Arminio y los bosques de Germania

La cultura occidental nunca se ha desprendido del todo de sus mitos de la naturaleza. Los cultos que buscamos en otras culturas nativas, como el bosque primigenio, el río de la vida o la montaña sagrada, en realidad están vivos en nosotros mismos; solo tenemos que saber dónde buscarlos. El libro de Simon Schama Paisaje y Memoria¹ es un viaje a través de espacios y épocas, un ejercicio de arqueología cultural que saca a la luz las venas del mito y la memoria que están ocultas bajo la piel del paisaje.
Landscape&Memory_coverDe la mano de Schama recorremos la historia cultural de Alemania buscando los bosques en sus mitos, sus memorias y sus obsesiones. El capítulo (de 60 páginas), oportunamente titulado “El camino a través de los bosques” (Der Holzweg: The Track Trough the Woods, en alemán e inglés en el original) comienza con Tácito y termina con el neoexpresionista Anselm Kiefer.

La Germania de Tácito

Cornelio Tácito escribió su obra Germania² posiblemente en el año 98 d.C., al comienzo del reinado de Trajano en Roma. En su texto describe las tierras localizadas al norte del río Rin y las costumbres de los pueblos germanos que las habitaban, con referencias interesantes a su relación con los bosques.

El paisaje de la Germania de hace 2.000 años era predominantemente forestal: “El terreno, aunque variado en su aspecto, está en general lleno de bosques” (p. 39).

En contraposición a las densas y populosas ciudades romanas construidas con piedras y ladrillos, los germanos habitaban en casas de madera dispersas por un paisaje forestal: “no habitan ciudades, como nosotros, y ni siquiera aguantan que sus casas estén juntas unas a otras. Dispersos y separados, viven en donde una fuente, un campo o un bosquecillo les place” (p. 50).

En varias partes de la obra se refiere Tácito a la relación de la cultura germana con los bosques sagrados. “No juzgan adecuado para la grandeza de los cielos encerrar a los dioses entre paredes ni presentarlos en forma humana, por ello, les consagran bosques y frondosidades y deifican el misterio que solo ven con su veneración” (p. 44). “Llevan a la batalla ciertas efigies e insignias sacadas de los bosques sagrados” (p. 42). “Se reúnen los representantes de los clanes en un bosque consagrado por los augurios de los patriarcas y por un respeto ancestral” (p. 76).

Como producto de origen arbóreo, resulta muy interesante la descripción sobre el comercio del ámbar báltico: “buscan el ámbar y lo recogen en los bajíos y en las misma orillas. Durante mucho tiempo permaneció tirado entre los demás despojos del mar, hasta que nuestro gusto por el lujo le dio importancia. Aceptan, admirados, el precio que se les ofrece por ello.”

Tácito presume del avance en la “ciencia” romana y nos regala algunos detalles bastante precisos sobre la naturaleza del ámbar. “No se han cuestionado, sin embargo, como bárbaros que son, por la naturaleza y la formación de este producto. Se piensa que es un exudado de los árboles, pues muchas veces se ven en su interior ejemplares de ciertos animales terrestres y volátiles que, engullidos en un líquido viscoso, quedaron apresados en él al solidificarse” (p. 83).

Ahora sabemos que el ámbar es una resina fosilizada que se produjo en los bosques de las orillas del Báltico durante el Eoceno, hace unos 44-47 millones de años. Se pensaba que fue producida por pinos o araucarias, pero las investigaciones recientes, usando técnicas de microespectroscopía de infrarrojos, apuntan a que el ámbar báltico fue producido por árboles de la familia sciadopitiáceas, unas coníferas que estaban muy extendidas por el Hemisferio Norte y de las que solo sobrevive el pino parasol (Sciadopitys verticillata), endémico del Japón. Pero esa es otra historia.

Volviendo a la obra de Tácito, en ella destacaba las virtudes de los germanos para criticar los vicios de Roma: “Es tan admirable su primitivismo. Plantándole cara a los hombres y a los dioses, han conseguido algo dificilísimo: no echar en falta ni siquiera la tentación” (p. 85). “A nadie divierte allí los vicios, y no llaman “moda” a corromper o ser corrompido” (p. 53). Estas observaciones de Tácito sugieren que los estereotipos de las virtudes de los pueblos europeos del norte y los vicios y corrupción de los del sur persisten desde hace dos milenios.

Algunos han visto una intencionalidad política en la obra, al avisar sobre la potencia bélica de los vecinos del norte. “Los germanos destruyeron al tiempo cinco ejércitos consulares del pueblo romano; incluso le ocurrió lo mismo al César y a Varo con sus tres legiones” (p. 73). Aquí alude Tácito a la gran derrota que tuvo lugar en el bosque de Teutoburgo, en el año 9 d.C. Esta batalla fue para muchos el acto fundacional de la nación alemana.

El bosque de Teutoburgo y el mito de Hermann

El bosque fue el principal aliado de Arminio, príncipe de los queruscos, en la decisiva batalla contra las legiones mandadas por Publio Quintilio Varo. Según cuentan las crónicas, en septiembre del año 9 d.C. Varo se trasladaba con todo su ejército a los cuarteles de invierno del río Rin. Una cohorte de caballería germana comandada por el joven Arminio acompañaba a Varo como tropa auxiliar. En el trayecto, con el argumento de someter una tribu local que se había rebelado, Arminio convenció a Varo para que tomaran un desvío y se adelantó con su caballería.

Excavaciones y Museo en Kalkriese, dónde se supone tuvo lugar la batalla. Foto: David Crossland.

Excavaciones y Museo en Kalkriese, dónde se supone tuvo lugar la batalla. Foto: David Crossland.

La lenta y pesada caravana de unos 20.000 hombres (soldados, civiles, esclavos, mujeres y niños) con sus equipajes se extendía varios kilómetros, serpenteando por los senderos estrechos del bosque. En una angostura, entre la boscosa colina de Kalkriese y una zona pantanosa, los estaba esperando un ejército formado por varias tribus germanas que se habían unido al mando de Arminio. Fue la “emboscada” por excelencia. El bosque impenetrable, bien conocido por los atacantes, impidió el despliegue de las tácticas de las legiones romanas, diseñadas para la lucha en espacios abiertos. El ataque de las tribus germanas duró cuatro días hasta la completa aniquilación de los expedicionarios romanos y el suicidio de Varo.

La terrible derrota de las tres legiones contribuyó a que los romanos desistieran de conquistar los terrenos al norte del río Rin. Establecieron una frontera fortificada (Limes Germanicus), más allá de la cual se extendía la Germania Magna o Germania Libera.

