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La ciudad de los metrosideros

Los árboles urbanos le dan carácter y seña de identidad a una ciudad. El viajero recuerda los pinos en la parte antigua de Roma, el bulevar Bajo los Tilos en Berlín, los castaños de Indias en los Campos Elíseos de París o los naranjos que perfuman en primavera las callejuelas de Sevilla.

La ciudad de La Coruña, en la costa noroeste de España, parece tener una predilección singular por los metrosideros. No se sabe exactamente cómo ni cuándo llegó allí el primer ejemplar de esta especie. En el Monte Alto, en el jardín del antiguo hospital, hoy cuartel de la Policía Municipal, se yergue un metrosidero imponente, centenario, con una copa inmensa que sobresale por los muros y oficinas colindantes buscando su espacio vital, como un gigante acorralado.

Metrosideros_CorunaSe piensa que fue plantado a finales del siglo XVIII, por marinos ingleses que hicieron escala en el puerto. Es decir que tendría algo más de 200 años. No puede ser mucho más viejo, porque los primeros ejemplares que llegaron a Europa fueron los recolectados en Nueva Zelanda en 1768, por los botánicos Banks y Solander durante el famoso viaje del Endeavour, capitaneado por James Cook.

Sin embargo, no pocos vecinos creen que el venerable árbol lleva en el barrio por lo menos 400 ó 500 años. Es más, se especula sobre su condición de prueba viva de que los marinos españoles visitaron Nueva Zelanda antes que el capitán Cook. Un casco militar del siglo XVI descubierto en el puerto de Wellington alimenta ese misterio y ha dado lugar a una novela histórica de intrigas y conspiraciones titulada “The Spanish helmet” (“El casco español”), por Greg Scowen.

Avenida_metrosideroEl metrosidero del Monte Alto, como una gran madre, ha ido propagando y llenando de jóvenes vástagos la ciudad. Muy cerca de este epicentro botánico se ha rotulado una vía nueva como la Avenida Metrosidero. Se une así a la lista de árboles en cuyo honor se han nombrado calles y avenidas, contribuyendo a la identidad urbana. Y La Coruña se une a la lista de ciudades sensibles que han incluido una especie de árbol singular en su callejero. En el inventario reciente (de 2015) de árboles urbanos se pueden contar hasta 285 individuos de esta especie, distribuidos por el Paseo Marítimo (82), la Avenida Metrosidero (42), Parque Monte San Pedro (23) y otros jardines y calles de la ciudad. Además del gigante del Monte Alto hay otros metrosideros grandes (con perímetro de tronco superior a los 4 m) en los Jardines de Méndez Núñez y la Plaza de Portugal.

Al estar incluido en el Catálogo de Árboles Singulares de la Xunta de Galicia, el metrosidero centenario tiene garantizada su protección y la “prohibición de cualquier acción que pueda afectar negativamente a su integridad, a su salud y a su apariencia”. ¿Qué sabemos de este árbol exótico que llegó de las antípodas?

Árbol de flores rojas que vive junto al mar

La historia empieza con Daniel Solander (1733-1782), un botánico sueco, discípulo de Linneo, que trabajaba en el Museo Británico cuando fue contratado por Joseph Banks para la expedición del Endeavour. Durante los seis meses de 1768 que pasó en Nueva Zelanda recolectó y describió gran número de especies de plantas. Entre ellas nombró al Metrosideros excelsa¹, de la familia Mirtácea. El nombre genérico Metrosideros deriva de las palabras griegas “metra”, acuñada por Teofrasto para designar el interior del tronco, y “sideros”, hierro; de esta forma describía los árboles que tienen el corazón (duramen) del tronco con la dureza y el color del hierro. De la misma época se conserva en el Museo de Historia Natural de Londres una acuarela de Sydney Parkinson, artista a bordo del Endeavour, con la primera iconografía de metrosidero que se pudo ver en el hemisferio norte. Así, este árbol “corazón de hierro” adquirió nombre e imagen para incorporarse a la cultura y al imaginario europeos en el siglo XVIII.

Acuarela de Metrosideros excelsa por Sydney Parkinson.

Acuarela de Metrosideros excelsa por Sydney Parkinson.

