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Buena Sombra

Cuando el sol aprieta buscamos una sombra. Los seres humanos dejamos de vivir a la intemperie hace miles de años y desde entonces hemos construido habitáculos y artefactos que nos aíslan cada vez más eficazmente del calor, del frío, de la lluvia y del viento. Sin embargo, los árboles siguen proporcionándonos la mejor de las sombras.

Sombra de Ficus

La sombra de los árboles es un regalo. Los árboles disponen de hojas para captar la energía de la luz solar y producir azúcar mediante la fotosíntesis. Por ellas también transpiran para bombear el agua desde las raíces hasta las hojas y generan en torno a sí un ambiente fresco y húmedo. Al obstaculizar la luz del sol, la composición de ramas y hojas opacas crean bajo ella un espacio de oscuridad y frescor, que beneficia a otros seres vivos. Los árboles, por tanto, crean sombra y con ello realizan un servicio para la comunidad de seres vivos y para nosotros, seres vivos humanos.

A la sombra de un buen árbol aliviamos las sensaciones de calor y nos protegemos de los rayos solares, especialmente quienes vivimos en los climas con veranos muy calurosos. La frescura vegetal consuela el agobio y eleva el ánimo. Y si el árbol está en un ambiente de silencio de una plaza, un jardín, un huerto o un campo puede que el beneficio sea mayor. Tal vez algún pájaro trine en una rama, o la brisa tintinee las hojas, o el silencio reposado nos empape y penetre, y sin darnos cuenta posemos la mirada en una rama, en la tupida malla de hojas, en la corteza firme, quizás se nos escape algún suspiro o nos entren ganas de respirar profundamente, y llegue un momento en que nos sintamos relajados, en calma, y volvamos a mirar al árbol. Tal vez entonces nos lleguen pensamientos sobre su larga vida estable, o su pertinaz acoplamiento a los rigores de las estaciones y a los ritmos de la naturaleza. Puede que entonces sintamos que algo nos va poseyendo… o que el árbol nos está hablando desde su savia profunda y nos anima a reflejarnos en él, a recordar nuestras raíces antiguas, nuestra ancestral vida al aire libre, nuestro ser profundo elemental, nuestra conexión primigenia con los elementos naturales. Posiblemente nos encontremos felices de estar ahí, en contacto con un ser magnánimo que representa toda la naturaleza. Y al cabo resulte que el árbol nos haya dado mucho más que sombra: una experiencia profunda de su ser arbóreo y de nosotros.

Apreciamos la sombra de los árboles, por eso cultivamos especies que dan buena sombra. Este tipo de “árboles de sombra” se escogen para ornamentar calles, jardines, parques y patios. Son normalmente árboles grandes, con copas voluminosas y de hoja caduca para que dejen entrar los rayos de sol en el invierno. En los lugares de clima cálido los árboles de sombra son muy importantes en el diseño vegetal urbano. La lista de especies que se utilizan es amplia. En el sur de España, desde donde escribo, algunos de los árboles urbanos que más se plantan por la calidad de su sombra son: los olmos de denso y oscuro follaje; los estilizados fresnos; los amplios castaños de India; los altos almeces de lisa corteza gris; los apretados y pequeños aligustres, los naranjos amargos de porte pequeño pero copa densa; los majestuosos plátanos de sombra; los espléndidos ficus, tanto los de hoja pequeña como los de hoja grande; las falsas acacias aromáticas; y los pinos piñoneros con forma de parasol*.

La sombra de un solo árbol frondoso depara bienestar, placer y una experiencia profunda del árbol. Una arboleda proporciona frescor incomparable e inspira otras experiencias. Bosques, parques y paseos con árboles de sombra desarrollados que entrelazan sus copas y crean una umbría extensa son paraísos de frescura que animan a sumergirse en la lectura o en el descanso, a la charla íntima, al juego, al paseo, al ejercicio. Las recónditas alisedas de ribera, los paseos de plátanos de sombra o un bosquete de pinos junto al mar son espacios de sombra donde encontrar felicidad en plena canícula.