Arminio y su epopeya en el bosque de Teutoburgo fueron olvidados durante siglos, hasta que en el siglo XVI se descubrieron las copias de las obras de Tácito en un monasterio alemán. Empezaron a publicarse nuevas ediciones y el mito de Arminio, el héroe liberador de Germania, fue creciendo y tomando forma de nuevo. Parece que fue Lutero el que reforzó el mito, renombrando al héroe como Hermann (“hombre de guerra”) y defendiendo su papel en el combate contra el vicio y la decadencia de la civilización latina (vaticana en este caso).

En 1875, el Kaiser Guillermo I inauguró una gigantesca estatua de bronce del héroe Hermann blandiendo su enorme espada (de 7 m) y mirando hacia Francia; celebraba así la victoria en la guerra franco-prusiana y la unificación de Alemania. Durante los siglos XVIII y XIX, el héroe Hermann, guerrero musculoso con largos cabellos rubios, fue el personaje central de más de 50 obras de teatro y óperas en Alemania.

Para el escritor David Crossland, “la historia de Arminio es una lección de cómo la Historia puede ser inventada y convertida en propaganda. Desde que la crónica de la batalla escrita por Tácito fue redescubierta en el siglo XVI, los nacionalistas han transformado al líder germánico en un icono para forjar la unidad contra el enemigo común percibido, ya sea el Vaticano, Francia o los judíos.”

Epílogo

Durante mi viaje a Berlín en el pasado marzo, me acerqué al Museo de Arte Contemporáneo, donde (tras pagar la excesiva entrada de 14 euros) pude examinar la obra de gran formato que Anselm Kiefer dedicó a la batalla de Teutoburgo.

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Se titula “Caminos de sabiduría del mundo: la batalla de Hermann” (Wege der Weltweisheit: die Hermanns-Schlacht, 1980).

Kiefer_trunksEn el centro figuran los troncos de los árboles del bosque de Teutoburgo, con llamas a sus pies. Una serie de retratos de personajes de la historia intelectual de Alemania, como Kant o Heidegger, junto a militares como von Clausewitz o el fabricante de armamentos Krupp se conectan entre ellos y también con las llamas mediante líneas de circuitos.

“Más tarde o más temprano, los caminos de sabiduría en este bosque llevan al infierno”, leo en la nota explicativa.

 

Es un día soleado de invierno, salgo del museo y me dirijo al bosque de Tiergarten, el pulmón de Berlín. Los robles, las hayas y los alisos están todavía sin hojas, pero en la tierra florecen las campanillas azules, narcisos y hepáticas. Un largo paseo por el bosque tiene un efecto refrescante y reparador. Los pacíficos berlineses pasean sus perros o hacen ejercicio por el parque. El mito de Arminio se desvanece en esta nueva Alemania.
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¹ Simon Schama (1995) Landscape and Memory. Capítulo 2. “El camino a través de los bosques” págs. 75-134. Fontana Press, Londres.
² Cornelio Tácito (2011) Germania, traducción y notas de Juan Luis Posadas. Aldebarán, Cuenca.

Escrito por Teo, jueves 3 abril 2014.


Enlaces

Artículo de David Crossland sobre el mito de Arminio, Spiegel International 2009
Museo en Kalkriese, lugar de la batalla del bosque de Teutoburgo

Mujeres que van por leña

Los lazos que unen a los árboles con las mujeres son muy variados, como variadas son las historias que se podrían tejer con ellos. Wangari Maathai, Julia Butterfly Hill, Meg Lowman, Úrsula K. Le Guin o Jean S. Bolen son algunas mujeres concretas que han experimentado vivencias profundas con árboles¹. Hay, sin embargo, una historia, protagonizada por millones de mujeres anónimas a lo ancho del mundo, que desata en mí una honda empatía: la de las mujeres que a diario caminan kilómetros para recolectar ramas de árboles. Son mujeres de comunidades pobres que dependen de la energía de la madera para poder realizar las elementales tareas de cocinar, alumbrar y calentar sus hogares.

En este precioso y diverso planeta, ser mujer no es fácil, tampoco ser árbol. Pero, según el lugar donde se nazca, puede ser mucho más difícil. En mi hogar, de un país desarrollado, dispongo de energía eléctrica y gas; iluminar y calentar mi casa es tan sencillo como darle a unos botones; cocinar es rápido y no me perjudica la salud. Sin embargo, más de 2000 millones de personas en el mundo no tienen acceso a la electricidad y usan la madera como combustible (dendroenergía) para las tareas más básicas de la existencia.  Constituye una considerable parte de la población mundial, la de los habitantes pobres de áreas rurales y ciudades de países en desarrollo de Asia, África o América Latina. Nacer mujer en esas comunidades significa afrontar la responsabilidad de la recogida de leña pues recae mayoritariamente en ellas, otra carga que se añade a su pobreza y que condiciona sus vidas.

Postal comprada en Tánger, Marruecos. Editada por FISA-Escudo de Oro.

Postal comprada en Tánger, Marruecos. Editada por FISA-Escudo de Oro.

Hace unos años, subiendo un pedregoso sendero por las montañas del Rif marroquí, me crucé con una mujer campesina de mediana edad que ascendía la dura pendiente, sola, cargando un pesado haz de leña a su espalda. No sé ni cuánta distancia ni cuánto tiempo había andado, pero sí sé que en ese instante realizaba un gran esfuerzo subiendo la carga monte arriba por un terreno incómodo, sin más compañía que el susurro de los árboles y del viento. En otros viajes, he contemplado imágenes semejantes. No siempre en el campo. Por ejemplo, en plena ciudad de Nueva Delhi (India), he visto a niñas con uniformes escolares y esmerados peinados volver a casa al atardecer con hatillos de leña en la cabeza. En todas las ocasiones, la visión de una mujer o niña cargando leña me dejó impresionada.

Recolectar y manejar leña es una actividad dura, con serias consecuencias para la vida de quienes la realizan. Las mujeres que van por leña no solo hacen esa tarea, también se ocupan del cuidado y alimentación de su familia, del manejo del ganado doméstico y de los productos agrícolas familiares si los hay, además del abastecimiento de agua.

Congo_Mujer acarreando leña

Para recolectar madera, recorren largos trayectos usualmente andando, lo que les consume una gran cantidad de su tiempo. Al suministro de leña dedican entre una y siete horas. Es una trabajo arriesgado, que realizan solas o acompañadas de otras mujeres de la familia o de la comunidad, expuestas a ataques, violaciones y otros daños, como sucede por ejemplo en Darfour (Sudán), una región en conflicto bélico. La leña pesa, estas mujeres acarrean grandes cargas, un esfuerzo físico que suman a su ya larga jornada de trabajo. La leña aún les afecta de otro modo más cuando la queman en sus cocinas, pues se exponen a las partículas nocivas y cancerígenas del humo, que les provocan no pocos problemas de salud.

