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Declive y rescate de un gigante

El castaño americano (Castanea dentata) es un árbol gigantesco que puede alcanzar los 40 metros de altura, con troncos de más de 3 metros de diámetro. Su área de distribución se extiende por todo el este de Estados Unidos, desde Maine al norte hasta Georgia al sur, ocupando unas 80 millones de hectáreas. Se le ha llamado la “secuoya del este” por su envergadura y por ser el árbol dominante del bosque.

La filogeografía ha reconstruido la historia evolutiva de las siete especies de castaños existentes en el mundo. Los ancestros del género Castanea (de la familia Fagácea) se originaron en los bosques del este de Asia, hace unos 60 millones de años. Desde allí, un linaje migró hacia el oeste y hace unos 43 millones de años se diferenciaron los antepasados del castaño europeo (Castanea sativa). Posteriormente, los castaños pasaron a Norteamérica, donde se originaron las dos especies americanas (C. dentata y C. pumila) [1].

Durante las reiteradas glaciaciones en los últimos dos millones de años (la más reciente hace 10.000 años), la orientación norte-sur de la cordillera de los Apalaches (este de EE UU) permitió las migraciones de las especies de árboles siguiendo el avance y retirada de los hielos. El resultado fue la supervivencia de un bosque mixto, rico y diverso. Los primeros colonos europeos del siglo XVIII se encontraron un paraíso natural en estos bosques. La producción de castañas era copiosa, a veces se acumulaban tanto en el suelo del bosque que se recogían con palas, y además era segura todos los años, sin vecerías como en los robles. En otoño suponía una importante fuente de ingreso para las familias que subsistían en esta zona de montañas. La prodigalidad del castaño constituía también un recurso básico para la fauna forestal; proporcionaba alimento a osos, ciervos, y todo tipo de pequeños mamíferos y de aves. Para la paloma migratoria (Ectopistes migratorius), que formaba bandadas de cientos de miles de individuos, la abundante castaña era su dieta favorita en otoño e invierno.

Los leñadores consideraban al castaño americano el “árbol perfecto”: un tronco recto, con madera resistente a la podredumbre y fácil de trabajar. Fue talado masivamente y utilizado en la fabricación de casas, cobertizos, postes de telégrafos, traviesas de ferrocarril, muebles e instrumentos musicales. En la icónica fotografía de 1910, publicada por Sidney V. Streator en la revista Leñador Americano (American Lumberman), se aprecian las dimensiones de estos árboles colosales.

A finales del siglo XIX algunos naturalistas, como Henry D. Thoreau (1817-1862), advirtieron que la explotación del castaño no era sostenible: “la madera de castaño ha desaparecido rápidamente en los últimos 15 años, siendo utilizada de forma extensiva para traviesas, cercados, tableros y otros fines, de modo que actualmente es comparativamente escasa y cara; y existe el peligro, si no tenemos un cuidado especial, de que este árbol se extinga” [2].

Encuentro fatal

No fue el hacha la perdición del castaño sino un misterioso alien que vino de oriente. Se sabe que en 1876 un viverista de Nueva York importó castaños japoneses (C. crenata) como árbol ornamental. Posiblemente en el embarque de los castaños venía como polizón un hongo parásito, que forma pústulas rojo-anaranjadas sobre la corteza; pero pasó desapercibido porque el árbol japonés tiene defensas y puede convivir con el hongo sin mayores problemas.

Sin embargo, cuando las esporas de este hongo llegaron a contactar con su pariente americano el efecto fue devastador. Las primeras infecciones letales se detectaron en 1904 en los castaños del Jardín del Zoológico de Nueva York. Un joven micólogo del Jardín Botánico, al otro lado de la calle, fue avisado y comenzó a estudiar la causa de esta mortandad. William A. Murrill (1869 – 1957) se había criado en una granja de Virginia donde “pasó una infancia feliz deambulando por el campo, cazando ranas y topos, y cogiendo frutos silvestres de pawpaw (Asimina triloba, pariente de la chirimoya), nogales y castaños” [3]. Estudió Botánica en la Universidad de Cornell y acababa de ser contratado en el Botánico de Nueva York cuando se encontró con el importante reto que marcaría su carrera.

Murrill aisló y cultivó el hongo, comprobando sus efectos patógenos sobre el castaño. En 1906 publicó sus características y su ciclo biológico, con el nombre Diaporthe parasitica, que en 1978 sería rebautizado como Cryphonectria parasitica, vulgarmente conocido como “chancro del castaño”. Entonces no se sabía su origen, si era una mutación patógena de un hongo nativo o había venido de fuera.

El hongo tiene un ciclo complejo. Las esporas tienen que penetrar por alguna herida de la corteza hasta el cámbium (tejido de crecimiento del tronco), allí germinan y el micelio empieza a extenderse entre las células vivas, produciendo compuestos tóxicos, como el ácido oxálico, que las matan. La infección del cámbium y el xilema (tejido de transporte) interrumpe la circulación de la savia. Al expandirse el micelio y rodear la rama o el tronco produce la necrosis parcial o de todo el árbol, por efecto del “anillado”. Es “el asesino perfecto, como un tiburón” comentó un micólogo, no sin cierta admiración [3].

En primavera y otoño se producen las pústulas (picnidios) de color amarillo-anaranjado que liberan las esporas asexuales (conidios) englobadas en un material viscoso de color amarillo; estas esporas se dispersan a corta distancia, por la lluvia o adheridas a los animales. Al final del verano, se producen millones de esporas sexuales (ascosporas), un polvo amarillo que es dispersado por el viento transmitiendo su carga letal.