Pinar

Algunas culturas como la anglosajona distinguen entre el espacio de oscuridad bajo la copa del árbol donde la luz es obstaculizada (shade) y la silueta oscura del árbol proyectada en el suelo, cuya forma varía a lo largo del día (shadow); en castellano, denominamos “sombra” a ambas acepciones. La luz y la sombra son esenciales en la evolución del paisaje vegetal, en el equilibrio entre las distintas especies de plantas y entre los diferentes árboles de un bosque. Luz y sombra son fenómenos naturales que afectan al planeta Tierra y por ello son también esenciales para nosotros; vivimos sometidos a los ciclos de día y noche, aunque técnicamente muchos humanos, pero no todos, disponemos de luz artificial durante el periodo de oscuridad. La oposición de la luz y la sombra está asimismo en la raíz de la cultura; en su sentido material, es la base de las artes visuales como el dibujo, la pintura y el cine; en su sentido metafórico, como símbolo, representación o arquetipo, es parte de gran trascendencia del acervo intelectual, religioso, espiritual y psicológico.

Volviendo a la buena sombra que nos regala un árbol, termino esta entrada con un pequeño relato sobre una sombra maravillosa. Se trata de una leyenda sobre la vida de Gurú Nanak (1469-1539), el fundador de la religión india sijismo. Este maestro espiritual respondió a los conflictos entre hindúes y musulmanes con la fundación de una nueva religión que proclamaba la igualdad entre todas las personas sin distinción de religión, raza, género, casta, edad o estatus El relato, procedente de su hagiografía, cuenta un episodio de la vida de Nanak en su juventud.

Un día el padre de Nanak, Kalu, le envió al campo a cuidar los rebaños de búfalos y vacas del alba al atardecer. Ese día, Rai Bular, el jefe del pueblo de Nanak, salió a lomos de su caballo a inspeccionar los campos del pueblo, y cuando pasó por el prado donde pastaba el rebaño de Kalu, vio al joven Nanak descansando bajo la sombra de un árbol de Jal** en pose meditativa.

A la vuelta de su inspección al final del día, cuando Rai Bular pasó de nuevo por los pastos de Kalu, advirtió algo raro en las sombras de la tarde proyectadas por los árboles. Intrigado, se acercó a caballo y comprobó que allí estaba sucediendo un hecho bien extraño. La sombra de un árbol había permanecido en el mismo punto desde la mañana. No se había movido con el sol, como las sombras de los árboles de alrededor.

Desconcertado, el Rai se acercó más para examinar el árbol. Miró hacia el sol y después hacia la tierra. Y entonces vio que bajo el árbol estaba Nanak Dev en postura meditativa, donde lo había visto por la mañana. La sombra del árbol se había detenido para proteger a Nanak del sol abrasador mientras contemplaba a Dios, cubriéndole con su sombra refrescante durante las horas más calurosas del día. En ese momento Rai Bular tomó consciencia de que estaba presenciando un milagro y de que Nanak Dev no era una persona ordinaria.

Nanak_RC

La leyenda del Guru Nanak me resulta cautivadora porque al mismo tiempo que ensalza la figura de Nanak, como corresponde a una hagiografía, hace brillar con luz propia la sombra de los árboles.

Quien tiene la suerte de tener cerca un árbol y pasar tiempo a su sombra seguro que puede añadir mil y una percepciones de su árbol. Y estará de acuerdo conmigo en que en verano, cuando el calor aprieta, lo mejor es buscar la refrescante sombra de un árbol, la buena sombra.

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*Lista de árboles de sombra citados
Fresno común (Fraxinus excelsior)
Olmo común (Ulmus minor)
Castaño de India (Aesculus hippocastanum)
Almez (Celtis australis)
Aligustre (Ligustrum lucidum)
Naranjo amargo (Citrus aurantium)
Plátano de sombra (Platanus x hispanica)
Ficus de hoja pequeña (Ficus retusa); Ficus de hoja grande (Ficus macrophylla)
Falsa acacia: (Robinia pseudoacacia)
Pino piñonero (Pinus pinea)

** Árbol de Jal (Salvadora oleiodes)

Escrito por Rosa Cintas, jueves 8 de agosto de 2013.

Leyenda de Nanak y la sombra del árbol

Lista de árboles de sombra comunes en España

 

Madera de lápiz

A diario tocamos maderas y, por el tacto, nos comunicamos con piezas que un día fueron parte de un árbol vivo integrante de un bosque.

Lápiz color maderaNo hay un objeto cotidiano más común, simple, cercano y universal que un lápiz. Un invento sencillo, hecho de la unión íntima de grafito y madera, pero profundo, dado su importante papel en la historia de la humanidad. Fácil de usar, barato y seguro, el lápiz es un instrumento esencial en la alfabetización, la educación y la creación artística y técnica. En la era digital sigue siendo útil y eficaz, coexistiendo, sin peligro de desaparecer, con ordenadores, tabletas y otras herramientas modernas.

El lápiz forma parte de nuestra vida. Usar un lápiz es una experiencia compleja. Engloba la percepción del trazo sobre la superficie del papel, la sensación de tocar y manejar entre los dedos de la mano la pequeña barra de madera con punta mineral y la conexión mental y emocional que emprendemos al escribir o dibujar.

Me inicié en el manejo del lápiz, como es habitual en nuestro mundo desarrollado, en mis comienzos escolares. Recuerdo el intenso olor a lápiz de mi primer aula cuando tenía cuatro años. Ese inconfundible y nostálgico olor a escuela que tenemos grabado en la memoria olfativa. Desde aquella temprana iniciación a la caligrafía nunca he dejado de usarlo. El carácter borrable del trazo del grafito es una de las cosas que más me gusta, saber que lo que escriba no es definitivo, que puedo ser libre de expresar cuanto se me ocurra pues siempre puedo hacerlo desaparecer. Mi forma de pensar es una personalidad de lápiz, tengo madera de lápiz, todos mis trabajos y planes comienzan con un bosquejo a lápiz. Cuando leo libros, subrayo y escribo notas en los márgenes a lápiz. Y escribo mis listas –me encanta hacer listas- de la compra, de tareas, de planes… a lápiz. Prefiero las minas blandas y oscuras, que se deslicen sin tener que forzar yo el trazo, que no marquen el papel por detrás, pero que se lean con nitidez; es un tipo de trazo que va con mi carácter ligero y dudoso. Me incomodan las puntas romas, por eso en mi lapicero siempre están todos mis lápices afilados, dispuestos a escribir en seguida la palabra que irrumpe en mi mente, impaciente por ser escrita.Lápices afilados Me gusta también oír el deslizamiento del grafito sobre el papel, su sonido áspero mineral, primario. Hasta mi caligrafía es mejor a lápiz. Y también disfruto de tenerlo entre mis dedos, de la ligereza y poco peso de la madera, de cómo se acopla a mi mano, y del contacto con mi piel. Siempre me acompaña uno en mi bolso, listo para subrayar o anotar. No sé cuántos habré utilizado en mi vida. He leído que con un solo lápiz se pueden escribir hasta ¡45.000 palabras!, me da vértigo pensar en cuántas palabras habré escrito con todos los que he usado en mi vida.

A pesar de lo mucho que usamos el lápiz, es sorprendente lo poco que sabemos de este gran invento que contiene madera de árbol. Alrededor del lápiz hay muchas historias jugosas que pueden interesarnos a sus admiradores. Pero esas historias las cuentan muy bien en blogs y libros especializados en lápices, que narran detalles de cómo se fabrican, de los fabricantes y sus producciones, de las marcas y modelos más selectos, o de escritores y artistas que crean con lápiz. Yo quisiera reparar aquí en los árboles de los que están hechos los lápices, aspecto del que no suelen informar los fabricantes.

Para fabricar lápices de madera se usan diferentes tipos de árboles con calidades de madera diferentes. Se suelen emplear pinos, enebros, tilos y otros. Pero de todas las especies de árboles para lápices, el Cedro de incienso (Calocedrus decurrens) es la más valorada desde hace tiempo;  su madera reúne cualidades excepcionales para hacer excelentes lápices y probablemente sea la responsable de ese nostálgico olor a escuela que antes mencioné.

Calocedro en la Universidad de Sevilla.

Calocedro en la Universidad de Sevilla.

El Cedro de incienso se conoce también como Calocedro, Libocedro y Cedro de California, región de EEUU de donde es nativo. Su nombre, Calocedro, significa en griego “cedro hermoso”, aunque en realidad no es un cedro (género Cedrus de la familia Pináceas) sino una Cupresácea, muy cercana y semejante a las tuyas (Thuja). Pero sí es hermoso, un gran árbol de porte cónico, que llega a alcanzar buena altura, con ramaje denso y hojas en racimos aplanados que recuerdan a las de las tuyas. La corteza se abre en escamas grandes y puede quemarse como incienso, de ahí su nombre. La madera posee un olor resinoso intenso y peculiar y es muy apreciada por escultores y por los fabricantes de lápices.

Calocedro tronco

La vocación de lápiz del Calocedro se entiende por las excelentes propiedades de su madera: se deja trabajar de forma muy precisa a máquina; la superficie queda muy suave y sin canales de resina, idóneo para que los lápices puedan ser pintados, grabados y lacados sin problemas; permite un afinamiento óptimo de la punta; resiste temperaturas y humedades sin torcerse, combarse, resquebrajarse o encogerse; tiene una buena durabilidad natural lo que equivale a un rendimiento superior; y el añadido de un excelente e intenso olor. Por todo esto el Cedro de incienso es el árbol símbolo del “buen lápiz”.

Para llegar a ser lápiz, un árbol tiene que ser cortado. ¿Cuántos árboles será necesario cortar para satisfacer la demanda de lápices en todo el mundo? He averiguado que un árbol de Cedro de incienso medio produce alrededor de 172.000 lápices y que cada año se cortan 11600 Calocedros para fabricar 2.000 millones de lápices en EEUU. Solo Faber-Castell (marca alemana) fabrica 1.800 millones de unidades al año, según declara en su publicidad. Dejando al lado los números, habría que preguntarse también en qué condiciones se talan esos árboles. Según el blog Timberlines, la mitad de los lápices del mundo se fabrican en China, también son importantes países productores de lápices Brasil, Indonesia, Tailandia e India. También sucede en muchas compañías que, por razones económicas, las materias primas, madera, grafito y cola, provienen de unos países y la fabricación final de los lápices se realiza en otro. No todos los fabricantes cuentan cómo fabrican sus lápices ni cómo tratan a los árboles y al entorno. Hay empresas que talan árboles de crecimiento lento y destruyen bosques viejos, que realizan plantaciones de monocultivos o contaminan las aguas y el aire en el proceso de fabricación. Entre los fabricantes tradicionales, está imponiéndose la tendencia del manejo sostenible de los bosques, acreditados con certificados, y etiquetados como «ecolápices»; también se impone la tendencia a usar otros materiales como los reciclados para evitar la tala de árboles. EcolapicesMe digo y sugiero ser consciente de estas circunstancias a la hora de comprar nuestros lápices, tratar de ser compradores de lápices selectivos y responsables. Y, como usuarios de lápices de madera, usar cada lápiz hasta el final, utilizando un alargador para apurar los gastados de muy pequeño tamaño, difíciles de manejar. Y valorar el lápiz; ver el árbol invisible que fue cortado para ser el lápiz que está en nuestra mano; recordar las caras de ilusión y esperanza de los niños a los que se les regala un lápiz en países desfavorecidos y pensar en cómo lo van a aprovechar.

2. Castell 9000 PencilTomo mi Castell 9000, 3B, del lapicero. Lo huelo, lo palpo y acaricio, y finalmente lo coloco en posición entre mis dedos, consciente de todas las vivencias del árbol encerradas en su madera, vivencias de bosque, de aves e insectos, de vientos, nubes, de estrellas… Escribo, garabateo, me dejo llevar por su poder concentrado… ¿Habrá algún tipo de transferencia madera-piel humana de la que no tengamos consciencia alguna? ¿Entenderán las células de mi mano la información guardada en las células muertas y manipuladas de la madera del Cedro de incienso? ¿Me transfirieron así los lápices mi pasión por los árboles? ¿Me habrán pedido de alguna manera que escriba esta entrada?

Escrito por Rosa, jueves 6 de junio de 2013.

Blog Timberlines sobre el lápiz

Informe impacto ambiental del lápiz

Video de 2011 de General Pencil del proceso de fabricación de lápices 

Video de 2013 de Faber Castell del proceso de fabricación de su producto «ecolápices».

 

La Ciudad Perfumada

Todos los días tenemos la oportunidad de presenciar fenómenos fascinantes pero nuestro ritmo acelerado de vida los mantiene fuera del foco de atención. Un atardecer majestuoso, unas nubes espectaculares o un abrazo inmenso pueden ser motivo de admiración.  Y admirar lo extraordinario que surge de lo cotidiano siempre gratifica y enriquece, porque nos sitúa en el momento presente y nos conecta a lo que nos rodea.

Tengo la suerte de vivir en una ciudad que cada primavera brinda una experiencia olfativa soberbia proporcionada por árboles: la floración perfumada del naranjo amargo (Citrus aurantium). El acontecimiento sensorial reside en la emanación masiva del aroma de azahar por los 48.000 naranjos que florecen a la vez en patios, calles, plazas y jardines de Sevilla. La nube aromática, invisible pero intensamente odorable, impregna el aire por unos días y constituye uno de esos hechos extraordinarios en los que merece la pena detener nuestro ajetreo, para dedicarle un tiempo a admirarlo y disfrutarlo en toda su plenitud.

La floración masiva de árboles es un fenómeno natural muy apreciado por su vistosidad. Los cerezos en flor son objeto de contemplación muy antigua en Japón y más reciente en el Valle del Jerte español.  A la gracia y belleza de sus flores blancas, el naranjo amargo une el intenso y agradable aroma. Por ser un árbol de fácil aclimatación y cultivo ha sido plantado con éxito en diversas regiones del mundo a partir de su lugar de origen en el Sur de Asia. Hay muchas ciudades en España y en todo el orbe que probablemente comparten este espectáculo olfativo del naranjo en flor; sin embargo, Sevilla parece ser la ciudad que acoge más árboles de este tipo. El trazado estrecho de las calles antiguas y la abundancia de plazoletas con poco espacio vital para árboles grandes hacen del naranjo un árbol idóneo por su porte mediano. Además suma el atractivo de las flores, hojas y frutos y la calidad de la mermelada que se obtiene de las naranjas, por lo que el naranjo amargo ha resultado ser el árbol ideal para Sevilla y de hecho es, hoy en día, el árbol más representativo de la ciudad.  Tal es así que da nombre a la variedad “Sevilla” de naranja.

AzaharLa flor del naranjo amargo, que protagoniza esta entrada, inicia su vida como capullo blanco y en unos veinte días abre los pétalos y muestra su característica y hermosa corola estrellada. En ese instante comienza a aromar el aire y toda la urbe se impregna de su fragancia. Las sustancias volátiles desprendidas de miles de flores se difunden por las calles y plazas y el aire se vuelve azahar.

Oler es un proceso involuntario. Las sensaciones olfativas van desde la nariz al cerebro por una vía corta y rápida, y llegan al centro de las emociones y de la memoria. Por eso, los olores nos evocan recuerdos de personas, momentos y lugares, también sensaciones de vivencias pasadas y estados de ánimo. Entran directo al alma.

Sentir el aroma del azahar es respirar su belleza. Ajeno a la voluntad, penetra y conmueve. Nos lleva durante unos instantes al territorio del éxtasis, de lo inenarrable. Juan Ramón Jiménez, en Platero y yo, lo expresa con su prosa poética: “De vez en cuando, miraba con infinita nostalgia, por una lona rota que, trémula en el aire, me parecía la vela de un bote de la Ribera, un naranjo sano que el sol puro de fuera aromaba el aire con su carga blanca de azahar… ¡Qué bien -perfumaba mi alma- ser naranjo en flor, ser viento puro, ser sol alto!”.

La irrupción del azahar en la ciudad sucede entre marzo y abril y es silenciosa. Suele coincidir con las Fiestas Primaverales de Sevilla, principalmente con la Semana Santa, en la que sevillanos y turistas inundan las calles del centro histórico con la bulliciosa algarabía de voces y los continuos acordes de bandas procesionales de música. Pero los miles de naranjos humean su esencia volátil en silencio.  En el libro Viaje al Silencio, Sara Maitland escribe: “En nuestra cultura obsesionada por el ruido, es muy fácil olvidar que muchas de las principales fuerzas físicas de las que dependemos son silenciosas: la gravedad, la electricidad, la luz, las mareas, el movimiento invisible e inaudible del cosmos. (…). El crecimiento orgánico también es silencioso. Las células se dividen, la savia fluye, las bacterias se multiplican, la energía recorre la tierra, y todo sin un murmullo. «La fuerza que con su mecha verde impulsa a la flor»(*) es una fuerza silenciosa”.

Agua-Azahar-La-Giralda

El naranjo amargo no produce naranjas sabrosas pero sí las flores más grandes y blancas y de aroma más intenso que ningún otro cítrico. Son las preferidas para obtener las esencias y fabricar el Agua de Azahar, que se ha usado como remedio medicinal desde hace cientos de años para calmar nervios y mejorar cólicos y desmayos, además de para componer perfumes y aromar dulces. El árbol del naranjo, a diferencia de los grandes árboles, no es elogiable por la magnitud de su porte sino por un ramillete de cualidades, la más etérea su fragancia, y muestra con ello una “fuerza verde” admirable que debemos agradecerle.

Los azahares aroman cada primavera siguiendo el ciclo natural del naranjo; algo repetido y previsible. Pero no hay que descuidarse y perder la magia de ese momento por lo ocupado de nuestra agenda cotidiana. Algo me dice que conviene detenerse y dedicarle un tiempo de silencio a recibir al azahar, inhalarlo con plena consciencia y dejar que nos perfume el alma.

Escrito por Rosa, jueves 9 de mayo 2013

(*) Verso de Dylan Thomas (18 Poemas, 1934).

