitat natural, en las montañas de China, pero se ha plantado en casi todo el mundo por la singularidad y elegancia de sus hojas palmeadas que se vuelven amarillas en otoño. Los primeros ginkgos que llegaron a Europa se plantaron en el siglo XVIII, posiblemente en los Países Bajos. Esta hermosa “ginkga” de Roma debe ser de finales del XIX cuando el jardín palaciego se convirtió en jardín botánico. En China se comercializan las semillas comestibles de ginkgo y en occidente se ha extendido el uso de los extractos de hojas como estimulante de la memoria.

Justo al lado del ginkgo se elevaba la masa oscura de una Torreya grandis (familia Taxaceae), con un tronco de 4,6 m de circunferencia. Este árbol es endémico del sureste de China donde es utilizado por su madera, se consumen las semillas (no son tóxicas, a diferencia de las del tejo) y se produce un aceite de sus arilos (cobertura carnosa de la semilla). Sin embargo no fue conocido en Europa hasta el siglo XIX cuando el “cazador de plantas” Robert Fortune compró algunas semillas en China y las envió a Inglaterra. Este botánico se haría famoso más tarde por robar los secretos del cultivo y la manufactura del té en China e introducirlos en la India, entonces bajo el dominio británico.

El silencio y la soledad del jardín se rompió con un bullicio de voces y risas infantiles. Me acerqué a la escalinata dieciochesca y, manteniendo una distancia prudencial, estuve observando cómo un grupo escolar atendía las indicaciones del maestro que les señalaba dos plátanos centenarios, situados a ambos lados. Terminada la breve disertación, subieron corriendo y alborotando por las escaleras hacia la parte alta del jardín.

Platanus_childrenVolvió el silencio y subí entonces por las escalinatas para acercarme a los plátanos. Un cartel explicaba que la “Fuente de los 11 chorros” fue construida por Fernando Fuga a mediados del siglo XVIII y la cascada-escalera aprovecha el desnivel de la colina del Gianicolo. Cuando en 1883 el Estado compró el jardín y lo convirtió en Botánico, conservó la fuente, la escalinata y los dos plátanos centenarios que la escoltan; ahora son un elemento singular del patrimonio natural del jardín.

Los plátanos orientales (Platanus orientalis) son autóctonos del mediterráneo oriental; recordaba haberlos visto en los bosques de ribera en las montañas de Sicilia. Sin embargo, el plátano de sombra que se planta normalmente en las ciudades y que es tan común en las calles de Sevilla, es un híbrido (Platanus x hispanica) de este plátano oriental mediterráneo y del plátano occidental americano.

El plátano del lado norte de la escalera tiene un grueso tronco de unos 6,5 m de circunferencia. Estaba casi desprovisto de hojas. Buscando una perspectiva adecuada para capturar una imagen que diera idea de la monumentalidad del árbol, me fijé en una pareja de ánades reales (Anas platyrhynchos) que me miraban inmóviles desde un pequeño estanque casi al pie del mismo árbol. Procuré alejarme para no molestarlos y seguí mi camino. En este refugio de árboles, en el corazón de Roma, también encuentra su hábitat una fauna variada.

En mi paseo por el jardín había visto diversas aves: un agateador (Certhia brachydactyla) trepando nervioso por un tronco, un petirrojo (Erithacus rubecula) que me miraba curioso desde su rama, los bandos de gritonas cotorras (Myiopsitta monachus), que posiblemente eran las responsables de los restos de semillas de ginkgo comidas en el suelo, y que se han convertido en una plaga en muchas ciudades europeas, un pito real (Picus viridis) que voló veloz al acercarme dejando una estela verde, y las omnipresentes cornejas cenicientas (Corvus cornix).

Desde la parte alta del jardín, en la colina del Gianicolo, se divisan las cúpulas de las iglesias de Roma sobre las copas de los árboles. Una visión espléndida, privilegiada. Estás en la ciudad pero a la vez fuera, en una isla de verdor y silencio.

Roma_view

De pronto, un terrible estruendo me sobresaltó. Las aves, cotorras, cornejas y palomas volaron aterrorizadas por la explosión. Recupero el ritmo cardíaco después del susto, miro el reloj, son las 12 en punto, sonrío. Al momento me viene el recuerdo de cuando vivía en el Trastévere y me llegué a acostumbrar al cañonazo que marca la hora del mediodía. Según cuentan, esta absurda contaminación acústica data de 1847 cuando el papa Pío Nono ordenó que un cañonazo a las 12 sirviera para ajustar el horario de las campanas de las iglesias de Roma.