Flor_metrosideroPero antes que los europeos, los maoríes llegaron a Nueva Zelanda hace 700 años, desde la Polinesia. En la nueva tierra aprendieron a utilizar la madera y las propiedades medicinales del metrosidero y lo incorporaron a sus leyendas y tradiciones. Más poéticos que los botánicos europeos, lo llamaron pohutukawa, que viene a significar “árbol con adornos rojos que crece junto al mar”. Para este pueblo navegante tenía un gran significado simbólico como el primer árbol que veían al llegar a la costa, y el último en las despedidas. Sus llamativas flores rojas en realidad son inflorescencias, que tienen una media de 14 flores, cada una con cerca de 30 estambres muy largos (entre 2,0 a 3,7 cm) y de color carmesí o escarlata ².

Según la mitología maorí el joven héroe Tawhaki subió a los cielos para buscar ayuda y vengar la muerte de su padre, pero fue fulminado, cayó a la tierra y su sangre se esparció cubriendo de rojo los pohutukawas. Sangre de héroe convertida en flor.

En el extremo norte de la isla, en el Cabo Reinga (que significa “inframundo”), un viejo pohutukawa de unos 800 años es venerado por los maoríes como el lugar donde los espíritus de los muertos llegan desde todos los lugares de la isla para deslizarse por sus raíces a las profundidades bajo el mar y viajar hasta su tierra ancestral Hawaiki. Árbol como puerta al más allá.

Los primeros colonos europeos también utilizaron el pohutukawa para sus rituales y tradiciones espirituales. Con sus ramas siempreverdes adornaban las casas e iglesias durante la Navidad y le llamaron “acebo de las antípodas”. Como su explosiva y colorista floración carmesí coincide con el solsticio de verano austral (diciembre) es muy popular entre los neozelandeses, que frecuentan la costa en esa época, convirtiéndose en un árbol icónico bautizado como el “Árbol de Navidad de Nueva Zelanda”.

Es un árbol con vocación marina. Tiene una estrategia pionera que le permite colonizar las rocas desnudas de la costa; produce numerosas semillas pequeñas que se dispersan por el viento, sus plántulas son tolerantes a la sequía y al spray salino. Cuando se establece en una grieta, se expande mediante las raíces adventicias que penden de sus troncos retorcidos, juntándose las copas de los árboles vecinos y formando un bosque denso e impenetrable.

Esta especie es endémica de la isla norte de Nueva Zelanda (solo se encuentra allí en estado natural). Aunque no se puede considerar como amenazada, sus bosques han sufrido una gran merma (se estima que solo queda el 10% de los originales). Las principales razones de su declive han sido la ocupación de las zonas costeras para residencias y granjas, el efecto del fuego y la introducción de herbívoros, como la zarigüeya australiana (Trichosurus vulpecula).

25-years-logo-image-squareHace 25 años comenzó una iniciativa conservacionista denominada “Proyecto Carmesí” (Project Crimson) con la misión de “hacer posible que el pohutukawa vuelva a florecer en su hábitat natural, como un icono en los corazones y las mentes de los neozelandeses”. El programa está siendo un éxito, se ha ampliado a otras especies de árboles nativos y a restaurar todo el ecosistema; incluye aspectos de investigación y de educación ambiental. Se han plantado unos 600.000 árboles nativos, con la colaboración de las comunidades locales y las escuelas. Como símbolo del cambio de mentalidad realizado en estos años, gracias en parte a este proyecto, sus impulsores se enorgullecen de que en las tarjetas navideñas de Nueva Zelanda cada vez se ven menos muñecos de nieve y en cambio más flores rojas de pohutukawa.

Diseño de tarjeta navideña por Tanya Wolfkamp.

Diseño de tarjeta navideña por Tanya Wolfkamp.

Los metrosideros de Hércules

En La Coruña, un bosquete de jóvenes metrosideros embellece el parque escultórico de la Torre de Hércules; promontorio donde el héroe de la mitología clásica venció al gigante Gerión y allí enterró su cabeza. En ese rincón acogedor del hemisferio boreal, durante los días del solsticio de invierno, el viento y el fuerte oleaje humedecen los árboles del parque con agua salada del océano. Gotas marinas evocadoras de sus ancestros, los pohutukawas, que allá en las costas antípodas lucen su esplendor carmesí por Navidad.

¡Feliz Navidad a los lectores del blog!