Alcornoque de los Deseos

Paseaba por un sendero de la sierra de Aracena cuando me llamó la atención un alcornoque (Quercus suber) del que colgaban una especie de collares con cuentas brillantes de colores.

Alcornoque collares_1Al acercarme, pude leer en un cartel que se trataba de una instalación artística del Colectivo Vendaval, formado por los artistas gaditanos Rocío Arévalo y Pablo Alonso de la Sierra. La obra fue montada en 2010 y está compuesta por piezas modulares de cerámica esmaltada unidas con cables y cuerdas. Según explicaba Pablo Alonso: «cada una de ellas podría equipararse a un individuo y la suma de módulos, unidos con un cable de acero, sería el entramado social».

Entre las piezas de cerámica, al cambiar mi perspectiva visual, podía divisar Almonaster la Real, un hermoso pueblo serrano con un valioso patrimonio arquitectónico cuidado con mimo por sus casi 2.000 vecinos. En la parte más alta destacaba el castillo y la mezquita del siglo IX-X. ¿Será el entramado social de este pueblo el que han querido reflejar los artistas?

Alcornoque collares_pueblo

¿Y el árbol?, ¿es un mero soporte de la instalación?

Alcornoque collares_detalleSigo leyendo en el cartel explicativo: «La obra forma parte del paisaje y es filtrada e interpretada por el ojo del espectador-transeúnte creando tantas lecturas como espectadores la vean.» Bien, me alegra que la obra permita una lectura abierta. Sin restar importancia al referente social propuesto por los artistas, mi lectura personal otorga rango de individualidad superior al árbol-instalación y pone a su servicio a los menores individuos-módulos de cerámica.

La imagen del alcornoque adornado me recuerda a los árboles votivos de la Capadocia, de los que cuelgan cuentas de vidrio azul que espantan el mal de ojo. También a los árboles del deseo (Wishing Trees, en inglés) donde los japoneses cuelgan tarjetas con sus deseos al comienzo del año, esperando que al llegar la floración se vuelvan realidad. Según la tradición japonesa, en ciertos árboles residen espíritus a los que se pueden pedir deseos colgando algún objeto de sus ramas o simplemente tocándolos.

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Wishing Tree en Birmingham por Fay De Winter.

En el jardín de la Catedral de Birmingham, los estudiantes de la Universidad para las Artes Creativas (UCA, al SE de Londres) bajo la dirección de la artista-ceramista Fay De Winter montaron una instalación de Wishing Tree y colgaron un centenar de hojas de cerámica. Durante la semana del Festival de la Creatividad (6-10 agosto 2012) el público tuvo la oportunidad de escribir en las hojas de cerámica sus deseos, esperanzas y sueños. Se podían leer deseos como «ojalá pudiera volar» (I wish I could fly en inglés), “deseo ser un artista” (I wish to be an artist) o “deseo viajar alrededor del mundo” (I wish to travel around the world).

La instalación del «Alcornoque de los Deseos», o más bien X units transforming the space según el título dado a la obra por su creadores, se encuentra en la Ruta del Arte, un sendero de unos 2 km en la periferia de Almonaster la Real, Huelva. En esta ruta se encuentran diversas instalaciones que se han ido realizando durante los encuentros de verano de los últimos años. El propósito de los organizadores es que «las obras interactúen con el paisaje y su identidad, así como con el público creando complicidades visuales y relaciones conceptuales».

Cuando visites la Ruta del Arte y pases por la instalación X units transforming the space, por si acaso, acércate al árbol, un hermoso alcornoque, toca su tronco y pide un deseo.

Escrito por Teo, jueves 4 abril 2013

Ruta del Arte en Almonaster la Real, Huelva

Colectivo Vendaval

Festival de la Creatividad, Birmingham Agosto 2012

Página web de Fay De Winter

La palmera y la sabia santa

Muchas iglesias cuentan con árboles plantados en sus inmediaciones, bien en la entrada, bien en los jardines adyacentes o en sus patios interiores. Esta relación de los lugares de culto con los árboles es muy antigua y se basa en que, por su forma y estructura, los árboles han sido valorados como símbolo de espiritualidad desde el comienzo de los tiempos. La verticalidad y el crecimiento en permanente ascensión hacia el cielo han inspirado en los feligreses de diferentes creencias ideales de rectitud y de elevación espiritual. En los tiempos actuales, sin embargo, la unión árbol-templo y su edificante simbología suele ser ignorada.

