Subir al árbol

Muchos niños y niñas cuando ven un árbol sienten deseos instintivos de subirse a él. Nuestros ancestros trepaban por los árboles y quizás todavía algunos sintamos una pizca de esa biológica querencia por estar arriba del árbol. Para un alma infantil, ver el mundo desde la altura de un árbol, aunque sea pequeño, se presenta como una extraordinaria aventura que conlleva un logro físico y la promesa de descubrir algo nuevo e importante del mundo desde la sugerente perspectiva de no tener los pies en la tierra.

Foto de NickNalder de Fotothing.com

Sombra de niño subido a un árbol. Autor: NickNalder.

Subirse a los árboles es una experiencia que enriquece a los niños. Está demostrado que el contacto físico y emocional con la naturaleza es necesario para crecer sanos y libres. Sin embargo en la forma de vida actual los niños pasan mucho tiempo en el interior de edificios, ocupados con múltiples actividades, sin apenas opciones de deambular por espacios verdes donde encontrarse con árboles.

Cuando niña tuve la suerte de tener en mi patio un pequeño árbol al que subirme. En realidad se trataba de un arbusto con porte arbóreo y hermosas flores rojas, un pacífico (Hibiscus rosa-sinensis) de tronco algo oblicuo por el que era muy sencillo trepar. Fue una experiencia cotidiana que supongo contribuyó a mi crecimiento físico y mental aunque no sea destacable entre mis recuerdos infantiles.

Años más tarde, cuando tenía 23 años, en el Parque de María Luisa de Sevilla tuve la oportunidad de subir a un magnífico almez (Celtis australis) de 20 m de altura y fue una vivencia muy intensa.

Almez del Parque María Luisa.

Almez del Parque María Luisa.

La subida formaba parte de las prácticas de un curso de Cirugía Arbórea impartido por un especialista norteamericano. A diferencia de cuando niña, que gateaba solo con mis pies y manos por el tronco y las ramas, en esta ocasión usé un equipo de escalada compuesto de cuerdas y arnés. Subir de esa manera fue divertido, pero posar los pies en una de las ramas más alta fue realmente emocionante. De repente me embargó la euforia, entre alegría, entusiasmo y optimismo. La nueva perspectiva desde lo alto de la copa, de algún modo propiciaba una nueva visión de mí misma. Y también del mundo. Mirar desde la altura que miran los pájaros abría un horizonte inexplorado de sensaciones. Y la experiencia, aunque breve, supuso otro modo de sentir al árbol. Fue como “ponerme a su altura”, en una situación de más cercanía y complicidad. En aquel momento establecí un lazo afectivo con ese almez que ha durado desde entonces.


Diferentes razones para querer subir a un árbol

En muchas partes del mundo, hay personas que trepan a los árboles para recolectar frutos y otras materias o para realizar tareas de mantenimiento y cuidados de los árboles. En muchos países, los arbolistas manejan la técnica de escalada para trepar árboles de modo seguro. Como “trepar árboles” es también una actividad de habilidad física y se disfruta mucho con ella, en España, la Asociación Española de Arboricultura (fundada en 1994) organiza Campeonatos de Trepa. El de 2013 tuvo lugar  en el Real Jardín Botánico de Madrid y finalizó con la subida a un magnífico ejemplar de cedro del Atlas (Cedrus atlantica). Por cierto, en la web de esta asociación se destaca que hay pocas mujeres arbolistas trepadoras, solo el 1%, y se promociona un Proyecto Europeo Leonardo para formar mujeres con esta técnica.

Un trabajo especial es el de observar, fotografiar o investigar la copa de los árboles y la corte de especies de animales y plantas que aprovechan ese nivel del bosque. En este tipo de ascensiones destaca una mujer, la bióloga Margaret D. Lowman, que se ha especializado en ecología de la copa de los árboles (canopy en inglés) y desde hace más de 30 años pasea entre ramas altas por bosques del mundo. Su excepcional experiencia personal y científica la ha recogido en sus libros Life in the treetops (Vida en las copas de los árboles) y It’s a Jungle Up There (Allá arriba es una selva).

También hay personas que suben a los árboles solo por el placer de la aventura y la experiencia de estar en la copa frondosa. La actividad recreativa organizada de “trepar árboles” (tree climbing en la terminología inglesa) usando equipos de escalada surgió en Estados Unidos en la década de los 80 y de allí se ha ido extendiendo a otros países del mundo. Existen asociaciones internacionales de “trepa-árboles” como Tree Climbers International o la Global Organization of Tree Climbers (GOTC). En las páginas web de estas asociaciones se encuentran guías y cursos en línea sobre técnicas de escalada seguras y respetuosas con los árboles.

Otra razón para subir a un árbol es para protestar por la tala de árboles. Una mujer, Julia Butterfly Hill, permaneció 738 días sin bajarse de lo alto de una secuoya, bautizada como Luna, a 50 m de altura. Su gesta tuvo como resultado salvar la vida del árbol y la protección de un entorno de 60 m, y la convirtió en un símbolo del movimiento conservacionista. Sucedió entre 1997 y 1999 en un bosque de secuoyas milenarias del Norte de California que estaba siendo talado por su madera. La secuoya roja (Sequoia sempervirens) es uno de los árboles más altos y longevos del mundo, una auténtica catedral viviente; ascender hasta su vertiginosa altura y resistir en ella los rigores del clima de la zona requiere una excepcional fortaleza emocional. En el libro El Legado de Luna: La historia de una mujer, una secuoya y la lucha por salvar el bosque comparte sus vivencias allá arriba en las alturas y los detalles de la larga batalla contra la empresa maderera que iba a talar Luna.

Julia en la secuoya Luna, 1998. Autor: Shaun Walker.

Julia Hill en la secuoya Luna, 1998. Autor: Shaun Walker.

Hay artistas que encuentran inspiración en trepar a los árboles. El escritor y cineasta británico Henrik G. Dahle estuvo un año viajando por 11 países, subiendo cada día a un árbol diferente y entrevistando a personas que le acompañaban, su trabajo quedó recogido en el libro The Art of Climbing Trees (El Arte de subir a los árboles).

Y por último hay quienes eligen subir a un árbol para no bajarse jamás. Cosimo, El Barón Rampante de Italo Calvino, un día que se enfadó con su aristocrática familia se subió a un nogal y pasó el resto de su vida entre las copas de los árboles. Tomó una decisión definitiva y subido a los árboles encontró su verdadera forma de entender y relacionarse con el mundo. Igual que le sucedió a Sampath Chawla, el inadaptado joven protagonista de Alboroto en el guayabal, de la escritora india Kiran Desai, que también decidió un día subirse a un guayabo y después del alboroto que se montó nunca más se supo de él.

Subir a los árboles, por la razón que sea, transforma. Potencia el contacto con el ser árbol, con nuestro ser interior y con el mundo. ¡Ánimo! ¡Arriba!


Escrito por Rosa, jueves 12 de septiembre de 2013.


Campeonato de España de Trepa de Árboles

Proyecto Europeo Leonardo: Mujeres en arboricultura

Julia Butterfly Hill

Margaret D. Lowman

Henrik G. Dahle

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