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Poliedro de palisandro

El huanghuali (Dalbergia odorifera), también llamado palisandro amarillo o palo de rosa perfumado, es un árbol tropical de madera preciosa, dura y brillante, de color ámbar a marrón rojizo, suave al tacto y con un perfume agradable por su riqueza en aceites aromáticos que la protege de la humedad.

Pertenece al género Dalbergia, de la familia de las leguminosas, que tiene unas 160 especies y distribución pantropical; está extendido por América, África y Asia. Algunos árboles del género Dalbergia son muy apreciados por la calidad de su madera perfumada y se conocen con el nombre genérico «palo de rosa» (rosewood), aunque es un término que puede inducir a confusión porque también se le asigna a otras especies tropicales de árboles muy diferentes.

En particular, el huanghuali o palisandro amarillo es una especie rara, endémica del sureste de China. Según la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) está catalogada como «Vulnerable» y confinada a la isla de Hainan (sur de China) donde la especie solo se conoce en forma de rodales explotados para madera.

Esquema de hojas, flores y fruto de Dalbergia odorifera

Esquema de hojas, flores y fruto de «Dalbergia odorifera».

Históricamente la madera preciosa de huanghuali tenía un valor muy elevado en China y estaba reservada para la fabricación de mobiliario refinado destinado a la corte y las élites sociales. La piezas más valoradas por los coleccionistas y los museos son las que corresponden a la edad de oro de la ebanistería china durante la dinastía Ming (finales del siglo XVII y comienzos del XVIII). Los anticuarios reconocen la autenticidad de los muebles de huanghuali por el color amarillento que toma esa madera con el tiempo (de ahí su nombre; huang significa amarillo en chino).

El auge reciente de la economía china y el gran número de millonarios que buscan piezas raras y valiosas para mostrar su estatus social han disparado los precios de los muebles antiguos de huanghuali, que otrora eran privilegio de la corte imperial. Como ejemplo, en una subasta en 2011 un sillón de huanghuali de la dinastía Ming se vendió por 9,3 millones de dólares.

La producción actual de madera de huanghuali es muy pequeña y está protegida por el Estado. Se han realizado plantaciones para abastecer el mercado y conservar los escasos bosques naturales de esta especie. Pero su demanda sigue aumentando y en la isla de Hainan se está produciendo una ola de robos de madera de huanghuali; se destruyen casas tradicionales antiguas para sacar las vigas y hasta altares para los difuntos, buscando la codiciada madera.

El artista y coleccionista chino Ai Weiwei ha utilizado la madera de palisandro amarillo, tan apreciada, para construir esculturas poliédricas siguiendo la técnica tradicional de ensamblaje de las piezas, sin utilizar clavos, tornillos ni pegamento.

Madera de huanhuali en una escultura de Ai Weiwei.

Madera de huanghuali en una escultura de Ai Weiwei.

Durante este invierno (1 febrero a 23 junio 2013) el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo ha dedicado una muestra titulada Resistencia y Tradición a este artista que combina la tradición en el uso de los materiales y las técnicas artesanales, con el activismo político y la vanguardia conceptual.

Como parte de la muestra se ha expuesto una escultura de madera que tiene forma de icosaedro truncado, con 12 caras pentagonales y 20 caras hexagonales. El artista confiesa que se inspiró en la forma de una bola de juguete que compró para su gato. Al darle tamaño de escala humana (tiene 1,69 metros de alto) y utilizar la noble madera del palisandro amarillo ha «ennoblecido» el poliedro de juguete como «obra de arte».

Como un paso más, la ha conceptualizado enlazándola con la más venerable tradición artística y cultural occidental. La ha bautizado Divine Proportion haciendo referencia al libro del matemático italiano Luca Pacioli titulado De Divina Proportione (1509) que fue ilustrado por Leonardo da Vinci con varios poliedros. Uno de ellos precisamente era el icosaedro truncado que Ai Weiwei copió del juguete de su gato; al ver por casualidad la lámina de Leonardo en un libro de arte no tuvo duda en darle el guiño «divino» a su obra.

Dibujo de Leonardo da Vinci para la obra de Pacioli "De Divina Proportione".

Dibujo de Leonardo da Vinci para «De Divina Proportione» de Pacioli.

¿Por qué divina? Pacioli era franciscano, matemático y místico. En su obra defiende que la proporción matemática es principio universal y objetivo de la belleza, y que debe ser punto de referencia del arte y la arquitectura. Estudia en particular la proporción áurea de los clásicos griegos (la división de un segmento en dos partes tales que el todo sea a la mayor como la mayor es a la menor) que denomina «proporción divina» por su semejanza con las propiedades de la Divinidad. En uno de los capítulos del libro aplica esta proporción a la construcción de poliedros regulares y sus derivados, como el icosaedro truncado, que tan magistralmente fueron dibujados por Leonardo, inventando de paso el método de mostrar su configuración espacial.