Metrosideros&Torre-Hércules

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¹ La descripción de Solander quedó inédita y años más tarde, en 1788, fue recogida en la publicación del botánico alemán, Joseph Gaertner, dedicada a las semillas y frutos: De fructibus et seminibus plantarum. Academiae Carolina, Stuttgart. El nombre válido de la especie por tanto incluye a los dos autores: Metrosideros excelsa Sol. ex Gaert.

² Existe una revisión reciente sobre la biología y ecología de esta especie en su lugar de origen: Bylsma RJ, BD Clarkson y JT Efford (2014) Biological flora of New Zealand 14: Metrosideros excelsa, pohutukawa, New Zealand Christmas tree. New Zealand Journal of Botany, 52: 365-385.

Escrito por Teo, jueves 24 diciembre 2015.

Enlaces

Artículo en El País (2008) sobre el metrosidero centenario de Coruña y su relación con Nueva Zelanda

Decreto que regula el Catálogo Gallego de Árboles Singulares

Inventario del arbolado de la ciudad de La Coruña

Colección de láminas botánicas de la expedición del Endeavour en el Museo de Historia Natural de Londres

Proyecto Carmesí (Project Crimson) para la conservación de Metrosideros excelsa en Nueva Zelanda

Informe del Departamento de Conservación de Nueva Zelanda sobre Metrosideros excelsa, ecología e historia (Simpson, 1994)

Siempreverdes en Navidad

Llega diciembre y la figura cónica de un árbol siempreverde (que no ha perdido la hoja al llegar el otoño) se convierte en protagonista en los lugares donde se celebra la fiesta cristiana de la Navidad. Ejemplares naturales de coníferas o sus versiones artificiales proliferan en espacios públicos y privados, decorados con bolas y otras figuras, y cubiertos de luces que le otorgan un brillo y esplendor asombrosos.

Postal de NavidadEl árbol iluminado encandila a niños y mayores. Su resplandor maravilloso parece activar la confianza infantil en que la magia existe, la magia que hace que todo lo deseado sea posible.

Nunca en todo el año los árboles son tan solicitados, adornados, y admirados. Es tal la atención que reciben, que se podría considerar a diciembre el “Mes del Árbol”. Sin embargo todo ese agasajo no es por el árbol en sí mismo, sino que forma parte del conjunto de las tradiciones con las que se celebra la popular fiesta cristiana de la Navidad.

Pero ¿es solo un adorno más? ¿Cuál es el significado de este árbol siempreverde que nos acompaña en las fiestas de diciembre?

Origen e historia

Los orígenes de la tradición del árbol de Navidad no están del todo claro, existen diversas teorías y confluyen varios antecedentes históricos. Parece aceptado que el árbol adornado, tal como lo conocemos hoy, se usó por primera vez en Navidad en la Alemania protestante del siglo XVII (a Martin Lutero se le atribuye su iluminación con velas). Desde allí se difundió a los demás países europeos y a Norteamérica. Otro antecedente se encuentra en la costumbre practicada durante parte de la Edad Media de representar, el día antes de Navidad, el misterio de la creación, la expulsión de Adán y Eva y la llegada de Jesús Salvador. En tales obras se usaba un árbol con manzanas, que de los espacios públicos pasó a las casas una vez que esos actos se prohibieron. Pero la vinculación cultural con árboles perennifolios o siempreverdes en esta época del año tiene otras raíces más antiguas, conectadas con las celebraciones del solsticio de invierno en la Europa ancestral, anteriores a la época cristiana.

“El Fresno de Yggdrasil” por Friedrich Wilhelm. Heine.

Desde el origen de la humanidad, en todo lo ancho del mundo, el árbol ha representado el poder de la naturaleza. Las coníferas (como los pinos, cedros, cipreses, tejos y abetos) resisten a la dureza del invierno sin perder sus hojas, por ello se denominan “siempreverdes” (evergreen, en inglés), sempervirentes o perennifolios y por ello simbolizaban la vida eterna, uno de los símbolos espirituales más importantes. Hasta la expansión del cristianismo, en la Europa primigenia y antigua determinados árboles y bosques eran sagrados y servían de templos. Según las épocas, los árboles fueron adorados como centros del universo, como símbolos de vida, como morada de los dioses. El árbol de Yggdrasil es el árbol sagrado mejor conocido de la mitología europea.

