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Papel de madera

Escribo diarios desde muy joven. Esas libretas son el equipaje sustancial de mi vida. Disfruto de la escritura a mano, tanto a lápiz como a pluma. Me gusta deslizar mis pensamientos, a veces concentrarme en la caligrafía, siempre retener el tiempo en las hojas. Son mi memoria. También disfruto de la lectura de libros, me aportan emoción, placer, sosiego, luz. A pesar de disponer de lector electrónico sigo leyendo libros de papel, preferiblemente de bolsillo, fácilmente transportables, ligeros. Debo muchas horas intensas y fructíferas a ese material corriente, cotidiano, abundante que es el papel.

librosVivimos inmersos en la cultura del papel. Solemos identificarlo con periódicos, folios, cuadernos y libros, es decir, con comunicación, educación y conocimiento, pero lo cierto es que lo usamos en una gran variedad de actividades. La Asociación Española de Fabricantes ASPAPEL estima que en 2011 cada español usó una media de 136 kg de papel en más de 300 usos diferentes. He registrado en una lista los papeles que he usado a lo largo de un día y de verdad es sorprendente la cantidad de papeles que pasan por mis manos, la diversidad de tipos y, más aún, la cantidad y variedad de papel que desecho.

Todo ese papel procede de árboles, es papel de madera. Las fábricas papeleras usan como materia prima la fibra de celulosa que obtienen de la madera de árboles o la fibra reciclada que extraen de papeles usados, que sigue siendo fibra de madera. De algún modo, cada vez que tenemos en las manos una pieza de papel, entramos en contacto con los árboles que fueron transformados en ese material. Claro que esta conexión nos pasa desapercibida. Si tomamos un folio blanco, y lo palpamos con la yemas de los dedos, lo olemos, lo agitamos y oímos el sonido que produce, miramos la blancura de su superficie y ¿por qué no? masticamos un pequeño trozo como hacíamos en la niñez, no percibiremos ni visualizaremos al árbol de cuya madera proviene. Sin embargo, detrás de esa hoja de papel hay árboles invisibles que se merecen un lugar en este blog.


Papel, madera, bosque

El papel es una delgada lámina elaborada a partir de una pasta de fibras vegetales molidas y mezcladas con agua, que generalmente se blanquea. Se le añaden diferentes sustancias según las características especiales que se desee: estucado, aceitado, apergaminado, carbón, cebolla,  de estraza, de filtro, fotográfico, de lija, desinfectado, satinado, lustrado, manila, secante, vegetal… Hoy disponemos de unos 500 tipos diferentes de papel.

La mayor parte (89%) de la pulpa para papel proviene actualmente de la madera y solo un 11% de otras fibras. Esas maderas proceden, en gran parte, de coníferas como pino, abeto, picea y alerce, consideradas “maderas blandas” (softwood en inglés), y también de algunas frondosas como eucalipto, álamo y abedul, que son las “maderas duras” (hardwood).

Podríamos pensar que para fabricar papel siempre se han necesitado árboles, sin embargo el uso de la madera es una innovación reciente, de mitad del siglo XIX. Hasta entonces, las materias primas habían sido fibras vegetales de plantas como lino, algodón, cáñamo, y también textiles desechados. Así que el papel y el árbol tienen una corta pero intensa historia en común.

Ciento cincuenta años después del encuentro entre el papel y el árbol, y a pesar de estar inmersos ya en plena era digital, el consumo mundial de papel es de 268 millones de toneladas al año. Y no para de aumentar. ¿De dónde sale esa enorme cantidad de papel?

4-Bi-trees-cutCada año se talan 4.000 millones de árboles en el mundo para fabricar papel, una cifra apabullante. Es un tercio de toda la madera que se procesa a nivel mundial. Producir una tonelada de papel virgen requiere de 2 a 3,5 toneladas de árboles. Dicho de otro modo, para fabricar una tonelada de papel se cortan aproximadamente 14 árboles. ¿De dónde proceden tantísimos árboles?

Según un informe de la industria del papel, la principal fuente de fibra para la producción de pasta en el siglo XX ha sido la madera procedente de bosques de coníferas, aunque a final de siglo había aumentado el uso de bosques tropicales y boreales. La tala extensiva de bosques viejos es una de las historias más lamentables de la industria del papel. Me duele pensar que la tala de árboles centenarios (que han tardado cientos de años en crecer y que sustentaban una rica diversidad de organismos vivos) se realice para fabricar rollos de papel higiénicos o pañuelos que se usan una vez y acaban en el inodoro o en la basura. Extraer la madera de un bosque significa talar un área extensa de árboles, normalmente de crecimiento lento, y cuando se acaban, talar otro área, y así sucesivamente, de modo que la superficie de bosques va disminuyendo o empobreciéndose.

La siempre creciente necesidad de madera para papel ha traído consigo como alternativa las plantaciones de árboles. Como el trigo o el girasol, esos árboles se plantan, se cultivan y se cosechan cuando han alcanzado la talla idónea de mayor producción de pasta de celulosa. Las plantaciones no son un bosque. Son monocultivos limpios, sin la biodiversidad que acogen las florestas naturales. Como práctica forestal es controvertida en muchas partes del mundo, cuando se talan bosques autóctonos para plantar en su lugar un manto monótono de especies de crecimiento rápido, que dejan el área sin la riqueza de vida y sin los recursos tradicionales que proporcionan los bosques viejos. Las plantaciones tampoco son repoblaciones, porque no se re-puebla el bosque, sino que se usan especies exóticas con una buena producción de pasta de celulosa. Pero como cultivo es eficiente, pues los árboles crecen rápidos, y es necesario, como el modo menos perjudicial de satisfacer la necesidad de madera para sostener nuestro consumo de papel y al mismo tiempo respetar los bosques viejos.

La actual demanda social de productos con la marca “eco” (de “ecológico”) está forzando a la industria papelera a orientarse hacia una forma de producción de carácter sostenible: más limpia, más eficiente en cuanto a gasto de energía y que se sustente en explotaciones forestales certificadas. Los certificados FSC (Forest Stewardship Council) y PEFC (Programme for the Endorsement of Forest Certification)  garantizan que el papel tiene su origen en una gestión forestal ambientalmente apropiada.


