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El Árbol del Color y la Música

A veces el encuentro con un árbol nuevo llega por caminos insospechados. Esta vez ha sido por la publicidad. En la prensa me topé con el anuncio de un lápiz de madera de pernambuco, un árbol que desconocía por completo, fabricado por una prestigiosa marca de lápices alemana. En el reclamo publicitario se destacaba “el carácter cálido y natural de la madera, normalmente usada para elaborar arcos de violín”. Siguiendo esa pista llegué a este árbol tropical, más conocido como palo brasil (Caesalpinia echinata), y a su historia asombrosa y tremenda de explotación, que lo ha llevado al borde de la extinción a la par que lo ha convertido en un símbolo de la historia y la cultura de Brasil, país que le debe parte de su historia y su nombre al árbol.

En términos botánicos, la especie es una leguminosa endémica del Bosque Atlántico tropical de Brasil, la selva conocida localmente como Mata Atlántica. Entre sus peculiaridades destacan el tronco muy recto cubierto de aguijones, unas llamativas flores amarillas muy aromáticas, las legumbres espinosas y, sobre todo, el tesoro que guarda tras la corteza grisácea: una madera muy dura, muy densa, de un vistoso color rojo, objeto de deseo.

 

El árbol del color rojo

El 22 de abril de 1500, ocho años después del descubrimiento de América, una expedición portuguesa de trece navíos comandada por el caballero Pedro Alvares Cabral llegó a una costa desconocida de Sudamérica (donde hoy se encuentra Porto Segura, estado de Bahía), una costa muy bella, rebosante de aves coloridas y de árboles de muchos tipos, habitada por indígenas que llevaban el cuerpo pintado con un colorante rojo extraído de la madera de un árbol, al que llamaban ibira-pitanga (rojo en lengua tupí). Los exploradores quedaron fascinados por el pigmento rojo. La razón de ello estaba en Europa.

La madera del ibira-pitanga tenía gran parecido con otra madera exótica importada de Asia, de gran valor entonces en Europa para fabricar tinte rojo y tinta. De hecho se trataba de una especie de la misma familia y género, la Caesalpinia sappan, conocida en el mercado por diversos nombres: brasilere en español, brazil, bresil, verzino, etc. en otras lenguas. Todos estos términos procedentes de la palabra latina, brasa, relativa a la semejanza del color encendido de la madera con las brasas; mientras en Asia, se conocía por la palabra malaya sapang, rojo.

Cabral y sus hombres llamaron al árbol pau brasil (en portugués, palo brasil en español). La tierra virgen estaba llena de árboles y, a la vista de tal abundacia, los exploradores en seguida enviaron barcos a Portugal cargados con toneladas de madera de palo brasil. Un trabajo duro. Talar los árboles, quitarles la corteza y la albura a los troncos (pues el pigmento está en el duramen), cortarlos en tablas que pudieran llevarse a hombros, y acarrearlas desde el lugar cosechado hasta los barcos. Por fortuna para los colonizadores, el trabajo lo realizaban los indígenas a cambio de objetos insignificantes, de modo que la explotación resultaba prácticamente gratis. Para entender la dimensión del valor que repentinamente había cobrado el palo brasil, hay que acercarse al mundo de los tintes naturales.

Rojo europeo, rojo asiático y rojo americano

La actividad tintorera es un arte antiquísimo desarrollado en todas las culturas. Las fuentes de color en la naturaleza son muchas y variadas: hojas y tallos, flores, cáscaras y vainas, bayas, semillas, raíces, cortezas, maderas, moluscos, insectos y líquenes. Un maestro tintorero maneja conocimientos de botánica, química y cromatismo. Domina las técnicas de extracción del colorante de cada materia natural y las recetas idóneas de mezclas de colores y aditivos para obtener los más bellos tonos y la máxima durabilidad. Los museos del mundo ilustran los admirables colores naturales conseguidos por los artesanos hasta la invención de los colores sintéticos.

Para experimentar las propiedades tintóreas de los árboles me apunté a un curso de Iniciación al Teñido de Fibras con Colorantes Naturales en el Jardín Botánico de Córdoba, me fascinó. Cuando en un caldero hirviendo con unas simples cáscaras de cebolla o unas hojas trituradas de higuera, ves cómo el color penetra la lana, te sientes como asistiendo a un descubrimiento, o revelando un secreto antiguo. La vivencia te hace mirar los árboles y demás vegetales de otra manera, la recomiendo. La magia del color, que tanto usamos, es otro servicio callado que las plantas nos obsequian desde el origen de los tiempos.

En Europa la producción de materias tintóreas constituía una actividad económica muy activa desde comienzos del medievo. Obviamente, en un principio se usaban materias del entorno natural. El rojo, junto al púrpura, era un color prestigioso, un poderoso símbolo de poder dentro del lenguaje de los colores. Las sedas y terciopelos de los nobles se teñían con un colorante, llamado grana, extraído al triturar y hervir las agallas que un insecto, el quermes, forma en la coscoja y otros robles.

El inicio de los grandes viajes a Oriente en busca de especias y otros bienes de lujo, descubrió a Europa la madera tintórea de la Caesalpinia sappan, el brasilere. El prestigio de los rojos y púrpuras se debía en parte a la cantidad astronómica de animales que se necesitaban para extraer una buena dosis de colorante. El árbol oriental era mucho más abundante, porque se cultivaba, y más rico en colorante rojo, casi 10 veces más que el quermes, y así ocupó el primer lugar en el mercado. En Asia, esta Caesalpinia se usaba desde muy antiguo tanto en medicina como para teñir las sedas y linos de los trajes que vestían los nobles orientales.

En Japón, el brasilere importado desde China gustó tanto sobre la seda que ese rojo se consideró un color especial, el koro, e incluso se prescribió su uso exclusivo en la corte del emperador tal como aparece en un texto del siglo X, el Engishiki; esa apreciación de “color especial” del rojo aún pervive en la cultura japonesa. Marco Polo y otros grandes viajeros europeos seguro conocieron el texto japonés y el árbol sapang, pues en sus crónicas dejaron notas del comercio del brasilere y de la presencia de cultivos por todo el sudeste asiático, en lugares legendarios como las Islas de las Especias, India o Tailandia.