Todas son consecuencias graves. Además, el tiempo que consumen en la labor recolectora es un factor clave en su vidas. Ese tiempo se lo quitan a su educación y capacitación. Una mayoría de niñas y jóvenes dejan de asistir a la escuela, ya que emplean mucho tiempo en ir por leña, mientras sus hermanos varones no tienen ese impedimento. Sin educación, las mujeres no consiguen progresar ni escapar de la pobreza. Esta es la “brecha de género”, brecha que en otra escala también la sufrimos en nuestra sociedad desarrollada, pero en estos lugares del mundo donde ocupa tantas horas disponer del combustible para las necesidades básicas, la mujer está impedida para mejorar sus condiciones de existencia.

Cada vez más organizaciones gubernamentales y no gubernamentales se ocupan de buscar soluciones para mejorar la calidad de vida de estas mujeres. Algunas se orientan hacia el acceso a unos hornos o cocinas que sean solares o más eficientes en el uso de la leña y más saludables. Otras al empoderamiento de las mujeres a través de la educación, la capacitación en el manejo sostenible de los recursos naturales de los que dependen y en su implicación en las decisiones de la comunidad. También surgen iniciativas de las propias mujeres como el Movimiento Cinturón Verde de Kenia en el que las mujeres se organizaron para plantar los árboles de los que dependen.

¿Y qué pasa con los árboles cuya leña recogen esas mujeres? ¿Cómo les afecta? En 1859, la poeta norteamericana Emily Dickinson consideró esta cuestión desde su original perspectiva individual, y escribió²:

Robé a los Bosques,
los confiados Bosques.
Los Árboles desprevenidos
mostraron sus Frutos y sus musgos
para agradar a mis delirios.
Escudriñé, curiosa, sus adornos;
se los arrebaté, me atreví a robar.
¿Qué dirá el solemne Abeto?
Y el Roble, ¿qué dirá?

Siguiendo a la poeta, podemos ver la madera como un “fruto” del árbol, un tesoro muy apreciado por los humanos desde el descubrimiento del fuego. “Robarle” la madera a los confiados bosques les afectará más o menos, según el modo en que se realice esa tarea.

La acción de menor efecto es recoger del suelo las ramas desprendidas de los árboles, el bosque se conserva intacto; es lo que hacen una gran mayoría de mujeres andando largas distancias, buscando leña donde la haya. Acción de mayor efecto sobre el bosque es talar los árboles para hacer leña o aclarar zonas de bosque para disponer de tierras de cultivo, en este caso, el bosque se destruye; en muchos sitios las mujeres acuden a esos lugares para abastecerse. En otras regiones donde se dedica poco cuidado y control de los bosques, la gente corta las ramas a los árboles hasta que los dejan sin ninguna, los esquilman. En los países que tienen una política forestal medianamente responsable, se dedican áreas de bosque para consumo de leña, por medio de cortar todo el ramaje superior (desmoche) y esperar varios años a que vuelvan a crecerle las ramas antes de cortarlas de nuevo; en este caso, se conservan los pies de árboles, es una plantación que se renueva.

Nepal Mujeres con leña

A diferencia de los combustibles fósiles, la madera es un combustible renovable. Pero hay que esperar el tiempo suficiente para que el árbol regenere lo que se le arrebata. Cuando el ritmo de consumo de madera es mayor que la capacidad de los árboles para generarla, se habla de “crisis de la leña”. En aquellos lugares donde no hay una manejo apropiado de los bosques, el consumo de leña para cocinar está llevando a la desaparición de los bosques. Haití es un ejemplo muy conocido, ha perdido el 98% de los árboles por este motivo. Muchos otros países están en riesgo de perder su riqueza boscosa por la misma razón, especialmente en África.

Como un rayo de esperanza, se abre paso la valoración de la mujer para dar respuesta a los problemas económicos, sociales y ambientales de las comunidades rurales. Como ejemplo, en el informe de la FAO sobre el Estado de los Bosques del Mundo de 2012 se contempla la importante contribución de la mujer a la economía rural y se declara la necesidad de mejorar su injusta situación mediante algunos principios básicos universales:

Eliminar la discriminación ante la ley; promover el acceso a los recursos y oportunidades en pie de igualdad; velar por que las políticas y programas agrícolas, forestales y de desarrollo rural tengan en cuenta la perspectiva de género; y permitir que las mujeres sean asociados para el desarrollo sostenible en igualdad de condiciones. (…). El logro de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer en la agricultura y la actividad forestal no solo constituyen un objetivo justo, sino que son factores decisivos para el futuro sostenible³. 

Dos mujeres indias plantando árbol

En el libro Como un árbol, Jean S. Bolen asemeja las mujeres a los árboles porque ambos son tratados con amor en unos contextos, mientras que en otros acaban dañados, vendidos o aniquilados; y asegura que valorar a las niñas es igual que valorar a los árboles; es bueno para ellas y para el planeta. Los hilos que unen a las mujeres con los árboles no solo tejen historias individuales, también son la urdimbre imprescindible de nuestro futuro, un futuro con más árboles y con mujeres más felices.
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1. En este blog se encuentran semblanzas de Wangari Maathai, Julia Butterfly Hill, Meg Lowman, Úrsula K. Le Guin o Jean Shinoda Bolen.
2. Emily Dickinson. Poesía Completa. Traducción  de Enrique Goicolea. Amargord Ediciones. Madrid, 2011. Página 58.
3. Informe de la FAO sobre El estado de los bosques del mundo, 2012. Capítulo 3, página 43.

Escrito por Rosa, jueves 13 de marzo de 2014.

Fuentes
Artículo de Drew Corbyn  sobre el acceso a la energía en The Guardian, 2010.
Artículo del blog de la Fundación Tierra sobre la crisis de la leña.

Shinrin-yoku, la medicina del bosque

“Para aliviar su estrés, dé un paseo de dos horas por el bosque una vez a la semana”. Si el médico nos mandara esa receta para nuestros males, pensaríamos que es una broma. Sin embargo, cada año entre 2,5 y 5 millones de japoneses, afectados por el estrés, la hipertensión y la ansiedad de la vida urbana moderna, acuden a las sesiones de “Terapia del Bosque” en alguno de los 48 centros oficiales designados por la Agencia Forestal de Japón. La sesión consiste en unas dos horas de paseo relajado por el bosque, con ejercicios de respiración dirigidos por monitores. Antes y después de la sesión de terapia natural, se mide la presión arterial y otras variables fisiológicas de los participantes para comprobar la eficacia del tratamiento.