Árboles que nos dan papel

España, es uno de los países del mundo con industria papelera propia. Y  desde principios del siglo XX cuenta con plantaciones forestales para la fabricación de papel. Existen unas 450.000 hectáreas plantadas de pinos y eucaliptos para esta finalidad.

Las especies que más se cultivan son el pino de Monterrey o pino insigne (Pinus radiata) y el eucalipto blanco, común o azul (Eucalyptus globulus). Ambas son especies exóticas de árboles y como tales no despiertan muchas simpatías. Sin embargo, en su lugar de origen son especies nobles que cumplen su importante función en la comunidad natural a la que pertenecen. Son árboles de cultivo, como los frutales o los ornamentales a los que sí apreciamos. Los asociamos con frecuencia a los montes, a áreas silvestres, pero si las plantaciones ocupan áreas baldías erosionadas y se cultivan de forma responsable, pueden proporcionar beneficios varios además del recurso madera, como la contribución a mitigar el cambio climático mediante la fijación del carbono.

Pinus de MonterreyEl pino de Monterrey es natural de la costa de California, pero por su carácter adaptable y su rendimiento económico se cultiva en regiones templadas de distintos continentes. Se halla en México, Europa, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Brasil y Sudáfrica. Es un árbol que alcanza la buena altura de 30 metros y cuando joven tiene el porte cónico, la copa aguda y una tonalidad alegre de verde que lo hace un ornamental deseable. En España fue introducido a mitad del siglo XIX y hoy existen 240.000 ha de cultivo en el norte del país, entre Galicia y el País Vasco. Su virtud es que crece rápido y en pocos años da beneficio. La madera es idónea para la elaboración mecánica de la pasta y la fabricación de papel de prensa.

Eucalipto blancoEl eucalipto blanco es una frondosa perenne, natural del sureste de Australia, donde existen 600 especies del mismo género. Su rápido crecimiento y adaptabilidad a terrenos y climas diversos y su rendimiento industrial han hecho que sea hoy una especie cultivada por todo el mundo. En España se cultiva desde 1850, existiendo una extensa área en el norte y noroeste y otra en el suroeste. En su medio natural y en jardines, es una gran árbol que puede alcanzar una impresionante altura de 60 m, exhibe un porte esbelto por lo recto del tronco y la corteza lisa y, además, desprende un estimulante aroma. Las hojas y frutos, ricos en aceites esenciales, tienen conocidas propiedades medicinales anticatarrales y balsámicas. Su madera proporciona un tipo de fibra de calidad apropiada para papeles de impresión, una vez blanqueada.


Fibra virgen y fibra reciclada

El papel es una materia 100% reciclable. La fibra obtenida directamente de la madera se conoce como “fibra o celulosa virgen”. La que se obtiene del papel usado es la “fibra recuperada o reciclada”, que sigue procediendo de la madera pero en otro momento de su “ciclo de vida”. Dependiendo del tipo, el papel puede reciclarse de cuatro a diez veces.

En España, el papel recuperado como materia prima representa más del 80% del total. De hecho somos el segundo país de Europa en reciclaje de papel. Para fabricar 100 toneladas de papel de todo tipo, se usan 80 t de celulosa reciclada y 20 t de celulosa virgen. Siempre hay un porcentaje de papel que no se recupera por diversas causas, tal como el que forma parte de los libros y documentos que guardamos o por el contrario los papeles higiénicos que echamos a la basura.

papeles desechadosLa evolución de la industria papelera hacia el aumento de la recogida y manufactura de papel reciclado es un avance en España. No todos los países han instalado canales de recogidas de papel ni plantas de reciclaje. Según un informe de Greenpeace, para fabricar una tonelada de papel con fibra reciclada se usa la mitad de la energía y de agua que con fibra virgen, contamina el aire 74% menos, y 35% menos el agua, ahorra la corta de 15 árboles, y crea cinco veces más puestos de trabajo.

Según la memoria de ASPAPEL del año 2011, de los 136 kg de papel que consumimos cada español ese año, una tercera parte fue de papel gráfico (prensa, revistas, libros, cuadernos…); más de la mitad (60%) se repartió entre cartón ondulado de embalajes, cartón estucado de empaquetados y papeles higiénicos y sanitarios; y un porcentaje pequeño correspondió a otros tipos de papel como papel moneda, filtros o etiquetas. La cuestión es qué proporción del papel que utilizamos se ha fabricado con fibra recuperada y cuánto con fibra virgen.

En Europa, la inmensa mayoría de papeles denominados de impresión y escritura se fabrican a base de celulosa virgen, que es la que facilita las características necesarias de este tipo de papel: blancura, imprimabilidad, comportamiento en máquinas, etc. Sin embargo, hay productos que usan la fibra virgen sin que sea necesario, por ejemplo, el papel higiénico.

En su artículo “Historia de un rollo de papel higiénico”, Clemente Álvarez pone de manifiesto la paradoja española de ser uno de los países del mundo con mayores tasa de uso de fibra reciclada y sin embargo todavía fabrica este producto con fibra virgen, es decir, directa de la madera de árboles. Entre 2004 y 2009, la compañía multinacional Kimberly Clark, que fabrica Kleenex, Scott (la marca más vendida en España) y Cottonelle, fue objeto de una campaña internacional de Greenpeace por destruir las selvas boreales de Canadá para la fabricación de papel tisú destinado a pañuelos y papel higiénico, campaña que terminó con éxito, pues la compañía firmó un acuerdo histórico de compromiso con una mayor protección y un manejo sostenible de los bosques que explota.Kleercut

Epílogo

La era digital no ha terminado con la era papel. Todo lo contrario: el consumo ha aumentado de forma espectacular desde comienzos de este siglo. El papel es y seguirá siendo imprescindible en nuestra cultura. Pero no tendría por qué ser papel de madera, quizás sea el momento de buscar otras formas de fabricar papel que no afecten a los árboles y bosques. Ya se está experimentando con lino, paja de cereales, algas, etc., incluso hay papel de piedra.