En pocos años el hongo devastó los bosques del este americano, arrasando unos 4 mil millones de castaños, infectando a todos los árboles en el área de distribución; la epidemia avanzó a una velocidad de 80 km por año. La actuación de los servicios forestales no fue muy afortunada: “lo mejor es cortar todos los castaños que quedan, aprovechar su madera por valor de unos millones de dólares, y permitir que la naturaleza regenere otros tipos de árboles en su lugar”, fue la consigna del Director de un Centro de Investigación Forestal en 1926 [3]. Ignorando que de esa manera reducía la diversidad genética de la población y por tanto la probabilidad de que algunos individuos resistentes pudieran sobrevivir. Para el año 1940, el castaño americano, el gigante de los bosques de los Apalaches, había desaparecido como especie comercial.

En realidad el castaño no se extinguió como especie, porque el hongo no infectaba la raíz y la base del tronco. De hecho el árbol sobrevive, rebrota desde la base y comienza a crecer, hasta que después de 10-20 años vuelve a ser infectado por el chancro y “muere” (la parte aérea). Nunca llega a ser el árbol gigante con el tronco recto y fuerte del pasado; rebrota, crece y “muere” como si fuera presa de la maldición de Sísifo. El que fuera árbol dominante del dosel quedó relegado a sobrevivir en el sotobosque como un arbusto.

En cuanto a Murrill, después de describir y nombrar al hongo parásito, siguió con su brillante carrera de micólogo, siendo conocido como Mr. Mushroom (Señor Champiñón); describió unas 1.700 especies nuevas, publicó 20 libros, 500 artículos científicos y 800 de divulgación. Viajó y recolectó hongos por México, Caribe, Europa y Sudamérica. De carácter algo excéntrico y poco comunicativo, en un viaje a Europa “desapareció” sin dejar noticias; en el Botánico cubrieron su puesto y su mujer pidió el divorcio. Cuando volvió a los ocho meses (había estado enfermo del riñón en un hospital francés), se encontró sin trabajo y sin mujer. Se retiró a vivir en una cabaña en Virginia, donde siguió escribiendo y estudiando hongos.

Largo camino hacia la recuperación

Una vez aceptada la derrota en la lucha contra la expansión de la plaga, la administración, universidades y particulares comenzaron a trabajar para la recuperación de esta especie emblemática de árbol. La restauración natural parece poco probable porque la susceptibilidad letal fue casi universal (no quedaron individuos resistentes) y además afectó a todo el área de distribución (no quedaron refugios ni poblaciones que escaparan de la plaga). La alternativa fue intentar la recuperación asistida.

La primera opción fue buscar la solución en oriente, de donde vino el hongo. La confirmación de su origen no llegó hasta 1913 cuando el explorador Frank N. Meyer (1875-1918), enviado por el Departamento de Agricultura (USDA) a China, encontró árboles de Castanea mollisima que mostraban la enfermedad pero parecían resistentes. Meyer envió muestras de corteza y castañas a EE UU y la identidad del hongo fue así confirmada. Uno de los últimos “cazadores de plantas”, Meyer pasó 13 años en Asia explorando y recolectando semillas y propágulos para la Sección de Introducción de Plantas Extranjeras del USDA; en total embarcó unas 2.000 especies botánicas de interés (un tesoro vegetal de oriente) para América.

Castaño chino afectado por el chancro y resistente, en la provincia de Zhili, China, 1913. Foto: F. Meyer, Archivos del Arnold Arboretum de Harvard.

Durante 40 años se ensayaron todo tipo de cruces entre el castaño americano y los castaños de China y Japón. Aunque se obtenían árboles híbridos resistentes al chancro, no se parecían en nada al castaño americano, no tenían el tronco recto ni su rapidez de crecimiento, tampoco eran tolerantes al frío. El resultado fue descorazonador y en la década de 1960 se abandonaron estos programas de mejora genética y recuperación.

En la década de 1980 Charles Burnham (1904-1995), un genético vegetal con experiencia en la mejora del maíz, propuso un enfoque diferente que no se había probado en genética forestal. A partir de híbridos con castaños chinos (C. mollisima) resistentes al chancro se debería comenzar un proceso repetido de retrocruzamiento con los parentales americanos. En cada generación habría que seleccionar la progenie que manifestara la tolerancia al chancro y que al mismo tiempo tuviera rasgos morfológicos tipo americano. De esa forma, después de varias generaciones se conseguiría un castaño muy semejante en todos los aspectos al C. dentata pero con los genes de la tolerancia al chancro de C. mollisima.

La mejora genética de árboles es un proceso difícil que requiere mucho trabajo para hacer los cruces, esperar mucho tiempo hasta que fructifique cada generación, y muchos terrenos donde hacer las plantaciones experimentales. Para poner en marcha este ambicioso programa de mejora genética Burnham y sus colegas crearon en 1983 la Fundación del Castaño Americano (FCA). En la actualidad cuenta con 586 plantaciones experimentales distribuidas por toda el área del castaño y 6.000 voluntarios que dedican unas 50.000 horas al año a colaborar con los científicos en las tareas de polinización manual, recogida de semillas, plantaciones, inoculación del hongo, selección y cultivo de plantones [4].

Técnico de la fundación FCA polinizando un castaño resistente al chancro (Foto: Leslie Middleton).