La práctica del Shinrin-yoku o terapia del bosque fue iniciada por la Agencia Forestal de Japón en el año 1982. Surgió como una iniciativa para darle valor a los bosques, que cubren un 67% de la superficie del país, y al mismo tiempo canalizar la demanda de contacto con la naturaleza por una creciente población urbana sometida a niveles intensos de competencia y estrés. Se inspiró en las tradiciones sintoístas y budistas que promueven la comunicación con la naturaleza a través de los cinco sentidos.

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Investigaciones sobre la medicina del bosque

Desde 2004, el Gobierno japonés ha invertido unos tres millones de euros en investigación científica sobre los efectos terapéuticos de los bosques. El grupo del antropólogo y fisiólogo Yoshifumi Miyazaki, de la Universidad de Chiba (cerca de Tokio), ha tenido una especial relevancia en el estudio de las bases fisiológicas y psicológicas de los efectos beneficiosos del bosque. Estos investigadores han medido la concentración en saliva de cortisol (un biomarcador del estrés) en individuos expuestos a un ambiente de bosque, resultando significativamente menor que en los individuos que habían permanecido en un ambiente urbano.

Con técnicas avanzadas de neurobiología han confirmado que  pasear o simplemente estar en un bosque disminuye la actividad del córtex prefrontal, la parte del cerebro donde residen las funciones cognitivas y ejecutivas como planificar, resolver problemas y tomar decisiones. En cambio, la actividad se desplaza a otras partes del cerebro relacionadas con la emoción, el placer y la empatía. “Por eso sabe mejor la comida en el campo” le explicaba Miyazaki a la escritora y periodista Florence Williams.

El inmunólogo Qing Li, de la Escuela de Medicina de Tokio, ha demostrado que un paseo por un bosque o por un parque aumenta significativamente la concentración de células NK (del inglés natural killer) en sangre, un tipo de glóbulo blanco que contribuye a la lucha contra las infecciones y contra el cáncer. El efecto beneficioso del paseo del bosque, aumentando los linfocitos NK y las proteínas anti-cáncer, puede durar hasta una semana. Según Li, los compuestos volátiles emitidos por los árboles son los principales responsables de este efecto beneficioso sobre el sistema inmunitario. Se han realizado experimentos con diversos compuestos aromáticos naturales, como pinenos, limonenos, cedrol o isoprenos; algunos de ellos con conocidos por su efecto antimicrobiano y supresor de tumores. En general, a estos compuestos volátiles que las plantas producen como defensa se les llama “fitoncidas”, y son usados en aromaterapia y medicina holística.

¿Cuál es el impacto de estas investigaciones sobre la comunidad científica? He buscado en las bases de datos más reconocidas (Scopus y Web of Knowledge) los artículos publicados en revistas indexadas con las palabras claves “shinrin-yoku” y “forest therapy”. He encontrado 40 artículos, fundamentalmente de Japón y Corea del Sur (ver listado en el Apéndice). Un número especial de la revista Environmental Health and Preventive Medicine (Vol. 15, 1, enero 2010) estuvo dedicado a “Las tendencias de investigación sobre baños del bosque en Japón, Corea y el mundo”.

La “Medicina del Bosque” es una disciplina nueva, que tiene la virtud de combinar dos enfoques tan dispares como son el estudio de la salud humana y el estudio de los árboles. En la Segunda Conferencia de Bosques para las Personas (Forests for People), que tuvo lugar en Traverse City, Michigan, EEUU, el pasado mes de mayo, varias sesiones estuvieron dedicadas a Bosque y Salud, incluyendo una presentación de Qing Li titulada “Introducción a la Medicina del Bosque como una nueva Medicina preventiva”.

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Vinculación evolutiva con el bosque

Las sesiones de shinrin-yoku se deben hacer de forma pausada y relajada, exponiéndose con los cinco sentidos al ambiente del bosque.  Disfrutando con la vista de los colores y formas de las copas de los árboles. Escuchando el rumor del viento en el follaje, los cantos de los pájaros. Oliendo los aromas, cogiendo alguna hoja de pino, de ciprés, de laurel, de mirto o de alguna planta aromática y aspirando sus esencias. Palpando la suavidad y la textura de un tronco, o deslizando la mano por el musgo mullido que cubre una roca. Por último, se recomienda saborear un té o una infusión con plantas del bosque durante la sesión.

Para Miyasaki los humanos hemos evolucionado en la naturaleza, en el bosque, por tanto es dónde nos sentimos más a gusto. Nuestras funciones fisiológicas y psicológicas son el resultado de un largo proceso de adaptación a las condiciones naturales; no es de extrañar por tanto que la vida artificial moderna nos produzca estrés y ansiedad.

La práctica del shinrin-yoku surge de una forma natural en Japón. Según Miyasaki, en su cultura la naturaleza es parte de sus mentes y sus cuerpos, y de su filosofía de la vida.

En Occidente, el biólogo Edward O. Wilson acuñó el término “biofilia” para referirse a la afinidad innata que la humanidad siente por los seres vivos. Pero las nuevas tecnologías y la vida urbana cada vez nos apartan más del medio natural. El psicólogo y educador Richard Louv ha llamado la atención sobre el “desorden por déficit de naturaleza” que está trastornando el comportamiento y desarrollo de los niños urbanos, que crecen en un ambiente artificial.

Los estudios científicos que demuestran los efectos beneficiosos del bosque sobre nuestra fisiología y psicología son poderosos argumentos para restablecer nuestra relación con la naturaleza. El ciudadano del siglo XXI demanda información, evidencias y pruebas. No es suficiente con la defensa romántica del bosque y la naturaleza, al estilo de Thoreau en el siglo XIX. Tenemos que conservar los bosques y además tenemos que visitarlos con frecuencia porque es bueno para nuestra salud. Difundir y divulgar las evidencias que muestran los efectos positivos del bosque sobre la salud y el bienestar es una tarea importante.

Pero a la hora de sumergirnos en el bosque y practicar el shinrin-yoku, debemos apagar la tableta o el móvil, “desactivar” el lóbulo frontal y dejar a un lado las preocupaciones del ego, abrir los cinco sentidos y dedicarnos a percibir, disfrutar, respirar hondo y entrar en comunión con la naturaleza.

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ApéndiceListado de referencias sobre Shinrin-yoku.

Escrito por Teo, 6 de marzo de 2014.

Fuentes
Artículo de Florence Williams para la revista “Outside” 2012
Artículo de revisión del grupo de Miyasaki, en EHPM 2010

 

Papel de madera

Escribo diarios desde muy joven. Esas libretas son el equipaje sustancial de mi vida. Disfruto de la escritura a mano, tanto a lápiz como a pluma. Me gusta deslizar mis pensamientos, a veces concentrarme en la caligrafía, siempre retener el tiempo en las hojas. Son mi memoria. También disfruto de la lectura de libros, me aportan emoción, placer, sosiego, luz. A pesar de disponer de lector electrónico sigo leyendo libros de papel, preferiblemente de bolsillo, fácilmente transportables, ligeros. Debo muchas horas intensas y fructíferas a ese material corriente, cotidiano, abundante que es el papel.

librosVivimos inmersos en la cultura del papel. Solemos identificarlo con periódicos, folios, cuadernos y libros, es decir, con comunicación, educación y conocimiento, pero lo cierto es que lo usamos en una gran variedad de actividades. La Asociación Española de Fabricantes ASPAPEL estima que en 2011 cada español usó una media de 136 kg de papel en más de 300 usos diferentes. He registrado en una lista los papeles que he usado a lo largo de un día y de verdad es sorprendente la cantidad de papeles que pasan por mis manos, la diversidad de tipos y, más aún, la cantidad y variedad de papel que desecho.

Todo ese papel procede de árboles, es papel de madera. Las fábricas papeleras usan como materia prima la fibra de celulosa que obtienen de la madera de árboles o la fibra reciclada que extraen de papeles usados, que sigue siendo fibra de madera. De algún modo, cada vez que tenemos en las manos una pieza de papel, entramos en contacto con los árboles que fueron transformados en ese material. Claro que esta conexión nos pasa desapercibida. Si tomamos un folio blanco, y lo palpamos con la yemas de los dedos, lo olemos, lo agitamos y oímos el sonido que produce, miramos la blancura de su superficie y ¿por qué no? masticamos un pequeño trozo como hacíamos en la niñez, no percibiremos ni visualizaremos al árbol de cuya madera proviene. Sin embargo, detrás de esa hoja de papel hay árboles invisibles que se merecen un lugar en este blog .


Papel, madera, bosque

El papel es una delgada lámina elaborada a partir de una pasta de fibras vegetales molidas y mezcladas con agua, que generalmente se blanquea. Se le añaden diferentes sustancias según las características especiales que se desee: estucado, aceitado, apergaminado, carbón, cebolla,  de estraza, de filtro, fotográfico, de lija, desinfectado, satinado, lustrado, manila, secante, vegetal… Actualmente hay 500 tipos diferentes de papeles.

En la actualidad,  la mayor parte (89%) de la pulpa para papel proviene de la madera y solo un 11%  de otras fibras. Esas maderas proceden, en gran parte, de coníferas como pino, abeto, picea y alerce, que se denominan “maderas blandas” (softwood en inglés), y también de algunas frondosas como eucalipto, álamo y abedul, que son las “maderas duras” (hardwood).

Podríamos pensar que para fabricar papel siempre se han necesitado árboles, sin embargo el uso de la madera es una innovación reciente, de mitad del siglo XIX. Hasta entonces, las materias primas habían sido fibras vegetales de plantas como lino, algodón, cáñamo, y también textiles desechados. Así que el papel y el árbol tienen una corta pero intensa historia en común.

Ciento cincuenta años después del encuentro entre el papel y el árbol, y a pesar de estar inmersos ya en plena era digital, el consumo mundial de papel es de 268 millones de toneladas al año. Y no para de aumentar. ¿De dónde sale esa enorme cantidad de papel?

4-Bi-trees-cutCada año se talan 4.000 millones de árboles en el mundo para fabricar papel, una cifra apabullante. Es un tercio de toda la madera que se procesa a nivel mundial. Producir una tonelada de papel virgen requiere de 2 a 3,5 toneladas de árboles. Dicho de otro modo, para fabricar una tonelada de papel se cortan aproximadamente 14 árboles. ¿De dónde proceden tantísimos árboles?

Según un informe de la industria del papel, la principal fuente de fibra para la producción de pasta en el siglo XX ha sido la madera procedente de bosques de coníferas, aunque a final de siglo había aumentado el uso de bosques tropicales y boreales. La tala extensiva de bosques viejos es una de las historias más lamentables de la industria del papel. Me duele pensar que la tala de árboles centenarios (que han tardado cientos de años en crecer y que sustentaban una rica diversidad de organismos vivos) se realice para fabricar rollos de papel higiénicos o pañuelos que se usan una vez y acaban en el inodoro o en la basura. Extraer la madera de un bosque significa talar un área extensa de árboles, normalmente de crecimiento lento, y cuando se acaban, talar otro área, y así sucesivamente, de modo que la superficie de bosques va disminuyendo o empobreciéndose.

La siempre creciente necesidad de madera para papel ha traído consigo como alternativa las plantaciones de árboles. Como el trigo o el girasol, esos árboles se plantan, se cultivan y se cosechan cuando han alcanzado la talla idónea de mayor producción de pasta de celulosa. Las plantaciones no son un bosque. Son monocultivos limpios, sin la biodiversidad que acogen las florestas naturales. Como práctica forestal es controvertida en muchas partes del mundo, cuando se talan bosques autóctonos para plantar en su lugar un manto monótono de especies de crecimiento rápido, que dejan el área sin la riqueza de vida y sin los recursos tradicionales que proporcionan los bosques viejos. Las plantaciones tampoco son repoblaciones, porque no se re-puebla el bosque, sino que se usan especies exóticas con una buena producción de pasta de celulosa. Pero como cultivo es eficiente, pues los árboles crecen rápidos, y es necesario, como el modo menos perjudicial de satisfacer la necesidad de madera para sostener nuestro consumo de papel y al mismo tiempo respetar los bosques viejos.

La actual demanda social de productos con la marca “eco” (de “ecológico”) está forzando a la industria papelera a orientarse hacia una forma de producción de carácter sostenible: más limpia, más eficiente en cuanto a gasto de energía y que se sustente en explotaciones forestales certificadas. Los certificados FSC (Forest Stewardship Council) y PEFC (Programme for the Endorsement of Forest Certification)  garantizan que el papel tiene su origen en una gestión forestal ambientalmente apropiada.


Árboles que nos dan papel

España, es uno de los países del mundo con industria papelera propia. Y  desde principios del siglo XX cuenta con plantaciones forestales para la fabricación de papel. Existen unas 450.000 hectáreas plantadas de pinos y eucaliptos para esta finalidad.

Las especies que más se cultivan son el pino de Monterrey o pino insigne (Pinus radiata) y el eucalipto blanco, común o azul (Eucalyptus globulus). Ambas son especies exóticas de árboles y como tales no despiertan muchas simpatías. Sin embargo, en su lugar de origen son especies nobles que cumplen su importante función en la comunidad natural a la que pertenecen. Son árboles de cultivo, como los frutales o los ornamentales a los que sí apreciamos. Los asociamos con frecuencia a los montes, a áreas silvestres, pero si las plantaciones ocupan áreas baldías erosionadas y se cultivan de forma responsable, pueden proporcionar beneficios varios además del recurso madera, como la contribución a mitigar el cambio climático mediante la fijación del carbono.