Yo no me imagino la vida sin papel, sobre todo sin libros y sin mis cuadernos. Hace años descubrí a los Claire Fontaine y compré tantos que he tenido para mucho tiempo. Me encantan sus hojas, me gusta cómo se desliza el lápiz o la pluma sin esfuerzo, la opacidad impenetrable, el blanco tenue en el que mis palabras resaltan nítidas, las discretas líneas que guían sin notarse.  Son como amigos íntimos que conocen mis secretos y a los que amo sin condiciones.

Después de este periplo por el mundo del papel, cuando escriba en libretas y disfrute del trazo del lápiz sobre la página de fibra virgen o me emocione con las palabras en un libro, me acordaré de los jóvenes eucaliptos. Cuando lea un periódico, pensaré en los pacíficos pinos de Monterrey. Agudizaré mi tacto para tratar de percibir el tiempo retenido en la madera, los elementos de la naturaleza absorbidos y transformados en hojas de papel. Seré consciente de los árboles invisibles que una vez fueron y dejaron de ser para que yo escriba y lea.

Escrito por Rosa, jueves 20 de febrero de 2014.

Información sobre el papel en España (ASPAPEL)
Certificado FSC de Gestión Sostenible de los árboles
Certificado  PEFC de Gestión Sostenible de los árboles
Historia de un rollo de papel higiénico, por Clemente Álvarez, 2010
Campaña “Kleercut” de Greenpeace (2004-2009) 


 

Siempreverdes en Navidad

Llega diciembre y la figura cónica de un árbol siempreverde (que no ha perdido la hoja al llegar el otoño) se convierte en protagonista en los lugares donde se celebra la fiesta cristiana de la Navidad. Ejemplares naturales de coníferas o sus versiones artificiales proliferan en espacios públicos y privados, decorados con bolas y otras figuras, y cubiertos de luces que le otorgan un brillo y esplendor asombrosos.

Postal de NavidadEl árbol iluminado encandila a niños y mayores. Su resplandor maravilloso parece activar la confianza infantil en que la magia existe, la magia que hace que todo lo deseado sea posible.

Nunca en todo el año los árboles son tan solicitados, adornados, y admirados. Es tal la atención que reciben, que se podría considerar a diciembre el “Mes del Árbol”. Sin embargo todo ese agasajo no es por el árbol en sí mismo, sino que forma parte del conjunto de las tradiciones con las que se celebra la popular fiesta cristiana de la Navidad.

Pero ¿es solo un adorno más? ¿Cuál es el significado de este árbol siempreverde que nos acompaña en las fiestas de diciembre?

Origen e historia

Los orígenes de la tradición del árbol de Navidad no están del todo claro, existen diversas teorías y confluyen varios antecedentes históricos. Parece aceptado que el árbol adornado, tal como lo conocemos hoy, se usó por primera vez en Navidad en la Alemania protestante del siglo XVII (a Martin Lutero se le atribuye su iluminación con velas). Desde allí se difundió a los demás países europeos y a Norteamérica. Otro antecedente se encuentra en la costumbre practicada durante parte de la Edad Media de representar, el día antes de Navidad, el misterio de la creación, la expulsión de Adán y Eva y la llegada de Jesús Salvador. En tales obras se usaba un árbol con manzanas, que de los espacios públicos pasó a las casas una vez que esos actos se prohibieron. Pero la vinculación cultural con árboles perennifolios o siempreverdes en esta época del año tiene otras raíces más antiguas, conectadas con las celebraciones del solsticio de invierno en la Europa ancestral, anteriores a la época cristiana.

“El Fresno de Yggdrasil” por Friedrich Wilhelm. Heine.

Desde el origen de la humanidad, en todo lo ancho del mundo, el árbol ha representado el poder de la naturaleza. Las coníferas (como los pinos, cedros, cipreses, tejos y abetos) resisten a la dureza del invierno sin perder sus hojas, por ello se denominan “siempreverdes” (evergreen, en inglés), sempervirentes o perennifolios y por ello simbolizaban la vida eterna, uno de los símbolos espirituales más importantes. Hasta la expansión del cristianismo, en la Europa primigenia y antigua determinados árboles y bosques eran sagrados y servían de templos. Según las épocas, los árboles fueron adorados como centros del universo, como símbolos de vida, como morada de los dioses. El árbol de Yggdrasil es el árbol sagrado mejor conocido de la mitología europea.

Una de las fiestas que celebraban muchos pueblos era la del solsticio de invierno, en la que se festejaba el fin del acortamiento de los días y el aumento de las horas de luz. La alegría por la renovación de la vida, tras el duro invierno, se simbolizaba como un renacimiento del sol. El uso de árboles y plantas siempreverdes era parte de estos festejos. Los romanos lo celebraban con la fiesta llamada Saturnalia en honor a Saturno, el dios de la agricultura que nacía el 25 de diciembre, y decoraban las casas y templos con siempreverdes. En culturas como la germana y la escandinava, de acusados contrastes estacionales por su latitud elevada en el Hemisferio Norte, la celebración del solsticio de invierno era igualmente importante. Se adornaba un árbol, bien fuera un roble como en el caso germano, bien una conífera por los escandinavos, en torno al que se festejaba la alegría de la vuelta del sol para fertilizar y fortalecer la vida.

La evangelización de los países europeos fue un proceso largo en el que, en ocasiones, árboles y arboledas sagradas ancestrales fueron talados por ser considerados ídolos paganos. Cuando los cristianos evangelizaron la Europa nórdica la costumbre de usar un árbol siempreverde adornado fue asimilada, pero con un cambio significativo de simbolismo, adecuándolo a las creencias cristianas.

La leyenda del obispo inglés San Bonifacio (que fue a Germania en el siglo VII a predicar la fe cristiana) es un relato maravilloso y brutal que ilustra muy bien las luchas religiosas y culturales en la Europa de la Edad Media y el cambio de significado del árbol en el ritual religioso de diciembre:

Cuando la gente todavía adoraba a los viejos dioses, en el condado de Hess crecía un árbol gigante con grandes ramas que ascendía hacia las nubes. Era conocido como el Roble del Trueno, el árbol sagrado del dios Thor. En la quietud de la noche, los sacerdotes ofrecían sacrificios de bestias y hombres en el altar del dios del trueno. La sangre de los sacrificados regaba las raíces del árbol y el muérdago extendido por sus ramas. Era un lugar tan terrible que ni las bestias ni los pájaros descansaban en sus ramas o en su sombra.

Una noche de Navidad, los sacerdotes de Thor celebraban sus ritos de invierno bajo el Roble del Trueno con los lugareños, que habían acudido caminando pesadamente por la nieve profunda para celebrar su fiesta sagrada. Cuando todos estaban reunidos y los sacerdotes listos para levantar sus cuchillos y matar a sus víctimas humanas, el buen San Bonifacio corrió al altar. Rápidamente sacó un hacha de su capa y golpeó al poderoso roble, produciéndole un profundo tajo en el tronco. Y le dio otra vez y otra vez, mientras los fieles miraban fijamente con horror. De pronto, una fuerte racha de viento estalló en el árbol, provocando su caída al suelo con un tremendo estruendo y partiéndolo en cuatro piezas. Justo detrás de él, completamente indemne, permanecía un diminuto y joven abeto.

San Bonifacio arrojó su hacha y dijo a los presentes: “este pequeño árbol será vuestro árbol santo esta noche. Es el árbol de la paz y la salvación, un árbol de vida y un árbol de esperanza. ¡Mirad como señala hacia el cielo! Llamadle el Árbol del Niño Jesús. Reuniros en torno a él, no en las arboledas, sino en vuestras casas. No habrá más actos sangrientos, sino regalos amorosos y actos de amabilidad. ¡Dejad que la paz de Cristo reine en vuestros corazones!

La gente llevó el pequeño abeto a la casa del jefe del pueblo y celebraron la fiesta a su alrededor. Más tarde aprendieron los ritos de Navidad en la iglesia que San Bonifacio construyó con la madera del Roble de Trueno. ¹

En esta leyenda, surgida en una época convulsa, se relata un acto de violencia contra un árbol por parte de los evangelizadores. Refleja el espíritu religioso intransigente de aquellos tiempos que trató de imponer su fe por la fuerza. Además de la desaparición de criaturas vivas monumentales, como debieron ser los viejos árboles sagrados, también tuvo como consecuencia una cierta ruptura con la relación habitual y sagrada con la naturaleza y con la visión cíclica de la vida.

En la tradición oral hay recogidas otras interpretaciones muy diferentes del origen del árbol de Navidad. “El pequeño abeto de Belén” es un relato siciliano que me gusta porque en esta ocasión los protagonistas son árboles, tratados como seres vivos sintientes:

En la noche del nacimiento de Cristo, las criaturas vivientes viajaron desde muy lejos hasta el establo de Belén para honrar al recién nacido Rey y llevarle regalos.

Vinieron incluso los árboles del bosque. El olivo le dio sus frutos. La palmera trajo sus dátiles. Cada árbol tenía algo que ofrecer, menos el diminuto abeto. Había recorrido muchos kilómetros y estaba tan cansado que casi no podía permanecer erguido. Era pequeño y apenas podía asomarse entre las frondas más esbeltas. Además, los árboles más grandes le empujaron al fondo donde no podía ser visto.

Un ángel que estaba cerca sintió pena del triste arbolillo. Fue a las estrellas y les pidió que bajaran algunas y descansaran en sus ramas. Las estrellas lo hicieron y brillaron como velas. Cuando el niño Jesús vio al abeto luminoso, su corazón se llenó de alegría y sonrió. Bendijo al feliz abeto y declaró que siempre los abetos serían decorados e iluminados para calentar los corazones de los niños durante la época de Navidad.²

Árbol de Navidad del Vaticano 2011La costumbre del árbol de Navidad, tal como la conocemos hoy, se popularizó a partir de los siglos XIX y XX, así como el intercambio de regalos. Sin embargo, en el seno de la iglesia católica el uso del árbol en Navidad no ha estado exento de controversia por sus raíces paganas y protestantes. De hecho, el primer árbol de Navidad dentro de una iglesia lo puso en 1982 el papa Juan Pablo II en el Vaticano, bendiciendo así la integración del árbol en los templos como parte del ritual católico de Navidad y reconociendo su significado para los católicos con estas palabras:

En el invierno los árboles perennifolios son la señal de vida eterna. El árbol se decora y se colocan regalos bajo él. Desde un punto de vista típicamente cristiano, nos recuerda “el árbol de la vida”, representación de Cristo, el regalo supremo de Dios a la humanidad. El mensaje del árbol de Navidad, por lo tanto es que esa vida es siempre verde si uno da, no tanto cosas materiales sino a uno mismo: en amistad, sincero afecto y fraternal ayuda y perdón, en compartir tiempo y escucha recíproca

Aun así, el árbol es un elemento que no todos los católicos han incorporado como propio. En la ciudad de Sevilla, donde resido, la tradición navideña de montar belenes (recreación del nacimiento de Jesús con figuras de barro) está mucho más arraigada que la de decorar árboles. En algunas ciudades norteamericanas, el árbol de Navidad como emblema cristiano ha entrado en conflicto con la sensibilidad de otras creencias. Se le está separando de su origen religioso y se pretende convertirlo en emblema multicultural del comienzo de la estación de invierno.

¿Árbol natural o artificial?

El árbol que se adorna en Navidad puede ser un ejemplar natural o un producto artificial. La elección tiene sus consecuencias y sigue generando debate.

Abeto del Cáucaso en venta.

Abeto del Cáucaso en un vivero de Sevilla.

Los árboles naturales más solicitados son las coníferas abetos, píceas y pinos. En Europa, las especies preferidas son la pícea noruega (Picea abies), el abeto del Cáucaso (Abies nordmanniana) y el pino silvestre (Pinus sylvestris) debido a la belleza de las copas cónicas, la resistencia a las condiciones cálidas del interior de las casas y la capacidad para retener las hojas más tiempo.

En la actualidad, los árboles proceden de cultivo controlado y tardan de ocho a doce años en alcanzar los dos o tres metros de altura. El cultivo no implica la destrucción de bosques naturales, sino que puede ser beneficioso, pues durante su crecimiento el árbol fija dióxido de carbono (gas que produce efectos invernadero), genera oxígeno, sirve como cortafuego y es una actividad forestal que genera trabajo y no contamina. También se ha señalado que pueden estabilizar el suelo, proteger los recursos acuáticos y proveer hábitats para la vida silvestre. Pero si no son cultivos ecológicos y se usan pesticidas para combatir enfermedades pueden producir contaminación ambiental.

Lo ideal es comprarlos en maceta enraizados, para que tengan alguna posibilidad de sobrevivir a la Navidad. Después de las fiestas, el árbol puede ser plantado en un jardín o dado a alguna institución para que lo haga. Hay que tener en cuenta que al ser normalmente especies exóticas no deben plantarse en espacios naturales pues pueden competir y perjudicar a los árboles autóctonos. Pero la realidad es que solo sobrevive el 10% de los abetos navideños, así que muy probablemente se conviertan en deshecho. Los árboles y material vegetal siempreverde usados en Navidad siempre pueden ser reciclados para biomasa o compost, por lo que no contaminan. En muchas ciudades existe un servicio de recogida de residuos vegetales al terminar la Navidad.

En Europa se venden unos 50 millones de árboles naturales de Navidad cada año, mientras en EEUU son 35 millones anuales pues en los últimos tiempos hay preferencia  por los árboles artificiales.

El árbol de Navidad artificial, normalmente fabricado en PVC, es una opción que muchas personas prefieren por su durabilidad y limpieza. Se ha argumentado que es la opción más ecológica porque no se corta un árbol vivo. Hoy en día sin embargo, un aspecto ecológico importante es la huella que deja en el ambiente la fabricación y la eliminación de sus deshechos. El árbol de plástico en su proceso de producción a partir de derivados del petróleo genera contaminación en forma de producción de gases invernaderos. Por otra parte, como deshecho, en el mejor de los casos puede acabar en una planta de reciclado que también generará contaminación. Para dejar una huella tan pequeña como la de un árbol natural de Navidad, el árbol de plástico debe usarse al menos durante 20 años. La mayoría de los árboles artificiales se fabrican en China y una pequeña parte se produce en Polonia.
Árbol de Navidad invisible

Hay una tercera opción de árbol de Navidad. La creatividad humana no tiene límites a la hora de crear objetos con la esencia del elemento árbol original usando materiales naturales o reciclados muy diversos. Un caso que me ha llamado la atención es el de la venta de árboles de Navidad “invisibles”. No hay un árbol. Sí su vacío, su hueco cubierto de adornos. Y cada cual lo rellena con su imaginación.

 

Laurel navideñoYo prefiero el árbol natural. Mi opción es adornar uno de los árboles pequeños que tengo plantado en la terraza, no es una conífera sino un laurel “piramidal”. Por muy espectaculares que sean algunos árboles artificiales, prefiero los naturales de madera y savia porque me hacen sentir más emociones. Cuando en la quietud de la noche miro extasiada mi laurel vestido de Navidad irradiando su luz cálida, siento como si el alma del árbol entrara en conexión conmigo través de la luz. Con su lenguaje de destellos parece querer recordarme aquellos lejanos tiempos, en los que la llegada del invierno y su promesa de renovación de la vida se celebraba con alegría junto a los árboles, en comunión con la naturaleza y el universo.

Además de los árboles de Navidad, también se suelen iluminar los que crecen en las calles y plazas, que realzan así su belleza con las luces. Para disfrutar de la magia de los árboles iluminados basta con salir a la calle y buscarlos, no hace falta tener uno en casa, ni natural ni artificial. Elige uno de los árboles iluminados de tu entorno que te guste, acércate a él en momentos tranquilos, a solas o en compañía, déjate llevar por el júbilo de su luz. Y celebra a tu manera el comienzo de un nuevo ciclo de la naturaleza junto a un árbol real, reconecta con los valores que el árbol iluminado simboliza.

Árboles iluminados en Johnson City, Texas. Foto de Art Meripol.

Árboles iluminados en Johnson City, Texas. Foto de Art Meripol.

 Escrito por Rosa, jueves 12 de diciembre de 2013.

¹ Traducido de la versión inglesa del relato “The Thunder Oak” recogido en Karas (1998), pág. 94.
² Traducido de la versión inglesa del relato “The Little Fir at Bethlehem” recogido en Karas (1998), pág. 113.
³ Traducido de una noticia recogida por la Agencia Zenit “Christmas Tree Is Symbol of Christ, Says Pope”, 19 diciembre 2004.

Fuentes

Sheryl Ann Karas. The Solstice Evergreen. The History, Folklore and Origins of the Christmas Tree. Aslan Publishing, Farfiel, Conneticut. 1998.
Noticia en la Agencia Zenit sobre El árbol de Navidad y Juan Pablo II.
Artículo de Chastagner y otros (2000) sobre cultivo de árboles para Navidad.
Compra árboles de Navidad naturales”. Agencia Ecoticias (2012).
Propuesta del “Holiday Tree” como símbolo multicultural.
Anuncio de “árbol de Navidad invisible”.

Como un árbol

A veces adentrarse en un libro es como penetrar en lo profundo de un bosque. La lectura de Sabia como un árbol, de la psiquiatra norteamericana Jean Shinoda Bolen, es uno de estos casos. Y no solo porque el foco del libro sean los árboles sino también porque nos hace explorar territorios recónditos de nuestra conexión con ellos.

La obra tiene amplitud de miras. Es rica en pensamientos, experiencias e información y  es compleja por la diversidad de perspectivas que entrelaza y la profundidad analítica que alcanza. A través del bosque de páginas, pasamos por parajes abiertos y luminosos y por otros oscuros e intrincados, menos cómodos de transitar. En ese discurrir encontramos distintas cotas de implicación emocional, desde el nivel más descriptivo que nos muestra a los árboles como seres vivos y resalta sus beneficios para el planeta, hasta los aspectos metafísicos, psicológicos y místicos que revelan a los árboles como símbolos extraordinarios que inspiran admiración y sentido de lo sagrado.

