La Palmera y la Sabia Santa

Muchas iglesias cuentan con árboles plantados en sus inmediaciones, bien en la entrada, bien en los jardines adyacentes o en sus patios interiores. Esta relación de los lugares de culto con los árboles es muy antigua y se basa en que, por su forma y estructura, los árboles han sido valorados como símbolo de espiritualidad desde el comienzo de los tiempos. La verticalidad y el crecimiento en permanente ascensión hacia el cielo han inspirado en los feligreses de diferentes creencias ideales de rectitud y de elevación espiritual. En los tiempos actuales, sin embargo, la unión árbol-templo y su edificante simbología suele ser ignorada.

En mi ciudad, en una ruidosa calle del centro, dentro de un pequeño recinto vallado junto a una iglesia, se eleva una palmera. Se trata de una palmera datilera (Phoenix dactylifera) de considerable altura, pues está a punto de superar el campanario de la iglesia, y de bastante edad, aunque no puedo asegurar si pasa o no de los cien años. Es la especie de palmera que produce los dátiles y que se cultiva en los oasis norteafricanos desde Egipto a Marruecos.

Palmera datilera y la iglesia de Santa Catalina de Sevilla

Palmera datilera y la iglesia de Santa Catalina de Sevilla.

La palmera a la que me refiero tiende a pasar desapercibida por su peculiar anatomía de tronco recto sin ramas, hojas ni flores a la altura de la vista y por estar ubicada en una calle relativamente estrecha y con mucho tráfico. Solo cuando subimos la mirada podemos descubrir la estrella verde que forman sus hojas destacándose en el cielo azul, y entonces caemos en la cuenta de la estrecha relación que la une a la torre de la parroquia. La primera vez que fui consciente de su existencia junto a la iglesia me sorprendió no haberla advertido antes y sobre todo el aire de soledad y abandono que inspiraba, como si entre tanto bullicio de personas y vehículos se sintiera excluida de toda atención. La sensación melancólica me animó a conocer algo más de las circunstancias y azares de la vida de este árbol particular.

Por lo que respecta a la iglesia a la que la palmera está ligada, la palma puede considerarse afortunada porque es un templo muy antiguo, del siglo XIV, con una arquitectura de estilo gótico-mudéjar bien conservada que le valió ser declarado monumento nacional en 1912. Pertenece al culto católico romano y está bajo el patronazgo de Santa Catalina de Alejandría, una santa de biografía singular que está unida a la palmera por la simbología y por su país de origen.

Santa Catalina fue una mártir cristiana del siglo IV cuyo culto se difundió por toda Europa a partir del siglo VI. La biografía que se cuenta de ella es bastante sorprendente. Según consta en algunos textos hagiográficos, Catalina nació hacia el 290 en una familia noble de Alejandría (Egipto), donde seguramente estaría familiarizada con las palmeras datileras como la que ahora acompaña a su iglesia. Su gran inteligencia y los estudios que cultivó la situaron entre los poetas y filósofos de su época; y su pasión por la verdad la llevó a abrazar la fe de Cristo y convertirse en filósofa cristiana. Años más tarde, el emperador romano Maximino ordenó que la martirizaran y posteriormente decapitaran por negarse a celebrar sacrificios a los dioses de Roma y, lo más asombroso, por haber convencido con su elocuencia a los sabios de Alejandría para que también se convirtieran al cristianismo. Aunque debido a la falta de documentación comprobable, la existencia histórica de esta santa ha sido puesta en duda y hay historiadores que juzgan que fue una leyenda inventada como contrapeso a la figura de Hipatia de Alejandría, mujer instruida, docta y científica, de religión pagana, que murió linchada por los cristianos. La iglesia católica de Roma la reconoce oficialmente como una mártir, pero algunos de sus sectores no aceptan la veracidad de su biografía o de algunos detalles de la misma.

Debate de Santa Catalina con los filósofos de Alejandría.

Debate de Santa Catalina con los filósofos de Alejandría (anónimo del siglo XIX, iglesia de Santa Catalina de Messina, Italia).

Sea verídica o no su biografía, la figura femenina que descubro en la historia de Santa Catalina de Alejandría me resulta muy atractiva. Yo diría que era y es necesaria no como contrapartida a la figura de Hipatia, sino como arquetipo de mujer sabia (pensadora) y santa (espiritual) dentro de la comunidad cristiana en la que quizás no han abundado modelos femeninos de este alcance intelectual. En la iconografía, la santa aparece con la hoja de palma del martirio, un libro, una rueda y una espada.

Santa Catalina con la hoja de palma y demás atributos simbólicos.

Santa Catalina con la hoja de palma y demás atributos simbólicos (detalle de tabla del siglo XV por Miguel Ximénez).

Por desgracia, no puedo acceder a la iglesia de Santa Catalina para contemplar las imágenes de la santa en el retablo mayor y su escultura del siglo XVIII, pues está cerrada al culto desde 2004 debido al mal estado de edificio, sin que se haya realizado aún la restauración general que necesita. Este impedimento a mi investigación me disgusta, pero a los parroquianos les afecta mucho más, de hecho, hace años que están manifestando su profundo descontento de variadas maneras.