En mi ciudad, en una ruidosa calle del centro, dentro de un pequeño recinto vallado junto a una iglesia, se eleva una palmera. Se trata de una palmera datilera (Phoenix dactylifera) de considerable altura, pues está a punto de superar el campanario de la iglesia, y de bastante edad, aunque no puedo asegurar si pasa o no de los cien años. Es la especie de palmera que produce los dátiles y que se cultiva en los oasis norteafricanos desde Egipto a Marruecos.

Palmera datilera y la iglesia de Santa Catalina de Sevilla

Palmera datilera y la iglesia de Santa Catalina de Sevilla.

La palmera a la que me refiero tiende a pasar desapercibida por su peculiar anatomía de tronco recto sin ramas, hojas ni flores a la altura de la vista y por estar ubicada en una calle relativamente estrecha y con mucho tráfico. Solo cuando subimos la mirada podemos descubrir la estrella verde que forman sus hojas destacándose en el cielo azul, y entonces caemos en la cuenta de la estrecha relación que la une a la torre de la parroquia. La primera vez que fui consciente de su existencia junto a la iglesia me sorprendió no haberla advertido antes y sobre todo el aire de soledad y abandono que inspiraba, como si entre tanto bullicio de personas y vehículos se sintiera excluida de toda atención. La sensación melancólica me animó a conocer algo más de las circunstancias y azares de la vida de este árbol particular.

Por lo que respecta a la iglesia a la que la palmera está ligada, la palma puede considerarse afortunada porque es un templo muy antiguo, del siglo XIV, con una arquitectura de estilo gótico-mudéjar bien conservada que le valió ser declarado monumento nacional en 1912. Pertenece al culto católico romano y está bajo el patronazgo de Santa Catalina de Alejandría, una santa de biografía singular que está unida a la palmera por la simbología y por su país de origen.

Santa Catalina fue una mártir cristiana del siglo IV cuyo culto se difundió por toda Europa a partir del siglo VI. La biografía que se cuenta de ella es bastante sorprendente. Según consta en algunos textos hagiográficos, Catalina nació hacia el 290 en una familia noble de Alejandría (Egipto), donde seguramente estaría familiarizada con las palmeras datileras como la que ahora acompaña a su iglesia. Su gran inteligencia y los estudios que cultivó la situaron entre los poetas y filósofos de su época; y su pasión por la verdad la llevó a abrazar la fe de Cristo y convertirse en filósofa cristiana. Años más tarde, el emperador romano Maximino ordenó que la martirizaran y posteriormente decapitaran por negarse a celebrar sacrificios a los dioses de Roma y, lo más asombroso, por haber convencido con su elocuencia a los sabios de Alejandría para que también se convirtieran al cristianismo. Aunque debido a la falta de documentación comprobable, la existencia histórica de esta santa ha sido puesta en duda y hay historiadores que juzgan que fue una leyenda inventada como contrapeso a la figura de Hipatia de Alejandría, mujer instruida, docta y científica, de religión pagana, que murió linchada por los cristianos. La iglesia católica de Roma la reconoce oficialmente como una mártir, pero algunos de sus sectores no aceptan la veracidad de su biografía o de algunos detalles de la misma.

Debate de Santa Catalina con los filósofos de Alejandría.

Debate de Santa Catalina con los filósofos de Alejandría (anónimo del siglo XIX, iglesia de Santa Catalina de Messina, Italia).

Sea verídica o no su biografía, la figura femenina que descubro en la historia de Santa Catalina de Alejandría me resulta muy atractiva. Yo diría que era y es necesaria no como contrapartida a la figura de Hipatia, sino como arquetipo de mujer sabia (pensadora) y santa (espiritual) dentro de la comunidad cristiana en la que quizás no han abundado modelos femeninos de este alcance intelectual. En la iconografía, la santa aparece con la hoja de palma del martirio, un libro, una rueda y una espada.

Santa Catalina con la hoja de palma y demás atributos simbólicos.

Santa Catalina con la hoja de palma y demás atributos simbólicos (detalle de tabla del siglo XV por Miguel Ximénez).

Por desgracia, no puedo acceder a la iglesia de Santa Catalina para contemplar las imágenes de la santa en el retablo mayor y su escultura del siglo XVIII, pues está cerrada al culto desde 2004 debido al mal estado de edificio, sin que se haya realizado aún la restauración general que necesita. Este impedimento a mi investigación me disgusta, pero a los parroquianos les afecta mucho más, de hecho, hace años que están manifestando su profundo descontento de variadas maneras.