La primera cita del brasilere en Europa procede de la Francia del siglo XI. En el siglo XIV, el uso del rojo brasil ya era extensivo, incluso se distinguen diferentes calidades por la procedencia, el mejor venía de la costa india de Malabar. El árbol asiático en cuestión es pequeño, espinoso y, a diferencia del palo brasil, ha sido cultivado durante siglos y naturalizado en un amplia área de Asia.

Cuando la madera del palo brasil americano llegó a Europa (tras la expedición de Cabral en 1500), los maestros tintoreros se dieron cuenta de que no era de mejor calidad que el rojo asiático, pero su abundancia, los menores costes del transporte y la mano de obra indígena gratuita hacía que el negocio compensase; además el brasilere de Asia se estaba volviendo más difícil de importar, ya que la ruta oriental estaba bloqueada por la conquista turca de Constantinopla. Portugal se quedó así con el monopolio del tinte rojo en Europa.

Piratas locos por el color

Troncos de palo brasil en la revista Smithsonian Magazine.

El comercio del palo brasil hizo ganar tanto dinero de repente a Portugal que Francia, España, Inglaterra y Holanda, las otras cuatro grandes naciones exploradoras del Siglo de los Descubrimientos, se lanzaron a buscar el palo brasil en la selva americana o, lo que les traía más cuenta, a piratear los barcos portugueses cargados con la madera.

Cincuenta años después de la llegada de los portugueses a América gran parte del territorio aún permanecía inexplorado. En la década de 1520 los franceses empezaron a recorrer la costa y a apresar todos los barcos, querían una parte del botín rojo. En 1555 el vicealmirante Nicolás Durand de Villegaignon y sus caballeros de la Orden de Malta, junto con colonos hugonotes huidos de la persecución, establecieron una colonia, a la que llamaron la Francia Antártica, en lo que hoy es Rio de Janeiro. El intento iba en contra del Tratado de Tordesillas de 1494, que había repartido el Nuevo Mundo entre España y Portugal, y aunque llegaron más colonos en los años siguientes, esta vez calvinistas, los franceses fueron finalmente expulsados por los portugueses en 1567. No obstante, Francia mantuvo la piratería y el interés sobre el palo brasil durante bastante tiempo. El escritor francés Jean-Christophe Rufin narró estos hechos en la novela histórica “Rojo Brasil”, con la que ganó el Premio Goncourt en 2001.

Los españoles, por su parte, buscaron con ahínco el palo brasil en sus posesiones americanas y descubrieron otras especies cuyo duramen también producía tintes rojos intensos. En los antiguos territorios hoy ocupados por México, Guatemala y Belice descubrieron el palo campeche (Haematoxylum campecchium), otra leguminosa tintórea que comercializaron desde España. La especie fue después explotada por los ingleses en Belice. Tambien se descubrieron y aprovecharon las especies Caesalpinia brasilensis, la Caesalpinia violacea y el Haematoxylum brasiletto, todas dadoras de un rango de tintes rojos, desde carmines hasta rosas.

En el mercado de tintes de aquellos tiempos, tal como aparecen en los documentos, las maderas de las distintas especies se vendían con nombres parecidos: brasil, palo brasil, palo de pernambuco, palo de campeche, palo de tinta, brasiletto. Y además cada especie aparece con distintos nombres, una confusión nominal que dura hasta nuestros días; es fácil ir a comprar palo brasil y que te den virutas o polvo de otra madera roja.

A nivel molecular, tienen algo común. Resulta que la sustancia química que aporta el color rojo es la misma en todas las especies de Caesalpinia: la brasilina (C16H14O5), un pigmento que también se conoce como Rojo Natural 24. Igual que en todas las especies de Haematoxylum es la hematoxilina (fórmula C16H14O6), a su vez solo diferente en un átomo de oxígeno. Ambas sustancias de la madera se oxidan espontáneamente con la luz y el aire, se convierten en brasileína y hematoxileína o hemateína, y adquieren el rojo intenso.

Mapas del tesoro rojo

La relevancia económica del palo brasil en los siglos XVI y XVII fue tal que el árbol aparece constantemente en la cartografía de la época. Pocos casos hay de tanta presencia de un árbol en los mapas. El mapa más antiguo, el Planisferio de Cantino, de 1502, dos años después de la llegada de Cabral a América, muestra la demarcación acordada en el Tratado de Tordesillas y los resultados de todas las expediciones realizadas desde 1492 hasta 1501; el territorio de Brasil está representado por pájaros y árboles de palo brasil. Otros importantes mapas posteriores, (de 1519, 1542, 1546, 1550 y 1579), contienen escenas de los nativos tupíes realizando tareas, sobre todo cortando árboles y acarreándolos a los barcos. Son mapas muy artísticos de gran valor histórico con una sorprendente información económica y etnológica del comercio del palo brasil.

Detalle del mapa “Brasil” de G. Gastaldi, 1550.

Historia de una devastación

Los interesantes mapas de la época también atestiguan el comienzo de la deforestación de la selva atlántica. Desde el minuto uno en que los portugueses pusieron sus pies en la costa brasileña el número de árboles de Caesalpinia echinata empezó a disminuir sin remedio y siguió haciéndolo año tras año, hasta mermar de un modo alarmante la población de la especie.

A lo largo del XVI, los portugueses (y, en parte, también franceses) mandaron a Europa una media de 7000 toneladas de madera de palo brasil al año. Se ha estimado que solo en el primer siglo de explotación se talaron cerca de 2 millones de árboles, es decir, una media de 20 mil al año, lo que equivale a 50 árboles al día. También se esquilmaron animales y otros recursos de la selva. Un barco francés apresado por los portugueses llevaba 3000 pieles de jaguar, 600 aves (muchas de ellas papagayos) y otras materias como aceites medicinales y minerales. No solo se perdían grandes árboles sino que se empobrecía rápidamente la biodiversidad original de la selva virgen.