Aplicando las nuevas técnicas de genética molecular se podría introducir un gen de tolerancia al chancro, manteniendo el genoma completo del castaño americano y sus características típicas, evitando así el problema asociado a las hibridaciones con especies asiáticas, de aspecto tan diferente. Un equipo de la Universidad de Nueva York ha probado con el gen de la oxalato oxidasa (OxO) que detoxifica el oxálico, producido por el hongo para matar las células del árbol y facilitar su invasión. Así, insertando un gen OxO del trigo (que ha evolucionado esta defensa natural) se obtienen castaños transgénicos que resisten el chancro. Ya se han producido los primeros castaños resistentes que esperan en plantaciones experimentales el permiso de las autoridades federales para ser llevados al bosque. Sin embargo, estas técnicas cuentan con la oposición de los ecologistas que consideran a los castaños transgénicos “innecesarios, indeseables e impredecibles por su posible impacto ambiental”, a diferencia de los castaños resistentes obtenidos por cruces tradicionales.

En 1936 el poeta americano Robert Frost (1874-1963) escribió un poema que sería una premonición o un deseo [5].

¿Terminará el chancro con el castaño?
Los granjeros apuestan que no.
Se mantiene latente en las raíces
y hacia arriba surgen nuevo brotes.
Todavía vendrá otro parásito
para acabar con el chancro.

Efectivamente, al hongo del chancro le llegó su propio parásito que también vino de oriente, pero con parada en Europa. Las primeras infecciones de chancro en los castaños europeos (Castanea sativa) se detectaron cerca de Génova, en 1938. La especie europea parecía menos sensible al chancro que la americana. Un fitopatólogo italiano descubrió en 1950 una cepa del hongo que no era letal y la llamó “hipovirulenta”. Posteriormente se descubrió que se trataba un virus, identificado como CHV1 (Cryphonectria hypovirus 1), que infecta al hongo y lo debilita. Actualmente se investiga el potencial del virus CHV1 para el control biológico del hongo en el castaño americano, aunque existen dificultades en la transmisión del virus debido a la diversidad genética del hongo y su incompatibilidad vegetativa.

Miles de entusiastas voluntarios agrupados en la Fundación del Castaño Americano dedican cada año su trabajo y esfuerzo a un objetivo: obtener poblaciones de castaño que estén adaptadas a las condiciones locales, que tengan suficiente resistencia al hongo del chancro para sobrevivir y suficiente variabilidad genética para evolucionar. La visión de futuro es que los castaños gigantes vuelven a dominar los bosques de los Apalaches, y cada otoño alfombren el suelo con sus brillantes castañas nutritivas. Aunque haya que esperar unos 300 años.
___________________
[1] Lang, P., Dane, F., Kubisiak, T. L. y Huang, H. (2007). Molecular evidence for an Asian origin and a unique westward migration of species in the genus Castanea via Europe to North America. Molecular phylogenetics and evolution, 43: 49-59.

[2] Cita tomada del ensayo “The dispersion of seeds” escrito poco antes de su muerte en 1862; editado y publicado en 1993 por Bradley P. Dean con el título Faith in a seed. The dispersion of seeds and other late Natural History writings, Island Press, pág. 126.

[3] Susan Freinkel (2007), American chestnut. The life, death, and rebirth of a perfect tree, University of California Press. Una excelente narración de la crisis ecológica del castaño americano, escrita por una periodista; destacan las descripciones del perfil humano de los personajes involucrados en la historia. La cita de W.A. Murrill en pág. 31, la del Jefe de Servicio Forestal en pág. 80; la del “asesino perfecto” en pág. 109.

[4] Steiner, K.C., J.W. Westbrook, F.V. Hebard, L. L. Georgi, W.A. Powell, S.F. Fitzsimmons (2016). Rescue of American chestnut with extraspecific genes following its destruction by a naturalized pathogen. New Forests (publicado en línea 10 diciembre 2016).

[5] El poema “Las malas tendencias se cancelan” (Evil tendencies cancel) forma parte del conjunto “Diez molinos” (Ten mills), publicado en el libro A further range, 1936. También da título al capítulo sexto del libro de Freinkel, dedicado a las investigaciones sobre la lucha biológica para reducir los efectos letales del chancro.

 

Escrito por Teo, 26 enero 2017.

 

Enlaces

Artículo de Ferris Jabr (2014) en Scientific American
Biografía de W. A. Murrill en la web del Jardín Botánico de Nueva York
Archivos del explorador Frank N. Meyer en el Botánico de Harvard
Fundación del Castaño Americano: página web
Fundación del Castaño Americano: facebook
Críticas a los castaños transgénicos
Poema de Robert Frost
Otras entradas relacionadas en este blog:
Los castaños europeos
El bosque de los Apalaches
Decaimiento en los bosques

Papel de madera

Escribo diarios desde muy joven. Esas libretas son el equipaje sustancial de mi vida. Disfruto de la escritura a mano, tanto a lápiz como a pluma. Me gusta deslizar mis pensamientos, a veces concentrarme en la caligrafía, siempre retener el tiempo en las hojas. Son mi memoria. También disfruto de la lectura de libros, me aportan emoción, placer, sosiego, luz. A pesar de disponer de lector electrónico sigo leyendo libros de papel, preferiblemente de bolsillo, fácilmente transportables, ligeros. Debo muchas horas intensas y fructíferas a ese material corriente, cotidiano, abundante que es el papel.

librosVivimos inmersos en la cultura del papel. Solemos identificarlo con periódicos, folios, cuadernos y libros, es decir, con comunicación, educación y conocimiento, pero lo cierto es que lo usamos en una gran variedad de actividades. La Asociación Española de Fabricantes ASPAPEL estima que en 2011 cada español usó una media de 136 kg de papel en más de 300 usos diferentes. He registrado en una lista los papeles que he usado a lo largo de un día y de verdad es sorprendente la cantidad de papeles que pasan por mis manos, la diversidad de tipos y, más aún, la cantidad y variedad de papel que desecho.

Todo ese papel procede de árboles, es papel de madera. Las fábricas papeleras usan como materia prima la fibra de celulosa que obtienen de la madera de árboles o la fibra reciclada que extraen de papeles usados, que sigue siendo fibra de madera. De algún modo, cada vez que tenemos en las manos una pieza de papel, entramos en contacto con los árboles que fueron transformados en ese material. Claro que esta conexión nos pasa desapercibida. Si tomamos un folio blanco, y lo palpamos con la yemas de los dedos, lo olemos, lo agitamos y oímos el sonido que produce, miramos la blancura de su superficie y ¿por qué no? masticamos un pequeño trozo como hacíamos en la niñez, no percibiremos ni visualizaremos al árbol de cuya madera proviene. Sin embargo, detrás de esa hoja de papel hay árboles invisibles que se merecen un lugar en este blog.


Papel, madera, bosque

El papel es una delgada lámina elaborada a partir de una pasta de fibras vegetales molidas y mezcladas con agua, que generalmente se blanquea. Se le añaden diferentes sustancias según las características especiales que se desee: estucado, aceitado, apergaminado, carbón, cebolla,  de estraza, de filtro, fotográfico, de lija, desinfectado, satinado, lustrado, manila, secante, vegetal… Hoy disponemos de unos 500 tipos diferentes de papel.

La mayor parte (89%) de la pulpa para papel proviene actualmente de la madera y solo un 11% de otras fibras. Esas maderas proceden, en gran parte, de coníferas como pino, abeto, picea y alerce, consideradas “maderas blandas” (softwood en inglés), y también de algunas frondosas como eucalipto, álamo y abedul, que son las “maderas duras” (hardwood).

Podríamos pensar que para fabricar papel siempre se han necesitado árboles, sin embargo el uso de la madera es una innovación reciente, de mitad del siglo XIX. Hasta entonces, las materias primas habían sido fibras vegetales de plantas como lino, algodón, cáñamo, y también textiles desechados. Así que el papel y el árbol tienen una corta pero intensa historia en común.

Ciento cincuenta años después del encuentro entre el papel y el árbol, y a pesar de estar inmersos ya en plena era digital, el consumo mundial de papel es de 268 millones de toneladas al año. Y no para de aumentar. ¿De dónde sale esa enorme cantidad de papel?

4-Bi-trees-cutCada año se talan 4.000 millones de árboles en el mundo para fabricar papel, una cifra apabullante. Es un tercio de toda la madera que se procesa a nivel mundial. Producir una tonelada de papel virgen requiere de 2 a 3,5 toneladas de árboles. Dicho de otro modo, para fabricar una tonelada de papel se cortan aproximadamente 14 árboles. ¿De dónde proceden tantísimos árboles?

Según un informe de la industria del papel, la principal fuente de fibra para la producción de pasta en el siglo XX ha sido la madera procedente de bosques de coníferas, aunque a final de siglo había aumentado el uso de bosques tropicales y boreales. La tala extensiva de bosques viejos es una de las historias más lamentables de la industria del papel. Me duele pensar que la tala de árboles centenarios (que han tardado cientos de años en crecer y que sustentaban una rica diversidad de organismos vivos) se realice para fabricar rollos de papel higiénicos o pañuelos que se usan una vez y acaban en el inodoro o en la basura. Extraer la madera de un bosque significa talar un área extensa de árboles, normalmente de crecimiento lento, y cuando se acaban, talar otro área, y así sucesivamente, de modo que la superficie de bosques va disminuyendo o empobreciéndose.

La siempre creciente necesidad de madera para papel ha traído consigo como alternativa las plantaciones de árboles. Como el trigo o el girasol, esos árboles se plantan, se cultivan y se cosechan cuando han alcanzado la talla idónea de mayor producción de pasta de celulosa. Las plantaciones no son un bosque. Son monocultivos limpios, sin la biodiversidad que acogen las florestas naturales. Como práctica forestal es controvertida en muchas partes del mundo, cuando se talan bosques autóctonos para plantar en su lugar un manto monótono de especies de crecimiento rápido, que dejan el área sin la riqueza de vida y sin los recursos tradicionales que proporcionan los bosques viejos. Las plantaciones tampoco son repoblaciones, porque no se re-puebla el bosque, sino que se usan especies exóticas con una buena producción de pasta de celulosa. Pero como cultivo es eficiente, pues los árboles crecen rápidos, y es necesario, como el modo menos perjudicial de satisfacer la necesidad de madera para sostener nuestro consumo de papel y al mismo tiempo respetar los bosques viejos.

La actual demanda social de productos con la marca “eco” (de “ecológico”) está forzando a la industria papelera a orientarse hacia una forma de producción de carácter sostenible: más limpia, más eficiente en cuanto a gasto de energía y que se sustente en explotaciones forestales certificadas. Los certificados FSC (Forest Stewardship Council) y PEFC (Programme for the Endorsement of Forest Certification)  garantizan que el papel tiene su origen en una gestión forestal ambientalmente apropiada.


Árboles que nos dan papel

España, es uno de los países del mundo con industria papelera propia. Y  desde principios del siglo XX cuenta con plantaciones forestales para la fabricación de papel. Existen unas 450.000 hectáreas plantadas de pinos y eucaliptos para esta finalidad.

Las especies que más se cultivan son el pino de Monterrey o pino insigne (Pinus radiata) y el eucalipto blanco, común o azul (Eucalyptus globulus). Ambas son especies exóticas de árboles y como tales no despiertan muchas simpatías. Sin embargo, en su lugar de origen son especies nobles que cumplen su importante función en la comunidad natural a la que pertenecen. Son árboles de cultivo, como los frutales o los ornamentales a los que sí apreciamos. Los asociamos con frecuencia a los montes, a áreas silvestres, pero si las plantaciones ocupan áreas baldías erosionadas y se cultivan de forma responsable, pueden proporcionar beneficios varios además del recurso madera, como la contribución a mitigar el cambio climático mediante la fijación del carbono.

Pinus de MonterreyEl pino de Monterrey es natural de la costa de California, pero por su carácter adaptable y su rendimiento económico se cultiva en regiones templadas de distintos continentes. Se halla en México, Europa, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Brasil y Sudáfrica. Es un árbol que alcanza la buena altura de 30 metros y cuando joven tiene el porte cónico, la copa aguda y una tonalidad alegre de verde que lo hace un ornamental deseable. En España fue introducido a mitad del siglo XIX y hoy existen 240.000 ha de cultivo en el norte del país, entre Galicia y el País Vasco. Su virtud es que crece rápido y en pocos años da beneficio. La madera es idónea para la elaboración mecánica de la pasta y la fabricación de papel de prensa.

Eucalipto blancoEl eucalipto blanco es una frondosa perenne, natural del sureste de Australia, donde existen 600 especies del mismo género. Su rápido crecimiento y adaptabilidad a terrenos y climas diversos y su rendimiento industrial han hecho que sea hoy una especie cultivada por todo el mundo. En España se cultiva desde 1850, existiendo una extensa área en el norte y noroeste y otra en el suroeste. En su medio natural y en jardines, es una gran árbol que puede alcanzar una impresionante altura de 60 m, exhibe un porte esbelto por lo recto del tronco y la corteza lisa y, además, desprende un estimulante aroma. Las hojas y frutos, ricos en aceites esenciales, tienen conocidas propiedades medicinales anticatarrales y balsámicas. Su madera proporciona un tipo de fibra de calidad apropiada para papeles de impresión, una vez blanqueada.


Fibra virgen y fibra reciclada

El papel es una materia 100% reciclable. La fibra obtenida directamente de la madera se conoce como “fibra o celulosa virgen”. La que se obtiene del papel usado es la “fibra recuperada o reciclada”, que sigue procediendo de la madera pero en otro momento de su “ciclo de vida”. Dependiendo del tipo, el papel puede reciclarse de cuatro a diez veces.

En España, el papel recuperado como materia prima representa más del 80% del total. De hecho somos el segundo país de Europa en reciclaje de papel. Para fabricar 100 toneladas de papel de todo tipo, se usan 80 t de celulosa reciclada y 20 t de celulosa virgen. Siempre hay un porcentaje de papel que no se recupera por diversas causas, tal como el que forma parte de los libros y documentos que guardamos o por el contrario los papeles higiénicos que echamos a la basura.

papeles desechadosLa evolución de la industria papelera hacia el aumento de la recogida y manufactura de papel reciclado es un avance en España. No todos los países han instalado canales de recogidas de papel ni plantas de reciclaje. Según un informe de Greenpeace, para fabricar una tonelada de papel con fibra reciclada se usa la mitad de la energía y de agua que con fibra virgen, contamina el aire 74% menos, y 35% menos el agua, ahorra la corta de 15 árboles, y crea cinco veces más puestos de trabajo.

Según la memoria de ASPAPEL del año 2011, de los 136 kg de papel que consumimos cada español ese año, una tercera parte fue de papel gráfico (prensa, revistas, libros, cuadernos…); más de la mitad (60%) se repartió entre cartón ondulado de embalajes, cartón estucado de empaquetados y papeles higiénicos y sanitarios; y un porcentaje pequeño correspondió a otros tipos de papel como papel moneda, filtros o etiquetas. La cuestión es qué proporción del papel que utilizamos se ha fabricado con fibra recuperada y cuánto con fibra virgen.

En Europa, la inmensa mayoría de papeles denominados de impresión y escritura se fabrican a base de celulosa virgen, que es la que facilita las características necesarias de este tipo de papel: blancura, imprimabilidad, comportamiento en máquinas, etc. Sin embargo, hay productos que usan la fibra virgen sin que sea necesario, por ejemplo, el papel higiénico.

En su artículo “Historia de un rollo de papel higiénico”, Clemente Álvarez pone de manifiesto la paradoja española de ser uno de los países del mundo con mayores tasa de uso de fibra reciclada y sin embargo todavía fabrica este producto con fibra virgen, es decir, directa de la madera de árboles. Entre 2004 y 2009, la compañía multinacional Kimberly Clark, que fabrica Kleenex, Scott (la marca más vendida en España) y Cottonelle, fue objeto de una campaña internacional de Greenpeace por destruir las selvas boreales de Canadá para la fabricación de papel tisú destinado a pañuelos y papel higiénico, campaña que terminó con éxito, pues la compañía firmó un acuerdo histórico de compromiso con una mayor protección y un manejo sostenible de los bosques que explota.Kleercut

Epílogo

La era digital no ha terminado con la era papel. Todo lo contrario: el consumo ha aumentado de forma espectacular desde comienzos de este siglo. El papel es y seguirá siendo imprescindible en nuestra cultura. Pero no tendría por qué ser papel de madera, quizás sea el momento de buscar otras formas de fabricar papel que no afecten a los árboles y bosques. Ya se está experimentando con lino, paja de cereales, algas, etc., incluso hay papel de piedra.

Yo no me imagino la vida sin papel, sobre todo sin libros y sin mis cuadernos. Hace años descubrí a los Claire Fontaine y compré tantos que he tenido para mucho tiempo. Me encantan sus hojas, me gusta cómo se desliza el lápiz o la pluma sin esfuerzo, la opacidad impenetrable, el blanco tenue en el que mis palabras resaltan nítidas, las discretas líneas que guían sin notarse.  Son como amigos íntimos que conocen mis secretos y a los que amo sin condiciones.

Después de este periplo por el mundo del papel, cuando escriba en libretas y disfrute del trazo del lápiz sobre la página de fibra virgen o me emocione con las palabras en un libro, me acordaré de los jóvenes eucaliptos. Cuando lea un periódico, pensaré en los pacíficos pinos de Monterrey. Agudizaré mi tacto para tratar de percibir el tiempo retenido en la madera, los elementos de la naturaleza absorbidos y transformados en hojas de papel. Seré consciente de los árboles invisibles que una vez fueron y dejaron de ser para que yo escriba y lea.

Escrito por Rosa, jueves 20 de febrero de 2014.

Información sobre el papel en España (ASPAPEL)
Certificado FSC de Gestión Sostenible de los árboles
Certificado  PEFC de Gestión Sostenible de los árboles
Historia de un rollo de papel higiénico, por Clemente Álvarez, 2010
Campaña “Kleercut” de Greenpeace (2004-2009) 


 

Siempreverdes en Navidad

Llega diciembre y la figura cónica de un árbol siempreverde (que no ha perdido la hoja al llegar el otoño) se convierte en protagonista en los lugares donde se celebra la fiesta cristiana de la Navidad. Ejemplares naturales de coníferas o sus versiones artificiales proliferan en espacios públicos y privados, decorados con bolas y otras figuras, y cubiertos de luces que le otorgan un brillo y esplendor asombrosos.

Postal de NavidadEl árbol iluminado encandila a niños y mayores. Su resplandor maravilloso parece activar la confianza infantil en que la magia existe, la magia que hace que todo lo deseado sea posible.

Nunca en todo el año los árboles son tan solicitados, adornados, y admirados. Es tal la atención que reciben, que se podría considerar a diciembre el “Mes del Árbol”. Sin embargo todo ese agasajo no es por el árbol en sí mismo, sino que forma parte del conjunto de las tradiciones con las que se celebra la popular fiesta cristiana de la Navidad.

Pero ¿es solo un adorno más? ¿Cuál es el significado de este árbol siempreverde que nos acompaña en las fiestas de diciembre?

Origen e historia

Los orígenes de la tradición del árbol de Navidad no están del todo claro, existen diversas teorías y confluyen varios antecedentes históricos. Parece aceptado que el árbol adornado, tal como lo conocemos hoy, se usó por primera vez en Navidad en la Alemania protestante del siglo XVII (a Martin Lutero se le atribuye su iluminación con velas). Desde allí se difundió a los demás países europeos y a Norteamérica. Otro antecedente se encuentra en la costumbre practicada durante parte de la Edad Media de representar, el día antes de Navidad, el misterio de la creación, la expulsión de Adán y Eva y la llegada de Jesús Salvador. En tales obras se usaba un árbol con manzanas, que de los espacios públicos pasó a las casas una vez que esos actos se prohibieron. Pero la vinculación cultural con árboles perennifolios o siempreverdes en esta época del año tiene otras raíces más antiguas, conectadas con las celebraciones del solsticio de invierno en la Europa ancestral, anteriores a la época cristiana.

“El Fresno de Yggdrasil” por Friedrich Wilhelm. Heine.

Desde el origen de la humanidad, en todo lo ancho del mundo, el árbol ha representado el poder de la naturaleza. Las coníferas (como los pinos, cedros, cipreses, tejos y abetos) resisten a la dureza del invierno sin perder sus hojas, por ello se denominan “siempreverdes” (evergreen, en inglés), sempervirentes o perennifolios y por ello simbolizaban la vida eterna, uno de los símbolos espirituales más importantes. Hasta la expansión del cristianismo, en la Europa primigenia y antigua determinados árboles y bosques eran sagrados y servían de templos. Según las épocas, los árboles fueron adorados como centros del universo, como símbolos de vida, como morada de los dioses. El árbol de Yggdrasil es el árbol sagrado mejor conocido de la mitología europea.

Una de las fiestas que celebraban muchos pueblos era la del solsticio de invierno, en la que se festejaba el fin del acortamiento de los días y el aumento de las horas de luz. La alegría por la renovación de la vida, tras el duro invierno, se simbolizaba como un renacimiento del sol. El uso de árboles y plantas siempreverdes era parte de estos festejos. Los romanos lo celebraban con la fiesta llamada Saturnalia en honor a Saturno, el dios de la agricultura que nacía el 25 de diciembre, y decoraban las casas y templos con siempreverdes. En culturas como la germana y la escandinava, de acusados contrastes estacionales por su latitud elevada en el Hemisferio Norte, la celebración del solsticio de invierno era igualmente importante. Se adornaba un árbol, bien fuera un roble como en el caso germano, bien una conífera por los escandinavos, en torno al que se festejaba la alegría de la vuelta del sol para fertilizar y fortalecer la vida.

La evangelización de los países europeos fue un proceso largo en el que, en ocasiones, árboles y arboledas sagradas ancestrales fueron talados por ser considerados ídolos paganos. Cuando los cristianos evangelizaron la Europa nórdica la costumbre de usar un árbol siempreverde adornado fue asimilada, pero con un cambio significativo de simbolismo, adecuándolo a las creencias cristianas.

La leyenda del obispo inglés San Bonifacio (que fue a Germania en el siglo VII a predicar la fe cristiana) es un relato maravilloso y brutal que ilustra muy bien las luchas religiosas y culturales en la Europa de la Edad Media y el cambio de significado del árbol en el ritual religioso de diciembre:

Cuando la gente todavía adoraba a los viejos dioses, en el condado de Hess crecía un árbol gigante con grandes ramas que ascendía hacia las nubes. Era conocido como el Roble del Trueno, el árbol sagrado del dios Thor. En la quietud de la noche, los sacerdotes ofrecían sacrificios de bestias y hombres en el altar del dios del trueno. La sangre de los sacrificados regaba las raíces del árbol y el muérdago extendido por sus ramas. Era un lugar tan terrible que ni las bestias ni los pájaros descansaban en sus ramas o en su sombra.