La Divine Proportion de Ai Weiwei ha estado expuesta y «venerada» en la capilla del Pabellón Real de la Cartuja durante cinco meses.

"Divine Proportion" de Ai Weiwei. Fotografía: Guillermo Mendo.

«Divine Proportion» de Ai Weiwei. Fotografía: Guillermo Mendo.

El pasado domingo fui a despedirme del bello e invisible palisandro de Hainan, que vino hasta Sevilla trasmutado en «Divina Proporción» por obra del ingenioso y transgresor Ai Weiwei.

Escrito por Teo, jueves 27 junio 2013.

Estatus de conservación de Dalbergia odorifera según IUCN
Noticias sobre los precios astronómicos de la madera de huanhuali en China
Muestra de Ai Weiwei en el CAAC
Sobre Luca Pacioli y la Divina Proporción

Madera de lápiz

A diario tocamos maderas y, por el tacto, nos comunicamos con piezas que un día fueron parte de un árbol vivo integrante de un bosque.

Lápiz color maderaNo hay un objeto cotidiano más común, simple, cercano y universal que un lápiz. Un invento sencillo, hecho de la unión íntima de grafito y madera, pero profundo, dado su importante papel en la historia de la humanidad. Fácil de usar, barato y seguro, el lápiz es un instrumento esencial en la alfabetización, la educación y la creación artística y técnica. En la era digital sigue siendo útil y eficaz, coexistiendo, sin peligro de desaparecer, con ordenadores, tabletas y otras herramientas modernas.

El lápiz forma parte de nuestra vida. Usar un lápiz es una experiencia compleja. Engloba la percepción del trazo sobre la superficie del papel, la sensación de tocar y manejar entre los dedos de la mano la pequeña barra de madera con punta mineral y la conexión mental y emocional que emprendemos al escribir o dibujar.

Me inicié en el manejo del lápiz, como es habitual en nuestro mundo desarrollado, en mis comienzos escolares. Recuerdo el intenso olor a lápiz de mi primer aula cuando tenía cuatro años. Ese inconfundible y nostálgico olor a escuela que tenemos grabado en la memoria olfativa. Desde aquella temprana iniciación a la caligrafía nunca he dejado de usarlo. El carácter borrable del trazo del grafito es una de las cosas que más me gusta, saber que lo que escriba no es definitivo, que puedo ser libre de expresar cuanto se me ocurra pues siempre puedo hacerlo desaparecer. Mi forma de pensar es una personalidad de lápiz, tengo madera de lápiz, todos mis trabajos y planes comienzan con un bosquejo a lápiz. Cuando leo libros, subrayo y escribo notas en los márgenes a lápiz. Y escribo mis listas –me encanta hacer listas- de la compra, de tareas, de planes… a lápiz. Prefiero las minas blandas y oscuras, que se deslicen sin tener que forzar yo el trazo, que no marquen el papel por detrás, pero que se lean con nitidez; es un tipo de trazo que va con mi carácter ligero y dudoso. Me incomodan las puntas romas, por eso en mi lapicero siempre están todos mis lápices afilados, dispuestos a escribir en seguida la palabra que irrumpe en mi mente, impaciente por ser escrita.Lápices afilados Me gusta también oír el deslizamiento del grafito sobre el papel, su sonido áspero mineral, primario. Hasta mi caligrafía es mejor a lápiz. Y también disfruto de tenerlo entre mis dedos, de la ligereza y poco peso de la madera, de cómo se acopla a mi mano, y del contacto con mi piel. Siempre me acompaña uno en mi bolso, listo para subrayar o anotar. No sé cuántos habré utilizado en mi vida. He leído que con un solo lápiz se pueden escribir hasta ¡45.000 palabras!, me da vértigo pensar en cuántas palabras habré escrito con todos los que he usado en mi vida.

A pesar de lo mucho que usamos el lápiz, es sorprendente lo poco que sabemos de este gran invento que contiene madera de árbol. Alrededor del lápiz hay muchas historias jugosas que pueden interesarnos a sus admiradores. Pero esas historias las cuentan muy bien en blogs y libros especializados en lápices, que narran detalles de cómo se fabrican, de los fabricantes y sus producciones, de las marcas y modelos más selectos, o de escritores y artistas que crean con lápiz. Yo quisiera reparar aquí en los árboles de los que están hechos los lápices, aspecto del que no suelen informar los fabricantes.

Para fabricar lápices de madera se usan diferentes tipos de árboles con calidades de madera diferentes. Se suelen emplear pinos, enebros, tilos y otros. Pero de todas las especies de árboles para lápices, el Cedro de incienso (Calocedrus decurrens) es la más valorada desde hace tiempo;  su madera reúne cualidades excepcionales para hacer excelentes lápices y probablemente sea la responsable de ese nostálgico olor a escuela que antes mencioné.

Calocedro en la Universidad de Sevilla.

Calocedro en la Universidad de Sevilla.

El Cedro de incienso se conoce también como Calocedro, Libocedro y Cedro de California, región de EEUU de donde es nativo. Su nombre, Calocedro, significa en griego “cedro hermoso”, aunque en realidad no es un cedro (género Cedrus de la familia Pináceas) sino una Cupresácea, muy cercana y semejante a las tuyas (Thuja). Pero sí es hermoso, un gran árbol de porte cónico, que llega a alcanzar buena altura, con ramaje denso y hojas en racimos aplanados que recuerdan a las de las tuyas. La corteza se abre en escamas grandes y puede quemarse como incienso, de ahí su nombre. La madera posee un olor resinoso intenso y peculiar y es muy apreciada por escultores y por los fabricantes de lápices.

Calocedro tronco

La vocación de lápiz del Calocedro se entiende por las excelentes propiedades de su madera: se deja trabajar de forma muy precisa a máquina; la superficie queda muy suave y sin canales de resina, idóneo para que los lápices puedan ser pintados, grabados y lacados sin problemas; permite un afinamiento óptimo de la punta; resiste temperaturas y humedades sin torcerse, combarse, resquebrajarse o encogerse; tiene una buena durabilidad natural lo que equivale a un rendimiento superior; y el añadido de un excelente e intenso olor. Por todo esto el Cedro de incienso es el árbol símbolo del “buen lápiz”.

Para llegar a ser lápiz, un árbol tiene que ser cortado. ¿Cuántos árboles será necesario cortar para satisfacer la demanda de lápices en todo el mundo? He averiguado que un árbol de Cedro de incienso medio produce alrededor de 172.000 lápices y que cada año se cortan 11600 Calocedros para fabricar 2.000 millones de lápices en EEUU. Solo Faber-Castell (marca alemana) fabrica 1.800 millones de unidades al año, según declara en su publicidad. Dejando al lado los números, habría que preguntarse también en qué condiciones se talan esos árboles. Según el blog Timberlines, la mitad de los lápices del mundo se fabrican en China, también son importantes países productores de lápices Brasil, Indonesia, Tailandia e India. También sucede en muchas compañías que, por razones económicas, las materias primas, madera, grafito y cola, provienen de unos países y la fabricación final de los lápices se realiza en otro. No todos los fabricantes cuentan cómo fabrican sus lápices ni cómo tratan a los árboles y al entorno. Hay empresas que talan árboles de crecimiento lento y destruyen bosques viejos, que realizan plantaciones de monocultivos o contaminan las aguas y el aire en el proceso de fabricación. Entre los fabricantes tradicionales, está imponiéndose la tendencia del manejo sostenible de los bosques, acreditados con certificados, y etiquetados como «ecolápices»; también se impone la tendencia a usar otros materiales como los reciclados para evitar la tala de árboles. EcolapicesMe digo y sugiero ser consciente de estas circunstancias a la hora de comprar nuestros lápices, tratar de ser compradores de lápices selectivos y responsables. Y, como usuarios de lápices de madera, usar cada lápiz hasta el final, utilizando un alargador para apurar los gastados de muy pequeño tamaño, difíciles de manejar. Y valorar el lápiz; ver el árbol invisible que fue cortado para ser el lápiz que está en nuestra mano; recordar las caras de ilusión y esperanza de los niños a los que se les regala un lápiz en países desfavorecidos y pensar en cómo lo van a aprovechar.

2. Castell 9000 PencilTomo mi Castell 9000, 3B, del lapicero. Lo huelo, lo palpo y acaricio, y finalmente lo coloco en posición entre mis dedos, consciente de todas las vivencias del árbol encerradas en su madera, vivencias de bosque, de aves e insectos, de vientos, nubes, de estrellas… Escribo, garabateo, me dejo llevar por su poder concentrado… ¿Habrá algún tipo de transferencia madera-piel humana de la que no tengamos consciencia alguna? ¿Entenderán las células de mi mano la información guardada en las células muertas y manipuladas de la madera del Cedro de incienso? ¿Me transfirieron así los lápices mi pasión por los árboles? ¿Me habrán pedido de alguna manera que escriba esta entrada?

Escrito por Rosa, jueves 6 de junio de 2013.

Blog Timberlines sobre el lápiz

Informe impacto ambiental del lápiz

Video de 2011 de General Pencil del proceso de fabricación de lápices 

Video de 2013 de Faber Castell del proceso de fabricación de su producto «ecolápices».