Una de las fiestas que celebraban muchos pueblos era la del solsticio de invierno, en la que se festejaba el fin del acortamiento de los días y el aumento de las horas de luz. La alegría por la renovación de la vida, tras el duro invierno, se simbolizaba como un renacimiento del sol. El uso de árboles y plantas siempreverdes era parte de estos festejos. Los romanos lo celebraban con la fiesta llamada Saturnalia en honor a Saturno, el dios de la agricultura que nacía el 25 de diciembre, y decoraban las casas y templos con siempreverdes. En culturas como la germana y la escandinava, de acusados contrastes estacionales por su latitud elevada en el Hemisferio Norte, la celebración del solsticio de invierno era igualmente importante. Se adornaba un árbol, bien fuera un roble como en el caso germano, bien una conífera por los escandinavos, en torno al que se festejaba la alegría de la vuelta del sol para fertilizar y fortalecer la vida.

La evangelización de los países europeos fue un proceso largo en el que, en ocasiones, árboles y arboledas sagradas ancestrales fueron talados por ser considerados ídolos paganos. Cuando los cristianos evangelizaron la Europa nórdica la costumbre de usar un árbol siempreverde adornado fue asimilada, pero con un cambio significativo de simbolismo, adecuándolo a las creencias cristianas.

La leyenda del obispo inglés San Bonifacio (que fue a Germania en el siglo VII a predicar la fe cristiana) es un relato maravilloso y brutal que ilustra muy bien las luchas religiosas y culturales en la Europa de la Edad Media y el cambio de significado del árbol en el ritual religioso de diciembre:

Cuando la gente todavía adoraba a los viejos dioses, en el condado de Hess crecía un árbol gigante con grandes ramas que ascendía hacia las nubes. Era conocido como el Roble del Trueno, el árbol sagrado del dios Thor. En la quietud de la noche, los sacerdotes ofrecían sacrificios de bestias y hombres en el altar del dios del trueno. La sangre de los sacrificados regaba las raíces del árbol y el muérdago extendido por sus ramas. Era un lugar tan terrible que ni las bestias ni los pájaros descansaban en sus ramas o en su sombra.

Una noche de Navidad, los sacerdotes de Thor celebraban sus ritos de invierno bajo el Roble del Trueno con los lugareños, que habían acudido caminando pesadamente por la nieve profunda para celebrar su fiesta sagrada. Cuando todos estaban reunidos y los sacerdotes listos para levantar sus cuchillos y matar a sus víctimas humanas, el buen San Bonifacio corrió al altar. Rápidamente sacó un hacha de su capa y golpeó al poderoso roble, produciéndole un profundo tajo en el tronco. Y le dio otra vez y otra vez, mientras los fieles miraban fijamente con horror. De pronto, una fuerte racha de viento estalló en el árbol, provocando su caída al suelo con un tremendo estruendo y partiéndolo en cuatro piezas. Justo detrás de él, completamente indemne, permanecía un diminuto y joven abeto.

San Bonifacio arrojó su hacha y dijo a los presentes: “este pequeño árbol será vuestro árbol santo esta noche. Es el árbol de la paz y la salvación, un árbol de vida y un árbol de esperanza. ¡Mirad como señala hacia el cielo! Llamadle el Árbol del Niño Jesús. Reuniros en torno a él, no en las arboledas, sino en vuestras casas. No habrá más actos sangrientos, sino regalos amorosos y actos de amabilidad. ¡Dejad que la paz de Cristo reine en vuestros corazones!

La gente llevó el pequeño abeto a la casa del jefe del pueblo y celebraron la fiesta a su alrededor. Más tarde aprendieron los ritos de Navidad en la iglesia que San Bonifacio construyó con la madera del Roble de Trueno. ¹

En esta leyenda, surgida en una época convulsa, se relata un acto de violencia contra un árbol por parte de los evangelizadores. Refleja el espíritu religioso intransigente de aquellos tiempos que trató de imponer su fe por la fuerza. Además de la desaparición de criaturas vivas monumentales, como debieron ser los viejos árboles sagrados, también tuvo como consecuencia una cierta ruptura con la relación habitual y sagrada con la naturaleza y con la visión cíclica de la vida.

En la tradición oral hay recogidas otras interpretaciones muy diferentes del origen del árbol de Navidad. “El pequeño abeto de Belén” es un relato siciliano que me gusta porque en esta ocasión los protagonistas son árboles, tratados como seres vivos sintientes:

En la noche del nacimiento de Cristo, las criaturas vivientes viajaron desde muy lejos hasta el establo de Belén para honrar al recién nacido Rey y llevarle regalos.