Pinus de MonterreyEl pino de Monterrey es natural de la costa de California, pero por su carácter adaptable y su rendimiento económico se cultiva en regiones templadas de distintos continentes. Se halla en México, Europa, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Brasil y Sudáfrica. Es un árbol que alcanza la buena altura de 30 metros y cuando joven tiene el porte cónico, la copa aguda y una tonalidad alegre de verde que lo hace un ornamental deseable. En España fue introducido a mitad del siglo XIX y hoy existen 240.000 ha de cultivo en el norte del país, entre Galicia y el País Vasco. Su virtud es que crece rápido y en pocos años da beneficio. La madera es idónea para la elaboración mecánica de la pasta y la fabricación de papel de prensa.

Eucalipto blancoEl eucalipto blanco es una frondosa perenne, natural del sureste de Australia, donde existen 600 especies del mismo género. Su rápido crecimiento y adaptabilidad a terrenos y climas diversos y su rendimiento industrial han hecho que sea hoy una especie cultivada por todo el mundo. En España se cultiva desde 1850, existiendo una extensa área en el norte y noroeste y otra en el suroeste. En su medio natural y en jardines, es una gran árbol que puede alcanzar una impresionante altura de 60 m, exhibe un porte esbelto por lo recto del tronco y la corteza lisa y, además, desprende un estimulante aroma. Las hojas y frutos, ricos en aceites esenciales, tienen conocidas propiedades medicinales anticatarrales y balsámicas. Su madera proporciona un tipo de fibra de calidad apropiada para papeles de impresión, una vez blanqueada.


Fibra virgen y fibra reciclada

El papel es una materia 100% reciclable. La fibra obtenida directamente de la madera se conoce como “fibra o celulosa virgen”. La que se obtiene del papel usado es la “fibra recuperada o reciclada”, que sigue procediendo de la madera pero en otro momento de su “ciclo de vida”. Dependiendo del tipo, el papel puede reciclarse de cuatro a diez veces.

En España, el papel recuperado como materia prima representa más del 80% del total. De hecho somos el segundo país de Europa en reciclaje de papel. Para fabricar 100 toneladas de papel de todo tipo, se usan 80 t de celulosa reciclada y 20 t de celulosa virgen. Siempre hay un porcentaje de papel que no se recupera por diversas causas, tal como el que forma parte de los libros y documentos que guardamos o por el contrario los papeles higiénicos que echamos a la basura.

papeles desechadosLa evolución de la industria papelera hacia el aumento de la recogida y manufactura de papel reciclado es un avance en España. No todos los países han instalado canales de recogidas de papel ni plantas de reciclaje. Según un informe de Greenpeace, para fabricar una tonelada de papel con fibra reciclada se usa la mitad de la energía y de agua que con fibra virgen, contamina el aire 74% menos, y 35% menos el agua, ahorra la corta de 15 árboles, y crea cinco veces más puestos de trabajo.

Según la memoria de ASPAPEL del año 2011, de los 136 kg de papel que consumimos cada español ese año, una tercera parte fue de papel gráfico (prensa, revistas, libros, cuadernos…); más de la mitad (60%) se repartió entre cartón ondulado de embalajes, cartón estucado de empaquetados y papeles higiénicos y sanitarios; y un porcentaje pequeño correspondió a otros tipos de papel como papel moneda, filtros o etiquetas. La cuestión es qué proporción del papel que utilizamos se ha fabricado con fibra recuperada y cuánto con fibra virgen.

En Europa, la inmensa mayoría de papeles denominados de impresión y escritura se fabrican a base de celulosa virgen, que es la que facilita las características necesarias de este tipo de papel: blancura, imprimabilidad, comportamiento en máquinas, etc. Sin embargo, hay productos que usan la fibra virgen sin que sea necesario, por ejemplo, el papel higiénico.

En su artículo “Historia de un rollo de papel higiénico”, Clemente Álvarez pone de manifiesto la paradoja española de ser uno de los países del mundo con mayores tasa de uso de fibra reciclada y sin embargo todavía fabrica este producto con fibra virgen, es decir, directa de la madera de árboles. Entre 2004 y 2009, la compañía multinacional Kimberly Clark, que fabrica Kleenex, Scott (la marca más vendida en España) y Cottonelle, fue objeto de una campaña internacional de Greenpeace por destruir las selvas boreales de Canadá para la fabricación de papel tisú destinado a pañuelos y papel higiénico, campaña que terminó con éxito, pues la compañía firmó un acuerdo histórico de compromiso con una mayor protección y un manejo sostenible de los bosques que explota.Kleercut

Epílogo

La era digital no ha terminado con la era papel. Todo lo contrario: el consumo ha aumentado de forma espectacular desde comienzos de este siglo. El papel es y seguirá siendo imprescindible en nuestra cultura. Pero no tendría por qué ser papel de madera, quizás sea el momento de buscar otras formas de fabricar papel que no afecten a los árboles y bosques. Ya se está experimentando con lino, paja de cereales, algas, etc., incluso hay papel de piedra.

Yo no me imagino la vida sin papel, sobre todo sin libros y sin mis cuadernos. Hace años descubrí a los Claire Fontaine y compré tantos que he tenido para mucho tiempo. Me encantan sus hojas, me gusta cómo se desliza el lápiz o la pluma sin esfuerzo, la opacidad impenetrable, el blanco tenue en el que mis palabras resaltan nítidas, las discretas líneas que guían sin notarse.  Son como amigos íntimos que conocen mis secretos y a los que amo sin condiciones.

Después de este periplo por el mundo del papel, cuando escriba en libretas y disfrute del trazo del lápiz sobre la página de fibra virgen o me emocione con las palabras en un libro, me acordaré de los jóvenes eucaliptos. Cuando lea un periódico, pensaré en los pacíficos pinos de Monterrey. Agudizaré mi tacto para tratar de percibir el tiempo retenido en la madera, los elementos de la naturaleza absorbidos y transformados en hojas de papel. Seré consciente de los árboles invisibles que una vez fueron y dejaron de ser para que yo escriba y lea.

Escrito por Rosa, jueves 20 de febrero de 2014.

Información sobre el papel en España (ASPAPEL)
Certificado FSC de Gestión Sostenible de los árboles
Certificado  PEFC de Gestión Sostenible de los árboles
Historia de un rollo de papel higiénico, por Clemente Álvarez, 2010
Campaña “Kleercut” de Greenpeace (2004-2009) 


 

Botánico de Roma

Los árboles han sido buscados, talados y utilizados para diversos fines (construcción, combustible, navegación) durante la expansión de la especie humana, produciendo una deforestación masiva de amplias zonas del planeta. La cuenca mediterránea, cuna de civilizaciones milenarias, ha sufrido de manera especial ese proceso de deforestación que siempre acompaña al desarrollo humano.