Una noche de Navidad, los sacerdotes de Thor celebraban sus ritos de invierno bajo el Roble del Trueno con los lugareños, que habían acudido caminando pesadamente por la nieve profunda para celebrar su fiesta sagrada. Cuando todos estaban reunidos y los sacerdotes listos para levantar sus cuchillos y matar a sus víctimas humanas, el buen San Bonifacio corrió al altar. Rápidamente sacó un hacha de su capa y golpeó al poderoso roble, produciéndole un profundo tajo en el tronco. Y le dio otra vez y otra vez, mientras los fieles miraban fijamente con horror. De pronto, una fuerte racha de viento estalló en el árbol, provocando su caída al suelo con un tremendo estruendo y partiéndolo en cuatro piezas. Justo detrás de él, completamente indemne, permanecía un diminuto y joven abeto.

San Bonifacio arrojó su hacha y dijo a los presentes: “este pequeño árbol será vuestro árbol santo esta noche. Es el árbol de la paz y la salvación, un árbol de vida y un árbol de esperanza. ¡Mirad como señala hacia el cielo! Llamadle el Árbol del Niño Jesús. Reuniros en torno a él, no en las arboledas, sino en vuestras casas. No habrá más actos sangrientos, sino regalos amorosos y actos de amabilidad. ¡Dejad que la paz de Cristo reine en vuestros corazones!

La gente llevó el pequeño abeto a la casa del jefe del pueblo y celebraron la fiesta a su alrededor. Más tarde aprendieron los ritos de Navidad en la iglesia que San Bonifacio construyó con la madera del Roble de Trueno. ¹

En esta leyenda, surgida en una época convulsa, se relata un acto de violencia contra un árbol por parte de los evangelizadores. Refleja el espíritu religioso intransigente de aquellos tiempos que trató de imponer su fe por la fuerza. Además de la desaparición de criaturas vivas monumentales, como debieron ser los viejos árboles sagrados, también tuvo como consecuencia una cierta ruptura con la relación habitual y sagrada con la naturaleza y con la visión cíclica de la vida.

En la tradición oral hay recogidas otras interpretaciones muy diferentes del origen del árbol de Navidad. “El pequeño abeto de Belén” es un relato siciliano que me gusta porque en esta ocasión los protagonistas son árboles, tratados como seres vivos sintientes:

En la noche del nacimiento de Cristo, las criaturas vivientes viajaron desde muy lejos hasta el establo de Belén para honrar al recién nacido Rey y llevarle regalos.

Vinieron incluso los árboles del bosque. El olivo le dio sus frutos. La palmera trajo sus dátiles. Cada árbol tenía algo que ofrecer, menos el diminuto abeto. Había recorrido muchos kilómetros y estaba tan cansado que casi no podía permanecer erguido. Era pequeño y apenas podía asomarse entre las frondas más esbeltas. Además, los árboles más grandes le empujaron al fondo donde no podía ser visto.

Un ángel que estaba cerca sintió pena del triste arbolillo. Fue a las estrellas y les pidió que bajaran algunas y descansaran en sus ramas. Las estrellas lo hicieron y brillaron como velas. Cuando el niño Jesús vio al abeto luminoso, su corazón se llenó de alegría y sonrió. Bendijo al feliz abeto y declaró que siempre los abetos serían decorados e iluminados para calentar los corazones de los niños durante la época de Navidad.²

Árbol de Navidad del Vaticano 2011La costumbre del árbol de Navidad, tal como la conocemos hoy, se popularizó a partir de los siglos XIX y XX, así como el intercambio de regalos. Sin embargo, en el seno de la iglesia católica el uso del árbol en Navidad no ha estado exento de controversia por sus raíces paganas y protestantes. De hecho, el primer árbol de Navidad dentro de una iglesia lo puso en 1982 el papa Juan Pablo II en el Vaticano, bendiciendo así la integración del árbol en los templos como parte del ritual católico de Navidad y reconociendo su significado para los católicos con estas palabras:

En el invierno los árboles perennifolios son la señal de vida eterna. El árbol se decora y se colocan regalos bajo él. Desde un punto de vista típicamente cristiano, nos recuerda “el árbol de la vida”, representación de Cristo, el regalo supremo de Dios a la humanidad. El mensaje del árbol de Navidad, por lo tanto es que esa vida es siempre verde si uno da, no tanto cosas materiales sino a uno mismo: en amistad, sincero afecto y fraternal ayuda y perdón, en compartir tiempo y escucha recíproca

Aun así, el árbol es un elemento que no todos los católicos han incorporado como propio. En la ciudad de Sevilla, donde resido, la tradición navideña de montar belenes (recreación del nacimiento de Jesús con figuras de barro) está mucho más arraigada que la de decorar árboles. En algunas ciudades norteamericanas, el árbol de Navidad como emblema cristiano ha entrado en conflicto con la sensibilidad de otras creencias. Se le está separando de su origen religioso y se pretende convertirlo en emblema multicultural del comienzo de la estación de invierno.

¿Árbol natural o artificial?

El árbol que se adorna en Navidad puede ser un ejemplar natural o un producto artificial. La elección tiene sus consecuencias y sigue generando debate.

Abeto del Cáucaso en venta.

Abeto del Cáucaso en un vivero de Sevilla.

Los árboles naturales más solicitados son las coníferas abetos, píceas y pinos. En Europa, las especies preferidas son la pícea noruega (Picea abies), el abeto del Cáucaso (Abies nordmanniana) y el pino silvestre (Pinus sylvestris) debido a la belleza de las copas cónicas, la resistencia a las condiciones cálidas del interior de las casas y la capacidad para retener las hojas más tiempo.

En la actualidad, los árboles proceden de cultivo controlado y tardan de ocho a doce años en alcanzar los dos o tres metros de altura. El cultivo no implica la destrucción de bosques naturales, sino que puede ser beneficioso, pues durante su crecimiento el árbol fija dióxido de carbono (gas que produce efectos invernadero), genera oxígeno, sirve como cortafuego y es una actividad forestal que genera trabajo y no contamina. También se ha señalado que pueden estabilizar el suelo, proteger los recursos acuáticos y proveer hábitats para la vida silvestre. Pero si no son cultivos ecológicos y se usan pesticidas para combatir enfermedades pueden producir contaminación ambiental.

Lo ideal es comprarlos en maceta enraizados, para que tengan alguna posibilidad de sobrevivir a la Navidad. Después de las fiestas, el árbol puede ser plantado en un jardín o dado a alguna institución para que lo haga. Hay que tener en cuenta que al ser normalmente especies exóticas no deben plantarse en espacios naturales pues pueden competir y perjudicar a los árboles autóctonos. Pero la realidad es que solo sobrevive el 10% de los abetos navideños, así que muy probablemente se conviertan en deshecho. Los árboles y material vegetal siempreverde usados en Navidad siempre pueden ser reciclados para biomasa o compost, por lo que no contaminan. En muchas ciudades existe un servicio de recogida de residuos vegetales al terminar la Navidad.

En Europa se venden unos 50 millones de árboles naturales de Navidad cada año, mientras en EEUU son 35 millones anuales pues en los últimos tiempos hay preferencia  por los árboles artificiales.

El árbol de Navidad artificial, normalmente fabricado en PVC, es una opción que muchas personas prefieren por su durabilidad y limpieza. Se ha argumentado que es la opción más ecológica porque no se corta un árbol vivo. Hoy en día sin embargo, un aspecto ecológico importante es la huella que deja en el ambiente la fabricación y la eliminación de sus deshechos. El árbol de plástico en su proceso de producción a partir de derivados del petróleo genera contaminación en forma de producción de gases invernaderos. Por otra parte, como deshecho, en el mejor de los casos puede acabar en una planta de reciclado que también generará contaminación. Para dejar una huella tan pequeña como la de un árbol natural de Navidad, el árbol de plástico debe usarse al menos durante 20 años. La mayoría de los árboles artificiales se fabrican en China y una pequeña parte se produce en Polonia.
Árbol de Navidad invisible

Hay una tercera opción de árbol de Navidad. La creatividad humana no tiene límites a la hora de crear objetos con la esencia del elemento árbol original usando materiales naturales o reciclados muy diversos. Un caso que me ha llamado la atención es el de la venta de árboles de Navidad “invisibles”. No hay un árbol. Sí su vacío, su hueco cubierto de adornos. Y cada cual lo rellena con su imaginación.

 

Laurel navideñoYo prefiero el árbol natural. Mi opción es adornar uno de los árboles pequeños que tengo plantado en la terraza, no es una conífera sino un laurel “piramidal”. Por muy espectaculares que sean algunos árboles artificiales, prefiero los naturales de madera y savia porque me hacen sentir más emociones. Cuando en la quietud de la noche miro extasiada mi laurel vestido de Navidad irradiando su luz cálida, siento como si el alma del árbol entrara en conexión conmigo través de la luz. Con su lenguaje de destellos parece querer recordarme aquellos lejanos tiempos, en los que la llegada del invierno y su promesa de renovación de la vida se celebraba con alegría junto a los árboles, en comunión con la naturaleza y el universo.

Además de los árboles de Navidad, también se suelen iluminar los que crecen en las calles y plazas, que realzan así su belleza con las luces. Para disfrutar de la magia de los árboles iluminados basta con salir a la calle y buscarlos, no hace falta tener uno en casa, ni natural ni artificial. Elige uno de los árboles iluminados de tu entorno que te guste, acércate a él en momentos tranquilos, a solas o en compañía, déjate llevar por el júbilo de su luz. Y celebra a tu manera el comienzo de un nuevo ciclo de la naturaleza junto a un árbol real, reconecta con los valores que el árbol iluminado simboliza.

Árboles iluminados en Johnson City, Texas. Foto de Art Meripol.

Árboles iluminados en Johnson City, Texas. Foto de Art Meripol.

 Escrito por Rosa, jueves 12 de diciembre de 2013.

¹ Traducido de la versión inglesa del relato “The Thunder Oak” recogido en Karas (1998), pág. 94.
² Traducido de la versión inglesa del relato “The Little Fir at Bethlehem” recogido en Karas (1998), pág. 113.
³ Traducido de una noticia recogida por la Agencia Zenit “Christmas Tree Is Symbol of Christ, Says Pope”, 19 diciembre 2004.

Fuentes

Sheryl Ann Karas. The Solstice Evergreen. The History, Folklore and Origins of the Christmas Tree. Aslan Publishing, Farfiel, Conneticut. 1998.
Noticia en la Agencia Zenit sobre El árbol de Navidad y Juan Pablo II.
Artículo de Chastagner y otros (2000) sobre cultivo de árboles para Navidad.
Compra árboles de Navidad naturales”. Agencia Ecoticias (2012).
Propuesta del “Holiday Tree” como símbolo multicultural.
Anuncio de “árbol de Navidad invisible”.