Centrándonos en el árbol, la palmera datilera tiene cualidades sobresalientes; es muy valorado como árbol frutal desde los tiempos remotos en los oasis de tierras desérticas y áridas.  Crece natural o se cultiva tradicionalmente desde el norte de África hasta Medio Oriente. El dátil es un fruto excepcional, muy nutritivo, capaz de garantizar la supervivencia de personas y animales en esos duros entornos. Además del fruto, la palmera en los oasis proporciona sombra, materia prima para la construcción, para confeccionar esteras y cestería  y combustible. La imagen de los oasis está asociada al agua y a la silueta peculiar de la palmera datilera, con su tronco cilíndrico sin ramificación coronado por un penacho de largas hojas color gris verdoso, que tan grabada tenemos en el imaginario colectivo. Sin embargo, este rasgo notable es también motivo de su decadencia porque el peso del penacho la inclina y un fuerte viento en días de tormentas puede tronchar el árbol, como le sucedió a otra palmera que existía en el jardincillo de Santa Catalina, aneja a la que es motivo de esta entrada. Otra característica interesante de la palma datilera es la separación de sexos, con árboles machos y árboles hembras, que florecen ambos en abril produciendo racimos de pequeñas flores blancas y olorosas.

Hoy en día, la palmera datilera está presente en los oasis de una amplia área desde Marruecos a Arabia. Egipto, donde nació la santa, es el mayor productor de dátiles del mundo. También ha sido introducida en países tropicales o subtropicales.  En España, el mayor palmeral es el de Elche, con más de medio millón de palmeras, reconocido Patrimonio de la Humanidad. Los árabes expandieron su cultivo no solo como árbol frutal, sino también como árbol de jardín ligado a la idea de paraíso.

En Sevilla empezó a utilizarse como árbol ornamental urbano a finales del siglo XVIII por su valor estético, su fácil aclimatación al clima y como símbolo de lugares cálidos. Con la generalización de su uso decorativo, al que con el tiempo se han incorporado otras especies de palmeras,  hoy es un elemento vegetal importante de la ciudad de Sevilla pues le confiere carácter al paisaje urbano y ha configurado varios espacios emblemáticos como la Avenida de la Palmera, plantada con datileras en la década de 1920 a 1929, con ocasión de la Exposición Universal.

Como árbol espiritual, la palmera es un símbolo lleno de significados, asignados por los diversos pueblos donde crece. Para los árabes, por su elevado valor para la subsistencia, es un árbol bendito y símbolo de vida. En Egipto se le relacionó con el renacimiento, la durabilidad, el dios sol y diversas deidades femeninas, y es el emblema del Alto Egipto. En la tradición que nos interesa, la cristiana,  simboliza la entrada victoriosa de Jesucristo en Jerusalén el Domingo de Ramos (Palm Sunday, “Domingo de las Palmas” en inglés) y la victoria de la fe sobre la muerte al terminar el drama del Calvario, y se expresa con el rito de colocar hojas de palmera bendecidas en los balcones. Como alegoría del triunfo sobre la muerte en defensa de la fe, la hoja de palmera es uno de los atributos con los que se representa a Santa Catalina y a muchos mártires, la “palma del martirio”. Y por su tronco derecho, recto y sin ramificaciones es también símbolo e inspiración de fe, perfección e inmortalidad.

La palmera datilera o palma común es, pues, un árbol cargado de historia, vinculada a su carácter productor de alimento en zonas desoladas, a su integración cultural como elemento del paisaje y a su riqueza simbólica.  Un árbol apreciado, deseado, incluso soñado como materia del paraíso.

Palmera y torre mudéjar.

Palmera y torre mudéjar.

Vuelvo a la calle de Sevilla, a alzar la vista a la palmera junto a la iglesia de la sabia santa. Ya no es el mismo árbol para mí. Ahora la valoro de otra forma. Y ahora entiendo su melancolía. Como árbol de iglesia, está bajo el amparo de una santa, sin la certeza de si existió o fue leyenda; junto a una iglesia monumento nacional, sin la seguridad de si se restaurará o acabará derruida; y sin feligreses a los que inspirar perfección ni mostrar orgullosa su ascenso espiritual y su cercanía al cielo. Una palmera que tuvo devota compañía y ahora está sola. Pero siempre habrá, lo sé, buscadores de árboles que la admirarán conscientes de su mérito y su historia.

 

 

Escrito por Rosa, jueves 28 marzo 2013

Palmeras de Sevilla

Santa Catalina de Alejandría

Mujeres mártires de la Antigüedad, por Meldelen

Imagen de Santa Catalina por Miguel Ximénez

Símbolos de la palmera

Iglesia Santa Catalina de Sevilla

Campaña para restaurar la iglesia

4 pensamientos en “La Palmera y la Sabia Santa

  1. Ana Ruesga

    Me alegra mucho que hayas escrito tan pronto sobre este árbol solitario tan cercano a nuestras casas, la palmera de Santa Catalina. Gracias por ayudarnos a conocerla y valorarla mejor. Puede que así pronto se merezca la categoría de ponerla con mayúscula, como la iglesia que la acompaña y la hace tan especial; aunque la categoría tampoco sea garantía de su supervivencia, como le ocurre al emblemático templo.
    Bienvenida al barrio, Palmera de Santa Catalina.
    Ana

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *