Sube a por duriones

Los árboles son unos magníficos proveedores de alimento y vitaminas en forma de frutas bellas y deliciosas. “El que quiera fruta que suba al árbol” es una máxima muy conocida del historiador y clérigo inglés Thomas Fuller (1608-1661), que se cita como metáfora moral de la recompensa al esfuerzo. Pero no vivimos en la Inglaterra del siglo XVII y la mayoría estamos acostumbrados a acercarnos al supermercado o a la tienda de alimentación más cercana para elegir cómodamente entre una rica variedad de frutas cultivadas. En este mercado globalizado puedo adquirir en Sevilla kiwis de Nueva Zelanda, aguacates de Perú, mangos de Brasil, uvas de Chile, pomelos de Sudáfrica o manzanas de Francia. Gran parte de la población mundial (54%) vivimos en núcleos urbanos y hemos perdido el contacto con el “árbol madre” que nos abastece de frutos.

En contraste, muchos habitantes de bosques y selvas siguen subiendo a los árboles para alcanzar su recompensa, los frutos. Hace unos años, en las páginas de un suplemento semanal vi una imagen del fotógrafo Sebastião Salgado (Aimorés, 1944) que me impactó. La foto en blanco y negro mostraba una visión lateral del dosel intrincado y las copas entrelazadas de un bosque tropical, posiblemente tomada desde una atalaya cercana. Enormes hojas de palmas ocupaban casi toda la parte derecha. Un tronco recto de árbol atravesaba verticalmente la foto, cerca de la margen izquierda. Por el tronco gigantesco trepaba una figura humana; un hombrecillo empequeñecido por la grandeza de la selva, que en la primera visión de la foto pasaba desapercibido. Una composición magistral.

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Esta primavera las fotos de Salgado llegaron a Sevilla en una exposición itinerante, instalada al aire libre (“Arte en la Calle”) frente al pequeño jardín del Archivo de Indias. Allí estaba de nuevo el hombrecillo trepando absorto por el tronco gigantesco, entre paseantes y curiosos. Visto más de cerca se le podía apreciar musculoso, vestido solo con un taparrabos, trepando a pulso el tronco con ayuda de una cuerda a modo de cincha y apoyando los pies descalzos. La leyenda de la foto al fin me desveló que se trataba de un joven del clan mentawai que subía a cosechar durianes, en la Isla Siberut (Indonesia).


El rey de las frutas tropicales

El fruto del durión (o durián) es muy apreciado en el sudeste de Asia donde se le denomina el “rey de las frutas”. Hay 30 especies del género Durio (en la familia Malváceas) de las que nueve producen frutos comestibles, la más extendida y cultivada es Durio zibethinus.

En occidente, el médico y botánico español Juan Fragoso ofreció una de las primeras reseñas sobre esta fruta, en su obra enciclopédica de 1572. “Muchos tienen por una de las más excelentes frutas de la india oriental, los doriones de Malaca, que son del tamaño de nuestros melones, con una corteza muy dura y cubierta de muchas espinas”. Además, “cuentan los que han visto el árbol ser tan grande como un nogal” ¹.

En efecto, los árboles del durión son altos, hasta de 40 m, tienen troncos rectos (como se aprecia en la foto de Salgado) y gruesos, de unos 2 m de diámetro, las primeras ramificaciones están a unos 20 m. Es decir, hay que trepar bastante para alcanzar los deseados duriones.

Los frutos son en verdad una buena recompensa. Son grandes, pesan unos 2-3 kg, con una piel gruesa cubierta de espinas. En su interior esconden unos arilos  carnosos, dulces, cremosos, que pueden ser de color crema, amarillo, naranja o rojo, según la variedad y especie. Estos arilos comestibles suponen el 15-35% del peso de la fruta y son ricos en proteínas (2,5%), lípidos (2,5%) e hidratos de carbono (28%), además de minerales, vitaminas y fibras.

Acuarela china de 1824, British Library.

Acuarela china de 1824, British Library.

La atracción por los duriones va más allá de su valor nutritivo, es una pasión para muchos asiáticos. El naturalista y geógrafo Alfred R. Wallace (1823-1913) viajó durante ocho años por el archipiélago malayo dónde conoció y se aficionó a los duriones. Es bien conocida la historia de la carta que escribió desde allí a Darwin en 1858 con sus ideas sobre la selección natural, el revuelo académico que originó y su papel seminal en la Teoría de la Evolución. Unos años antes, en 1856, escribió una carta a William J. Hooker, director de los Jardines de Kew, narrándole las excelencias de los duriones.

El durión es una fruta de carácter perfectamente único, no tenemos nada con la que pueda ser comparada.
Es redonda u ovalada, del tamaño de un melón pequeño, de color verde y cubierta de espinas fuertes. Desde la base al ápice se pueden distinguir cinco líneas que son las suturas de los carpelos y muestran por donde se pueden abrir con un buen cuchillo y unas manos fuertes. Las cinco cavidades están rellenas con una masa de pulpa firme, color crema, que contiene unas tres semillas cada una. Esta pulpa es la parte comestible, y su consistencia y sabor son indescriptibles. Una crema rica con sabor intenso a almendra puede dar una buena idea, pero a veces hay trazos de sabores que recuerdan al queso cremoso, la salsa de cebolla, el vino de jerez y otros platos incongruentes. Luego hay una rica suavidad pegajosa en la pulpa que ninguna otra tiene, pero que le añade su delicadeza. No es ni ácida ni dulce ni jugosa; sin embargo no necesita ninguna de esas cualidades porque en sí misma es perfecta. Mientras más comes menos te sientes inclinado a parar. De hecho, comer duriones es una sensación nueva digna de un viaje al Este para experimentarla.
Quizás no sea correcto decir que el durión sea la mejor de todas las frutas porque no puede ofrecer jugos refrescantes como la naranja, la uva o el mango, pero en cuanto a producir un alimento del sabor más exquisito no tiene rival. Si tuviera que elegir un representante de la perfección de cada clase sería al durión y a la naranja como el rey y la reina de las frutas.

Los nativos de estas islas tienen adicción por los duriones. Cuando llega la temporada de su maduración abandonan sus poblados y acampan en el bosque durante semanas, alimentándose básicamente de duriones.

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Señal en el metro de Singapur.

Para Wallace era la fruta perfecta, sin embargo tiene un pequeño inconveniente, su olor penetrante no a todo el mundo agrada. El viajero y gastrónomo Richard Sterling lo describe en su blog como si se mezclara en una batidora excremento de cerdo, aguarrás y cebollas podridas, aderezándolo con un calcetín sudado. Quizás refleja un prejuicio occidental o una diferente sensibilidad cultural con los aromas. En cualquier caso este olor intenso del durión maduro no es gratuito, ni está diseñado para espantar a los gastro-snobs; es una fuerte llamada a los mamíferos de la selva, que se orientan más por el olfato que por la vista, para que dispersen sus semillas. Al reclamo olfativo del durión maduro acuden elefantes, rinocerontes, orangutanes, tapires y jabalíes, incluso algunos carnívoros como tigres, leopardos y civetas, toda una fiesta en la selva. En cambio, en el ecosistema urbano este aroma del bosque no está permitido, así se pueden ver señales de prohibición de llevar duriones en transportes públicos, hoteles y aeropuertos de las ciudades asiáticas.

Santuario de Siberut

La isla de Siberut, al oeste de Sumatra (Indonesia), tiene unos 4.030 km² casi en su totalidad ocupado por bosque tropical húmedo, gracias a la alta precipitación que recibe (media anual de 4.217 mm). Se pueden encontrar más de 100 especies de árboles diferentes en pocas hectáreas de bosque, siendo las familias más diversas Euforbiáceas, Lauráceas, Mirtáceas y Moráceas. Está incluida en el punto crítico (hot spot) de biodiversidad denominado Sundaland, una de las zonas más biodiversas y también más amenazadas del planeta.

Thomas Raffles (1781-1826) fue gobernador de Bengkulu (Sumatra), donde la Compañía Británica de las Indias Orientales se dedicaba a la producción y comercio de la pimienta y la nuez moscada. Además de fundar Singapur en 1819 como puerto británico realizó expediciones por el archipiélago. En una de ellas, en 1819, se descubrió la extraña y singular planta parásita de flores enormes, Raflessia arnoldii, que fue nombrada en su honor. En 1821 visitó la isla Siberut y se quedó impresionado por la amabilidad e ingenuidad de sus habitantes, en una carta escribió que le parecía estar en el Jardín del Edén.

La etnia Mentawai ha estado habitando el arco de pequeñas islas que se alinean al occidente de Sumatra, desde hace al menos 2.000 años. Son pueblos que viven de la caza y la pesca, de la recolección de frutos (como el durión) y del sago (almidón obtenido de la palmera Metroxylon sagu), del cultivo del taro y las bananas, y la cría de cerdos y gallinas. Son animistas y tienen un sistema de rituales y tabúes que mantienen el equilibrio de la gente y los recursos del bosque. Un dicho mentawai reconoce que “como el pez en el agua, nuestras vidas son inseparables del bosque y la tierra”. En 1981 la isla Siberut fue declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO, con la intención de conservar su rica biodiversidad (incluyendo cuatro especies endémicas de primates) y que los casi 20.000 indígenas mentawai pudieran conservar su cultura ancestral en equilibrio con la naturaleza. Más tarde, en 1993 la parte occidental de la isla fue protegida como Parque Nacional por el Gobierno de Indonesia.

Sin embargo existen diversas amenazas que, como una maldición bíblica, están destruyendo este Jardín del Edén. La explotación maderera y la destrucción de la selva para plantar palmas aceiteras, cultivo en expansión en Indonesia, están alterando los ecosistemas y las formas de vida en esta isla. Por otra parte, el contacto con las costumbres modernas está causando la pérdida de las culturas tradicionales.

Sebastião Salgado dedicó ocho años a buscar por todo el mundo las imágenes y las historias de su magna obra Génesis². Una sección la dedica a los Santuarios, “lugares donde las comunidades humanas continúan viviendo de acuerdo a sus culturas y tradiciones ancestrales”. Con sus fotos pretende “ver y maravillarnos, y comprender la necesidad de proteger estos lugares”.

La historia y la imagen potente del joven mentawai que sube a por duriones en la selva de Siberut nos asombra y nos maravilla, alimenta nuestra imaginación y nos confirma que vivimos en un mundo hermoso, pero también vulnerable.

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¹ Fragoso, J. 1572. Discurso de las cosas Aromáticas, árboles y frutales, y de otras muchas medicina simples que se traen de la India Oriental, y sirven al uso de la medicina. Francisco Sánchez, Madrid.
² Salgado, S. 2013. Génesis, Taschen, Madrid.

 

Escrito por Teo, 16 de julio 2015.

 

Enlaces

Monografía de M.J Brown (1997) sobre el durión, publicada por el Instituto Internacional sobre Recursos Fitogenéticos, IPGRI

Carta de Wallace a Hooker describiendo los duriones.

Comentario de Richard Sterling sobre el olor del durión

Sundaland como Punto Crítico de Biodiversidad

Amenazas a la supervivencia cultural de los mentawai en Siberut

Siberut, Reserva de la Biosfera por la UNESCO

Parque Nacional de Siberut, Indonesia

Página oficial del fotógrafo Sebastião Salgado

Otras entradas relacionadas en este blog:
Subir al árbol
Destrucción de los bosques tropicales en Indonesia
Islas de las especias

Sanar con árboles

Los árboles están constantemente contribuyendo a nuestro bienestar de muchas maneras, siempre silenciosas e invisibles. Un beneficio importante y no bastante valorado es que ayudan a mejorar nuestra salud. Por un lado, los llamados “árboles medicinas” aportan materias primas para elaborar remedios y fármacos. Por otro, los árboles, en general, ejercen un efecto sanador para el cuerpo, la mente y el espíritu si nos exponemos a sus saludables influjos paseando por lugares con árboles frondosos, efecto conocido como “terapia del bosque”.

La celebración del evento Jane’s Walk 2015 (1), en mayo, me dio la oportunidad de explorar el potencial sanador de los árboles con un grupo de personas en un paseo por un parque urbano. La experiencia desarrollada en el Parque de María Luisa (Sevilla) fue una vivencia muy enriquecedora. El éxito de asistencia me ha confirmado el interés creciente que existe por reconectar con los árboles y ahondar en sus múltiples beneficios.

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La propuesta de un paseo para conocer el efecto sanador de los árboles está inspirada y basada en corrientes actuales de pensamientos. Que caminar entre árboles sea saludable no es algo nuevo, pero existen estudios e investigaciones recientes que apoyan de un modo científico la necesidad de concebir el contacto con la naturaleza, en general, y con los árboles, en particular, como una verdadera medicina y una forma sana de vivir.

Japón está en la vanguardia de este planteamiento. Desde los años 80 del pasado siglo, los médicos recetan paseos de dos horas por bosques a ciudadanos de grandes urbes afectados de estrés y otras dolencias habituales de la vida de hoy. Los paseos se denominan “Shinrin-yoku” o “baños de aire del bosque”, y sus efectos están siendo evaluados por inmunólogos, neurólogos y fisiólogos. Los resultados son concluyentes: tras dos horas de paseo por un bosque disminuye la hormona del estrés (cortisol), aumenta la concentración de linfocitos y proteínas anti cáncer; y la actividad cerebral se desplaza a áreas del cerebro relacionadas con la emoción, el placer y la empatía (Ver post sobre shinrin-yoku en este blog).