La autora rinde un homenaje a los árboles.  A partir del dolor por la pérdida de un pino de Monterrey (Pinus radiata) que cortaron en su vecindario, y apoyada en su extensa experiencia como analista junguiana, incorpora y vincula experiencias e información de muy diversa índole, realizando con ello una introspección en la que los lectores participamos y acabamos sabiendo más de árboles y de nosotros mismos.

En el raudal de asuntos que Bolen comparte, destacan algunos por su función de ejes temáticos sobre los que se asienta el recorrido del libro.  La similitud entre árboles y mujeres es uno de ellos. De hecho, el título original del libro es “Como un Árbol. Cómo los Árboles, las Mujeres y las Personas Árbol pueden salvar el Planeta” (en inglés, Like a Tree: How Trees, Women, and Tree People Can Save the Planet). Y los títulos de los diferentes capítulos hacen referencia a esa semejanza: “Sabia como un árbol”, “Generosas como un árbol”, “Sobrevivir como un árbol”, etc. Jean S. Bolen es una activa feminista, participa en la Comisión ONU Mujeres y ha escrito diversos libros relacionados con la mujer.

El vínculo de las mujeres con los árboles es un tema apasionante que me gustaría desarrollar en este blog, sin embargo en esta entrada he preferido resaltar otras dos grandes ideas del libro, que a mi parecer son las aportaciones más originales e importantes  de la autora.

“Personas árbol”

Escribe Jean S. Bolen que la idea que dio origen a Sabia como un árbol surgió al observar que hay “personas árbol”, es decir personas que, como ella, tienen un sentimiento vivo hacia cada árbol individual, y respeto y empatía hacia los árboles como especie. Es un sentimiento que surge normalmente durante la infancia, inducido por las experiencias tempranas con árboles como subirse en ellos, jugar y esconder tesoros en sus troncos y ramas o cualquier otra forma de experimentarlos y conocerlos.

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La expresión personas árbol no es baladí, tiene mucho sentido. Con ella, Jean Shinoda Bolen trata de hacernos conscientes de la implicación intelectual, emocional y afectiva que mantienen muchas personas con estas admirables plantas y nos invita a preguntarnos si somos de ese tipo de persona. Identificarse como tal confiere valor a nuestros sentimientos y acciones y nos hace ver nuestro vínculo con los árboles de un modo más consistente y comprometido.

El concepto no es nuevo. El biólogo evolucionista Edward O. Wilson, de la Universidad de Harvard, acuñó el término Biofilia en 1984 (en su libro del mismo título). Su teoría sostiene que los humanos sentimos una afinidad innata por todo lo viviente, producto de los millones de años en que el Homo sapiens se relacionó estrechamente con el medio natural, y que de ello se deriva una profunda necesidad emocional de estar en contacto con seres vivos.

“Activismo con corazón”

La intención expresa de Jean S. Bolen al escribir su libro es que los lectores se reconozcan como personas árbol y se movilicen de un modo u otro para actuar en su defensa. Este es el espíritu que guía el libro.

Convencida de que cada persona tiene un cometido en la vida, para que cada uno lo descubra sugiere que meditemos sobre las tres condiciones que debe reunir la causa que nos mueva: que la tarea en la que decidamos volcarnos sea significativa, es decir, tenga verdadero valor en nuestra vida; que haga disfrutar tanto de la propia creatividad como del contacto con otras personas afines; y que esté motivada por el amor. Y lo llama “activismo con corazón”.

Su propio cometido lo define como “escritora activista” que trata de movilizar conciencias para que el mundo actúe a favor del planeta. Se declara convencida de que cada acción tiene un impacto y que contribuye a crear –junto a otras actuaciones individuales– una masa crítica que está segura que provocará un cambio en la forma de pensar colectiva. La escritora ve el activismo como un antídoto a la desesperación y una expresión de la esperanza. En unos tiempos de incertidumbres como los actuales, marcados por una crisis de valores, es reconfortante encontrar una voz con tal convicción en el poder individual; su confianza impregna la obra de entusiasmo y estímulo.

En su afán por alentar a buscar nuestro cometido, Bolen describe algunos ejemplos inspiradores de personas que, en un momento determinado de sus vidas, sintieron una intensa, profunda e inquebrantable motivación para dedicarse a alguna acción concreta en defensa de los árboles. El Movimiento Cinturón Verde, fundado por Wangari Maathai, que ha plantado millones de árboles en Kenia; el defensor de los tejos Allen Meredith en Reino Unido; la activista Julia Butterfly Hill que impidió la tala de una secuoya roja milenaria en California; o el movimiento Chipko de campesinas indias, que abrazándose a los árboles evitó la tala de un bosque en el Himalaya, son algunos de los casos que Bolen admira. Al reseñarlos, profundiza en el modo en que las personas llegan a saber con certeza absoluta qué pueden hacer por los árboles.

Chipko
Además de la autora, otras voces iluminan el libro. La recopilación de enseñanzas espirituales y psicológicas de Buda, el Tao, Jung, Hildegarda de Bingen, Thich Nhat Hanh, etc. y también de textos de naturalistas como John Muir, Colin Tudge, Suzuki y otros, contribuye a conocer desde diferentes perspectivas nuestro modo de percibir, comprender y conectar con los árboles, e infunde luz al sentido profundo del activismo.

Quien sienta aprecio por los árboles, se preguntará tras la lectura de este libro hasta dónde llega su afecto y si puede hacer algo más por ellos. Yo también me lo he preguntado. Y este blog es mi respuesta, mi cometido. Cada escrito, cada entrada es mi pequeña acción a favor de un árbol, un bosque o una especie. ¿Y tú, qué puedes hacer por los árboles?

Escrito por Rosa, jueves 14 de noviembre de 2013.