Centrándonos en el árbol, la palmera datilera tiene cualidades sobresalientes; es muy valorado como árbol frutal desde los tiempos remotos en los oasis de tierras desérticas y áridas.  Crece natural o se cultiva tradicionalmente desde el norte de África hasta Medio Oriente. El dátil es un fruto excepcional, muy nutritivo, capaz de garantizar la supervivencia de personas y animales en esos duros entornos. Además del fruto, la palmera en los oasis proporciona sombra, materia prima para la construcción, para confeccionar esteras y cestería  y combustible. La imagen de los oasis está asociada al agua y a la silueta peculiar de la palmera datilera, con su tronco cilíndrico sin ramificación coronado por un penacho de largas hojas color gris verdoso, que tan grabada tenemos en el imaginario colectivo. Sin embargo, este rasgo notable es también motivo de su decadencia porque el peso del penacho la inclina y un fuerte viento en días de tormentas puede tronchar el árbol, como le sucedió a otra palmera que existía en el jardincillo de Santa Catalina, aneja a la que es motivo de esta entrada. Otra característica interesante de la palma datilera es la separación de sexos, con árboles machos y árboles hembras, que florecen ambos en abril produciendo racimos de pequeñas flores blancas y olorosas.

Hoy en día, la palmera datilera está presente en los oasis de una amplia área desde Marruecos a Arabia. Egipto, donde nació la santa, es el mayor productor de dátiles del mundo. También ha sido introducida en países tropicales o subtropicales.  En España, el mayor palmeral es el de Elche, con más de medio millón de palmeras, reconocido Patrimonio de la Humanidad. Los árabes expandieron su cultivo no solo como árbol frutal, sino también como árbol de jardín ligado a la idea de paraíso.

En Sevilla empezó a utilizarse como árbol ornamental urbano a finales del siglo XVIII por su valor estético, su fácil aclimatación al clima y como símbolo de lugares cálidos. Con la generalización de su uso decorativo, al que con el tiempo se han incorporado otras especies de palmeras,  hoy es un elemento vegetal importante de la ciudad de Sevilla pues le confiere carácter al paisaje urbano y ha configurado varios espacios emblemáticos como la Avenida de la Palmera, plantada con datileras en la década de 1920 a 1929, con ocasión de la Exposición Universal.

Como árbol espiritual, la palmera es un símbolo lleno de significados, asignados por los diversos pueblos donde crece. Para los árabes, por su elevado valor para la subsistencia, es un árbol bendito y símbolo de vida. En Egipto se le relacionó con el renacimiento, la durabilidad, el dios sol y diversas deidades femeninas, y es el emblema del Alto Egipto. En la tradición que nos interesa, la cristiana,  simboliza la entrada victoriosa de Jesucristo en Jerusalén el Domingo de Ramos (Palm Sunday, «Domingo de las Palmas» en inglés) y la victoria de la fe sobre la muerte al terminar el drama del Calvario, y se expresa con el rito de colocar hojas de palmera bendecidas en los balcones. Como alegoría del triunfo sobre la muerte en defensa de la fe, la hoja de palmera es uno de los atributos con los que se representa a Santa Catalina y a muchos mártires, la «palma del martirio». Y por su tronco derecho, recto y sin ramificaciones es también símbolo e inspiración de fe, perfección e inmortalidad.

La palmera datilera o palma común es, pues, un árbol cargado de historia, vinculada a su carácter productor de alimento en zonas desoladas, a su integración cultural como elemento del paisaje y a su riqueza simbólica.  Un árbol apreciado, deseado, incluso soñado como materia del paraíso.

Palmera y torre mudéjar.

Palmera y torre mudéjar.

Vuelvo a la calle de Sevilla, a alzar la vista a la palmera junto a la iglesia de la sabia santa. Ya no es el mismo árbol para mí. Ahora la valoro de otra forma. Y ahora entiendo su melancolía. Como árbol de iglesia, está bajo el amparo de una santa, sin la certeza de si existió o fue leyenda; junto a una iglesia monumento nacional, sin la seguridad de si se restaurará o acabará derruida; y sin feligreses a los que inspirar perfección ni mostrar orgullosa su ascenso espiritual y su cercanía al cielo. Una palmera que tuvo devota compañía y ahora está sola. Pero siempre habrá, lo sé, buscadores de árboles que la admirarán conscientes de su mérito y su historia.

 

 

Escrito por Rosa, jueves 28 marzo 2013

Palmeras de Sevilla

Santa Catalina de Alejandría

Mujeres mártires de la Antigüedad, por Meldelen

Imagen de Santa Catalina por Miguel Ximénez

Símbolos de la palmera

Iglesia Santa Catalina de Sevilla

Campaña para restaurar la iglesia