Vinieron incluso los árboles del bosque. El olivo le dio sus frutos. La palmera trajo sus dátiles. Cada árbol tenía algo que ofrecer, menos el diminuto abeto. Había recorrido muchos kilómetros y estaba tan cansado que casi no podía permanecer erguido. Era pequeño y apenas podía asomarse entre las frondas más esbeltas. Además, los árboles más grandes le empujaron al fondo donde no podía ser visto.

Un ángel que estaba cerca sintió pena del triste arbolillo. Fue a las estrellas y les pidió que bajaran algunas y descansaran en sus ramas. Las estrellas lo hicieron y brillaron como velas. Cuando el niño Jesús vio al abeto luminoso, su corazón se llenó de alegría y sonrió. Bendijo al feliz abeto y declaró que siempre los abetos serían decorados e iluminados para calentar los corazones de los niños durante la época de Navidad.²

Árbol de Navidad del Vaticano 2011La costumbre del árbol de Navidad, tal como la conocemos hoy, se popularizó a partir de los siglos XIX y XX, así como el intercambio de regalos. Sin embargo, en el seno de la iglesia católica el uso del árbol en Navidad no ha estado exento de controversia por sus raíces paganas y protestantes. De hecho, el primer árbol de Navidad dentro de una iglesia lo puso en 1982 el papa Juan Pablo II en el Vaticano, bendiciendo así la integración del árbol en los templos como parte del ritual católico de Navidad y reconociendo su significado para los católicos con estas palabras:

En el invierno los árboles perennifolios son la señal de vida eterna. El árbol se decora y se colocan regalos bajo él. Desde un punto de vista típicamente cristiano, nos recuerda “el árbol de la vida”, representación de Cristo, el regalo supremo de Dios a la humanidad. El mensaje del árbol de Navidad, por lo tanto es que esa vida es siempre verde si uno da, no tanto cosas materiales sino a uno mismo: en amistad, sincero afecto y fraternal ayuda y perdón, en compartir tiempo y escucha recíproca

Aun así, el árbol es un elemento que no todos los católicos han incorporado como propio. En la ciudad de Sevilla, donde resido, la tradición navideña de montar belenes (recreación del nacimiento de Jesús con figuras de barro) está mucho más arraigada que la de decorar árboles. En algunas ciudades norteamericanas, el árbol de Navidad como emblema cristiano ha entrado en conflicto con la sensibilidad de otras creencias. Se le está separando de su origen religioso y se pretende convertirlo en emblema multicultural del comienzo de la estación de invierno.

¿Árbol natural o artificial?

El árbol que se adorna en Navidad puede ser un ejemplar natural o un producto artificial. La elección tiene sus consecuencias y sigue generando debate.

Abeto del Cáucaso en venta.

Abeto del Cáucaso en un vivero de Sevilla.

Los árboles naturales más solicitados son las coníferas abetos, píceas y pinos. En Europa, las especies preferidas son la pícea noruega (Picea abies), el abeto del Cáucaso (Abies nordmanniana) y el pino silvestre (Pinus sylvestris) debido a la belleza de las copas cónicas, la resistencia a las condiciones cálidas del interior de las casas y la capacidad para retener las hojas más tiempo.

En la actualidad, los árboles proceden de cultivo controlado y tardan de ocho a doce años en alcanzar los dos o tres metros de altura. El cultivo no implica la destrucción de bosques naturales, sino que puede ser beneficioso, pues durante su crecimiento el árbol fija dióxido de carbono (gas que produce efectos invernadero), genera oxígeno, sirve como cortafuego y es una actividad forestal que genera trabajo y no contamina. También se ha señalado que pueden estabilizar el suelo, proteger los recursos acuáticos y proveer hábitats para la vida silvestre. Pero si no son cultivos ecológicos y se usan pesticidas para combatir enfermedades pueden producir contaminación ambiental.