Fuentes:
Sabia como un árbol, 2012, Kairós, Barcelona
Página web de Jean Shinoda Bolen
Wangari Maathai en este blog
Julia Butterfly Hill en este blog
Cartel del Movimiento CHIPKO en blog ecofeminista
Dibujos infantiles sobre el bosque en este blog

Murmullos del Árbol

La escucha atenta de los árboles es una práctica muy querida por poetas, artistas y buscadores de la espiritualidad en la naturaleza.

La emoción de pasear en silencio por un bosque y “oír hablar a los árboles” se percibe en las bellas palabras de Juan Ramón*:

Ayer tarde
volvía yo con las nubes
que entraban bajo rosales
(grande ternura redonda)
entre los troncos constantes.
La soledad era eterna
y el silencio inacabable.
Me detuve como un árbol
y oí hablar a los árboles.
…………………….
Yo no quería volver
en mí, por miedo de darles
disgusto de árbol distinto
a los árboles iguales.
Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada,
oía hablar a los árboles.
………………..
Cuando yo ya me salía
vi a los árboles mirarme,
se daban cuenta de todo,
y me apenaba dejarles.
………………..
Y ¿cómo desengañarles?
¿Cómo decirles que no,
que yo era sólo el pasante,
que no me hablaran a mí?
No quería traicionarles.
Y ya muy tarde, muy tarde,
oí hablarme a los árboles.

Solo espíritus muy sensibles pueden captar y entender el idioma de los árboles. Sin embargo, el artista Alex Metcalf ha hecho realidad que el público pueda escuchar físicamente a los árboles con su “Proyecto para Escuchar al Árbol” (en inglés, Tree Listening Project). Con la ayuda de micrófonos especiales conectados a auriculares se puede oír cómo el agua es succionada desde las raíces hasta las hojas a través de los conductos del xilema (sistema de cañerías vivas del árbol). Se oyen chasquidos que se producen al pasar el agua a través de las células del conducto y formarse burbujas por el fenómeno denominado cavitación (formación de burbujas de aire por los cambios de presión del líquido). También se oye un murmullo profundo causado por las vibraciones del tronco al moverse la copa con el viento.

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Proyecto Escuchar al Árbol. Fuente: blog de Alex Metcalf.

Con esta instalación el artista pretende “proporcionar una experiencia que vincule a la ciencia con el arte, captar la atención del público sobre lo que ocurre en el interior de un árbol y despertar un interés especial por los árboles”.

Los científicos también escuchan a los árboles, o más bien los auscultan, para interesarse por su salud. En los años 80s del siglo pasado se desarrolló un “medidor del estrés producido por la sequía” que detectaba las emisiones acústicas ultrasónicas (las que tienen frecuencias superiores a las audibles, es decir más de 20 KHz) producidas por las cavitaciones en los conductos del xilema. El método tenía la ventaja de no ser invasivo, pero fue criticado y abandonado por sus limitaciones metodológicas. Posteriormente, el desarrollo de nuevas tecnologías acústicas ha renovado el interés por estas técnicas para estudiar el estado fisiológico de los árboles.

La colaboración del fisiólogo suizo Roman Zweifel con el artista sonoro y músico Marcus Maeder se ha plasmado en un proyecto de investigación que tiene como objetivo explorar las relaciones complejas entre la fisiología de los árboles y el clima. Mediante la representación acústica y artística de los procesos fisiológicos que ocurren en el árbol, es decir volviendo perceptibles aquellos procesos que están más allá de nuestros niveles normales de audición, se crean nuevas experiencias y de esa forma se abre una visión nueva de la naturaleza.

Sensor de emisiones acústicas en una rama de pino. Fuente: blog de Marcus Maeder.

Sensor de emisiones acústicas en una rama de pino. Fuente: blog de Marcus Maeder.

“Cada especie de planta, incluso cada árbol individual, tiene su propia señal o firma acústica que está relacionada con su estructura particular y con las condiciones del clima local”. Según los investigadores, estudiando las emisiones acústicas del árbol en respuesta a las condiciones climáticas cambiantes y relacionándolas con las propiedades biológicas y físicas, se llega a conocer mejor la ecología y fisiología del árbol.

La próxima vez que pasees por un bosque o te acerques a un árbol, a esa hora en que “la soledad es eterna y el silencio inacabable”, podrás disfrutar con los sonidos de las hojas agitadas por el viento y escuchar los gemidos de ramas y troncos. Recuerda entonces que también hay una música misteriosa, imperceptible para nuestro oídos, un concierto de murmullos y chasquidos ultrasónicos que cada árbol emite con su voz única individual.

Van-Gogh-Vincent-A-Girl-in-White-in-the-Woods

“Muchacha de blanco en el bosque”, por Vincent van Gogh, 1882.

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* Del poema “Árboles hombres”, en el libro “Romances de Coral Gables”, por Juan Ramón Jiménez, 1948.

Escrito por Teo, jueves 26 de septiembre

Poema de Juan Ramón Jiménez “Árboles hombres”

Instalación de Alex Metcalf “Escuchar al Árbol”

Proyecto suizo sobre emisión acústica y fisiología del árbol

Artículo en National Geographic sobre nuevas técnicas acústicas para detectar el estrés causado por la sequía en árboles

Subir al árbol

Muchos niños y niñas cuando ven un árbol sienten deseos instintivos de subirse a él. Nuestros ancestros trepaban por los árboles y quizás todavía algunos sintamos una pizca de esa biológica querencia por estar arriba del árbol. Para un alma infantil, ver el mundo desde la altura de un árbol, aunque sea pequeño, se presenta como una extraordinaria aventura que conlleva un logro físico y la promesa de descubrir algo nuevo e importante del mundo desde la sugerente perspectiva de no tener los pies en la tierra.

Foto de NickNalder de Fotothing.com

Sombra de niño subido a un árbol. Autor: NickNalder.

Subirse a los árboles es una experiencia que enriquece a los niños. Está demostrado que el contacto físico y emocional con la naturaleza es necesario para crecer sanos y libres. Sin embargo en la forma de vida actual los niños pasan mucho tiempo en el interior de edificios, ocupados con múltiples actividades, sin apenas opciones de deambular por espacios verdes donde encontrarse con árboles.