En EEUU, el periodista Richard Louv publicó en 2005 la obra El último niño en el bosque: salvando a nuestros hijos del Desorden por el Déficit de Naturaleza (2), que está teniendo gran impacto. La tesis de Louv, elaborada tras un estudio de más diez años entrevistando a familias rurales y urbanas de todo EEUU, es bien simple: muchos seres humanos actuales no tienen suficiente contacto con la naturaleza y ese déficit contribuye a alimentar problemas físicos y emocionales. A esa falta crónica de contacto con la naturaleza la llama “Desorden por Déficit de Naturaleza”. Para Louv este trastorno se detecta a nivel de los individuos (niños y adultos), las familias y las comunidades. ¿Y por qué sucede esto? Los neurólogos destacan que los humanos hemos evolucionado en la naturaleza, en el bosque, por tanto es dónde nos sentimos más a gusto. Nuestras funciones fisiológicas y psicológicas son el resultado de un largo proceso de adaptación a las condiciones naturales; no podemos asimilar las rápidas transformaciones que ha conocido nuestra forma de vida últimamente, con el paso de una sociedad rural a otra altamente urbanizada. El cerebro humano no está preparado para procesar el exceso de estimulación que implica tales cambios. Es lógico que la vida artificial moderna nos produzca estrés y ansiedad.

Descubriendo los árboles sanadores

Para tomar lo que en Japón llaman un “baño de bosque”, no hace falta ir a un parque natural distante. Los parques urbanos pueden ser lugares igual de propicios si albergan árboles grandes y viejos.  Así que el primer requisito sería disponer de un espacio arbolado y con senderos que faciliten la exposición a árboles maduros.

Ese es el caso del Parque de María Luisa, en Sevilla, donde llevamos a cabo nuestra experiencia. El espacio fue diseñado como jardín privado de una familia aristocrática alrededor de 1860 y luego pasó a ser parque público y fue remodelado en torno a 1914, pero conservando parte de la floresta inicial, de modo que contiene algunos árboles de más de 150 años. Para la intención del paseo, el diseño antiguo es muy apropiado pues mantiene parte del jardín romántico original, de sendas sinuosas, sin parterres, con aire descuidado imitando al caos de la naturaleza y terrenos diáfanos de césped salpicados de grandes ejemplares arbóreos. También aportan valores al paseo sanador las zonas diseñadas posteriormente, siguiendo el estilo del jardín árabe, con fuentes y estanques.

10_Ginkgo_árbolEl trazado del paseo contribuye también a su resultado. En el Parque de María Luisa traté de facilitar el contacto con ejemplares viejos y hermosos de diversas especies en una variedad de ambientes. Ver un árbol grande, bien desarrollado, manifestando toda la grandeza y belleza que es capaz de alcanzar es emocionante. Eso ocurrió en nuestro paseo al descubrir magníficos ejemplares de especies comunes como el plátano de sombra, el ciprés calvo, el olmo, el almez, el eucalipto rojo, el ciprés mediterráneo o las palmeras. También impresiona ver por primera vez especies menos frecuente y conmoverse ante su belleza nueva, así sucedió con la araucaria de Australia, el ginkgo, el tilo europeo, el árbol del fuego o el baniano australiano (3). Cada parque tiene sus tesoros arbóreos por descubrir.

Además de disponer de buenos ejemplares de árboles, el otro indispensable requisito para que pasear entre árboles sea sanador, es el modo en que se realiza el recorrido. Basándome en las indicaciones de los médicos japoneses, expertos en esta nueva disciplina, en nuestro paseo se siguieron tres pautas: caminar de forma sosegada, respirar conscientemente el aire del bosque y exponer los cinco sentidos al ambiente que se atraviesa.  La conciencia es clave para la experiencia, que los paseantes enfoquen la atención en la quietud interior, en la respiración, en las sensaciones, y también en la contemplación del árbol.

El aire del bosque

El poder terapéutico de los árboles se debe en gran parte a la calidad del aire que ellos generan. Hay una gran diferencia entre el aire que respiramos en una avenida atestada de vehículos y el que se respira en el corazón de un parque amurallado de elevados árboles cargados de hojas, esos órganos vegetales diseñados para el intercambio de gases. En ese rincón verde de la ciudad, el aire es más oxigenado; es más limpio, porque los árboles retiran de la atmósfera dióxido de carbono, gases nocivos y partículas dañinas; es más saludable, porque contiene compuestos orgánicos volátiles (se conocen como COV) que los árboles emiten; y es más fresco y húmedo, por la sombra de los árboles que además reducen la pérdida y evaporación de agua.

Entre todos esos aspectos de la calidad del aire, los compuestos volátiles son de gran valor curativo. Esos compuestos son los principales responsables del efecto beneficioso sobre el sistema inmunológico. En Japón, se han realizado experimentos con diversos compuestos aromáticos naturales, como pinenos, limonenos, cedrol o isoprenos, demostrándose en algunos de ellos su efecto antimicrobiano y supresor de tumores. De hecho, con estos compuestos volátiles se elaboran los aceites esenciales que se usan en aromaterapia y medicina holística.

Para que realmente nos beneficie el reparador y salutífero aire del parque, tenemos que exponer nuestro sistema respiratorio a la entrada de ese aire, respirar de manera que el aire llegue al fondo de los pulmones y distribuya con la mayor eficiencia su rico cargamento por todo el organismo. El estrés permanente de la vida actual provoca que nos habituemos a respirar a la mitad o menos de nuestra capacidad pulmonar. Respirar bien es un arte que mejora considerablemente la calidad de nuestra vida, como llevan siglos alertando los yoguis indios. Durante el paseo es recomendable que nuestra respiración sea natural, libre, armoniosa y consciente.

Los cinco sentidos

Una de las consecuencias del Déficit de Naturaleza es lo poco que hoy día ejercitamos y valoramos los sentidos. Pasamos tantas horas observando pantallas, bien sea de móvil, tableta, ordenador o televisión, que no nos quedan resquicios de tiempo para atender lo que nos rodea y conectar con el mundo circundante a través de los sentidos. Según un informe de 2014, la tendencia a estar todo el día mirando una pantalla ocurre en cualquier rincón del mundo; en España pasamos casi 6,6 horas mirando sobre todo el móvil, algo parecido ocurre en México, mientras en China el promedio es de casi 8 horas. Estos datos evidencian el enorme tiempo que le dedicamos en exclusividad al sentido de la vista, o habría que decir al sentido de “la vista de pantallas”.

Caminar entre árboles es una oportunidad para detener ese ritmo y dedicarle un tiempo a percibir los elementos de la naturaleza circundante. Algo que, como insiste Richard Louv, nos reconforta y equilibra porque lo necesitamos para estar de verdad sanos.