Repuesto del sobresalto continué mi amable paseo por la parte alta del jardín. Hacia el norte está la zona del jardín japonés, con sus puentes, cursos de agua, linternas de piedra y un coqueto pabellón cubierto al estilo japonés, que ese día estaba desierto. Los pequeños arces japoneses (Acer palmatum) estaban cuajados de sámaras y lucían sus hojas palmeadas, rojas, prestas a caer.

Descendí por el sendero junto al campo de bambúes y llegué hasta un árbol de tronco grande y rugoso, con una copa baja, hojas pequeñas y ramitas terminadas en espinas. Busqué la etiqueta con el nombre pero no la encontré. Una de las frustraciones de este jardín botánico es que faltan muchas etiquetas y no es posible identificar todos los árboles. Sospecho que se trata del Schinus polygamus (familia Anacardiaceae) que Fratus recogió en su lista de árboles monumentales, con un tronco de más de 4 m de circunferencia. Es nativo de Sudamérica, donde lo llaman huingán, molle o boroco; con sus frutos se prepara una chicha o aguardiente.

Zelkova sinica Schneid.

Zelkova sinica Schneid.

Si tuviera que elegir un árbol de este jardín por la belleza de su tronco, sin  duda sería la “zelkova” de China (Zelkova sinica, familia Ulmaceae). Su corteza gris suave se exfolia en parches de un naranja intenso que confieren gran vistosidad al tronco. El género Zelkova es un relicto del Terciario con seis  especies distribuidas en dos áreas: el suroeste de Eurasia (Creta, Sicilia y Cáucaso) y el este de Asia (China, Corea y Japón). Son árboles adaptados a las condiciones húmedas y cálidas del Terciario que fueron diezmados por los cambios climáticos y ambientales. En el 2010 ha comenzado un plan internacional de conservación del género Zelkova, auspiciado, entre otros organismos, por la red Internacional de Conservación de los Jardines Botánicos (BGCI, del inglés Botanical Gardens Conservation International).

En dirección a la salida, casi escondido detrás de un seto, encontré al alcanforero Cinnamomum camphora (familia Lauraceae). Es un árbol robusto, con un tronco de más de 5 m de circunferencia que se bifurca desde casi la base. Esta especie es nativa del este de Asia (China, Corea, Japón y Vietnam), aunque ha sido plantada por todo el mundo. Recordaba la primera vez que vi un alcanforero, en el arboreto del Campus de Dehradun (India). Fui allí en 2003 a un congreso y a la vuelta me traje algunas semillas; aún conservo en mi terraza un pequeño alcanforero, que ya tiene 10 años y apenas levanta 1,5 metros del suelo de la maceta. Me gusta coger sus hojas senescentes y estrujarlas para aspirar su aroma expectorante. El alcanfor es el compuesto químico (tipo terpenoide) que abunda en su madera y sus hojas; se extrae por destilación. En Asia se usa ampliamente en medicina tradicional, como repelente de insectos, para aromatizar dulces y en rituales religiosos.

Salí del jardín embriagado por mis paseos y mis conversaciones con esos árboles magníficos que cuentan historias maravillosas de lugares remotos: el ginkgo y la zelkova de China, el alcanforero de la India, el alcornoque y el plátano del Mediterráneo, el arce del Japón y el huingán de Chile. Agradecido a la ciudad de Roma por crear y mantener este jardín botánico e histórico, que es al mismo tiempo un “lugar de investigación y de recreo, parque público y laboratorio, espacio de retiro y centro de enseñanza” (en palabras de Muñoz Molina).

Traspasada la verja del refugio protector, me encuentro entre las callejuelas del animado y bullicioso barrio del Trastévere. Me detengo en una trattoria y pido una penne al boscaiolo acompañada de una birra Peroni para reponer fuerzas después de la deliciosa giornata en el Botánico de Roma.
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¹ Inventario de árboles monumentales del Orto Botanico de Roma por Tiziano Fratus (14 febrero 2011).
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Nombre de la especie y circunferencia del
tronco en metros (medida a 1,3 m de altura)
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Platanus orientalis                                 6,5
Casuarina cunninghamiana                 5,5
Quercus suber                                        5,4
Cinnamomum camphora                      5,2
Pterocarya fraxinifolia                           4,7
Torreya grandis                                      4,7
Schinus polygamus                                4,4
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Escrito por Teo, 30 enero 2014.

Fuentes

Web oficial del Jardín Botánico, Universidad de Roma
Inventarios de árboles monumentales de Roma por Tiziano Fratus
Artículo de Antonio Muñoz Molina sobre los jardines botánicos