Cuando niña tuve la suerte de tener en mi patio un pequeño árbol al que subirme. En realidad se trataba de un arbusto con porte arbóreo y hermosas flores rojas, un pacífico (Hibiscus rosa-sinensis) de tronco algo oblicuo por el que era muy sencillo trepar. Fue una experiencia cotidiana que supongo contribuyó a mi crecimiento físico y mental aunque no sea destacable entre mis recuerdos infantiles.

Años más tarde, cuando tenía 23 años, en el Parque de María Luisa de Sevilla tuve la oportunidad de subir a un magnífico almez (Celtis australis) de 20 m de altura y fue una vivencia muy intensa.

Almez del Parque María Luisa.

Almez del Parque María Luisa.

La subida formaba parte de las prácticas de un curso de Cirugía Arbórea impartido por un especialista norteamericano. A diferencia de cuando niña, que gateaba solo con mis pies y manos por el tronco y las ramas, en esta ocasión usé un equipo de escalada compuesto de cuerdas y arnés. Subir de esa manera fue divertido, pero posar los pies en una de las ramas más alta fue realmente emocionante. De repente me embargó la euforia, entre alegría, entusiasmo y optimismo. La nueva perspectiva desde lo alto de la copa, de algún modo propiciaba una nueva visión de mí misma. Y también del mundo. Mirar desde la altura que miran los pájaros abría un horizonte inexplorado de sensaciones. Y la experiencia, aunque breve, supuso otro modo de sentir al árbol. Fue como “ponerme a su altura”, en una situación de más cercanía y complicidad. En aquel momento establecí un lazo afectivo con ese almez que ha durado desde entonces.


Diferentes razones para querer subir a un árbol

En muchas partes del mundo, hay personas que trepan a los árboles para recolectar frutos y otras materias o para realizar tareas de mantenimiento y cuidados de los árboles. En muchos países, los arbolistas manejan la técnica de escalada para trepar árboles de modo seguro. Como “trepar árboles” es también una actividad de habilidad física y se disfruta mucho con ella, en España, la Asociación Española de Arboricultura (fundada en 1994) organiza Campeonatos de Trepa. El de 2013 tuvo lugar  en el Real Jardín Botánico de Madrid y finalizó con la subida a un magnífico ejemplar de cedro del Atlas (Cedrus atlantica). Por cierto, en la web de esta asociación se destaca que hay pocas mujeres arbolistas trepadoras, solo el 1%, y se promociona un Proyecto Europeo Leonardo para formar mujeres con esta técnica.

Un trabajo especial es el de observar, fotografiar o investigar la copa de los árboles y la corte de especies de animales y plantas que aprovechan ese nivel del bosque. En este tipo de ascensiones destaca una mujer, la bióloga Margaret D. Lowman, que se ha especializado en ecología de la copa de los árboles (canopy en inglés) y desde hace más de 30 años pasea entre ramas altas por bosques del mundo. Su excepcional experiencia personal y científica la ha recogido en sus libros Life in the treetops (Vida en las copas de los árboles) y It’s a Jungle Up There (Allá arriba es una selva).

También hay personas que suben a los árboles solo por el placer de la aventura y la experiencia de estar en la copa frondosa. La actividad recreativa organizada de “trepar árboles” (tree climbing en la terminología inglesa) usando equipos de escalada surgió en Estados Unidos en la década de los 80 y de allí se ha ido extendiendo a otros países del mundo. Existen asociaciones internacionales de “trepa-árboles” como Tree Climbers International o la Global Organization of Tree Climbers (GOTC). En las páginas web de estas asociaciones se encuentran guías y cursos en línea sobre técnicas de escalada seguras y respetuosas con los árboles.

Otra razón para subir a un árbol es para protestar por la tala de árboles. Una mujer, Julia Butterfly Hill, permaneció 738 días sin bajarse de lo alto de una secuoya, bautizada como Luna, a 50 m de altura. Su gesta tuvo como resultado salvar la vida del árbol y la protección de un entorno de 60 m, y la convirtió en un símbolo del movimiento conservacionista. Sucedió entre 1997 y 1999 en un bosque de secuoyas milenarias del Norte de California que estaba siendo talado por su madera. La secuoya roja (Sequoia sempervirens) es uno de los árboles más altos y longevos del mundo, una auténtica catedral viviente; ascender hasta su vertiginosa altura y resistir en ella los rigores del clima de la zona requiere una excepcional fortaleza emocional. En el libro El Legado de Luna: La historia de una mujer, una secuoya y la lucha por salvar el bosque comparte sus vivencias allá arriba en las alturas y los detalles de la larga batalla contra la empresa maderera que iba a talar Luna.

Julia en la secuoya Luna, 1998. Autor: Shaun Walker.

Julia Hill en la secuoya Luna, 1998. Autor: Shaun Walker.

Hay artistas que encuentran inspiración en trepar a los árboles. El escritor y cineasta británico Henrik G. Dahle estuvo un año viajando por 11 países, subiendo cada día a un árbol diferente y entrevistando a personas que le acompañaban, su trabajo quedó recogido en el libro The Art of Climbing Trees (El Arte de subir a los árboles).

Y por último hay quienes eligen subir a un árbol para no bajarse jamás. Cosimo, El Barón Rampante de Italo Calvino, un día que se enfadó con su aristocrática familia se subió a un nogal y pasó el resto de su vida entre las copas de los árboles. Tomó una decisión definitiva y subido a los árboles encontró su verdadera forma de entender y relacionarse con el mundo. Igual que le sucedió a Sampath Chawla, el inadaptado joven protagonista de Alboroto en el guayabal, de la escritora india Kiran Desai, que también decidió un día subirse a un guayabo y después del alboroto que se montó nunca más se supo de él.

Subir a los árboles, por la razón que sea, transforma. Potencia el contacto con el ser árbol, con nuestro ser interior y con el mundo. ¡Ánimo! ¡Arriba!


Escrito por Rosa, jueves 12 de septiembre de 2013.


Campeonato de España de Trepa de Árboles

Proyecto Europeo Leonardo: Mujeres en arboricultura

Julia Butterfly Hill

Margaret D. Lowman

Henrik G. Dahle