En el paseo por el parque sevillano, encontramos bastantes ocasiones para el disfrute visual. La sola visión del verdor del entorno bajo la luz primaveral resultaba un alivio para los ojos. Cambiando la dirección de la mirada hacia arriba, las copas verdes extendidas hacia el azul del cielo brindaban una sensación de expansión. En la rica paleta de verdes, distinguimos el verde vivo de las hojas nuevas de plátanos, almeces, olmos y otros árboles caducifolios, una imagen que contagia alegría y vitalidad. La parada en la Glorieta de los Lotos, un estanque amplio rodeado de una pared de árboles grandes, permitió descansar la vista en un horizonte verde vivo que transmitía sosiego y alegría en contraposición al no tan estimulante horizonte edificado que suele rodearnos.

Una manera más íntima de contactar con los árboles es cerrando los ojos y palpando, por ejemplo, las cortezas de los troncos. Dice Caballero Bonald en su poema en prosa “Apenas sensitivo”: Tocar un árbol, recorrerlo, intuir lo que ocurre en su interior, equivale a aceptar que cualquier inventario apenas sensitivo de los árboles circundantes supone juntamente el árbol de la vida (4). Las sugerentes palabras del poeta inspiran a las manos a intuir la vida única que palpita en todos los árboles. Tocar las formas y texturas que el paseo invita ensancha el horizonte interior. En nuestra ruta pudimos acariciar la suave corteza del almez, sentir el tronco descamado del plátano, seguir los surcos profundos del olmo o rodear el desmesurado tronco de un eucalipto rojo .

El mundo invisible del bosque está poblado de aromas. Los árboles, las plantas, constantemente están emitiendo compuestos aromáticos. Según investigaciones recientes, esas sustancias constituyen un rico lenguaje con el que las plantas se comunican, es un verdadero código de mensajes; los hay de alerta, de defensa, de atracción para los insectos y, así, una gran variedad de mensajes para una diversidad de fines. La gama de olores es amplia, desde olores intensos de algunas flores a otros más sutiles de hojas o maderas. En el paseo del Parque de María Luisa recorrimos territorios aromatizados por las hojas de mirtos, naranjos y eucaliptos, cada uno con su carga curativa. Un jardín es una atmósfera fragante para disfrutar de la belleza aromática y dejarse impregnar de su riqueza balsámica.

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El efecto sanador del paseo es mayor si acallamos el parloteo constante de nuestra mente y permitimos que los sonidos del bosque suenen. En el Parque de María Luisa, el viento se dejaba oír, a veces moviendo las grandes hojas de las altas palmeras, otras, las pequeñas de los almeces. La voces de distintos pájaros con sus diferentes notas irrumpían en el camino para callar poco después. Hubo ocasión para oír el gorjeo grave de un mirlo, el arrullo vibrante de la tórtola, el canto metálico del carbonero, el canto vivaz del verderón, los graznidos de pavos reales o los gritos ruidosos de cotorras de Kramer. El agua de las fuentes con su voz cristalina también acompañó tramos de nuestro paseo, refrescándonos con su incesante fluir y cantar.

La percepción sensorial es completa si también se degusta una infusión de plantas del bosque. Saborear una infusión es otro modo de recibir las bendiciones terapéuticas de las plantas. En nuestro paseo, paramos bajo un tilo a tomar una mezcla de tila y flor de azahar, ambas de efecto relajante, junto con hojas de ginkgo.

La contemplación del árbol

12_FicusEl simple hecho de contemplar un buen árbol ayuda a sanarnos emocional y espiritualmente, debido a que  el árbol es una figura simbólica de grandes significados arraigada en la conciencia colectiva. En el árbol los seres humanos hemos visto el símbolo de la vida, la agrupación de los cuatro elementos de la naturaleza, la unión entre el cielo y la tierra, la semejanza con nosotros mismos, y el maestro que enseña la verdad de la vida. Por esa razón, la contemplación de un árbol maduro, bien enraizado, con tronco firme y copa abierta al cielo, nos inspira paz, sosiego, equilibrio y bienestar.

En un paseo, los árboles más esplendorosos ayudan a conectar con esa figura mítica y nos reconcilian con lo que somos.

En el Parque de María Luisa, comenzamos el paseo junto a al ciprés calvo de majestuosa presencia, elegido para el monumento al poeta romántico sevillano Gustavo Adolfo Bécquer; un ejemplar de más de 150 años, que infunde asombro y respeto como un árbol sagrado, a la vez que transmite sensaciones de cobijo y protección como un árbol madre. Al final del itinerario,  le dedicamos unos momentos a contemplar una magnífica higuera australiana, de porte armonioso y poderoso capaz de inspirar esa plenitud del árbol como símbolo de la vida.

Epílogo

Padecemos muchas dolencias, malestares y sufrimientos causados por nuestra forma de vivir y de pensar. Los árboles están ahí, a nuestro alcance en el bosque o el parque, para reconfortarnos y aliviarnos esos padecimientos. Volvamos a restablecer el contacto sanador con ellos.

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Notas
1. Jane’s Walks es un evento que se celebra anualmente en diversas ciudades del mundo. Consiste en organizar paseos guiados voluntarios por la ciudad. Se realizan en honor de la periodista y activista americana ya fallecida Jane Jacob, que luchó por la mejora de la vida en el espacio urbano. En el paseo por el Parque de María Luisa de 2015 colaboró el médico del deporte Eliseo Monsalvete, interesado en esta terapia.
2. Richard Louv. Last Child in the Woods: Saving Our Children from Nature-Deficit Disorder. Algonquin Books of Chapel Hill. New York, 2006. No existe edición traducida al castellano.
3. Algunos árboles del Parque de María Luisa que se vieron en el paseo fueron: araucaria (Araucaria cunninghamii); almez (Celtis australis); ciprés mediterráneo (Cupressus sempervirens); ciprés calvo (Taxodium distichum); eucalipto rojo (Eucalyptus camaldulensis); ginkgo (Ginkgo biloba); grevillea o árbol del fuego (Grevillea robusta); higuera australiana (Ficus macrophylla); olmo (Ulmus minor); palmera excelsa (Trachycarpus fortunei); plátano de sombra (Platanus orientalis y Platanus hispanica); o tilo común (Tilia platyphyllos).
Un inventario completo de los árboles del Parque de María Luisa fue compilado en la obra:
R.Cintas, J.Cruz, A. Furest, M. Librero y P. Martín de Agar. Árboles del Parque de María Luisa (Sevilla). Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Sevilla. Sevilla, 1981.
4.  J.M. Caballero Bonald . Desaprendizajes. Seix Barral. 2015. Barcelona.

Escrito por Rosa, jueves 11 de junio de 2015.