Para un “buscador de árboles” entrar en un arboreto o jardín botánico es tener la oportunidad de conocer a esas criaturas magnánimas que tanto nos han dado y que allí encuentran su refugio. En unas cuantas hectáreas de terreno podemos mirar, tocar y oler árboles que proceden de lugares remotos y que cuentan variadas historias evolutivas y culturales. La solución perfecta para “las personas de imaginación aventurera pero de carácter perezoso”, que escribía Muñoz Molina, o sin suficientes recursos económicos para los viajes exóticos, añado yo.

En mi última visita a Roma el pasado mes de noviembre, para participar en la reunión final del proyecto EnvEurope, tuve la ocasión de acercarme al Orto Botanico. Es un jardín relativamente pequeño (unas 12 hectáreas), cuando se compara con los grandes parques botánicos como Kew (132 ha) en Inglaterra, Kirstenbosch (528 ha) en Sudáfrica o Cienfuegos (97 ha) en Cuba, por citar solo algunos. Sin embargo, tiene el encanto de los jardines históricos que forman parte de una ciudad y conservan ornamentos de su pasado palaciego.

Estos jardines formaban parte del palacio construido en el siglo XV por el cardenal Riario. Tuvo como huésped ilustre a la Reina Cristina de Suecia quien, después de abdicar al trono en 1654 y convertirse al catolicismo (la religión de sus enemigos en la Guerra de los Treinta Años), se expatrió a Roma donde tuvo una intensa actividad como mecenas cultural, fundando la Academia de la Arcadia. Todavía se conservan en el actual Jardín Botánico algunas piezas procedentes de su colección de antigüedades. En el siglo XVIII fue comprado por el cardenal Corsini y bajo su encargo el arquitecto Fernando Fuga remodeló el palacio y los jardines dándoles la imagen barroca actual. Por último, en 1883 el Estado compró el conjunto, cediendo los jardines a la Universidad de Roma para organizar el Orto Botanico, mientras que el palacio lo convirtió en la Galería Nacional de Arte Antiguo.

Quercus suber L.

Quercus suber L.

Visité el jardín un miércoles de otoño por la mañana y estaba prácticamente solo en ese refugio de placer. Me dediqué a pasear y admirar los árboles; les preguntaba por sus lugares de origen, sus rasgos biológicos y sus virtudes para los humanos. Atravesé el paseo de las palmeras, pasé junto a la fuente de los tritones y llegué a un poderoso alcornoque (Quercus suber) con un tronco de más de 5 metros de circunferencia ¹. He visto muchos alcornoques por mi tierra pero no había visto ninguno tan alto y majestuoso. Estaba adornado por una compañera inusual, la trepadora americana Campsis radicans (familia Bignoniaceae), emparejados por el capricho del jardinero. El alcornoque es un árbol mediterráneo bien conocido en España, donde se extraen cada año unas 60.000 toneladas de corcho (el 25% de la producción mundial). Este preciado producto se utiliza principalmente en la fabricación de los tapones de botellas de vino. La corteza del tronco se “pela” cada 9-10 años y el árbol la renueva, pero acorta su vida.

Muy cerca de allí, en el invernadero Corsini, había dos bañeras de mármol usadas actualmente como maceteros que recordaban a su antigua dueña, la reina Cristina de Suecia, quien paseó por estos jardines hace más de tres siglos.

Subiendo por la colina, la masa oscura de la colección de gimnospermas perennifolias destacaba en el aspecto general de bosque otoñal del jardín. Pero un árbol daba la nota entre los demás con sus hojas anchas que comenzaban a amarillear. ¡Qué extraño! Me acerqué y efectivamente era un árbol extraño y peculiar, el ginkgo (Ginkgo biloba). Además era una hembra que estaba cargada de frutos (en esta especie dioica las flores machos y hembras están en árboles separados). En el suelo se mezclaban las hojas caídas, los frutos y restos de semillas abiertas por algún depredador.

Ginkgo biloba L.

Ginkgo biloba L.

El ginkgo es un fósil viviente, es decir un árbol primitivo que apenas ha cambiado su aspecto en los últimos 200 millones años. Existen muy pocos ejemplares en su hábitat natural, en las montañas de China, pero se ha plantado en casi todo el mundo por la singularidad y elegancia de sus hojas palmeadas que se vuelven amarillas en otoño. Los primeros ginkgos que llegaron a Europa se plantaron en el siglo XVIII, posiblemente en los Países Bajos. Esta hermosa “ginkga” de Roma debe ser de finales del XIX cuando el jardín palaciego se convirtió en jardín botánico. En China se comercializan las semillas comestibles de ginkgo y en occidente se ha extendido el uso de los extractos de hojas como estimulante de la memoria.

Justo al lado del ginkgo se elevaba la masa oscura de una Torreya grandis (familia Taxaceae), con un tronco de 4,6 m de circunferencia. Este árbol es endémico del sureste de China donde es utilizado por su madera, se consumen las semillas (no son tóxicas, a diferencia de las del tejo) y se produce un aceite de sus arilos (cobertura carnosa de la semilla). Sin embargo no fue conocido en Europa hasta el siglo XIX cuando el “cazador de plantas” Robert Fortune compró algunas semillas en China y las envió a Inglaterra. Este botánico se haría famoso más tarde por robar los secretos del cultivo y la manufactura del té en China e introducirlos en la India, entonces bajo el dominio británico.

El silencio y la soledad del jardín se rompió con un bullicio de voces y risas infantiles. Me acerqué a la escalinata dieciochesca y, manteniendo una distancia prudencial, estuve observando cómo un grupo escolar atendía las indicaciones del maestro que les señalaba dos plátanos centenarios, situados a ambos lados. Terminada la breve disertación, subieron corriendo y alborotando por las escaleras hacia la parte alta del jardín.

Platanus_childrenVolvió el silencio y subí entonces por las escalinatas para acercarme a los plátanos. Un cartel explicaba que la “Fuente de los 11 chorros” fue construida por Fernando Fuga a mediados del siglo XVIII y la cascada-escalera aprovecha el desnivel de la colina del Gianicolo. Cuando en 1883 el Estado compró el jardín y lo convirtió en Botánico, conservó la fuente, la escalinata y los dos plátanos centenarios que la escoltan; ahora son un elemento singular del patrimonio natural del jardín.