Desde el principio, y no por motivos ambientales sino económicos, los portugueses advirtieron con preocupación la evidente deforestación paulatina y descontrolada. Pronto, en 1542 y en 1605, se proclamaron leyes para racionalizar y regular el comercio del palo brasil, con castigos de pena de muerte o confiscación de bienes a quien talara árboles sin permiso de los propietarios de las tierras. La intención era que nadie más que los colonizadores portugueses talasen los árboles. Sin embargo, esas reglas y otras posteriores se incumplieron sistemáticamente y así se llegó a 1822, año de la Independencia de Brasil de la corona portuguesa.

Poco después, en 1856, tuvo lugar un descubrimiento que cambiaría para siempre la actividad de teñido con colorantes naturales. El químico inglés William Henry Perkin intentaba sintetizar quinina pero lo que consiguió fue producir el primer colorante sintético, la anilina morada. En poco tiempo los tintes sintéticos de todos los colores llegaron al mercado y antes de finalizar el siglo XIX las empresas de colorantes naturales se arruinaron por falta de demanda. Habían pasado 375 años de explotación ininterrumpida del palo brasil y lo habían dejado al borde de la extinción.

El interés por el tinte del palo brasil casi desapareció. Pero entonces se descubrió que, además del tinte, la madera poseía otra propiedad igual de admirable o más aún y comenzó un nuevo interés por el expoliado árbol.

El pernambuco, árbol música

En la ciudad del Sena, entre los años 1785-1790, los destinos del palo brasil y Francia volvieron a unirse. El lutier François Xavier Tourte tuvo la inspiración y el talento de inventar un nuevo arco para instrumentos de cuerda, tan revolucionario que se ganó el apodo de el Stradivarius del arco. Tourte introdujo una serie de cambios esenciales, convirtiendo al arco en algo nuevo y poderoso. Alargó la longitud, puso más madera en la vara, hizo una nuez más pesada para tensar las crines de caballo y, para lograr la concavidad tan importante para el sonido, calentó la madera, lo que antes se realizaba aserrando. Por último, experimentó su diseño con diversas maderas (entonces los arcos se fabricaban con maderas europeas y algunas tropicales), hasta que en el centro de París encontró toneladas de palo brasil destinadas a tinte y descubrió sus maravillas sónicas.

El palo brasil es un árbol musical excepcional debido a una combinación de cualidades de la madera: la densidad, resistencia y flexibilidad, y la habilidad de curvarse con el calor y mantener la curvatura al enfriarse. El arco emite sonido; cuando se desliza por las cuerdas del violín preserva las vibraciones creadas y su frecuencia interactúa con la propia del instrumento creando un tono distinto. Según sugieren las investigaciones, la capacidad sónica de la madera de pernambuco tiene que ver con el contenido en brasilina, o sea, que la sustancia tintórea también es responsable de los atributos musicales del árbol.

El arco es una pieza crucial. Es una herramienta mágica. El virtuoso violinista del XVIII Giovanni Batista Viotti, consejero de Tourte, lo expresó con un significativo aforismo “el violín es el arco”. El violinista Günter Seifert, autor de “The Pernambuco Waltz”, describe así su importancia: “el arco puede ser más esencial para expresar el alma de la música que el propio violín, por eso, usan arcos de pernambuco tanto los músicos profesionales como los aficionados, todos saben que es mejor tener un arco excelente y un violín mediocre que a la inversa”.

No hay ninguna otra materia que iguale la excelencia musical de la madera de pernambuco. Los arqueteros y músicos de cuerda del mundo dependen de la continuidad de la especie para mantener la calidad de sonido de sus interpretaciones.

El árbol de las muchas palabras

Un árbol con muchos nombres. Ya he aludido a la confusión reinante desde el principio por los diversos nombres que se le asignaron al tinte rojo asiático de la especie C. sappan. Confusión que heredó, en primer lugar, la especie C. echinata por haber recibido la misma constelación de nombres y, en segundo lugar, los otros árboles tintóreos americanos por haber sido nominados con nombres parecidos. A ello se suma que en el ámbito musical se le conozca como pernambuco en vez de palo brasil (término más usado en el comercio de tintes). Pernambuco es un estado brasileño, dentro de la Mata Atlántica, que conserva algunas poblaciones intactas del árbol, de donde proceden maderas valoradas como las de mejor calidad.

Un árbol da nombre a un país. Al principio, la tierra que descubrió Cabral recibió varios nombres: Terra de Vera Cruz, Terra de Santa Cruz, Nuevo Mundo, América, Terra Papagalli. Sin embargo, la intensa actividad comercial entorno al palo brasil hizo que finalmente se adoptara el nombre Terra do Brasil, y al final del XVI el nombre Brasil quedó fijado. El hecho evidencia la magnitud de la explotación maderera y la importancia del árbol en el origen y desarrollo del país. No obstante, el asunto fue y sigue siendo motivo de una cierta oposición en Brasil, en parte por cuestión de la falta de connotación religiosa, pero sobre todo por cuestiones de orgullo, al relacionar el nombre de un país con el de una actividad tan prosaica como la mercantil. Los tintoreros del mundo, sin embargo, se sienten orgullosos de que haya un país con nombre de un tinte, y los amantes de los árboles también celebramos que un árbol haya nombrado a una nación.

Un árbol al que le cambian el nombre. La especie del palo brasil fue clasificada y descrita por el naturalista francés Jean Baptiste Lamarck en 1785, la llamó Caesalpinia echinata. El nombre genérico fue un homenaje al médico botánico italiano Andrea Cesalpino (1519-1603) y el epíteto griego echinata lo eligió en referencia a las abundantes espinas del árbol. En el siglo XXI, un nuevo estudio del ADN ha confirmado que el palo brasil representa un linaje evolutivo único y distinto, mereciéndose el reconocimiento de género aparte. El nombre elegido para el nuevo genero es Paubrasilia, latinización del nombre común portugués, dada la importancia histórica del árbol para Brasil, y para la especie Paubrasilia echinata. El género Paubrasilia ha sido descrito en la revista Phytokeys (2016) por un equipo de científicos de Canadá, Brasil y Reino Unido dirigido por Edeline Gagnon, de la Universidad de Montreal. Con ese nombre emblemático los autores tienen la esperanza de atraer la atención sobre el frágil estado del hábitat del palo brasil.

De paraísos perdidos y árboles casi perdidos

A su llegada al litoral brasileño, los portugueses admiraron la espléndida belleza natural de la tierra, los árboles, muchos, muy grandes, y de infinitas especies, las aves, muchas, y vistosas, las bellas playas y la abundancia de manantiales. Un paraíso virgen.

Antes de la Era de los Descubrimientos, la Mata Atlántica se extendía por toda la franja litoral brasileña, desde el actual estado de Rio Grande del Sur hasta el de Rio Grande del Norte. Se estima que ocupaba unos 130 millones de hectáreas, de los que hoy sólo queda el 7% en estado original. Y ese porcentaje se presenta fragmentado en pequeños espacios de pocas hectáreas separados entre sí, lo que dificulta la conservación.

La devastación empezó con la explotación de la madera del palo brasil y de otros árboles como la caoba, el palisandro y el cedro; luego siguió con la tala de selva para cultivos, de caña de azúcar, café y cacao, y para ganadería; y, finalmente, con la expansión de las ciudades. El paraíso se pierde. El Bosque Atlántico es uno de los 34 puntos críticos (hot spots) mundiales de gran valor para la conservación de la naturaleza, principalmente por la reducción de su área; son enclaves importantes de biodiversidad porque en ellos se encuentran la mayoría de especies aún desconocidas para la ciencia.

La Mata Atlántica es el único hábitat del mundo para el palo brasil o pernambuco. A pesar de la preocupante situación de la especie sigue siendo objeto de explotación y exportación ilegal. Afortunamente desde hace unos años se ha comenzado a llevar a cabo iniciativas para salvarla.

Con el fin de concienciar a la población, en 1978 el gobierno brasileño lo declaró Árbol Nacional y al día 3 de mayo el Día del Palo Brasil. Años más tarde, en 1992, la especie fue declarada especie en peligro de extinción por el gobierno y en 1998 por la UICN.

En 2001, en París, los músicos y fabricantes de arcos de violines de diversos países del mundo crearon la IPCI (International Pernambuco Conservation Iniciative), con la misión de rescatar a la especie. Fueron animados a ello por medio de Comurnat, una organización que intenta comprometer a los artesanos con la causa de las materias primas de las que dependen. Una vez concienciados, los arqueteros contemporáneos, como dice el periodista Russ Rymer, “están decididos a no ser los villanos de este drama de extinción”. La Iniciativa tiene en marcha un interesante programa que financia estudios, sobre hábitos y hábitat de la especie, así como proyectos de plantaciones en distintos puntos, todo ello en colaboración con los diferentes gobiernos implicados y con organizaciones civiles.

En 2012, el gobierno de Brasil creó el Programa Nacional para la Conservación del Palo Brasil, con la meta de reevaluar el estado de conservación, identificar los bosques relictos con poblaciones de la especie y promocionar el uso sostenible de plantaciones comerciales públicas y privadas. Queda mucho por hacer, pero el esfuerzo en investigaciones y reforestaciones ha logrado que en 2013 la especie sea incluida en el Apéndice II, de la Convención Internacional del Comercio de Especies Silvestres (CITES), en la lista de especies que no están amenazadas de extinción pero requieren regulación estricta de comercio internacional para prevenir mayor declive de las poblaciones.

Los planes y las iniciativas deberían dar sus frutos en los próximos años. Ojalá que se logre plantar millones de pernambucos, que esas plantaciones se exploten de modo sostenible y que se proteja a las poblaciones silvestres para que puedan regenerarse y extender sus dominios.

Buscando al pernambuco

No he tenido la suerte de ver un palo brasil. En 2002 visité un reducto de Mata Atlántica al noreste del estado de Río Grande do Sul, experimenté el ámbito de la selva, su sinfonía de murmullos de vida, su exuberancia de verdes y puedo imaginarlo siendo parte de ese escenario. Hace poco volví a París, no conocía aún la íntima relación de esta ciudad cultural con el pernambuco y no lo encontré ni en las numerosas arboledas, ni en el Jardín Botánico, ni en los museos. Mi único contacto con el árbol puede que haya sido con las virutas de madera que estaban etiquetadas como palo brasil en el Curso de Tintes Naturales, aunque seguramente eran de otra especie.

En cualquier caso, conocer la historia apasionante de este árbol ha sido una gran sorpresa, una lección de la selva. Demuestra la interconexión que existe entre una planta y una sociedad, entre los árboles y la música, entre la historia y el devenir de la naturaleza, entre la riqueza de los pueblos y la biodiversidad del planeta.

Una forma de contactar con el palo brasil podría ser a través de la música. Os invito a entreoír, o adivinar, los sones del pernambuco de la mano de Hilary Hahn en el Concierto para Violín de Mendelssohn.

Escrito por Rosa, jueves 15 de junio de 2017.

Fuentes

Iniciación al Teñido con Colorantes Naturales
Jean-Christophe Rufin. Rojo Brasil . Ediciones B, 2002.
La representación del palo brasil en los mapas de los siglos XVI y XVII.
Iniciativa Internacional para la Conservación del Pernambuco.
Artículo de Russ Rymer en la revista Smithsonian sobre el árbol música.
Nuevo nombre para el pernambuco en el blog del Kew Garden.
La importancia del pernambuco en el blog de la Filarmónica de Viena.

Fantasía Flamenca

La música nació con el ser humano y es una manifestación cultural universal. Los sabios griegos Platón, Pitágoras y Aristóteles ya resaltaron el valor cultural de la música: una medicina para el alma, un medio para enriquecer el ánimo, un vehículo para la catarsis emocional.

En mi experiencia como oyente, ninguna música ha enriquecido más mi ánimo ni ha calado más profundo en mi interior que la del guitarrista flamenco Paco de Lucía. Los sonidos de su guitarra siempre me provocan una agitación en lo hondo, siempre me atrapan y transportan a un estado de felicidad, con la elegante, colorida y atemporal belleza de su ritmo y armonía, y con la historia, tan antigua como el mundo, que su melodía me parece susurrar.

Comparto con el artista el entorno natural de la infancia, el singular enclave de Algeciras, pero la música de Paco de Lucía, aun siendo flamenca, es una música global apreciada en todo el mundo. Porque habla de lo más próximo, de las vivencias comunes del ser humano, del misterio insondable de la vida que no sabemos expresar. Se siente y se comprende en cualquier parte porque es una música verdadera, tiene la belleza de la verdad. El genial artista, como un mago o un héroe, ha sido capaz de arrancarle ese misterio a la guitarra y compartirlo con nosotros.

Cuando un músico es tan sorprendente, innovador, creativo, virtuosista y revolucionario como Paco de Lucía, es una tentación pensar que el misterio de su arte tan grande debía residir en su guitarra. Incita a sospechar que su instrumento debía tener cualidades únicas (por no decir mágicas) que le conferían poder a sus manos, a su imaginación, inteligencia y sensibilidad para crear la música tan deslumbrante que todos conocemos.

Disco_Por_descubrir

No es así, claro, pero algo de magia debe existir. La guitarra es un instrumento musical hecho casi totalmente de madera de distintos árboles que poseen la rara cualidad de producir y propagar sonidos. Pero no basta solo con las maderas sonoras para tener una buena guitarra. Desde las profundidades de los bosques donde crecen estos árboles hasta llegar a ser piezas de la guitarra del maestro hay un largo camino de preparación y metamorfosis de las maderas en las manos hábiles del lutier, que sabe cómo trabajarlas para extraerle su mejor sonido.

El maestro Paco de Lucía sintió preferencia por las guitarras de los Hermanos Conde, empresa madrileña fundada en 1915 como Domingo Esteso. En una carta a estos, expresa así el reconocimiento al trabajo de su lutier:

El flamenco es un desgarramiento y ese desgarramiento-guitarra lo he vivido en mis manos muchas veces a través de las guitarras de mis artista-amigos hermanos Conde. […] Y es que para desgarrar el sonido a una guitarra hay que darle alma, magia o arte en definitiva, y eso es lo que hace un artista, porque solo un artista sabe crear un cuerpo a ese arte, un cuerpo que inunde con fuerza de color y forma.

El sentirse cómodo en la vida se encuentra como condición esencial, primero para ser y segundo para dar, tengo que identificarme primero para luego transmitir. Mi comodidad con mi guitarra es mi todo, como flamenco en mi caso, ese todo desmesurado es a la vez belleza, equilibrio, armonía y fuerza.

Los árboles sonoros

Una guitarra es un objeto compuesto por un mango y una caja de resonancia. El mango lo conforman el mástil, el diapasón, los trastes, las cuerdas y el clavijero. La caja de resonancia es el cuerpo de la guitarra, contiene el fondo, los laterales y la tapa armónica perforada; también el puente, donde se fija el otro extremo de las cuerdas.

En la construcción de guitarras flamencas, como las de Paco de Lucía, cada pieza tiene una función diferente en el sonido final y requiere un tipo distinto de madera sonora. Los árboles que con su sonoridad han contribuido al arte del maestro son principalmente: el ciprés mediterráneo, el pino abeto alemán, el ébano, el cedro amargo y el cedro rojo, y el palosanto de la India.

cipres-BarberEl ciprés mediterráneo (Cupressus sempervirens) proporciona una madera acústica de color claro con la que se fabrica el fondo y los aros de la guitarra flamenca, la pieza que recibe las onda sonoras y las refleja hacia fuera. El arbol ciprés forma parte del paisaje cultural de la región mediterránea, donde es nativo y se cultiva desde muy antiguo. La madera, como la de la mayoría de las coníferas, se considera ligera y blanda, pero es muy resistente y con una fragancia intensa y tenaz. Para el toque, es blanda, cómoda de tocar, y su sonido es brillante, cristalino, percusivo.

Las guitarras de ciprés (fondo y aros), llamadas por los flamencos “guitarras blancas”, han sido las tradicionales entre los guitarristas flamencos hasta que Paco de Lucía cambió la tradición. Una de las razones es que el volumen de la caja resonante es muy apropiado para salas pequeñas, los escenarios propios donde se acompaña al cante y al baile. Por otra parte, el ciprés es una madera más barata porque el árbol se cultiva en España, aunque parece que hoy en día se importa de Alemania, Rumanía y Grecia.

Paco de Lucía nació y creció entre guitarras flamencas de este tipo, aprendió con ellas. La primera guitarra propia, comprada en 1962 por Benítez Reyes, el amigo de la familia, a los Hermanos Conde,  fue una guitarra de ciprés.

abeto-aleman-BarberEl pino abeto alemán (Picea abies) es también una conífera europea. Se conoce por diversos nombres: abeto rojo, falso abeto, pícea europea y árbol de Navidad. Esta madera, que es de color claro, en la guitarra flamenca se usa para la “tapa armónica”, una pieza clave de este instrumento. Las vibraciones de las cuerdas se transmiten desde el puente, la tapa vibra, mueve el aire contenido en la caja de resonancia y el sonido se amplifica. El abeto rojo es un gran árbol de la familia de los pinos que llega a los 55 metros de altura, tiene porte de árbol navideño y es natural del norte y centro de Europa. Vive en la alta montaña, en ambientes fríos. Su longevidad es notoria, existe un ejemplar en Suecia considerado uno de los árboles vivos de más edad del mundo (9.550 años). Es un importante árbol maderero de Europa.

Las cualidades sonoras de la madera del pino abeto alemán son sobresalientes. La condición de árbol de montaña le da estructura, estabilidad y homogeneidad a las aptitudes tonales. Stradivarius construyó sus famosos violines con madera de este árbol. Los pianos Fazioli también llevan la tabla armónica de abeto rojo. El guitarrero almeriense Antonio de Torres (1817-1892), considerado el lutier más influyente en la configuración de la guitarra clásica española, incorporó el pino abeto alemán para la tapa armónica y desde entonces se usa en la guitarra flamenca.

cedro-rojo-BarberEl cedro rojo de Canadá (Thuja plicata) es conocido también como tuya gigante, árbol de la vida o cedro rojo del Pacífico. La madera color marrón posee magníficas propiedades acústicas. Su uso es reciente para tapa armónica de guitarras, en las flamencas se usa poco, es más frecuente en las clásicas. Esta tuya gigante es un gran árbol de hasta 60 metros de la familia de los cipreses (no es un verdadero cedro), nativo de la región costera del oeste de Norteamérica (EEUU y Canadá). Para los indígenas de esa franja costera era un verdadero árbol de la vida del que extraían infinidad de productos, incluyendo sus tótems espirituales y sus canoas. La madera tiene intenso olor aromático semejante al del cedro, es ligera, muy estable y resistente. Paco de Lucía tuvo algunas guitarras con tapas de esta madera.

ebano-BarberEl ébano (Dyospiros ebenum) tiene una madera de un atractivo color negro, de las más duras y pesadas del mundo, se hunde en agua. Con ella se construye el diapasón de la guitarra, la pieza alargada y estrecha sobre la que se presionan las cuerdas a la hora de tocar, que debe resistir la fuerte presión. El ébano es un árbol mediano de los bosques secos de la India, pero está en peligro de extinción y prohibida su exportación. Actualmente se importa de plantaciones de países africanos como Nigeria o Camerún. Las excepcionales cualidades sonoras de la madera de ébano la hacen indispensable para instrumentos de viento como oboes y clarinetes así como para piezas varias de instrumentos de cuerda y para teclas negras de pianos. En la guitarra flamenca, el diapasón de ébano produce sonidos brillantes y agudos.

cedro-honduras-gEl cedro español o cedro amargo (Cedrela odorata), de la familia de las Meliáceas,  no es un cedro ni un árbol sonoro. De su madera color marrón rosado se fabrica fabricar el mástil de la guitarra, pues pesa poco y a la vez es resistente, aguantando bien la presión que ejercen las cuerdas. El diapasón de ébano sobre el mástil de cedro amargo forman un mango muy rígido que no se comba. Oriundo de las regiones tropicales de América, llega a los 40 metros de altura con su tronco cilíndrico y copa redondeada. Los Mayas y los primeros colonizadores usaban esta madera para todo tipo de usos. El aroma intenso de la madera (al que debe su nombre común) junto a la resistencia al ataque de polillas hace de este árbol una de las especies madereras más importante del mundo.

palo-santo-india-BarberEl palosanto de India (Dalbergia latifolia), debido al aroma floral de su madera, es conocido en inglés como Indian Rosewood o madera rosa de la India. La madera es oscura, pesada, resistente y durable. Como la del ciprés, es idónea para fondo y aros de la guitarra. El palosanto o palisandro indio es una leguminosa de tronco recto que llega hasta 40 metros de altura. Nativo de los bosques indios tropicales del monzón, gran parte de la madera proviene hoy de la fecunda región de Kerala. El crecimiento lento de este árbol aporta a la madera dureza y una estructura homogénea. La madera es muy valorada por el color (de marrón hasta púrpura e incluso más oscuro), durabilidad, resistencia y fuerza. Acústicamente, es muy resonante, fiable, de alta calidad constante y produce un sonido profundo.

Hay otros palisandros sonoros, como el palosanto de Río (Dalbergia nigra), árbol de las selvas brasileñas de la región entre Bahía y Río de Janeiro que fue estimadísimo para fondo de guitarra hasta mitad de los años 60, por la belleza de la madera muy oscura y la excelencia de su sonido palosanto. Pero la especie llegó a estar en peligro de extinción o casi extinguida debido a la desaparición de su hábitat natural a causa de la deforestación para tierras agrícolas. Desde 1968, la exportación de troncos enteros está prohibida y, desde 1992, la comercialización de la madera está restringida por la CITES (Convención Internacional de Especies Amenazadas de Flora y fauna Silvestre). Así fue cómo el palosanto de India, por su mayor disponibilidad y sostenibilidad, se convirtió en el sustituto del palosanto de Río para la fabricación de guitarras.

Conde blanca, Conde negra, Conde roja

Paco de Lucía tuvo muchas guitarras. Antes cité que la primera fue una “conde blanca” de ciprés. En los años sesenta, el Paco joven se ejercitó en el arte de acompañar al cante y al baile; empezó a grabar discos donde ya comenzaba a mostrar el soberbio sentido del compás, la técnica precisa y vertiginosa, y las primeras armonías novedosas al flamenco. Pero terminando la década de los sesenta, la genialidad natural de Paco empezó a rebosar el estanque de la tradición flamenca; para expandirse y dejar fluir el ímpetu de sus dotes interpretativas y compositoras necesitó cambiar la manera habitual de tocar la guitarra y modificar algunos elementos del instrumento mismo.

El músico inconformista adoptó una postura nueva para tocar que supuso una revolución; cruzó las piernas, apoyó el instrumento y bajó el mástil, una postura que le daba más libertad de movimientos a ambas manos. Para tocar como concertista en grandes salas de teatro sintió la necesidad de una guitarra con más fuerza y encargó a los Hermanos Conde la construcción de una guitarra flamenca algo diferente a la tradicional. Tuvo la idea de hacer una guitarra con la misma madera usada para la guitarra clásica, el palosanto. Esto incidió en la estética del sonido tradicional (timbre) y en una mayor fuerza y carácter del instrumento. Además, modificó el espacio entre la primera y la sexta cuerda, haciéndolo mas ancho, para adecuarlo a su peculiar técnica expresiva con el pulgar de la mano derecha. En su disco Fantasía Flamenca de Paco de Lucía, se muestra esta nueva guitarra flamenca, conocida como la “conde negra” (en referencia al color oscuro de la madera de palosanto, en oposición al claro de ciprés).

Sobre esa conde negra se han hecho muchos comentarios: que era de palosanto de Río, que era la que más le gustaba a Paco de Lucía, que se la robaron a mitad de los setenta y que es la que aparece en discos y videos de los años 70, como Fuente y Caudal. No he podido contrastar esta información con fuentes seguras.

En 1975, adquirió otra guitarra similar a los Hermanos Conde, construida por Mariano Conde, de madera de palosanto de India. De esta guitarra sí hay testimonios fidedignos y lleva el distintivo de la casa Conde de la media luna en la cabeza. Se la conoce como la “conde roja”, por el color oscuro rojizo de la madera, ya que el barniz de los Conde tenía ese tono. Esta guitarra ha sido su acompañante habitual de conciertos hasta sus últimas giras. Se la ha visto arañada, desconchada y después restaurada.

PDL por Luciano Viti

La maravillosa guitarra del maestro

Paco de Lucía tuvo también guitarras de Ramírez, del americano Lester Devoe, de Vicente Carrillo, el constructor de las guitarras marca “Paco de Lucía”, y de otros lutieres. Algunas serían de palisandro de Río. Pero para los conciertos prefería su “conde roja”. Me pregunto si sería el sonido de la madera de palosanto de India lo que le atraía de esa guitarra. En conversaciones con Mariano Conde hijo, guitarrero de Paco de Lucía tras heredar la empresa de su padre, me revela verdaderas perlas para entender el misterio de la buena guitarra.

Mariano asegura que en una guitarra, el arte procede en un 50% de la madera y en un 50% del trabajo acabado del artista-lutier. Una guitarra es un todo. No se sabe cómo será hasta que no se termine. Lo más importante es que una vez terminada, una guitarra tiene que acoplarse bien al guitarrista, a su peculiar manera, fuerte o blanda, de pulsar las cuerdas.

Las guitarras tiene algo traicionero: nace con una dureza de cuerda determinada. Y eso se ajusta o no a la fuerza y estilo de tocar del guitarrista. Los tocaores solían tener dos guitarras, una para los solos y otra para acompañar, pero ahora si un guitarrista tiene pulsaciones fuertes prefiere usar la negra para ambas ocasiones.

Se pueden ver guitarras con muy buenas maderas, costosas, pero que resultan malas guitarras. Porque el lutier no ha sabido hacerlas hablar, no ha sabido averiguar qué necesitan para expresar todo su potencial sonoro: qué espesores, qué curvas, qué interiores, qué mezclas. En cambio, de maderas sencillas pueden salir guitarras maravillosas.

Paco de Lucía, dice Mariano Conde, tenía el sentido de la guitarra. Sabía perfectamente que su guitarra más maravillosa era la que se ajustaba mejor a su pulsación, a sus maneras tan únicas de tocar. No se dejaba llevar por otras consideraciones. Y, entre todas las que tenía, siempre volvía a la conde roja, con la que se encontraba más cómodo como manifestó en su carta. Imagino que la sentía como una prolongación de su propio cuerpo y de su ser.

Fantasía flamenca

Paco de Lucía fue un buscador incansable e insaciable en pos de su fantasía flamenca. Buscaba en la fuente inagotable de su infancia, buscaba en el río de la vida y buscaba en la guitarra.

Ritmo preciso. Nota perfecta. Pulcritud. Afinamiento. Belleza. Sentimiento. Esencia. Expresión. Y narración. Un canto, una copla, el cantar como el más perfecto de los instrumentos. Buscaba ese canto primordial, único y completo en su guitarra.

Y tal vez, como al buen lutier, la maderas le cantaban a él la bella, ancestral y eterna canción de la Tierra que tan bien cantan los árboles y el mar. La misma canción en distintas lenguas, la de las montañas europeas, de los bosques de la India, de las llanuras de África y de la costa pacífica y los trópicos de América. Con su fantasía flamenca el maestro las fue traduciendo y convirtiendo en piezas sonoras, audibles e inteligibles, que ya forman parte de nuestra memoria más profunda.

Gracias, Paco.

Escrito por Rosa, 25 de febrero de 2015.

Paco de Lucía interpreta la seguiriya Luzia, Montreux 2012
Web oficial de Paco de Lucía

Guitarrería de Mariano Conde
Carta de Paco de Lucía a los lutieres Hermanos Conde
Ciprés mediterráneo en este blog
Palisandro amarillo en este blog
Scientific American sobre el árbol vivo de mas edad del mundo

 Fuentes

Téllez, J. J. Paco de Lucía: Retrato de Familia con Guitarra. Quasyeditorial. Sevilla, 1994.
Poren, D. E. Paco de Lucía y familia: El Plan Maestro. Sociedad de Estudios Españoles. Madrid, 1992.
Gamboa, J. M. y Núñez, F. Paco de Lucía Integral. Universal Music Spain S.L. 2003.
I Simposio Internacional Paco de Lucía, fuente y caudal. Bienal de Flamenco de Sevilla 2014.
Wikipedia

Agradecimientos
Al guitarrero Mariano Conde por su valiosa información.

Frutos amargos

Los árboles son testigos mudos, y a veces ayudantes involuntarios, de las más atroces infamias cometidas por seres humanos.

La dama del jazz

La triste balada Strange Fruit nos habla de los hermosos árboles del sur de Estados Unidos, de las magnolias y los tuliperos, pero también de sus frutos extraños. Escucharla hoy, 70 años después de su grabación, en la voz rota de Billie Holliday (1915-1959) nos emociona.

Los árboles del sur tienen extraños frutos,
sangre en las hojas y sangre en las raíces,
cuerpos negros se balancean con la brisa del sur,
frutos extraños cuelgan de los tuliperos.