Enlaces
Paseo de Janes Walk 2015 en el Parque María Luisa de Sevilla.
Reseña de Informe sobre el tiempo que pasamos mirando pantallas.

Entradas de este blog con temas relacionados:
Sobre efectos sanadores: el bosque medicina; el árbol medicina Nim.
Sobre sonidos, colores, aromas y sombras de los árboles.
Sobre algunas especies singulares: Ginkgo; Higuera australiana; Araucaria de AustraliaCiprés mediterráneo.
Sobre la contemplación del árbol.

Muerte silenciosa en el bosque

La mortalidad masiva de árboles, de forma aparentemente natural, es un fenómeno global y creciente en los bosques del mundo que se conoce como “decaimiento” (forest decline, en inglés). El estrés combinado de la sequía y el calentamiento del aire parece estar detrás de al menos 88 casos de mortalidad documentados en distintas partes del mundo ¹. Es previsible que el continuo aumento en las emisiones de gases invernaderos, asociado a nuestro modelo de desarrollo industrial, vaya agravando esta mortalidad silenciosa en los bosques.

Mapa con algunos bosques que han sufrido mortalidad masiva de árboles (Allen, 2009).

Mapa con algunos bosques que han sufrido mortalidad masiva de árboles (Allen, 2009).

Los ejemplos que se han estudiado en los diferentes continentes son estremecedores. En Europa, las poblaciones meridionales de pino albar (Pinus sylvestris) están sufriendo una mortalidad masiva, no solo en su extremo sur de Sierra Filabres (España), sino también en Italia, Suiza, Austria y Francia, con frecuencia asociados al ataque de insectos barrenadores. Mientras, en el extremo norte, las poblaciones de pícea común (Picea abies) menguan en Noruega y las de pícea siberiana (P. obovata) en Rusia. El decaimiento, conocido localmente como “la seca”, está diezmando las encinas (Quercus ilex) y alcornoques (Q. suber) de España y Portugal.

En el norte de África, los bosques de cedro (Cedrus atlantica) de las montañas de Argelia y Marruecos han sufrido tasas de mortalidad hasta del 80% en las zonas más secas. Los episodios recientes de sequía en el Sahel han seguido reduciendo su ya escasa vegetación arbórea de acacias y otras especies. Mueren los hermosos aloes arbóreos de flores amarillas (Aloe dichotoma), posiblemente debido al cambio climático, y se reduce su área de distribución en los desiertos de Namibia y Sudáfrica.

Mortalidad de cedros (Cedrus atlantica) en el Parque Nacional Ifrane, Marruecos.

Mortalidad de cedros (Cedrus atlantica) en el Parque Nacional Ifrane, Marruecos.

El decaimiento llena de cadáveres arbóreos los bosques americanos, de norte a sur. En los bosques boreales de Canadá declinan las poblaciones de álamo temblón (Populus tremuloides), pino contorta (Pinus contorta) y ciprés de Alaska (Cupressus nootkatensis). Las sequías continuadas durante varios años y el aumento de la temperatura han provocado la mortalidad masiva de pinos (Pinus ponderosa y P. edulis) en Arizona y Nuevo México (EE. UU.). Mueren masivamente árboles de diferentes especies forestales en las selvas tropicales de Panamá, Costa Rica y Brasil, durante los episodios de sequía intensa estacional. Sequía y calor son también los responsables de la gran mortalidad que sufre el coihue (Nothofagus dombeyi) en la Patagonia argentina.

La mortalidad de pinos de Manchuria (Pinus tabuliformis) ha afectado a extensas zonas (unas 500.000 ha) del norte de China. Episodios de sequía severa (asociadas al calentamiento del Pacífico conocido como El Niño) han provocado una mortalidad de árboles en los bosques tropicales de Borneo. Las sequías repetidas en varios años han contribuido a la muerte masiva de eucaliptos (varias especies de Eucalyptus) en las sabanas tropicales de Australia.

 Esquema_decaimiento¿Qué está pasando en los bosques? Se han propuesto cuatro mecanismos, que no son excluyentes, para explicar la mortalidad masiva de árboles. Por una parte, los episodios de sequía intensa y calor pueden matar directamente a los árboles por cavitación de la columna de agua del xilema; es decir, se secan. Por otra parte, patógenos especialmente virulentos pueden matar directamente al árbol. Sin embargo, en la mayor parte de los casos es la combinación de varios factores la que produce el decaimiento y la muerte. Por ejemplo, debido al estrés por falta de agua, los árboles cierran los estomas, fijan menos carbono y se debilitan sus defensas, siendo más susceptibles al ataque por insectos o por hongos. Por último, el calentamiento global está favoreciendo a plagas y enfermedades (muchas de origen tropical) que estaban limitadas por las bajas temperaturas en clima templado.

Frentes globales de deforestación

Además del declive aparentemente natural y silencioso de los bosques existe una eliminación directa, radical y bien ruidosa de los árboles que son cortados con motosierras, arrastrados con bulldozers y sus restos incendiados. Se están destruyendo bosques nativos para transformarlos en cultivos de soja y de palma aceitera o en pastizales para ganado, en diferentes partes del mundo. La organización WWF ha identificado once “frentes de deforestación” globales (ver mapa) que pueden resultar en la pérdida de 170 millones ha de bosques para el 2030.

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Sudamérica es la zona más rica en bosques y la más amenazada. La previsión, si sigue la tendencia actual, es que desaparezcan 48 millones ha de bosque en el Amazonas, 15 millones en el Cerrado y 10 millones en el Chaco. En el sudeste de Asia, el frente del Gran Mekong podría significar la pérdida de 30 millones ha de bosques de alta biodiversidad. Especialmente crítica es la situación de las explotaciones madereras ilegales en Camboya, Laos y Myanmar. En la isla de Borneo se pueden perder hasta 22 millones ha de bosque tropical si continúa la tasa actual de deforestación para plantar palma aceitera (Elaeis guineensis) y la corta incontrolada de madera. Los principales frentes africanos de deforestación están en la Cuenca del Congo, donde se perderán hasta 12 millones ha de bosque y en África Oriental, con una pérdida de otras 12 millones ha.

Esta destrucción masiva supone una pérdida irreparable de la rica biodiversidad del bosque tropical. También una merma en el bienestar de la humanidad al reducir los denominados “servicios ecosistémicos”: secuestro de carbono y mitigación del cambio climático, regulación de la calidad del aire y del agua, recursos genéticos de frutos y medicinas, valores culturales, estéticos y espirituales.

Soluciones globales

Los problemas globales, como la deforestación y el decaimiento de los bosques, requieren soluciones globales. Las Naciones Unidas auspiciaron la firma, en septiembre 2014, de la Declaración de Nueva York de los Bosques. Suponía un reconocimiento de la importancia de los bosques y de su crítica situación.

“En los bosques se halla aproximadamente un 80% de la biodiversidad terrestre y desempeñan un papel vital en la protección del clima mediante la captura de carbono de forma natural. Sin embargo, cada año un promedio de 13 millones de hectáreas de bosques desaparecen, a menudo con efectos devastadores sobre las comunidades y los pueblos indígenas. La destrucción de los bosques naturales para la producción de materias primas (como soja, aceite de palma, carne y papel) es responsable de aproximadamente la mitad de la deforestación mundial.”

Al mismo tiempo comprometía a los firmantes a frenar la destrucción masiva de los bosques.

“Con nuestros diversos mandatos, capacidades y circunstancias, colectivamente nos comprometemos a… reducir la tasa de pérdida de bosques naturales a nivel mundial, por lo menos a la mitad para el año 2020, y hacer esfuerzos para detener totalmente la pérdida de bosques naturales para el año 2030.”

La Declaración fue firmada por representantes de 32 países, 40 empresas multinacionales y 65 organizaciones civiles. ¿Cuál será el futuro de los bosques? ¿Se conseguirá la deforestación cero para 2030, según la optimista propuesta de la Naciones Unidas? ¿O seguirán avanzando los frentes de deforestación que denuncia la WWF, provocando la destrucción de 170 millones ha de bosques tropicales para 2030?

Conocer el problema es el primer paso para solucionarlo. Todos podemos contribuir a frenar la pérdida de los bosques. Con nuestros pequeños gestos podemos reducir la emisión de gases invernaderos (favoreciendo las energías renovables, usando menos el coche) y aumentar el secuestro de carbono (plantando árboles). Mediante medidas de prevención y detección temprana de focos de mortalidad se puede evitar la expansión de patógenos exóticos. Debemos comprobar que la madera esté certificada; consumir alimentos y cosméticos de compañías que garanticen la deforestación cero. Apoyar la Declaración de Nueva York de los Bosques y a las organizaciones que denuncian la deforestación.

En palabras del médico y escritor ruso Antón Chéjov: “un árbol es hermoso, pero además tiene derecho a la vida; como el agua, el sol y las estrellas es esencial. La vida sobre la Tierra no se concibe sin árboles” ².

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¹ Allen CD y otros 19 autores (2010). A global overview of drought and heat-induced tree mortality reveals emerging climate change risks for forests. Forest Ecology and Management, 259: 660-684.
² Carta a su amigo y editor A. S. Suvorin, 18 octubre 1888. En A. P. Chekhov (1976) Complete Works and Letters in Thirty Volumes, Letters, vol. 3, p. 34.

 

Escrito por Teo, jueves 28 mayo 2015.

 

Fuentes
Artículo de Craig Allen (2009) sobre decaimiento global en la revista Unasylva

Frentes de deforestación global según la WWF

Entrada en este blog sobre cambio climático y bosques, con la declaración de Nueva York

Texto completo de la Declaración de Nueva York de los Bosques, en español

El Bosque de la felicidad

El descubrimiento de los árboles puede empezar con una acción simple, como el disfrute consciente de una buena sombra. Después, tal vez sintamos la llamada a adentrarnos más en su mundo. Y en ese camino sentimental y racional podemos llegar a sentirnos impulsados a realizar actos relevantes, como la plantación de unos árboles bajo cuya sombra nunca nos vamos a sentar.

Si dentro de vosotros ya albergáis el deseo de plantar árboles, no hay lectura más alentadora que El hombre que plantaba árboles, del escritor francés Jean Giono (1895-1970), una obra que impacta hondamente a todos los que amamos a esos gigantes verdes. En escasas páginas, con pocas palabras (unas 4.000) y aparente sencillez, Giono creó un relato literario que ha inspirado programas de reforestación en muchos lugares y ha legado un personaje de ficción asimismo inspirador.

Giono-Duomo

En una región de tierra descolorida, seca y casi despoblada de la Provenza alpina (Francia), un pastor, de nombre Eleazar Bouffier, siembra cada día semillas de robles, hayas y abedules durante varias décadas. El resultado de su empeño tenaz es que la tierra yerma se transforma al cabo del tiempo en un frondoso bosque. La presencia de los bosques atrae las lluvias, el agua revive los cauces secos y se restablece el ciclo de la vida; la fauna y la flora silvestres retornan a la frondosidad. Atraídos por el verdor, el agua y la vida, los habitantes de la zona se instalan de nuevo contagiados de esperanza.

El arte de contar de Giono se entronca en la tradición de los narradores orales poseedores del don de hechizar. El estilo conciso y sobrio y la fuerza del argumento atrapan como los relatos de Las mil y una noches en esta historia de un bosque que “florece de las manos y el alma de un único hombre”. Y sobre todo cautiva la visión de un mundo en el que hombre y árbol, juntos, crean un futuro de felicidad (“Contando a los nuevos llegados, tenemos a más de diez mil personas que deben su felicidad a Eleazar Bouffier”).

Un hombre solo transforma su entorno desolado en un lugar habitable, expresando cuánto de admirable hay en la condición humana (“Comprendí que los hombres pueden llegar a ser tan eficaces como Dios en otros dominios además de la destrucción”). Un hombre que sabe mucho, que percibe la interdependencia entre todo lo existente, que siente la hermandad con la tierra y sabe escucharla y cómo curarla (“Él había juzgado que este país se estaba muriendo porque le faltaban árboles. Añadió entonces que no teniendo nada más importante que hacer había tomado la resolución de poner remedio a ese estado de cosas”). Un hombre de cualidades excepcionales, que vive con su espíritu en paz, en soledad y silencio, dedicado con tesón imperturbable a cubrir la tierra de árboles, sin esperar recompensa alguna, movido por una inmensa generosidad hacia la naturaleza y hacia las generaciones futuras.

El árbol, y su poder de regeneración natural, es el otro protagonista silencioso de esta bella fábula. Los robles, hayas y abedules colaboran con el hombre solo, enraízan, crecen, cubren, protegen, atraen al agua, calman los vientos, florecen, fructifican, verdean y seducen a la gente con positivas razones para vivir.

Jean Giono escribió este relato en 1953, la revista Vogue lo publicó en 1954, tras rechazarlo The Reader’s Digest que le había encargado un texto sobre un personaje real inolvidable. Guiado por la misma generosidad que su personaje, y para que llegara al máximo de personas, donó los derechos del texto a toda la Humanidad. En pocos años se tradujo a diversas lenguas y se difundió por el mundo, y sigue difundiéndose hoy a través de libros y de internet.

Giono retrato

El autor escribió novelas, ensayos, relatos, teatro y guiones de cine, recibió diversos premios y está considerado uno de los mejores escritores del siglo XX. Autodidacta, humanista y pacifista, aprendió a amar la naturaleza desde niño en su Provenza natal, elevándola a personaje principal de muchos de sus libros. Persona alegre, con sentido de humor y disposición a lo lúdico, hizo de la búsqueda de la felicidad uno de sus temas fundamentales.

En cierto sentido, Giono fue un escritor precursor. Podría decirse que mucho antes de la era de internet, esta fábula se convirtió en un fenómeno viral que se extendió rápidamente por todo el mundo. De igual modo, al donar a la Humanidad su creación literaria, Giono se anticipó a la cultura del procomún creativo en la que difundimos y compartimos conocimientos sin cobrar derechos de autor.

La intención al escribir El hombre que plantaba árboles, como él mismo manifestó en una carta, fue que los lectores amasen los árboles o, más preciso aún, que amasen plantar árboles. Era uno de sus textos de los que se sentía más orgulloso, porque cumplía “con la función para la que fue escrito”: que se planten árboles, que haya imitadores de Eleazar Bouffier de carne y hueso por todo el mundo, que las políticas de los países amparen al árbol.

Jardín Botánico Montreal

Hace más de 60 años que se publicó este relato, sin embargo, su mensaje sigue siendo válido. Aunque en estas décadas se han puesto en marcha políticas y proyectos ambiciosos, como el promovido por Wangari Maathai en Kenia que desde 1977 ha plantado más de 50 millones de árboles, la realidad es que cada año (según datos de 2014) desaparecen un promedio de 13 millones de hectáreas de bosques naturales en el mundo. Para afrontar la crisis ambiental asociada al cambio climático los expertos advierten que hay que reducir, detener y revertir la pérdida de bosques a nivel global. Por eso, El hombre que plantaba árboles es una lectura que sigue siendo necesaria y placentera hoy en día.

El mensaje que transmite Giono es de esperanza, de optimismo, de confianza en el futuro y ahí reside parte de la fascinación de este libro. Norma L. Goodrich (en su epílogo de la obra)  desvela el compromiso  de Giono como escritor  y  como individuo:

“La esperanza tiene que surgir de la literatura, el poeta debe ser consciente del efecto mágico de determinadas palabras como hierba, prados, sauces, ríos, abetos, montañas. La gente lleva tiempo encerrada entre las cuatro paredes y se ha olvidado de ser libre. Los seres humanos no fueron creados para vivir en bloques de pisos y túneles de trenes, sus pies ansían andar a través de la hierba y deslizarse por corrientes de agua. La misión del poeta consiste en recordarnos la belleza: árboles balanceándose en la brisa, pinos crujiendo bajo la nieve en los desfiladeros; caballos salvajes galopando en la espuma de la rompiente. En la vida hay momentos en que una persona tiene que salir y afanarse en busca de la esperanza”.

Busquemos la esperanza plantando los bosques del futuro.

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Escrito por Rosa, jueves 16 de abril de 2015.

DIFUSIÓN Y ENLACES:
*  Edición del texto en internet: Traducido por Francisco Figueroa / Fundación As Salgueira.
*  Edición en papel: Jose J. Olañeta, Editor. 2007. Traducido por Borja Folch. Epílogo de Norma
L. Goodrich. Ilustraciones de Michael McCurdy.
*  Edición en papel: Duomo Ediciones. 2014. Traducido por Palmira Reixas. Prólogo Saramago.
    Epílogo Joaquín Araujo. Ilustrado por Joëlle Jolivet.

*  Adaptación cinemátográfica: El director canadiense Frederick Back en 1987 realizó una
película de animación con guión de Jean Giono, que recibió el Oscar al Mejor cortometraje de
animación.

*  Música: 1990 The Man Who Planted Trees por The Paul Winter Consort (Living Music LMUS
0030).

*  Otras entradas relacionadas en este blog:
    Wangari Maathai
    Bosques y cambio climático 

Botánico de Valencia

Si fuera un árbol urbano me gustaría vivir en el interior de un jardín botánico, cuidado, mimado y protegido de los vandalismos, acompañado por otros árboles de diferentes partes del mundo, visitado y admirado por los amantes de las plantas y de la naturaleza.

bosque_protegidoEntré en el Botánico de Valencia, como se entra en un santuario o en un museo; fuera de sus tapias quedaban el ruido del tráfico, los humos, las prisas, la gente corriendo de un lado para otro. Dentro de ese bosque urbano de unas 4,5 ha donde conviven unos 450 árboles encontré la calma, la sombra fresca, los trinos de los pájaros, el aroma forestal y sobre todo una gran diversidad de árboles (126 especies, según el Catálogo¹), con gran variedad de texturas y colores en la corteza de los troncos, en la forma de las copas, en la densidad del follaje; árboles que cuentan historias de sus linajes antiguos, de su ecología y de su relación con los habitantes de países exóticos.

ZelkovaEl árbol más grande del Jardín es una zelkova del Cáucaso (Zelkova carpinifolia, de la familia Ulmáceas), con 33 metros de alto y un tronco, con más de 5 metros de circunferencia, parcialmente ahuecado. Es un árbol impresionante, a pesar de tener algunas cicatrices de roturas de grandes ramas e incluso ramas sujetas por tirantes.

La zelkova es un relicto de la era Cenozoica (que empezó hace unos 65 millones de años) cuando se extendía por casi toda Europa, en un ambiente templado y húmedo. Formaba parte de un bosque de gran diversidad que fue progresivamente diezmado por el efecto de las sucesivas glaciaciones, que empezaron hace unos 2,5 millones de años. Actualmente sobrevive en bosques de Georgia, Turquía, Irán, Armenia y Azerbaiyán, donde ha sido explotado por su valiosa madera ligera, flexible y resistente a la pudrición; también se valoran las ramas para tutores de vides y el follaje para alimento de ganado. Está calificada como “casi-amenazada” por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Emparentadas con esta zelkova del Cáucaso existen dos zelkovas endémicas mediterráneas, una en Creta (Z. abelicea) y otra en Sicilia (Z. sicula). Además de otras tres especies en Asia oriental (Z. serrata, Z. schneideriana y Z. sinica); recuerdo un bello ejemplar de la zelkova de China (Z. sinica) con su corteza de parches anaranjados en el Botánico de Roma. Este grupo de especies de árboles relictos que han sobrevivido en diferentes “refugios” climáticos, aislados y separados entre sí está siendo objeto de un programa internacional de jardines botánicos para su estudio y conservación².

¿De dónde vendría la semilla de zelkova que fue plantada en Valencia hace más de 150 años? ¿de Turquía, de Georgia? En su larga vida ha sufrido temporales y arriadas, ha resistido la ciega barbarie de la guerra y aún se mantiene erguido, majestuoso, cuidado por los arboricultores del jardín. Hermoso destino de un árbol, poder morir de viejo, tan insólito fuera de ese recinto protector. Y todavía debe tener bastante vida por delante, si se considera que algunos ejemplares de Georgia o Irán tienen más de 800 años.