Lo ideal es comprarlos en maceta enraizados, para que tengan alguna posibilidad de sobrevivir a la Navidad. Después de las fiestas, el árbol puede ser plantado en un jardín o dado a alguna institución para que lo haga. Hay que tener en cuenta que al ser normalmente especies exóticas no deben plantarse en espacios naturales pues pueden competir y perjudicar a los árboles autóctonos. Pero la realidad es que solo sobrevive el 10% de los abetos navideños, así que muy probablemente se conviertan en deshecho. Los árboles y material vegetal siempreverde usados en Navidad siempre pueden ser reciclados para biomasa o compost, por lo que no contaminan. En muchas ciudades existe un servicio de recogida de residuos vegetales al terminar la Navidad.

En Europa se venden unos 50 millones de árboles naturales de Navidad cada año, mientras en EEUU son 35 millones anuales pues en los últimos tiempos hay preferencia  por los árboles artificiales.

El árbol de Navidad artificial, normalmente fabricado en PVC, es una opción que muchas personas prefieren por su durabilidad y limpieza. Se ha argumentado que es la opción más ecológica porque no se corta un árbol vivo. Hoy en día sin embargo, un aspecto ecológico importante es la huella que deja en el ambiente la fabricación y la eliminación de sus deshechos. El árbol de plástico en su proceso de producción a partir de derivados del petróleo genera contaminación en forma de producción de gases invernaderos. Por otra parte, como deshecho, en el mejor de los casos puede acabar en una planta de reciclado que también generará contaminación. Para dejar una huella tan pequeña como la de un árbol natural de Navidad, el árbol de plástico debe usarse al menos durante 20 años. La mayoría de los árboles artificiales se fabrican en China y una pequeña parte se produce en Polonia.
Árbol de Navidad invisible

Hay una tercera opción de árbol de Navidad. La creatividad humana no tiene límites a la hora de crear objetos con la esencia del elemento árbol original usando materiales naturales o reciclados muy diversos. Un caso que me ha llamado la atención es el de la venta de árboles de Navidad “invisibles”. No hay un árbol. Sí su vacío, su hueco cubierto de adornos. Y cada cual lo rellena con su imaginación.

 

Laurel navideñoYo prefiero el árbol natural. Mi opción es adornar uno de los árboles pequeños que tengo plantado en la terraza, no es una conífera sino un laurel “piramidal”. Por muy espectaculares que sean algunos árboles artificiales, prefiero los naturales de madera y savia porque me hacen sentir más emociones. Cuando en la quietud de la noche miro extasiada mi laurel vestido de Navidad irradiando su luz cálida, siento como si el alma del árbol entrara en conexión conmigo través de la luz. Con su lenguaje de destellos parece querer recordarme aquellos lejanos tiempos, en los que la llegada del invierno y su promesa de renovación de la vida se celebraba con alegría junto a los árboles, en comunión con la naturaleza y el universo.

Además de los árboles de Navidad, también se suelen iluminar los que crecen en las calles y plazas, que realzan así su belleza con las luces. Para disfrutar de la magia de los árboles iluminados basta con salir a la calle y buscarlos, no hace falta tener uno en casa, ni natural ni artificial. Elige uno de los árboles iluminados de tu entorno que te guste, acércate a él en momentos tranquilos, a solas o en compañía, déjate llevar por el júbilo de su luz. Y celebra a tu manera el comienzo de un nuevo ciclo de la naturaleza junto a un árbol real, reconecta con los valores que el árbol iluminado simboliza.

Árboles iluminados en Johnson City, Texas. Foto de Art Meripol.

Árboles iluminados en Johnson City, Texas. Foto de Art Meripol.

 Escrito por Rosa, jueves 12 de diciembre de 2013.

¹ Traducido de la versión inglesa del relato “The Thunder Oak” recogido en Karas (1998), pág. 94.
² Traducido de la versión inglesa del relato “The Little Fir at Bethlehem” recogido en Karas (1998), pág. 113.
³ Traducido de una noticia recogida por la Agencia Zenit “Christmas Tree Is Symbol of Christ, Says Pope”, 19 diciembre 2004.

Fuentes

Sheryl Ann Karas. The Solstice Evergreen. The History, Folklore and Origins of the Christmas Tree. Aslan Publishing, Farfiel, Conneticut. 1998.
Noticia en la Agencia Zenit sobre El árbol de Navidad y Juan Pablo II.
Artículo de Chastagner y otros (2000) sobre cultivo de árboles para Navidad.
Compra árboles de Navidad naturales”. Agencia Ecoticias (2012).
Propuesta del “Holiday Tree” como símbolo multicultural.
Anuncio de “árbol de Navidad invisible”.