La escena bucólica del sur galante,
los ojos fuera de órbita y la boca torcida,
el aroma de las magnolias, dulce y fresco,
entonces, de repente el olor a carne quemada.

Aquí está el fruto para que los cuervos lo desgarren,
para que la lluvia lo recoja, para que el viento lo absorba,
para que el sol lo pudra, para que los árboles lo descarguen,
aquí está la extraña y amarga cosecha.

La letra se basa en el poema Fruto Amargo (Bitter fruit) de Abel Meeropol, maestro y poeta neoyorquino que lo publicó en 1937. Pero fue a partir de que Billie Holiday grabara en 1939 la canción con el título Fruto Extraño (Strange fruit) cuando se convirtió en un gran éxito popular, un emblema de la lucha contra la discriminación racial y contra el linchamiento de negros en el sur de los Estados Unidos. Hay que recordar que aún en la década de 1930-1939 se lincharon 119 negros en los estados del Sur.

Billie Holiday solía cerrar sus actuaciones con esta emocionante canción. Las luces apagadas, solo un foco iluminando su cara y sus muecas de horror y angustia. Cantaba con los dientes apretados, “como si destripara cada palabra que salía de su boca”, según testimonio de Hal Roach, batería de la banda. Al final de la estremecedora canción se apagaba el foco y en la sala solo quedaban la oscuridad y el nudo en la garganta de los espectadores. Dicen que la cantante se iba al camerino a llorar y vomitar, para desahogar la emoción contenida.

Strange fruit fue elegida como la canción más influyente del siglo veinte por la revista Time magazine en 1999 y ha sido interpretada por artistas como Nina Simone (1965), Diana Ross (1972), Cassandra Wilson (1995) y Annie Lennox (2014).

Los grandes árboles del Sur

Es difícil imaginar la crueldad del esclavismo y la discriminación racial en el sur de Estados Unidos hace 160 años. El director de cine británico (de origen afrocaribeño) Steve McQueen (nacido en 1969) nos traslada a esa época en su versión cinematográfica de la obra 12 Años de Esclavitud (Twelve Years a Slave) de Solomon Northup¹. En este libro de memorias Northup relata sus desventuras: cómo siendo un negro libre en el Norte dedicado a tocar al violín y a la carpintería, es engañado, secuestrado y llevado al Sur, donde pasa 12 años como esclavo en diferentes plantaciones.

Northup, quien debería conocer los diferentes tipos de madera por su oficio de carpintero, describe en su libro con admiración los bosques sureños (he añadido entre paréntesis los nombres científicos más probables de los árboles citados): “el laurel (Persea borbonia) y el plátano (Platanus occidentalis), el roble (Quercus virginiana) y el ciprés (Taxodium distichum) alcanzan un crecimiento sin igual en las tierras fértiles que bordean al Río Rojo. De cada árbol, además cuelgan grandes masas alargadas de musgo (Tillandsia usneoides) ofreciendo una apariencia llamativa y singular.”

Arbol_12_años_esclavitudUn gran árbol, posiblemente un roble de Virginia (Q. virginiana), que se erguía majestuoso en el centro de la plantación, es el personaje dominante de una de las escenas más impactantes de la película. Northup (magníficamente interpretado por Chiwetel Ejiofor), pasa varias horas inmóvil, de puntillas, bajo el roble centenario. No le queda más remedio, si quiere conservar su vida. Una soga al cuello atada a una rama del roble le cortaría la respiración, si se rindiera y dejara caer su cuerpo. La secuencia larga, de casi tres minutos (correspondería a casi todo un día en la realidad), crea un desasosiego en el espectador. Los habitantes de la plantación continúan con su vida habitual, los esclavos en sus trabajos cotidianos, los niños jugando. Mientras, el árbol, con sus enormes y poderosas ramas ocupa la escena; los flecos de “musgo español” (en realidad es una bromeliácea epifita, Tillandsia usneoides) que cubren las ramas se balancean con la brisa del Sur; en una de las ramas pende Northup, quieto, como un fruto extraño, amargo. Afortunadamente el dueño de la plantación llega a tiempo para cortar la cuerda y salvarle la vida.

En 2014 Steve McQueen fue el primer director negro que recibía un óscar a la mejor película. “La gente quiere mirar esta historia. Si no conocemos nuestro pasado nunca sabremos nuestro futuro” comentó McQueen en una entrevista.

Lynching_tree_McQueenDurante el rodaje de la película en Luisiana, McQueen (artista plástico con una dilatada trayectoria) sacó una fotografía de un árbol que había sido usado para linchar esclavos y cuyas tumbas estaban a su alrededor. Con ella preparó una instalación que tituló The Lynching Tree (una transparencia de 85,4 x 105 cm en una caja de luz) y que fue expuesta en 2013 en Basilea (Suiza). Una vista de un árbol en un entorno apacible, una escena paisajista nada particular. Pero cuando conocemos su historia y sabemos que el árbol fue testigo de crueles linchamientos y humillaciones de esclavos negros, la obra de arte cobra otro significado: indignación, rabia y vergüenza.

Los grandes árboles del sur de Estados Unidos – robles, magnolios, cipreses, plátanos y tuliperos – hace tiempo que recuperaron su inocente belleza, liberados por fin de aquellos frutos amargos y extraños.
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¹ S. Northup, 1853. Twelve years a slave. Narrative of Solomon Northup, a citizen of New-York, kidnapped in Washington city in 1841, and rescued in 1853, from a cotton plantation near the Red River in Louisiana. Derby & Miller, Auburn, New York.

 

Escrito por Teo, 22 enero 2015.

 

Enlaces
Poema del Fruto Amargo (Bitter Fruit) por Abel Meeropol, original en inglés

Página de Wikipedia dedicada a la canción Strange Fruit

Estadística sobre linchamientos (por años), Universidad de Missouri-Kansas City

Edición digitalizada del libro de Solomon Northup, original en inglés

Entrevista con Steve McQueen

Página web oficial de la película 12 años de esclavitud