Los plátanos orientales (Platanus orientalis) son autóctonos del mediterráneo oriental; recordaba haberlos visto en los bosques de ribera en las montañas de Sicilia. Sin embargo, el plátano de sombra que se planta normalmente en las ciudades y que es tan común en las calles de Sevilla, es un híbrido (Platanus x hispanica) de este plátano oriental mediterráneo y del plátano occidental americano.

El plátano del lado norte de la escalera tiene un grueso tronco de unos 6,5 m de circunferencia. Estaba casi desprovisto de hojas. Buscando una perspectiva adecuada para capturar una imagen que diera idea de la monumentalidad del árbol, me fijé en una pareja de ánades reales (Anas platyrhynchos) que me miraban inmóviles desde un pequeño estanque casi al pie del mismo árbol. Procuré alejarme para no molestarlos y seguí mi camino. En este refugio de árboles, en el corazón de Roma, también encuentra su hábitat una fauna variada.

En mi paseo por el jardín había visto diversas aves: un agateador (Certhia brachydactyla) trepando nervioso por un tronco, un petirrojo (Erithacus rubecula) que me miraba curioso desde su rama, los bandos de gritonas cotorras (Myiopsitta monachus), que posiblemente eran las responsables de los restos de semillas de ginkgo comidas en el suelo, y que se han convertido en una plaga en muchas ciudades europeas, un pito real (Picus viridis) que voló veloz al acercarme dejando una estela verde, y las omnipresentes cornejas cenicientas (Corvus cornix).

Desde la parte alta del jardín, en la colina del Gianicolo, se divisan las cúpulas de las iglesias de Roma sobre las copas de los árboles. Una visión espléndida, privilegiada. Estás en la ciudad pero a la vez fuera, en una isla de verdor y silencio.

Roma_view

De pronto, un terrible estruendo me sobresaltó. Las aves, cotorras, cornejas y palomas volaron aterrorizadas por la explosión. Recupero el ritmo cardíaco después del susto, miro el reloj, son las 12 en punto, sonrío. Al momento me viene el recuerdo de cuando vivía en el Trastévere y me llegué a acostumbrar al cañonazo que marca la hora del mediodía. Según cuentan, esta absurda contaminación acústica data de 1847 cuando el papa Pío Nono ordenó que un cañonazo a las 12 sirviera para ajustar el horario de las campanas de las iglesias de Roma.

Repuesto del sobresalto continué mi amable paseo por la parte alta del jardín. Hacia el norte está la zona del jardín japonés, con sus puentes, cursos de agua, linternas de piedra y un coqueto pabellón cubierto al estilo japonés, que ese día estaba desierto. Los pequeños arces japoneses (Acer palmatum) estaban cuajados de sámaras y lucían sus hojas palmeadas, rojas, prestas a caer.

Descendí por el sendero junto al campo de bambúes y llegué hasta un árbol de tronco grande y rugoso, con una copa baja, hojas pequeñas y ramitas terminadas en espinas. Busqué la etiqueta con el nombre pero no la encontré. Una de las frustraciones de este jardín botánico es que faltan muchas etiquetas y no es posible identificar todos los árboles. Sospecho que se trata del Schinus polygamus (familia Anacardiaceae) que Fratus recogió en su lista de árboles monumentales, con un tronco de más de 4 m de circunferencia. Es nativo de Sudamérica, donde lo llaman huingán, molle o boroco; con sus frutos se prepara una chicha o aguardiente.

Zelkova sinica Schneid.

Zelkova sinica Schneid.

Si tuviera que elegir un árbol de este jardín por la belleza de su tronco, sin  duda sería la “zelkova” de China (Zelkova sinica, familia Ulmaceae). Su corteza gris suave se exfolia en parches de un naranja intenso que confieren gran vistosidad al tronco. El género Zelkova es un relicto del Terciario con seis  especies distribuidas en dos áreas: el suroeste de Eurasia (Creta, Sicilia y Cáucaso) y el este de Asia (China, Corea y Japón). Son árboles adaptados a las condiciones húmedas y cálidas del Terciario que fueron diezmados por los cambios climáticos y ambientales. En el 2010 ha comenzado un plan internacional de conservación del género Zelkova, auspiciado, entre otros organismos, por la red Internacional de Conservación de los Jardines Botánicos (BGCI, del inglés Botanical Gardens Conservation International).

En dirección a la salida, casi escondido detrás de un seto, encontré al alcanforero Cinnamomum camphora (familia Lauraceae). Es un árbol robusto, con un tronco de más de 5 m de circunferencia que se bifurca desde casi la base. Esta especie es nativa del este de Asia (China, Corea, Japón y Vietnam), aunque ha sido plantada por todo el mundo. Recordaba la primera vez que vi un alcanforero, en el arboreto del Campus de Dehradun (India). Fui allí en 2003 a un congreso y a la vuelta me traje algunas semillas; aún conservo en mi terraza un pequeño alcanforero, que ya tiene 10 años y apenas levanta 1,5 metros del suelo de la maceta. Me gusta coger sus hojas senescentes y estrujarlas para aspirar su aroma expectorante. El alcanfor es el compuesto químico (tipo terpenoide) que abunda en su madera y sus hojas; se extrae por destilación. En Asia se usa ampliamente en medicina tradicional, como repelente de insectos, para aromatizar dulces y en rituales religiosos.

Salí del jardín embriagado por mis paseos y mis conversaciones con esos árboles magníficos que cuentan historias maravillosas de lugares remotos: el ginkgo y la zelkova de China, el alcanforero de la India, el alcornoque y el plátano del Mediterráneo, el arce del Japón y el huingán de Chile. Agradecido a la ciudad de Roma por crear y mantener este jardín botánico e histórico, que es al mismo tiempo un “lugar de investigación y de recreo, parque público y laboratorio, espacio de retiro y centro de enseñanza” (en palabras de Muñoz Molina).

Traspasada la verja del refugio protector, me encuentro entre las callejuelas del animado y bullicioso barrio del Trastévere. Me detengo en una trattoria y pido una penne al boscaiolo acompañada de una birra Peroni para reponer fuerzas después de la deliciosa giornata en el Botánico de Roma.
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¹ Inventario de árboles monumentales del Orto Botanico de Roma por Tiziano Fratus (14 febrero 2011).
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Nombre de la especie y circunferencia del
tronco en metros (medida a 1,3 m de altura)
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Platanus orientalis                                 6,5
Casuarina cunninghamiana                 5,5
Quercus suber                                        5,4
Cinnamomum camphora                      5,2
Pterocarya fraxinifolia                           4,7
Torreya grandis                                      4,7
Schinus polygamus                                4,4
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Escrito por Teo, 30 enero 2014.

Fuentes

Web oficial del Jardín Botánico, Universidad de Roma
Inventarios de árboles monumentales de Roma por Tiziano Fratus
Artículo de Antonio Muñoz Molina sobre los jardines botánicos