Cupressus_torulosaLa segunda atalaya del Botánico es el impresionante ciprés del Himalaya (Cupressus torulosa) con su tronco recto que alcanza 32 m de alto y tiene una circunferencia de 2,8 m. Forma bosques abiertos en las solanas secas del Himalaya, hasta los 3.670 m de altitud. La madera es valorada por su aroma, grano fino, durabilidad y resistencia a la podredumbre; tradicionalmente ha sido utilizada en la construcción de templos budistas y en las tallas de figuras religiosas, también se utiliza como incienso. Algunos bosquetes son protegidos como “bosques sagrados” por los monjes budistas. Es el árbol nacional de Bután, donde le tienen gran estima; los butaneses se identifican con su porte recto y fuerte y la capacidad para crecer en sitios difíciles, escarpados y duros.

Ficus_obscuraEn contraste con estos gigantes, me llamó la atención un arbolillo pequeño pero muy peculiar. Tenía el tronco lleno de pequeños frutos amarillentos, todavía inmaduros. Era un ficus oscuro de Borneo (Ficus obscura) y en mi visita de octubre 2014 tuve la suerte de coincidir con su período de fructificación.

Las plantas son obras de arte vivo, que cambian con el tiempo; se puede visitar un Botánico varias veces al año y siempre se descubre algo nuevo; una flor, un fruto, una hoja otoñal.

Los árboles del género Ficus son un recurso clave para aves y mamíferos de los bosques tropicales. Producen frutos durante casi todo el año, en grandes cantidades, son blandos y con muchas semillas pequeñas, fáciles de coger y de consumir, y son ricos en calcio. Como prueba de esta importancia, se han identificado 990 especies de aves y 284 especies de mamíferos que consumen habitualmente frutos de 260 especies de Ficus distribuidas por todas las zonas tropicales del mundo.

En los bosques malayos los frutos del ficus oscuro son consumidos por 31 especies de aves y 9 de mamíferos. Son grandes consumidores de estos higos el gibón (Hylobates lar), el orangután (Pongo pygmaeus) y diversas clases de ardillas y tupayas. Un solo árbol puede producir hasta 4.000 higos, todo un festín para los animales del bosque.

En la colección de cuercos (especies de Quercus) de Valencia, junto a las especies europeas más familiares como la encina (Q. ilex), el alcornoque (Q. suber) y los robles (Q. humilis y Q. cerris), se podían encontrar otras especies de diversas partes del mundo. Desde Asia habían llegado Q. glauca de Japón y Q. hartwissiana de Georgia, donde forma bosques mixtos con la zelkova. Procedente de América estaban Q. macrocarpa, Q. polymorpha y Q. virginiana, este último es conocido por las películas ambientadas en las plantaciones del sur de EEUU. En conjunto, una pequeña muestra de las más de 500 especies que tiene este género de árboles, tan importante para la economía y la cultura en los países del Hemisferio Norte.

Quercus_anillosUn viejo tronco de roble americano (Q. macrocarpa) es utilizado con fines didácticos para mostrar el crecimiento de los anillos; este ejemplar tenía 86 años cuando murió en 2011. En sus anillos están marcados algunos hitos en la historia de la ciencia y del medio ambiente; por ejemplo, en el anillo formado en 1953 se recuerda el descubrimiento de la estructura del ADN; mientras que el de 1972 marca la primera Cumbre de la Tierra en Estocolmo.

Sterculia_discolorMe sedujo la belleza del árbol sombrero (Brachychiton discolor) con su corteza verde lisa moteada y sus hojas otoñales; este árbol de la familia Malvácea vive en las selvas de la costa este de Australia.

Cuando se visita un Botánico, igual que cuando se vuelve a un museo ya conocido, siempre hay un árbol o una obra de arte que te sorprende o que redescubres. Así me pasó en esa mañana de otoño con este árbol, que no es el más grande ni el más espectacular del jardín, pero me cautivó por el verdor de su follaje traslúcido. Situado entre un grupo de troncos que se elevaban en paralelo, miraba a las copas que se entremezclaban y formaban una envolvente manto verde que me cubría. Una experiencia memorable.

Y el ginkgo (Ginkgo biloba); en ningún  jardín botánico puede faltar este fósil viviente, este árbol tan arcaico y tan elegante, con sus hojas palmeadas que se vuelven amarillas en otoño. También llamado albaricoque de plata, árbol de las pagodas, árbol de Goethe, árbol de los 40 escudos, panda botánico, es el último superviviente de un linaje antiguo que apenas ha cambiado en los últimos 250 millones de años. Casi extinguido en su hábitat natural, solo quedan algunas poblaciones relictas en las montañas de China. Sin embargo, su cultivo se expandió por China, Corea y Japón, plantado en templos budistas y sintoístas. En el siglo XVIII fue introducido en Europa y desde entonces se ha extendido como árbol urbano por la calles y jardines de todo el mundo.

Podría seguir relatando otras historias que me inspiraron los árboles del Botánico de Valencia. La sola mención de sus nombres ya evoca una relación antigua e intensa con habitantes de países lejanos: Angelitos de Argentina, Árbol del dolor de muelas y Ciprés funerario de China, Arbusto de madera de sangre y Pica-pica de Australia, Cafetero de Kentucky, Goma elástica y Palo amarillo de México, Karaka de Nueva Zelanda, Palisandro, Palo borracho y Pimentero de Brasil, Palo de jabón de Chile, Pitósporo de Japón…

Bosque_grafitiLa lista de especies de árboles es muy larga. Animo al lector a que se adentre en ese bosque urbano, que deje atrás las prisas y las preocupaciones cotidianas, y escuche directamente de ellos sus historias.

___________________
¹ Corbera, J., J. Güemes y C. Puche. 2005. Un bosque en la ciudad. El Jardín Botánico de la Universidad de Valencia. Publicaciones de la Universidad de Valencia.
² Kozlowski, G., D. Gibbs, F. Huan, D. Frey, J. Gratzfeld. 2012. Conservation of threatened relict trees through living ex situ collections: lessons from the global survey of the genus Zelkova (Ulmaceae). Biodiversity and Conservation 21: 671-685.

 

Escrito por Teo, jueves 26 marzo 2015.

 

Enlaces

Página web del Botánico de la Universidad de Valencia

Descripción de la zelkova y el ciprés en la web Monumental Trees

Estatus de conservación de la Zelkova carpinifolia según la IUCN

Estatus de conservación de Cupressus torulosa según la IUCN

Revisión sobre los animales que se alimentan de frutos de Ficus

Programa de radio del Bosque habitado, sobre el Botánico de Valencia

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Ginkgo
Higueras y ficus